Capitulo 8.
- Joder, tío… esto se parece al "Templo maldito" con tanta telaraña y tanto trasto suelto… - ambos chicos se encontraban en el desván de la casa de Bobby. El viejo cazador les había enviado ahí arriba a buscar un viejo candelabro ceremonial que usaba para rituales de purificación de objetos. El problema es que el desván estaba a reventar de muebles y demás cacharros y parecía que no había entrado nadie en años. – En serio, Sam, me siento como Indiana Jones… tu puedes ser la chica de turno… ¿Qué tal la del vestidito blanco? Esa era mona… - Sam soltó una risita.
- ¿Por qué siempre me toca ser la chica? – pregunto haciendo un mohín para no reírse.
- Es que eres la chica, Sam… Anda, vamos a buscar el dichoso candelabro ese… que no se como lo encontraremos entre tanto cacharro y tanta telaraña… Bobby podría limpiar de vez en cuando… - ambos se separaron, yendo cada uno a un extremo diferente de la habitación y empezaron a buscar.
- Sinceramente, Bobby podría comprarse un candelabro nuevo y ahorrarnos esto… asco de telarañas… - Dean río desde la otra punta de la habitación, detrás de un viejo y destrozado armario.
- Eres una nena, Sammy. – durante un buen rato, se hizo el silencio mientras buscaban. Mientras hacían eso, Sam daba vueltas y más vueltas al asunto del beso. Quería hablar de eso con Dean, pero imaginaba que su hermano se enfadaría o trataría de esquivar el tema. Además… le daba vergüenza…
- Er… ¿Dean?
- ¿Uhm?
- Nada… olvídalo. – el mayor le miro raro. Sam se sonrojo y siguió buscando.
- Vale. – quince minutos más de búsqueda y el pequeño seguía pensando que debían hablar. Pero… joder… cuando iba a hacerlo se quedo en blanco. Jamás le había ocurrido algo parecido. Mierda, era Dean. Era su hermano. Tendría que poder hablar de eso con el. Bien… había que echar valor e intentarlo otra vez…
- ¿Dean?
- ¿Qué? – tono molesto y Sam se volvió a quedar en blanco. ¿Qué demonios le ocurría?
- Er… nada… - Dean le fulmino con la mirada. Tenía telarañas en el pelo y se había manchado la cara de polvo. Y, dios, como le brillaban los ojos…
- Sam… - y ahora tono de advertencia. Genial.
- No, en serio… no es nada…
- Vale. – cobarde… eso es lo que era… un cobarde… ¡los Winchester no son cobardes! No… tenia que ser valiente… joder, si el jamás se había echado atrás en nada…
- ¿Dean?
- ¿Qué coño quieres, Sammy? – Er.… y después de eso… ¿Qué leches contestas? Si solo con el tono mosqueado de Dean ya era para echarse a correr en dirección contraria…
- Nada, tío…
- ¡Sam! – por suerte para el pequeño, vio algo en el suelo que le llamo la atención. Aparto un par de tablones sueltos y encontró una vieja espada. Vieja y enorme. Bastante simple y casi sin adornos y la hoja estaba sucia y algo oxidada pero tenía el tamaño de las que salían en las películas medievales. Sam tuvo que sujetar la empuñadura con más fuerza de la que se esperaba, ya que era muy pesada.
- ¡Ey! ¡Mira esto! ¡Bobby tiene espadas! ¡Como mola! – Dean le vio aparecer, con la enorme espada en las manos. Sam la hizo girar en sus manos, acercándose a su hermano.
- Wow… es enorme… Ten cuidado con eso, a ver si vas a cortarte. – el pequeño soltó una risita. Apunto con la espada a Dean y avanzo hasta quedar a pocos pasos de el, con el arma en alto. – Ey… ojito con lo que haces, niño…
- No seas mama pata, Dean. Se manejar una espada… ¿es que me tienes miedo? – la punta de la espada casi rozaba ya el cuello del mayor, que empezó a retroceder hasta dar con su espalda en la pared.
- ¿Miedo de ti? En tus sueños, niñato… - cuando Dean no pudo seguir retrocediendo, Sam se acerco mas, doblando la espada hasta colocar el filo contra la garganta de su hermano, pero sin hacer presión, solo rozándola. Apoyo la mano libre en el pecho de Dean, deslizándola hasta colarla bajo su camiseta, consiguiendo que el mayor se estremeciera.
- Entonces… ¿Por qué tiemblas? – le pregunto burlón. Dean soltó un gruñido, no sabia muy bien si de enfado o de gusto por notar esa mano gigante acariciarle el estomago.
- Cuando sueltes esa maldita espada, te voy a partir la boca.
- ¿Ah, si? – río Sam dándole pequeños besos por la mandíbula. - ¿Esta boca es la que quieres romper? – le gruño besándole esta vez en los labios y desabrochándole los vaqueros. Dean dio un respingo al sentir aquella enorme mano acariciándole su miembro desnudo.
- Joder, Sammy… - gimió entre beso y beso. Noto un leve pinchazo en el cuello cuando, al moverse, el filo de la espada le araño la garganta. – ¡Tira la puta espada ya, antes de que me rebanes el cuello, gilipollas! – Sam no tardo en deshacerse del arma, que cayo al suelo ruidosamente, aunque ellos ni lo notaron. El pequeño pronto ocupo su mano libre en recorrer el cuerpo de Dean. El mayor tampoco se estuvo quieto y Sam pronto tuvo que usar la fuerza para retenerlo y no acabar el contra la pared.
- ¿Sam? ¿Dean? ¿Estáis ahí arriba? – ambos chicos se separaron, jadeando.
- ¡Joder con Bobby! ¡Que inoportuno, coño! – gruño el mayor, frustrado. Sam no perdió el tiempo en quejas. Cogio a Dean del brazo y le empujo detrás de un viejo armario, lo bastante grande como para esconderlos de la vista del cazador mayor. - ¡Sam! – siseo Dean. - ¿Qué coño crees…? – con un brillo travieso en la mirada, el pequeño le volvió a arrinconar contra la pared y le tapo la boca con una mano, a la vez que le volvía a masturbar. Dean deseaba no estar pasándoselo tan bien y así tener una excusa buena para poder darle de puñetazos a su hermano. oyó a Bobby entrar en la habitación. Ya podía imaginarse la cara que se le quedaría al viejo cazador si les encontraba de esa guisa; el con los pantalones por las rodillas y Sam casi encima, tapándole la boca y haciéndole una paja. Si. A Bobby le iba a dar un infarto y luego les perseguiría con una escopeta de perdigones. Le oyó llamarles y Sam aprovecho ese momento para acelerar el ritmo.
Dean mordió con fuerza la mano que le silenciaba, ahogando de camino un gemido que amenazaba con delatarles. Sam le fulmino con los ojos al sentir el mordisco y se retaron con la mirada un segundo antes de que el mayor volviera a gemir a causa de las caricias. Se corrió segundos después de que Bobby abandonara la habitación, casi sin aire y con la frente apoyada en el hombro de Sam.
- Te juro que te mato… - gruño cuando recupero la voz. Sam río.
- A mi nadie me interrumpe dos veces seguidas…
- Niñato engreído…
Continuara...
