Capitulo 9.

Una semana en casa de Bobby. Cinco días desde el incidente de la pintura y tres desde lo del desván. Y Sam pateándose el desguace buscando a su hermano que llevaba esos tres días evitándole a toda costa. Joder con Dean y su bipolaridad. En un momento quería, en otro salía por piernas. No había dios que le entendiera, en serio.

Cuando le pregunto esa mañana a Bobby si le había visto, el viejo cazador no le fue de mucha ayuda.

- Estará atrás, robándome alguna pieza para su maldito coche. Se cree que no me doy cuenta. Maldito crío…

Así que ahí estaba, buscándole. Empezaba a ser cansino eso de tener que ser siempre el que lo buscaba. Porque, vamos… tanto presumir de ligarse a cualquiera y a la hora de la verdad se comportaba como una quinceañera virgen. Tampoco habían hecho la gran cosa…

Sam se gruño mentalmente. Claaaaro… era la cosa mas normal del mundo arrinconar a su hermano detrás de un armario y hacerle una paja… normalisimo… lo hacen todos… no te jode… y luego se extrañaba de que Dean le rehuyera… ahí que joderse…

Paso junto a un mustang negro al que le faltaban las puertas y las ruedas, distraído. Cerca del viejo coche, el Impala relucía y brillaba bajo el sol. Sam sintió unos enormes celos contra el coche. Dean siempre se refugiaba en el cuando algo le preocupaba o le asustaba. Siempre en el maldito coche. No con el, no con nadie más. Solo el maldito y estupido coche, que encima era intocable. Odio a la maldita cosa por ser tan especial para su hermano. Deseo poder destrozarlo. Incluso llego a coger una barra de hierro para hacerlo, pero el pensar en la cara que pondría Dean si lo hiciera… joder… ya había visto la decepción en sus ojos cuando descubrió lo de sus poderes y no quería volver a ver eso jamás. Se había sentido de lo más miserable y rastrero que pululaba por el mundo bajo esa mirada.

Con un bufido, soltó la barra de hierro y se acerco al coche. Paso una mano por el capo, acariciándolo.

- Que odio te tengo, en serio… - musito.

- ¿Y eso por que? – Sam dio un respingo y se volvió para encarar a su hermano. Dean se acercaba con un tubo de escape en la mano y lleno de grasa. Sam casi gimió al verlo, con el cabello despeinado, las manos y la cara sucia, la camiseta blanca sudada y los vaqueros que parecían que les había pasado por encima un camión. No se podía ser mas sexy, mierda.

- Er… no… nada… cosas mías… - Dean le sonrío torcido, soltando el tubo de escape en el suelo, cerca del maletero.

- ¿Celoso de mi nena, Sammy?

- ¡No seas estupido! ¿Por qué iba a tener celos de este trasto? – la sonrisa de Dean se volvió mas lobuna. Camino hasta la parte delantera del coche, rozando con un dedo la carrocería.

- No lo se. Tú sabrás. Tal vez es porque le hago más caso que a ti… - los ojos negros de Dean brillaron escalofriantes. Un momento… ¿Negros? A Sam le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo.

- ¿Dean? ¿Dónde esta tu colgante? – pregunto con cautela y fijándose por primera vez que no lo llevaba puesto.

- No se… a lo mejor lo perdí… a lo mejor lo he guardado… a lo mejor se ha caído por ahí… ¿para que quieres saberlo? – Joder, joder, joder, gruño Sam mentalmente.

- Es importante. – Dean saco el colgante del bolsillo trasero de los vaqueros y se lo enseño a Sam.

- ¿Lo quieres? Pues vas a tener que ganártelo. – Sam trago en seco cuando el mayor, tras volver a guardarse el colgante en el bolsillo, se acerco a el, arrinconándole contra el coche. - ¿Qué me dices, Sammy? ¿Estas dispuesto?

- ¿Qué… que quieres decir? – tartamudeo el pequeño cuando el mayor se pego mas aun a su cuerpo.

- Que si quieres el amuleto, vas a tener que hacer todo lo que yo diga y sin rechistar. O lo cogere y lo lanzare bien lejos, entre la chatarra y necesitaras dos vidas para encontrarlo. ¿Queda claro? – Sam palideció. Parecía bien dispuesto a cumplir su amenaza.

- Esta bien. – Dean sonrío torcido y se aparto de su hermano.

- Ven aquí. – le ordeno, apoyándose en el capo del coche. Sam se acerco reticente y se paro justo enfrente. – Bien… ponte de rodillas. – el menor arqueo las cejas interrogante. - ¡¡Hazlo!! – ladro el otro. Sam soltó un bufido molesto, pero obedeció. En ese momento, su hermano le caía muy pero que muy mal.

- ¿Alguna otra estupida orden? – ironizo. La sonrisa de Dean era todo perversión y malas intenciones.

- Si… desabróchame los pantalones. – la cara de Sam era todo un poema.

- ¿Uh? – Dean frunció el ceño y le fulmino con la mirada.

- Si yo te digo que hagas algo, lo haces. Sin preguntas ni caras raras, ¿queda claro? – rugió, amenazante. – Recuerda… si no obedeces, mando al infierno el colgante… - el pequeño mascullo una protesta y soltó el cinturón. A pesar de sus quejas, le estaba resultando muy excitante la situación. así que decidió seguirle el juego a su hermano. Desabrocho con deliberada lentitud los vaqueros, rozándole con los nudillos. Se los bajo hasta las rodillas, haciendo lo mismo con los boxers después. El miembro de su hermano estaba completamente erecto y justo a la altura de su cara. A Sam le dio un vuelco el estomago.

- ¿Y ahora que? – pregunto con la voz ronca por el deseo.

- Ya sabes la teoría… ponla en practica. – no pudo evitarlo. Se sonrojo como una colegiala. Es que le pillo por sorpresa. El mayor soltó una risa ronca. - ¡No me jodas, Sam! ¿Ahora te va a dar pudor, después de lo que hiciste en el desván con Bobby a punto de descubrirnos? – Sam acerco el rostro al miembro de su hermano.

Dean vio como el pequeño inclinaba el rostro y sintió como le lamia desde la base hasta la punta, haciéndole estremecer de placer. Sam se metió la punta en la boca, apretando los labios un segundo para lamerla despacio después. El mayor ahogo como pudo un gemido y metió las manos entre el pelo de Sam, tratando de conseguir mas contacto. El pequeño gimió de dolor cuando Dean le dio un tiron del pelo para acercarlo más. Le falto nada para abrir la boca y protestar pero se lo acabo pensando mejor. Había mejores venganzas y ahora tenia a su hermano a su merced.

Se introdujo por completo el miembro de su hermano en la boca y empezó a lamer y succionar consiguiendo que Dean comenzara a jadear sin control. Sam alzo la vista y se quedo embobado mirando la expresión de placer del mayor, que abrió los ojos cuando el pequeño uso también la mano.

Sam arqueo una ceja al comprobar que los ojos de su hermano habían vuelto a ser verdes. Con mucho disimulo y sin dejar de estimular al mayor, le saco del bolsillo trasero el colgante y se lo escondió en la mano libre.

Dean no aguanto mucho más. La boca, la mano y la mirada de Sam fueron demasiado para el y se corrió con un gruñido lastimero.

Sin dejarle tiempo para recuperarse y reaccionar, Sam se incorporo de un salto y le coloco el colgante al cuello, a la vez que le besaba en los labios de manera ardiente. Se pego a el, rozándose para encontrar algo de alivio sin poder contenerse de lo excitado que estaba. Sintió a Dean desabrochándole los vaqueros y colaba su mano dentro para masturbarle. El pequeño gimió en el beso cuando el otro acelero el ritmo, no pudiendo aguantar mucho tampoco. La mano de Dean era inesperadamente calida y suave y Sam se corrió gruñendo su nombre.

Se quedaron quietos, milagrosamente de pie, Dean apoyado en el capo del Impala y Sam con la frente pegada a la del mayor, tratando de recuperar el aliento.

- Joder…

- Yeah… joder…

Continuara…