La Mina de las Oportunidades
Capitulo 6
Esos ojos me recorrieron la cara.
-Sr. Todd –me atreví a decir. Estaba asustada. ¿Por qué me miraba como si fuese un pollo asado listo para trinchar?
Parecía concentrado en algo, mientras se acercaba a mi cuello. Me asusté. Las alarmas de mi cabeza saltaron y decían "Es peligroso. Demasiado cerca, demasiado cerca."
-Sr. Todd… ¿Qué hace? –intenté sonar lo más calmada posible. Estaba ya muy cerca.
Entonces, cuando ya no sabía que más hacer para intentar que reaccionase –y eso que no había hecho nada aún-, me sorprendió. En otras circunstancias, mejor dicho, antes de la "vuelta", habría estado loca de excitación teniendo sus labios tan cerca de mi cuello. Pero con esos ojos, que habían cambiado de color peligrosamente, sabía que no iba a cumplir una de mis fantasías. Pero cuando empecé a notar algo cálido y mojado en mi cuello, no supe como reaccionar. ¿Me estaba lamiendo el cuello? ¿¡Pero qué demonios le pasaba!?
-¡Sr. Todd! –exclamé, cada vez más nerviosa. Pero lo que yo quería saber, era que ¿¡Porque demonios me estaba chupando el cuello!?
-¡NOOOO! –gruñó y se apartó de mi lado. De un rápido movimiento me dio la tarta y salió corriendo.
Me quedé perpleja en las escaleras. Soy yo, o esto es muy extraño –pensé-. Estaba embelesado con mi cuello. Por más que le he llamado… - me llevé una mano al lugar donde antes había estado su boca. Como suponía, la saliva seguía ahí. Se pegó a mis dedos. Aparte la mano y la observé. Luego subí la mirada al lugar por el que se había ido. Definitivamente tendríamos que hablar.
Dejé la tarta en el mostrador de la tienda y me lavé el cuello. Cuando estuve lista, subí por las escaleras. Despacito, intentando retrasarlo cuanto pudiese. Pero finalmente llegué arriba.
-¡Mamá! –me llamó Toby desde abajo.
-El pastel está listo. ¿Puedes entrar y servirlo? Tengo que hablar con el Sr. Todd.
-¡Sí, señora! –y entró más alegre que unas castañuelas.
Por mi parte, llamé a la puerta, con miedo.
Que no esté, que no esté. Por favor, que no esté –pensaba sin parar. Me daba muchísima vergüenza. No es que no quisiera que estuviese aquí, "viviendo" conmigo, pero es que me daba tanto bochorno lo que había pasado abajo que no podía quitarme aún el sonrojo.
-¿Sr. Todd? ¿Puedo pasar? –pregunté-.
-Adelante –me respondieron desde dentro. Mierda –pensé.
Abrí la puerta. La tienda seguí igual, pero seguía habiendo algo raro que no conseguía identificar. Miré hacía todos lados. Él estaba en la silla, mirando el vacío, jugando con una navaja entre sus dedos.
-Si busca el espejo –dijo-, lo rompí sin querer ayer por la noche.
-A… -fue lo único que se me ocurrió decir-.
-¿A qué ha venido?
-Creo… que tenemos que hablar –dije a la vez que cerraba la puerta detrás de mí. La habitación estaba muy oscura.
-¿De qué? –volvió a preguntar. ¿Es que acaso no le importaba?
-Me parece… que de lo que ha pasado abajo –cada vez estaba más nerviosa. Me senté en la cama y le miré a los ojos-.
-Un error –dijo suavemente-.
-¿Un error? –le miré perpleja-. ¿Se puede saber de qué habla? Mire, esta noche…
-No fue un sueño. Fue real –volvió a declarar-.
-¿El qué?
-Los ángeles, la Intersección –me quedé petrificada. Llevaba todo el día auto-convenciéndome de que había sido todo un sueño, una fantasía. Mi imaginación-. Estuve de caza. Tuve un pequeño problema antes de volver.
-Sí, de eso también quería hablar. ¿Cómo demonios se ha manchado usted con esa sangre? ¿Y de quien era?
-Eso no importa. Es mejor que se vaya –mientras decía esto se levantó y se miró en el espejo del tocador. Fue entonces que me fije que no había ninguna foto de Johanna o Lucy.
-¿Irme? ¿Por qué habría…?
-Soy peligroso. Más para usted. Lo que ha pasado abajo… casi la mato y la desangro. Aun no controlo todo esto. Es mejor que se vaya.
-Pero, Sr. Todd…
-Aún no controlo mi cuerpo, Sra. Lovett. ¿Cree acaso que sabía que tenía esa velocidad cuando la he salvado en las escaleras? –seguía sin mirarme a la cara-. Váyase. Será lo mejor.
-Déjeme ayudarle a controlarse –supliqué. Quería ayudarle. Tiempo atrás me hubiese largado al primer aviso, tal vez mi condición me lo impedía.
-¡He dicho que se vaya! –no gritó, pero tampoco lo dijo tranquilo. Pillé la indirecta y me fui a la puerta.
-Creo que… lo mejor será que no haga nada de lo iba a pasar hoy. Me refiero al Juez y todo eso. Al menos, hasta que se controle.
-Sí… me había olvidado del juez –abrí los ojos como platos. ¿Sweeney Todd? ¿Olvidarse de una venganza?-. Sra. Lovett…
-¿Si, amor? –pregunté antes de salir. Ya tenía un pie fuera de la tienda-.
-Está brillando –se había girado y ahora miraba por la ventana-.
-¿En serio? –me había cogido desprevenida-.
-Mírese en un espejo –iba a mirarme en el tocador cuando su voz me detuvo-. Abajo.
-Sí, Sr. Todd –y volví a la puerta, para esta vez, bajar las escaleras e irme a mi habitación, pero no a llorar. Si no ha comprobarlo.
Me miré en el espejo. ¡Él tenía razón! Un brillo blanquecino cubría mi piel y mi rostro, incluyendo el pelo. Bueno, rodeaba mi cuerpo. Me pregunté si Toby lo había visto. "También brillaras de forma inusual algunas veces, pero la gente lo ignorará. Salvo tu compañero". Me había dicho el ángel. Entonces nadie más que nosotros podíamos verlo. Genial.
¿Qué más dijo el ángel? Que yo hubiese ido al Infierno y él al Cielo. Era de suponer. A él le habían hecho mucho daño, y se había vengado. Además de haber librado al mundo de un cerdo. Yo, en cambio, había sido egoísta y había mutilado cuerpos para luego dárselo a la gente. Eso era… como llamarlo… ¿cruel? La gente no se enteraba y además conseguía dinero. Era normal que yo fuese al Infierno.
-¿Mamá? ¿Pasa algo? –me preguntó Toby desde la puerta-.
-No hijo, no pasa nada –sonreí-. ¿Vamos a comer?
-¡Sí!
Pero aún tenía una pregunta sin resolver…
¿Qué pasó en las escaleras?
