Capitulo 10


Desde la Intersección, ambos ángeles observaban horrorizados lo que sucedía en la sala de los Lovett.

-¡No pueden hacer eso! ¡Es trampa! –se quejaba Lilith-.

-Me temo que no, si no les dan ninguna guía. Espera a ver que dicen –la intentó calmar Gabriel-.

-¡Esto es injusto! –gritó Lilith mientras se apartaba de la esfera flotante y tiraba un jarrón que había hecho aparecer.

-¡Shh! ¡Que ya llegan!

En la esfera…

La Sra. Lovett y el Sr. Todd llegaron a la sala.

-Tomad asiento, por favor –dijo la cabecilla del grupo-.

La Sra. Lovett se sentó en el sofá, mientras Todd se alejaba y se apoyaba en la esquina más oscura de la habitación, cerca de la ventana.

-O quédense de pie… -se corrigió-. Bueno, os preguntareis quienes somos, que hacemos aquí, porque….

-Sí, sí, sí, todo eso. Rapidito que no tengo tiempo para esto –se quejó Todd, a lo que Lilith (desde la Intersección), soltó una carcajada-.

-Eh… sí, bien… -respondió algo abochornada la chica, pero se recompuso-. ¡Somos las musas! ¡Diosas de las Artes y Proclamadoras de Héroes! –hizo un gesto de musculitos-.

-¡Héroes como Hercules! –dijo otra-.

-Querrás decir Muscules –dijo la gordita-. Ya me gustaría a mi…

-¡Al grano! –bramó el hombre de la esquina, enfurruñado porque tardaban mucho y quería irse a… "jugar"-.

-¡Sr. Todd, por favor! –se ofendió Nellie-.

-Agg…

-Yo me llamo Clío –dijo la gordita, saludando-.

-Eutrerpe –la del otro extremo-.

-Talía –la de al lado de Clío-

-Melpómene –dijo la que estaba al lado de Eutrerpe-.

-Y yo Terpsícore –dijo la cabecilla-. Nuestras hermanas Érato, Polimnia, Urania y Calíope no han podido venir, aunque lo deseaban.

Que nombres tan raros pensó Todd, ya harto.

-Venimos a advertiros. Como veis –dijo Terpsícore-, no somos como los demás. Ni nuestros vestidos, ni nuestro color de piel. Y podemos veros tal cual sois, más incluso que como os veis el uno al otro.

- ¿O.O? –se quedó Nell-.

-Somos Diosas, lo hemos dicho antes –dijo Clío-.

-Habéis caído en un juego… -dijo Talía-.

-Que no es el vuestro –aclaró Eutrerpe-.

-Un juego milenario entre Dioses. La Intersección –miró a Sweeney Melpómene, que ahora parecía interesado-, los Dioses de Todas las Culturas y el Infierno de las mismas.

-¿Qué quiere decir? –dijo Sweeney-.

-Lilith y Gabriel han llegado esta vez demasiado lejos –siguió Terpsícore-. ¿Cómo pudo mandar a dos mortales muertos devuelta a la tierra? No lo sabemos aún.

-¿Lilith y Gabriel? –volvió a preguntar-.

-Tu madre –se dio la vuelta, ya que estaba de espaldas a él-. La madre de todos los No-Muertos. Y Gabriel es el… Hermano de ella. Ambos pertenecéis a dos lugares muy distintos, por eso no podéis convivir sin problemas, lo lleváis en la… sangre. Angeles y Vampiros no se llevan.

-Pero el amor lo vence todo –apuntó Clío, recibiendo un mal gesto de Talía-.

-¿Y de que trata el juego? –preguntó Nell, hasta entonces callada-.

-Ah… -suspiró-. Es simple y complicado. Lilith y Gabriel son unos prófugos del Dios Cristiano y Judío. Encontraron la Intersección y… bueno, digamos que su trabajo es el de "complicar" el de los Dioses, que deciden donde va cada persona. No podemos deciros mucho, ya que el destino está escrito y podríamos alterarlo.

-¿Pero no lo hicieron acaso ellos cuando nos devolvieron la mitad de nuestra vida? –preguntó Sweeney descaradamente-. ¿Por qué no podéis decirnos qué diablos va a pasar y qué podemos remediar?

-El Destino está Escrito –dijeron todas a la vez en un susurró, con los ojos en blanco, elevándose y desapareciendo en el aire-.

-Ya la he vuelto a cagar –susurró Sweeney-.