Capitulo 15


¡Una cita! ¡Tenía una cita! ¡Con un hombre que valía el doble de lo que ella se merecía! ¡Una cita! No salía de mi asombro. Una cita… ¿Cuánto hacía que yo no tenía una cita? ¿Siglos? No, no tanto, pero sí años. Para ser exactos, 17 años. Pero yo creía merecérmelo. Al fin y al cabo, el hombre al que yo quería no me correspondía, ¿no? ¡Y este valía su peso en oro! ¡ORO! ¡Me trataba como una princesa! ¡Era guapo, inteligente… joven! ¿Cómo iba a negarme cuando me pidió salir a bailar? ¿¡Cómo!? Había estado viniendo a mi tienda durante aproximadamente unos cuatro meses, justo cuando no había gente y así poder adularme más a gusto. Y siempre que venía, el Sr. Todd se ponía nervioso. Quizás le molestase, no lo sé, pero me daba igual. Aquel hombre joven me traía de cabeza, no podía pensar en otra cosa que no fuese él, no podía concentrarme en otra cosa que no fuese él, en la cocina, en la cama, ¡incluso hablando con el barbero, no podía parar de pensar en ese joven! Y sé que estaba mal, muy mal. Él podría ser mi hijo pero… había algo en él que me atraía de tal forma y con tanto poder, que enseguida me olvidaba de ello, para vislumbrar sus preciosos ojos claros en mi mente. Como me miró al descubrir la fea cicatriz de una mordida en mi mano. Como su rostro se llenó de preocupación.

Ahora todos se daban cuenta de que algo me pasaba. Todos. Toby me preguntó varias veces por que estaba tan distraída, tan… ausente. Los clientes vieron mi sonrisa soñadora apostada en mi cara muchas veces. Me insistieron tanto algunas veces para que les entregase una empanada, que muchas veces había sucedido que se iban enfadados. Hasta el Sr. Todd, cuando hablaba con él, se percató de que me pasaba algo. Intentó varias veces entablar conversación conmigo, y debo decir, que pocas lo consiguió. Pero desde que me había citado con él. Desde aquél mismo momento, todo empezó a dar vueltas. Llevaba toda la tarde mirando el reloj, entusiasmada y a la vez exasperada de que el tiempo pasase TAN lento. ¿Es que esas malditas agujas no se movían nunca? Estaba convencida de que todos los relojes del país se habían confabulado para detenerse en cuanto me daba la vuelta.

Me di unos últimos retoques en el maquillaje y salí a la tienda de empanadas a esperarle. Ya eran las 6 menos 5, y pronto vendría a recogerme para llevarme a cenar, y tal vez bailar. Afortunadamente, Toby estaba dormido con su ginebra del brazo, y el Sr. Todd se había marchado de caza, así no tendría que dar explicaciones a nadie.

A las 6 en punto, le divisé girando la esquina, con las manos en los bolsillos y una radiante sonrisa con la que casi me desmayo. Estoy segura que de no estar sujeta al marco de la puerta, estaría en el suelo. Me ofreció su brazo y yo lo tomé gustosa. Me guió hacía el lugar donde comeríamos, que resultaría ser una bonita sorpresa.

Al parecer, había alquilado un local solo para nosotros y un violinista. Según me dijo, le costó 3 meses ahorrar lo necesario para esto. Y un ramo de flores estaban en mi silla, a mi espera. Una docena de rosas. Y lo más increíble, es que aún no tenía nombre para esa cara tan angelical. Un plato con espaguetis a la bolognesa esperaban en ambos platos. Al parecer, los había preparado él mismo, ya que no podía permitirse un cocinero. Me mostré encantada, sorprendida, y más, al descubrir, que me había enamorado. Me tendió el ramo de rosas y me ofreció la silla. Yo me senté de buena gana y dejé el ramo en el suelo. Observé el lugar. Una gran pista de baile circular, con nuestra mesa en medio. Nada más, salvo por el violinista.

-Y dígame, Sra. Lovett, ¿le gusta el sitio? Espero no haberla aturdido con los detalles.

-¡No, no! ¡Es… perfecto! Y por favor, tutéame, no me gusta tanta formalidad entre nosotros. Esto… es vergonzoso admitirlo pero… aún no me has dicho tu nombre…

-¡Oh! ¡Qué despiste por mi parte, si es que se puede llamar así! Me llamo Davy, Davy Jones –me tendió la mano, a modo de saludo, y yo se la estreché-. Un gusto en conocerte, Eleanor Lovett –yo reí, encantada.