Capitulo 16
La noté rara durante los 4 meses siguientes. No comía, no dormía, no hablaba… ¡y no es que estuviese deprimida! Cuando hablaba conmigo, en esas raras ocasiones, muchas veces se quedaba en el limbo. Y aquella extraña persona… aquella persona que no podía rastrear, que no podía aguantar, seguía viniendo todos los días. Y yo me ponía nervioso, porque no sabía qué pasaba. No sabía que ocurría abajo, y tampoco me atrevía a bajar a averiguarlo. Ella tampoco daba pistas.
Me percaté de que todos se daban cuenta de que algo le pasaba. Todos. Toby le preguntó varias veces por que estaba tan distraída, tan… ausente. Los clientes vieron su sonrisa soñadora apostada en su cara muchas veces, incluso yo, y eso era muy raro. Había observado que últimamente, cuando los clientes pedían algo, minutos después se iban muy enfadados. Yo ya no podía entrar en su mente. Hasta yo, cuando hablaba con ella, me di cuenta de que algo le pasaba. Intenté varias veces entablar conversación con ella, inútilmente. Y siento repetirme, pero buff…
Exasperado, me fui de caza. Cada vez que me ponía nervioso, esa era mi única salida, tenía que evadirme, pero ya no me conformaba con los clientes, ya no me saciaban, era tan aburrido estar sentado, esperando a que viniesen a afeitarse… Y claro, ¡era mucho mejor salir a matar yo mismo!
Así que esta vez tenía que elegir un lugar especial. Pensé, ¿Con quién estábamos en guerra? ¡Por supuesto! ¡Los franceses! Así que a través del Canal de la Mancha, en cuestión de minutos estaba allí.
Fue una casualidad, seguramente, pues me encontré de pleno con el campo de batalla. Las espadas, las escopetas, los caballos. ¡Qué poder!
Me escabullí como pude a una tienda apartada, hacia atrás. Algunos soldados me miraron impresionados y me apuntaron con armas.
-¿¡Quién es usted!? ¿¡Qué hace aquí!?
-¡Tranquilos! ¡Soy inglés! –no bajaron las armas, puñeta-.
-¡No puede estar aquí!
-¡He llegado por error! ¡Lo juro! ¡Solo venía a revisar los muertos franceses!
Me miraron suspicaces, intentando averiguar si lo que decía era verdad o no. Pero de pronto, una persona al fondo del lugar, de aspecto cadavérico, más alto que yo –que ya es decir-, y ataviado con una capa de pieles se levantó.
-Bajad las armas, es amigo mío –todos nos quedamos con cara de no entender-. Ven, viejo amigo, tienes que ponerme al día –me abrazó por los hombros y me llevó fuera, hacia donde estaban todos los muertos.
-Perdón, señor, pero yo no le conozco de ninguna parte. Le agradezco que me haya sacado del lío, pero se ha equivocado de persona.
-No, no lo he hecho. Sé reconocer a uno de mi especie en cuanto lo veo, Sweeney –me congelé, si es posible. ¿Especie?-. Sí, exacto, ambos somos vampiros.
-¿Me está leyendo la mente?-.
-Es obvio.
-¿Y qué hace aquí? –pregunté desconfiadamente, apartándome de él-.
-Supongo que lo mismo que tú, alimentarme. Si quieres disfrutar de verdad, deberías coger alguna armadura e ir a las primeras filas de guerra. Créeme, es mucho más divertido que desgarrar las gargantas de aquellos a los que supuestamente afeitas.
-¿Cómo…?
-Por mucho que cierres tu mente, yo soy el jefe de una de las mayores manadas de vampiros existentes. Tengo espías por todas partes. ¿Quién te convirtió?
-No lo sé –admití-. Estuvimos en la Intersección.
-¿¡La Intersección!? ¡Eres un heredero! –se arrodilló y me besó la mano-. ¡Maldita Lilith!
-No entiendo.
-¿Hablasteis en plural? ¿Tenéis una compañera?
-¿Qué? No le entiendo, en serio.
-¡A Usted le convirtió nuestra Diosa! ¡Es un legítimo! ¡Estáis destinado a reunir todos los clanes existentes! Sería un gran honor para mí teneros en el mío, mi señor –no entendía nada. ¿Es que acaso era de la realeza vampírica o algo? ¿Lilith? Pero sabía que ellos me ayudarían, y tal vez podría olvidarme de la dichosa panadera-.
-Aceptaría de mucho gusto unirme a vuestro clan, pero por favor, levántese –se levantó-.
-Podéis hablarme de tú, si lo deseáis, mi señor.
-¿Podrías enseñarme más acerca de nuestras… habilidades? Apenas llevo cinco meses…
-¡Sería un honor, mi señor!
Me proporcionó una armadura y todo lo que necesitaba. Me enseñó a manipular las mentes de la gente, a enterarme de cosa, a espiar, matar, escabullirme sin ser visto. Y también aprendí, que tenemos un enemigo natural; los licántropos. Generalmente, cuando estos se hallaban cerca, nuestros sentidos se agudizaban, pero no podíamos rastrearlos, y eso era una desventaja grande. Pero éramos el doble de rápidos, feroces y fuertes que antes.
Nos sentamos en la gran pila de muertos sin sangre que habíamos dejado en un campo vacío. El panorama era desolador, pero no me molestaba lo más mínimo.
-Mi señor…
-Ya te he dicho que no me llames así, Asbalath.
-Sí, Sweeney…
-Mejor.
-¿Tienes una compañera?
-¿La Sra. Lovett? –pregunté-.
-¿Así se llama?
-Sí, bueno… no es mi compañera –aseguré, mirando a otro lado-.
-Pero te gustaría –él era muchísimo mayor que yo, tenía 300 años casi-.
-¡No! Ella es un ángel.
-Todos decimos lo mismo de aquellos a los que amamos –se rió, mientras mordía un cacho de mano-.
-Era literal. Yo soy un vampiro, ella un ángel. Las figuras de la Intersección nos transformaron –dije seriamente-.
-¿Una hija de Gabriel? –preguntó incrédulo-.
-¿Qué?
-¡Maldita Lilith! ¡Nunca pensé vivir lo suficiente para ver la profecía cumplida! –exclamó-. ¡Nunca había pasado esto ni en mis 300 años de vida!
-No entiendo.
-¿No entiendes muchas cosas, eh? Verás, hay una profecía que dice que vendrán unos tiempos angostos, en los que una hija de Gabriel y un hijo de Lilith se juntarían. Ambos, juntos –enfatizó-, deberían superar sus temores y derrocar a sus padres. Esto pasó hace tiempo. Pero al parecer, esto no debía ocurrir así.
-¿Por qué?
-Porque según me has contado , mi señor, moristeis en una mina abandonada. Ellos os cogieron y os transformaron. Están jugando con vosotros. Al parecer, quieren evitar la profecía.
-Tengo que irme –salté de repente, había pasado 3 días y medio allí, y la Sra. Lovett estaba sola. Tenía que contarle mis averiguaciones-.
-Es una pena, querría que conociese a los demás vampiros del clan.
-Otro día, amigo mío, he de irme. Tengo que hablar con ella.
-Por supuesto, estamos aquí para lo que quieras. Contacta con una tal Frederic Lapton, vive en Fetter Lane. ¡Adiós!
Eché a correr en dirección a Londres, mientras en mi cabeza bullían aún las palabras del anciano Antiguo.
