Capitulo 17
Me sentía alegre, y feliz, y descansada… lo cual es muy raro para ser una mañana. La respiración de mi almohada hacia que mi cabeza subiese y bajase lentamente. Los latidos iban acompasados a los míos, convirtiéndose en una nana de cuna hipnotizante. La mano me acariciaba la espalda lentamente, haciendo círculos. Entonces abrí los ojos y me encontré con otros, unos claros y sinceros. Unos míos.
-Buenos días –me dijo, inclinándose a saludarme con un beso-.
-Buenos días –respondí, aún somnolienta-.
Recordé las caricias, la pasión, los besos… todo aquello compartido en las últimas 3 noches. Tres noches en las que el Sr. Todd no había aparecido por casa. Toby estaba encantado con mi nueva relación, y todo iba tan condenadamente bien que nada podía estropearlo… salvo eso.
-¿Sra. Lovett? –llamó el famoso barbero al otro lado de la puerta, llamando despacito. Y parecía, ¿contento?-.
-¿Sí? –contesté, haciendo un auto-reflejo y tapándome con las sabanas. Sabanas que la noche anterior había compartido con… ¡Nell! ¡Concéntrate!-.
-¿Puedo hablar con usted?
-¡Un momento! –me levanté a todo correr, mientras Davy me observaba desde la cama, sonriendo divertido-. ¿Qué te hace tanta gracia? –mascullé por lo bajo. Dios, no podía dejar que Todd se enterara o…-.
-Es que, me parece que tu camisón lo tiré por allí –señaló en dirección contraria a la que yo buscaba. Hice una mueca y lo cogí-.
Me lo puse y agarré la bata. Una vez lista, salí de la habitación, cerrando la puerta detrás de mí. El barbero me miraba radiante, como si Lucy aún siguiera viva…
-¿Qué quiere, Sr. Todd? –pregunté-. Aún es muy pronto… las 5 de la mañana, para ser exactos.
-Me gustaría hablar con usted, sobre una cosa muy importante que he…
-¿Pasa algo, cariño? –preguntó Davy detrás de mí, saliendo por la puerta. Cuando aparté la vista de él, que solo vestía la sábana alrededor de la cintura, para mirar a Todd, la cara de este último no tenía precio-.
-No, no, nada, cielo –aseguré, mirando con miedo al Sr. Todd-.
-¿¡Qué… qué demonios es esto!? –exclamó el Sr. Todd-.
-Verá, esto tiene una explicación muy… -sus ojos cambiaron de color vertiginosamente, y vi el peligro que corría Davy-. ¡Cálmese!
-Usted… ¿¡Tiene si quiera idea de lo que acaba de provocar!?
-¿Pero qué…?
Empezó a cambiar, mostró los colmillos, su bocas y sus dientes se agrandaron. Empezó a gruñir, y temí por la vida de Davy.
-¡Quieto! –grité cuando vi que venía corriendo a matarlo, matarnos-.
-¡AAAAAAAAAARG! –gruñía-.
Una luz cegadora cubrió la habitación, y un alarido proveniente de él me hizo alarmarme. Cuando la luz se disipó, el Sr. Todd se encontraba tirado en una esquina, con las manos quemadas y un montón de cortes sin sangre en la cara.
-¡Sr. Todd! Lo siento, yo no… -me arrodillé a su lado intentando ayudarle, pero él me apartó de un manotazo-.
-Él… -miré a Davy, dándome cuenta de lo que acababa de suceder-.
-Yo hablo con él.
-Acaba de cometer el mayor error de su vida, Sra. Lovett –me miró fría y cruelmente-. Mayor que el de mentir acerca de Lucy –y se marchó en un suspiro. Me di la vuelta y miré a Davy, que me miraba preocupado-.
-Escucha, esto que ha pasado… lo que él ha hecho… esa cosa tan rara mía… tiene una explicación –le miré un poco temerosa-.
-Por supuesto –respondió casualmente-. Él estaba celoso y quiso atacarme, tu lo empujaste y cayó contra ese vaso de cristal –señaló uno que estaba roto en el suelo-, se cortó, y ya está. No le veo nada raro a eso –dijo confuso. Suspiré en alivio-.
-Me parece que es mejor que te vayas –susurré-.
-¿Te arrepientes? –me preguntó-.
-¡No! ¡Por supuesto que no! ¡Jamás! –exclamé, acercándome y pasando mis manos por su cintura, mirando hacia arriba para poder ver sus ojos-. Es solo qué…
-Shh… -dijo, tomándome por la barbilla y dándome un escueto beso-. Ya lo sé.
Subí a la barbería. No sabía cómo iba a explicárselo, pero… algo habría que hacer.
Llamé levemente a la puerta.
-¿Sr. Todd? –dije, entrando-.
-Váyase –dijo duramente-.
-Tenemos que hablar –dije, intentando ser convincente-.
-¿De qué? ¿De qué se ha acostado con un chico 20 años más joven que usted, que además es licántropo? Ese tema no me interesa, Sra. Lovett… -contestó sarcásticamente-.
-¿Lican qué? ¡Davy no es eso! –exclamé, horrorizada ante la idea-.
-Lo es, y lo sé –estaba mirándose al espejo. Los cortes empezaron a desaparecer en la piel de él, hundiéndose en ella-.
-¿De qué quería hablarme? –cambié de tema-.
-Ya no es importante. Váyase.
-Dígamelo –insistí-.
-¿Qué le voy a decir que sea más importante que su jovencísimo –eso lo decía para hacerme daño- chucho? Pues nada, Sra. Lovett. ¿Qué he encontrado más vampiros como yo? ¿Qué tiene un clan? ¿Qué me llaman Rey, mi señor… y que además formamos parte de una profecía que dice que tenemos que derrotar a los líderes de la Intersección? ¡Ah no! –le miraba perpleja-. Que usted acaba de echarlo todo por la borda por su estúpido caprichito.
-¿¡QUÉ!? ¿¡VAMPIROS!? ¿¡PROFECÍA!?
-Sí, pero eso ya NO importa. ¡Lárguese y déjeme en paz!
-No.
-¿Es que no tiene suficiente con haberme arruinado una vida que también quiere arruinarme esta? –preguntó cruel y mordazmente. Las lágrimas escaparon de mis ojos y me fui a la puerta, profundamente dolida por sus palabras-.
