Capitulo 18

Sabía que algo andaba mal desde que me acerqué a la casa, pero no quería darle importancia, no debía darle importancia. Quería contárselo, quería emocionarla como yo lo estaba.

Entré rápidamente, sin hacer ruidos y llamé a la puerta levemente. Es extraño, pero no podía saber que pasaba dentro-.

-¿Sra. Lovett? –llamé contento-.

-¿Sí? –contestó ella, parecía nerviosa por algo-.

-¿Puedo hablar con usted? –deseaba que sí-.

-¡Un momento! –se escucharon ruidos dentro, susurros, pero no tenía ni puñetera de lo que estaba pasando-.

Salió con una bata rosa muy mona, que realzaba su figura. Cerró la puerta tras de sí y me miró expectante.

-¿Qué quiere, Sr. Todd? –preguntó, parecía molesta por algo-. Aún es muy pronto… las 5 de la mañana, para ser exactos –ups… no me había dado cuenta de la hora-.

-Me gustaría hablar con usted, sobre una cosa muy importante que he… -empecé, dándole tiempo a asimilarlo, cuando la puerta se abrió-.

-¿Pasa algo, cariño? –preguntó el chico detrás suyo, saliendo por la puerta. Apareció con una sabana atada a la cintura, todo feliz, y me miró desafiante. Enseguida comprendí todo-.

-No, no, nada, cielo –aseguró ella, mirándome con miedo, y era lo que debía hacer-.

-¿¡Qué… qué demonios es esto!? –exclamé-.

-Verá, esto tiene una explicación muy… -empecé a hiperventilar. Él me miraba con sorna, casi riéndose de mí en la cara, con posesión sobre ella. Sus ojos ahora eran blancos como la niebla, y supe que era-. ¡Cálmese! -me pidió-.

-Usted… ¿¡Tiene si quiera idea de lo que acaba de provocar!? –grité. ¡Estaba loca! ¡Totalmente loca!

-¿Pero qué…? –quiso decir ella-.

Empecé a cambiar. Mis colmillos crecieron, y mi boca se lleno de un mortal veneno, ella me miró aterrorizada, y él empezaba a cambiar también.

-¡Quieto! –gritó, viendo que me abalanzaba sobre él. Y en un descuido suyo, entre en su mente. Por alguna extraña y loca razón, creía que yo la iba a matar-.

-¡AAAAAAAAAARG! –gruñí-.

Una luz cegadora cubrió la habitación, y solté un alarido. Sentí que algo me quemaba como hierro candente, rasgándome la piel, y cegándome momentáneamente. Cuando la luz se disipó, me encontré tirado en el suelo, con muchas heridas, y mis manos, con las cuales había tratado vanamente de para el dolor.

-¡Sr. Todd! Lo siento, yo no… -se arrodilló a mi lado, pero la aparté de un manotazo-.

-Él… -dije yo y miramos a Davy-.

-Yo hablo con él –resolvió ella-.

-Acaba de cometer el mayor error de su vida, Sra. Lovett –dije fría y cruelmente, mirándola de igual modo-. Mayor que el de mentir acerca de Lucy –y en un movimiento me fui de la habitación-.

¡Loca! ¡Completa y totalmente loca! ¡Como una cabra! ¡Acostarse con… eso! Y yo no era quién para juzgar acerca de con quién se acostaba, y tampoco de con quién se enamoraba, ¡pero por Dios! Una cosa es enamorarse, y otra muy diferente, es hacerlo con un chucho de esos.

Subió a la barbería. Había notado hacía rato que él se había ido, pero su olor permanecía.

-¿Sr. Todd? –dijo, entrando-.

-Váyase.

-Tenemos que hablar –dijo, intentando ser convincente, aunque no lo consiguió-.

-¿De qué? ¿De qué se ha acostado con un chico 20 años más joven que usted, que además es licántropo? Ese tema no me interesa, Sra. Lovett… -contesté sarcásticamente-.

-¿Lican qué? ¡Davy no es eso! –exclamó, horrorizada ante la idea-.

-Lo es, y lo sé –estaba mirándome al espejo. Los cortes empezaron a desaparecer en la piel, hundiéndose en ella y desapareciendo totalmente-.

-¿De qué quería hablarme? –cambió de tema, estaba nerviosa-.

-Ya no es importante. Váyase –dije, harto ya de sus errores. Estaba pensándome seriamente una cosa, y me pareció llevarla a cabo-.

-Dígamelo –insistió-.

-¿Qué le voy a decir que sea más importante que su jovencísimo –eso lo decía para hacerla entrar en razón - chucho? Pues nada, Sra. Lovett. ¿Qué he encontrado más vampiros como yo? ¿Qué tiene un clan? ¿Qué me llaman Rey, mi señor… y que además formamos parte de una profecía que dice que tenemos que derrotar a los líderes de la Intersección? ¡Ah no! –resumí-. Que usted acaba de echarlo todo por la borda por su estúpido caprichito.

-¿¡QUÉ!? ¿¡VAMPIROS!? ¿¡PROFECÍA!? –exclamó, ¿su cara? Un poema-.

-Sí, pero eso ya NO importa. ¡Lárguese y déjeme en paz! -insistí-.

-No –se negó-.

-¿Es que no tiene suficiente con haberme arruinado una vida que también quiere arruinarme esta? –vi que lloraba ante mi comentario, pero era necesario, se lo merecía y era lo justo-.


Cuando se fue, puse en marcha mi plan. Chaqueta en mano, bajé las escaleras y eché a correr.

Corrí y corrí. Y llegué a un bonito pueblo al norte de Inglaterra.

Y allí estaba, la compañera perfecta para mí.

Me acerqué por detrás. Tenía el pelo negro, y era más o menos de mi altura. Su cara era simétrica, lo que le daba gran belleza, y parecía lista.

-Sé que está usted ahí –dijo ella, agachándose a coger agua del río. Sonreí-.

-Es bueno saberlo.

-Siempre he sido así –se encogió de hombros, subiendo el jarrón y dándose la vuelta-.

Iba totalmente vestida de negro, pero sus ropas estaban rasgadas. Sus labios rojos magenta resaltaban contra su pálida piel, tenuemente iluminada por la luna. Y sus ojos, eran dos abismos color azabache.

-¿Qué desea de mí? –preguntó-.

-Buscaba… una compañera –dije resuelto-.

-Puede que la haya encontrado –dijo perspicaz-.

-¿Sabe acaso quién soy yo? –pregunté-.

-Oh, por supuesto, no es ningún secreto que el Rey de la Oscuridad, el Rey de los Vampiros, volvería algún día –me quedé perplejo-. Soy amiga de uno de ellos –se me acercó lentamente-. Y me contó la leyenda esa, la profecía. Desde entonces le tengo debilidad, Sr. Todd.