Capitulo 2: La huida.

El profeta apareció por la rendija del correo en la puerta de Mimbel.

Tomó el diario apretando los dientes -Mortífagos en el bosque Everwood, esta es la señal que eh estado esperando, no me humillaré un segundo más ante ese asqueroso mestizo.- Su sangre hervía en su sien mientras corría hacia el cuarto.

Un bolso verde de tiras cruzadas estaba sobre la cama – Es el momento- dijo y metió allí cuanta pertenencia le pareció útil, los libros de magia que solo pertenecían a su familia, ropa para todas las situaciones, alimentos, pociones, objetos mágicos, y algunas armas blancas al estilo muggle.

Mientras caminaba de un lado al otro buscando las cosas con gran enfado, se detuvo en seco en la mesilla de luz.

Dos fotos mágicas se movían de un lado al otro en la mesa. Un hombre de cabello blanco con una coleta que caía en su hombro abrazaba fuertemente a una joven de corto y negro cabello, ella sonreía inocentemente tomándole las manos, la felicidad desbordaba la imagen.

-"Mamá, papá se lo que piensan, pero el abuelo se equivoca, ya verán como pronto se enorgullecerán de mi"- y apretando la foto sobre su pecho tomó la otra en la que una pequeña niña de ojos plateados estiraba los brazos hacia el cielo mientras un hombre exageradamente feliz, con gorrito de Papa Noel y varita en mano, hacia levitar un gran regalo sobre la cabeza de la niña. -"Abuelo… espero que sepas entenderlo querido abuelo, también lo hago por ti"-

Guardó las dos fotos en el bolso de tiras cruzadas, "reducio" pensó,el bolso se redujo y ella se lo colgó al cuello como una gargantilla.

-Demonios, debo pensar en como escapar de los hechizos protectores del abuelo- sus ojos se nublaron llenos de dudas. No tenía miedo de lo que pudiese pasar con el mestizo y sabía que llegado el caso de que quisiese vengarse con su familia, su abuelo sabría defenderse, pero abandonar aquel lugar, en el que ya había estado largos años en reclusión le traía algún dejo de desesperanza.

---------------------------------------------Flash back---------------------------------------------

-¡Abuelo, Abuelo!- decía la pequeña saltando – Hoy iremos verdad, iremos…. Iremos a-

-A Londres muggle, si. Pero primero debemos conversar algo pequeña, ven siéntate aquí- dijo el hombre señalando un pequeño banquito junto a la biblioteca.

La niña se tomó de la mano de su abuelo intentando calmar la emoción, era su primera vez en el mundo de los muggles y aunque había leído mucho sobre ellos, nunca había podido ver uno de cerca.

-Pequeña, ¿has notado que tú, tu papi y yo no somos "exactamente" iguales al resto de los magos?-

La pequeña ladeó la cabeza dando signo de no entender.

Nadie es igual a otra persona – dijo bajito como con vergüenza. El anciano comenzó a reír estrepitosamente ante tamaña aclaración. Su corazón se hinchaba de orgullo ante la inteligencia de su protegida.

-Lo sé, lo sé me refiero a otra cosa, ¿recuerdas lo que te dijo tu amiguito, el pequeño Tim, el otro día mientras pintabais unos dibujos?-

Ella sonrió ampliamente- Si, dijo que nosotros éramos como un dibujo sin pintar, ya que nuestro cabello, cuerpo y ojos no tenían muchos colores como los de ellos. Pero Timmy me dijo – sonrío de nuevo – que eso nos hacia bonitos y especiales.

-Sabias palabras las del señor Timothy, Ahora pequeña ¿sabes porque es eso? La niña negó con la cabeza.

-Es por la entrega a la Luna. Hace muchos, muchos años, uno de nuestros ancestros, el gran Willfrius Wimbell, estaba en una situación de grave peligro, atrapado por sus enemigos y encerrado en una celda esperando su ejecución. Ya sabes, por lo que te conté el otro día que cada miembro de la familia no puede dar más de una descendencia.-

La cara de Mimbel se ensombreció- Por la sangre maldita- dijo ella al borde de las lágrimas.

-Bueno, bueno, también se le llama la sangre "perdida" – le murmuro él, pasando la mano por su cabeza.

-Entonces pues al morir él, también lo haría nuestra rama familiar. Esa noche miraba el cielo estrellado y repasaba sus conocimientos sobre artes mágicas para ver como salir del embrollo. La cárcel mágica no era el mayor de sus problemas, sino las incontables trampas de las mazmorras en las que se hallaba, era casi imposible escapar por tierra, herido, solo y a pie.-Los ojos de ella estaban enormes como los de todo niño que escucha un cuento muy bien narrado, con todo su poder de atención.

-Entonces allí, en el cielo encontró la solución. La luna, eterno y antiguo signo mágico y fuente de adoración olvidada. El hechizo de entrega lunar. El le entregó a la luna gran parte de los poderes de nuestra familia y como parte de la ofrenda dejó que la luna se quedara con nuestros colores.- La pequeña abrió los ojos como grandes platos y su abuelo pensó con ironía que eran como dos lunas plateadas.

-Honrando a la luna, nuestro cabello, nuestros ojos y nuestra piel, no tendrían pigmento, para que quien nos viese, supiese de nuestra entrega.-

-Pero ¿Por qué?- dijo ella jugando con un bucle plateado que caía en su hombro.

-Pues para salir de allí, niña, para que más.-Rió y continuó – Entonces a cambio de dicha entrega la Luna le concedió a nuestra familia, la "llave lunar" que abre donde estés un pasaje hacia el interior mismo de la luna y desde allí hacia cualquier lugar al que quieras ir.-

Wowwww, y donde esta esa llave! Abuelo, ¡quiero la llave, quiero viajar por el mundo y, y …!-

-Y tranquilidad, Mimb, tranquilidad. –Dijo sentándola de nuevo en su silla, con un gesto de falso enojo para que su nieta dejara de saltar por doquier.

-Nadie sabe donde esta la llave- Replicó mientras los ojos de la niña iban perdiendo el brillo en un claro acto de desilusión.

-Pero se dice que encontraras la forma de conseguirla cuando realmente la necesites-concluyó el mayor.

-Ahora mi niña, toda esta historia viene a cuento de que en el mundo muggle, le gente suele tener mas colorcillo, así que aquí tengo un hechizo para que nos coloremos momentáneamente. Ve eligiendo un color de…. La voz de su abuelo se fue perdiendo en el aire dando fin al recuerdo, ya había encontrado la información que su cerebro buscaba y no quiso perder un segundo más.

-----------------------------------------Fin del flash back----------------------------------------

Su mente se apresuró a elaborar los mas curiosos planes y solo por corroborar la idea mas burda que se le ocurría, mirando al cielo pronunció -"Accio llave lunar" - desde una nube y a gran velocidad una llave plateada se posó sobre el marco de la ventana.

En Hogwarts…

-Caramelos de Anís- Le dijo el venerable Atyrot a la gárgola, pero ésta ya se estaba abriendo en el momento en el que el hombre cruzó el pasillo. Dumbledore avanzaba de su escritorio a la entrada del despacho. Sus ojos azules miraban a los pardos del visitante con una mezcla de diversión y solemnidad. Fawkes graznó levemente y se removió en su perchero.

-Querido Percival, es un gusto verte gran amigo, entre lechuza y lechuza se ve que te olvidaste de mí- Los dos hombres se abrazaron y rieron ante el comentario. Atyrot sonreía como un niño tras sus lentes redondos de luna llena.

-Sabes que no Aty, sabes que no- dijo el director poniendo una mano sobre el recién llegado calidamente.

-No me llames Aty que ya no somos niños-. La cara de Atyrot se frunció como si hubiese probado algo amargo, en un gesto que irónicamente era sumamente infantil.

- Y tu no me llames Percival que sabes que lo odio- volvieron a reír estrepitosamente por aquella pelea de niños.

-Como esta tu nieta, esa niña tan bella tuya, ¿Mimbel verdad?

-Si, de ella vengo a hablarte…Albus. Jajajaja Necesito de tu ayuda, y de tu consejo.

-Lo que quieras viejo amigo, siéntate aquí y cuentame. ¿Un caramelo de limón?-

Mimbel se encontraba en una gran cueva plateada, todo brillaba allí dentro, las paredes recubiertas de angulosas gemas trasparentes y opacas.

Bien Mimbel ¿y ahora que hacemos? , Ni siquiera sabes como funciona esta cosa ¡maldición!, Por que siempre tan torpe, ¡Maldición, maldición! –Su corazón galopaba en su pecho, pero su mente le pedía discreción, sabia que su orgullo la sacaría adelante, ella por sobre cualquier criatura no quedaría encerrada allí, y si otros podían salir, pues bien ella también lo haría.

-"Ya cállate" – le reprochó una voz en su mente –"cállate y piensa".

-El abuelo siempre dice, "Nunca olvides que la más larga caminata siempre comienza con un primer paso", piensa, piensa ¿cual es ese primer paso? si solo tuviese alguna superficie regular para trazar la maldita puerta como lo hice en la cabaña…-Agitaba las manos de aquí para allá con su varita en alto como dibujando con ella en el aire para desahogar su frustración.

-Si, si eso, ya está- apuntaba su varita hacia una de las paredes "Onix Acendere"-.Una gran pared de piedra lisa surgió del piso. Sonrió satisfecha de si misma.

-Ahora si- Comenzó a mover y apoyar la punta de la llave sobre la piedra, una luz blanca se formaba a su paso dejando ver el trazado rectangular de la muchacha. "Bosque Everwood" dijo para si y abriendo la puerta desapareció en la oscuridad.