Capitulo 3: Nuestro encuentro.
La sensación fue igual a la de aparecerse, las tripas se le revolvían y quiso mover la mano hacia su boca para reprimir las náuseas pero su brazo no se movió. La cabeza le daba vueltas cuando sintió algo firme bajo sus pies, hizo un vano esfuerzo por mantener la cabeza erguida mientras caía de rodillas.
-¡Desmaius!- La voz de un hombre emergió de la obscuridad, en ese mismo segundo ella agachó su cabeza y se pegó a la hierba.
-¡Protego! – el rayo de su varita impacto de lleno en un brazo de su atacante y lo hizo girar levantándolo unos centímetros en el aire y haciéndolo caer de bruces.
Ella avanzaba sobre el a paso animal y apuntándole con la varita, él volteo rápidamente, y todo la adrenalina del momento quedó en suspensión cuando se cruzaron sus miradas.
Su cuerpo se estremeció como recordando algo sumamente intenso cuando se cruzó con sus ojos negros, no pudo encontrar justificación, un recuerdo reprimido, un temor puril se apoderó de ella, e hizo que su mente quedara a mitad del hechizo no verbal. Abrió su boca levemente y sintió, que se cuerpo se debilitaba y todo se volvía negro mientras caía al piso envuelta en el olor del pasto, victima del Desmaius no verbal de su atacante.
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Voces iban y venían, un sabor amargo en sus labios y una fuerte punzada en la parte posterior de la cabeza le confirmaron que estaba viva. Lo primero que vio cuando abrió sus ojos fue una mirada parda de lo más furtiva y supo que el plan había fracasado y que estaba envuelta en el que creía, el peor de sus problemas. Su abuelo estaba frente a ella, con su rostro crispado por el enojo, y una expresión tan dura como pocas que en la vida le había dedicado.
Mimbel abrió su boca para decir algo aunque no sabía bien que, sentía su corazón hacer bollo en su garganta, y de sus labios solo brotó un breve ahogo.
Atyrot se acercó a la cama con los puños apretados.
-Me decepcionas… Profundamente.- Gruñó con la voz quebrada.
El hombre mayor ya estaba saliendo por la puerta cuando su cerebro comenzó a asimilar lo que acababa de escuchar, redondas lágrimas caían en silencio por sus pálidas mejillas y la tristeza más grande del mundo le abatió el corazón. Se quedó crispada con las manos pálidas en alto indicándole a su cuerpo que debía moverse, sin ningún resultado.
-A a... abuelo, abuelito - alcanzó a sollozar mientras intentaba ponerse de pie. Trastabilló en el borde de la cama y hubiese ido al piso sin unas manos que le sostenían fuertemente por los brazos. Una mujer con un gracioso uniforme gruñía a viva voz.
-¡Pero jovencita por dios! Debe de quedarse en la cama y guardar reposo por que .. –La joven levantó su mirada con desesperación, su plateado cabello se enmarañaba en la almohada donde habían colocado nuevamente su cabeza.
Madame Pomfrey silenció en cuanto vió la expresión herida de la joven y su rostro se suavizó en un gesto de lo más maternal.
-Mi niña, ya conoces al cascarrabias de Aty, ese humor suyo a veces le gana. Tu sabes que eres lo que mas ama en el mundo y seguramente a tenido miedo de que algo malo te pudiese ocurrir.
-Usted… ¿Usted conoce a mi abuelo?- Alcanzó a balbucear con los ojos desorbitados.
-Pues claro mi niña, todos aquí lo hacemos. Pero debo admitir que a ti no te reconocí enseguida, eras tan pequeña la última vez que te vi…-
Un estremecimiento hizo callar a Pomfrey, la última vez que había visto a esa niña, tendría unos 10 años y llevaba un riguroso luto. Sus padres acababan de morir en extrañas circunstancias según Dumbledore le había comentado y rápidamente decidió cambiar de tema para no traer a colación aquella situación. Pero no fue necesario, la puerta de la enfermería se abrió de golpe.
Un enfadado Severus Snape entró a galope con un frasco ámbar brillante en mano.
-¡Tu!- Alcanzó a gemir ella mientras buscaba desesperadamente la varita, la alcanzó en la mesita y se puso de pie como un gato – ¡tú me atacaste en el bosque, me las pagaras! !Incarcerous! Severus traía como siempre su varita encima, pero la reacción de la joven lo tomó por sorpresa y se vio rápidamente atrapado por las sogas del hechizo, apretó fuertemente los dientes y toda su cara se contorsionó en un gesto de furia, sus ojos negros trasmitían un odio infinito. Él conocía muy bien el hechizo, ya que había sido presa de el numerosas veces, y sabía también que debía calmarse y dejar de moverse por que mientras mas lo hiciese mas le apretaría el lazo, pero algo de la situación le desquiciaba y no podía pararse a pensar que. Gruñó fuertemente y el frasco que traía estalló contra el piso por el forcejeo, Madame Pomfery corría hacia ellos. -¡Suéltame maldición!- Siseó, -Por que si no lo haces te juro que te mataré- -Oh mi dios, ¡Severus!- La mujer retrocedió cuando vio que la muchacha le apuntaba con su varita. -¡Aléjese mujer, este hombre estaba con ellos, con los seguidores del Mestizo!- Los ojos de él se abrieron de par en par, Voldemort había sido llamado con muchos nombres, pero todos frutos del terror y la sumisión. Nadie, jamás, había osado llamarle de esa manera y pensó que esa mocosa debía ser muy valiente o muy estúpida. Recordó con algo de rencor que el mismo era un mestizo. -No niña, espera, no hagas nada más tonto de lo que ya has hecho- La enfermera tenía la cara desencajada, grandes arrugas de angustia surcaban su cara a pesar de ser una mujer muy joven. -¡Y tu mal nacido, dime…!- Espetó la muchacha con violencia. -¡Oh por dios, niña quien crees que te trajo aquí!- Gimió Pomfrey para acallar cualquier cosa que pudiese seguir en la oración de la joven. Ella la observó con desconcierto, volvió su mirada hacia él por un segundo. A sus ojos negros llenos de enojo. -Finite Incantatem- La voz de Albus Dumbledore retumbó en el salón mientras las ataduras de Severus caían al piso, por orden de su varita. El primer impulso de Snape fue abalanzarse sobre ella, pero Dumbledore le dedicó una mirada audaz y retrocedió un segundo conteniendo la ira, caminó hacia la puerta con la mente turbada por la impotencia y arrojó cuanto mueble encontró en su salida contra el piso. Su capa ondeaba furiosamente tras de él por el pasillo. Mimbel miró al anciano, su rostro le era increíblemente familiar. Este dirigió su mirada a Pomfrey discretamente como para cerciorarse de que estaba bien, ella entendió el gesto y se marchó a sus aposentos. -A veces es muy delgada la línea entre ser valiente y ser insensato….- Hizo un profundo silencio y continuó - Ab esse ad posse valet consequentia.- (De ser a poder prevalece la consecuencia.)-Actus non facit reum nisi men siti rea- (el acto no hace a la persona culpable si la mente no lo es.)- Dígame que esta pasando aquí por favor.-Exigió ella.
-Acabas de atacar a un profesor de Hogwarts y por cierto a tu salvador.- El la observaba ampliamente, bajo sus lentes de media luna.
Ella abrió grandemente la boca, creyó haber escuchado mal, dudó y se tambaleó un poco, llena de emociones que no podía describir.
-Pero el estaba con los Mortífagos , llevaba la vestimenta que mi abuelo Atyrot, me mencionó, además, me atacó en cuanto me vio y ..-
-¿El te atacó?-Replicó divertido - ¿Realmente crees, pequeña dama, que los Mortífagos desmayan a sus victimas y las traen en brazos a la enfermería?
El estómago de Mimbel se retorció de preocupación.
- ¿Qué hacia pues allí?-
-Seguir órdenes…-Escupió el anciano desganado.
-¿De Quién?-
-Eso se vera con el tiempo. Pero por ahora joven Winbell, vengo a anunciarle dos cosas. La primera es que a partir de mañana es usted oficialmente alumna de Hogwarts.-Hablaba muy pausadamente y con algo de severidad, dándole tiempo a que ella pensara lo que se le comunicaba.
-¿Qué? Pero el abuelo dijo que no podía recibir educación mágica aquí y que además ahora…- Sus ojos estaban más abiertos de lo normal, sentía que la desbordaba el entusiasmo y eso se veía en su respiración cortada "al fin… Yo… en Hogwarts"-pensó.
-Se muy bien lo que pensaba Atyrot, Mimbel. Pero hemos acordado nuevos planes. -
-Ahora, usted y yo sabemos que al Sombrero seleccionador le sería bastante complejo ubicarla en alguna casa ¿verdad? –Ella lo miraba sin decir palabra escuchando todo lo que el hombre decía a cada segundo, sus las habilidades comunicativas eran fascinantes como todo lo que le estaba diciendo.
-¿Usted es el director verdad? Es Albus Dumbledore.-El solamente sonrió.-Usted…¿Usted conoce nuestro secreto?-El anciano asintió con la cabeza.
Ella seguía en la exacta posición en la que estaba cuando le apuntaba a su futuro profesor, solo había bajado el brazo que sostenía la varita y ahora descansaba sobre su cadera. Sentía la sangre entrar a galope por su corazón y creyó que los oídos le latían.
-Raven.. Ravencraw, me gustaría estar en Ravenclaw-
-Bien, todo estará listo para que usted ingrese oficialmente en Hogwarts a partir de mañana. El otro asuntillo a tratar es su comportamiento- dijo mientras levantaba una silla que Severus había volteado y se sentaba en ella. Mimbel se apoyó en la cama para seguir escuchando.
-Aquí no se tolerará jamás que cualquier miembro de este establecimiento, ya sea personal o alumnado, agreda a otro. Por lo recién sucedido señorita Winbell, debería ser expulsada.- Ella contuvo el aliento. Tantos años espero este momento que se desvanecía ante sus ojos. "No por favor , no" pensaba.
-Pero… -Él sonrió- Usted aún no es alumna de esta escuela, así pues deberemos buscar algún otro modo de que enmiende su error. Tomará cualquier castigo que el profesor Severus Snape, con el cual esta usted en falta, le exija por mas exagerado que le parezca- Ella abrió los ojos-Y le debe unas buenas disculpas.
-Por esta noche duerma aquí, y le pido encarecidamente…-dijo haciendo énfasis en la palabra – que no preocupe más a nuestra pobre enfermera.-
-Tenga usted buenas noches señorita Winbell- Y mientras volteaba a verla desde la puerta le dijo -Aequam memento rebus in arduis servare mentem.( Acuérdate de conservar la mente serena en los momentos difíciles)- Y sonrió con sus cálidos ojos azules.
En el estado de shock que la embragaba por toda la información que había recibido alcanzó a decir algo pero el anciano ya había desaparecido por el corredor.
"El director Dumbledore, recuerdo que era muy amigo del abuelo" pensó. "Sin duda es un hombre especial". Su voz, y su tacto, le hicieron sentir que realmente había hecho algo muy grave, pero que si deponía su mala actitud todo se arreglaría sin mayor daño.
Sola en la enfermería se metió de nuevo en la cama a intentar ordenar la nueva información y replantearse su situación.
