Capitulo 5: El castigo

En la enfermería la luz entraba a raudales, los bloques de piedra tallados al estilo gótico, y las finas molduras de los vidrios se alzaban por doquier, dando a tan sencillo lugar un aspecto grandilocuente. Se le antojó a Mimbel el lugar más bello de la tierra. Aquella noche sin dormir le había servido para decidir que hacer, pensaba seguir el consejo de Dumbledore y conservar la mente serena en momentos difíciles.

Le pidió a Madame Pomfey un pergamino, una pluma y un tintero y la mujer se los trajo al instante, como si supiese la importancia que conllevaba, que aquella niña escribiese lo más rápido posible.

En el escritorio de la enfermera se revolvía de un lado al otro, como intentando demorar el momento en el que debía escribirle a su abuelo y explicarse ante el. Sabia que el estaría muy enojado como para llamarle vía flu, o comunicarse por cualquier otro medio y se reitero a si misma que una lechuza, le daría el tiempo que el necesitara para volver a sus cabales.

Con la mano temblando sumergió la pluma en el tintero y comenzó a escribir.

"Abuelito querido:

Se que debes de estar furioso, no creas que no entiendo la razón. Pero nunca me explicaste por que creías que el mestizo podía causarnos daño alguno, si es un cuarto de fuerte y tenaz de lo que nosotros somos, tengo muchas dudas en mí y prometo actuar razonablemente si me cuentas toda la verdad. Solo quedamos tú y yo ¿sabes? No deberíamos pelear jamás.

Creo que pese a tu enojo, hoy estarías orgulloso de mi, voy a entrar en la casa de la abuela Rowena, casa a la cual según se, tu también concurriste en tus tiempos de estudiante. Se que en mi súbito ingreso aquí ah obrado tu mano, ya que el director Dumbledore me informo de tu consentimiento. Me siento muy feliz, solo me nubla las desdicha de que no estés aquí para compartir todo esto conmigo.

Ab imo pectore (con todo mi corazón), Mimbel."

Releyó la carta solo una vez para no arrepentirse absolutamente de nada. Enrollo el pergamino, cuado se hubo secado la tinta y devolvió los items a Pomfrey.

-Un ciento de gracias madame, y me disculpo por mi comportamiento de anoche.- Soltó la Mimb haciendo una reverencia y agachando la cabeza. La enfermera contuvo una carcajada por lo serio del gesto, ya que si bien estaba un tanto alterada por lo sucedido, compadecía un poco a la joven, después de lo que había hecho seguro que el grosero de Severus la encerraba en las mazmorras y alimentaba con ella a las Anfisbenas.*

-No te preocupes pequeña, tu carácter no puede ser débil si eres una Winbell. Tu padre ya nos daba muchos problemas desde antes de que tu nacieras sabes – la enfermera sonreía ampliamente- y también, al igual que tu, era sumamente adorable cuando se disculpaba.- Ambas rieron, la mujer mayor le paso una mano por la cabeza y la menor acepto el afecto gustosa. "Después de esto mi día no puede mas que mejorar" pensó la joven Winbell, sin saber cuan equivocada estaba.

El director había estado observando la escena, se le antojo como siempre divertida.

-Bienvenida a la familia de Hogwarts joven Winbell.- le dijo mientras apoyaba una mano en su hombro. – Siéntese conmigo que tenemos asuntillos que aclarar – con la mano la invitaba a sentarse de nuevo en su cama mientras el tomaba el asiento de las visitas.

-Como tendrá bien en claro, querida joven, su caso no es, ¿como llamarlo? habitual- ambos sonrieron, ella con algo de nerviosismo, no estaba acostumbrada a la idea de que alguien conociese su secreto familiar. –Así pues tomaremos algunas medidas. La primera debo de informarle, será que tendrá hospedaje recluido, en la segunda torre de Tiosdell, en la parte superior del castillo, esto se hará como medida de seguridad, para que podamos monitorearle mejor. En segunda instancia, deberá elegir mañana mismo un profesor tutor, que le ambientara sobre la educación aquí, y que además trabajara secretamente junto a usted y a mi.- Mimbel puso cara de desconcierto, la idea no le agradaba del todo.

-Se que usted desea ayudarnos a vencer al Innombrable, pero para ello deberá probar que podemos confiar en usted. Ahora pues ¿Alguna pregunta?

-No señor.

-Bien entonces andando- Le hizo un gesto breve con la mano y despidiéndose ambos de la enfermera "Poppy" como el director le había llamado partieron rumbo a la torre.

Los ojos plateados de Mimbel absorbían cuanto veían, intentando guardar cualquier detalle del glorioso día de su entrada en Hogwarts. Los moldes, los tallados, las estatuas y hasta los fantasmas.

Los alumnos se agrupaban a cuchichear a un lado del corredor, el año escolar ya había comenzado y debería acostumbrarse a ser "la nueva" por un tiempo. Claro estaba que el aspecto tampoco le ayudaba.

Se detuvieron ante una estatua que ella reconocía claramente como la de Rowena Ravenclaw.

-Esta será tu sala común, podrás tener acceso completo a todas las actividades y dependencias de tu casa, pero al anochecer deberás retornar a tu torre.- Ella solo asintió con la cabeza.

-Ahora mismo en unos minutos tendremos una pequeña reunión en mi despacho con los jefes de las cuatro casas y el cabeza de tu casa, te explicara todo en cuanto a horarios y demás.

-Perfecto- Suspiro ella.

Siguieron andando por lo un largo rato mientras el director le señalaba amablemente cualquier dependencia que el alumnado tuviese permitido utilizar.

Al recorrer las mazmorras, los vellos de su nuca se erizaron notablemente, no solo por el frío que hacia allí, sino por que en una obscura puerta, brillaba maliciosamente una placa en la que se leía "Profesor Severus Snape". Recordó que para su mala suerte aun debía afrontar un castigo y volvió a temblar. Definitivamente aquel lugar encajaba perfectamente con el aspecto del profesor, severo, frío y de alguna forma tenebroso.

Siguieron su camino, adentrándose más y más en aquel tétrico lugar, la casa de Slytherin, las dependencias de pociones y demás.

Iba absorta en sus pensamientos cuando se choco de frente con la espalda del anciano que se había detenido. Al salir ya de las mazmorras la misma puerta con cartel que hacia ya minutos había sumergido a la niña en una espesa mata de pensamientos, se encontraba allí de nuevo.

Dumbledore sonrió y con su dedo apuntado al cielo le dijo –Justo aquí arriba esta tu cuarto, en el segundo piso. – Volvió a sonreír antes de seguir.

Para dar por terminado el paseo, se dirigieron al despacho del director.

El estomago de Mimbel se revolvió súbitamente cuando, al traspasar la gárgola, vio allí a Severus en la penumbra de la sala, le acompañaban tres personas mas. Los cuatro la examinaban atentamente, como a un animal bizarro y peligroso. El nerviosismo flotaba en el aire, mientras ella avanzaba. Todos sonreían atentamente, todos menos Snape.

Su mirada la penetraba, y pensó que si ese hombre pudiese impartirle el más horrible de los castigos con sus negros ojos, estaría ahora recociéndose en el piso.

-Ah, Severus ¿Por qué tenemos el gusto?- Espeto cortésmente Dumbledore, con su divertido retintín. El hombre emergió de penumbra del cuarto de la forma más sobrenatural.

-El profesor Slughorn no ah podido venir- su profunda y sedosa voz rebotaba en el salón- , y me solicito que me presentara en su lugar. – No separaba sus ojos negros de los plateados de la chica.

Ante la sensación de amenaza ella se estremeció, pero comenzó a sentir mareo, y luego una clarísima intrusión a su mente. Sonrió visiblemente, desde sus 9 años nadie podía penetrar en su mente sin su permiso, había aprendido muy duramente la importancia de la Oclumancia. "Así que el tenebroso es oculmántico" pensó divertida. Y mientras se sentaba donde el director le había indicado pudo ver al profesor levantar una ceja sorprendido.

Albus sonrió, sabía perfectamente que Horace no estaría en aquella reunión, ya que el mismo le había pedido que fuese en representación de Hogwarts al ministerio y conociendo su clásico orgullo Slytherin, daba por sentado que Snape estaría allí.

-Pues bien, para introducir brevemente esta reunión, empezare por presentarles.

En orden de derecha a izquierda esta la profesora Pomona Sprout, jefa de la casa de Hufflepuff y de la cátedra de Herbología, - una joven pero regordeta mujer sonreía abiertamente, asintió gustosa con la cabeza cuando el director la nombró, moviendo a un lado y al otro las flores de su sombrero- la profesora Minerva Mcgonagall, nueva cabeza de Gryffindor y titular de la cátedra de Transformaciones. –Minerva asintió también, con un gesto algo adusto, se la veía severa a pesar de su juventud. No debía tener mas de 35 años, era una mujer bastante atractiva, en un estilo muy clásico y en este momento se sonrojaba.

A Mimbel se le antojó que el Director la miraba intensamente, y sus pensamientos solo fueron confirmados por un bufido que soltó irónico el oscuro profesor de pociones, haciendo una mueca de asco y revoleando levemente los ojos por aquel esbozo de escena romántica.

Esto hizo que el director, prosiguiera en su marcha sin antes dedicarle a Severus alguna mirada especial que solo ellos entenderían, y en tono algo jocoso continuó – Nuestro "carismático" profesor de pociones, Severus Snape, ya lo recordará ¿verdad joven Winbell?- Mimbel contenía una carcajada por lo patético de la situación, sonrió levemente y bajo la cabeza, al ver que los labios del profesor se curvaban en la segunda mueca de asco de la noche.

-Pues bien, la cabeza de Slytherin es el profesor Horace Slughorn, al no poder asistir el mismo, Severus es quien queda a cargo.-Dumbledore no le dio tiempo al profesor de pociones de regocijarse y continuo rápidamente - Y por ultimo, el Profesor Flitwick, cabeza de tu actual casa, Ravencraw y jefe de la cátedra de Encantamientos.- Un hombre pequeño agitaba su mano haciendo una reverencia.

-Ya os he comentado brevemente a todos "quien" es la señorita Winbell – Todos asintieron, hasta Severus de mala gana.- Los Mortífagos intentaran obtenerla y es nuestro deber protegerla aquí en Hogwarts. Por lo pronto, tomará clases aquí como cualquier otro estudiante, pero tendrá un profesor- tutor a cargo, que se encargara de protegerle extraoficialmente y de acompañarle en cualquier acción extra escolar.

- ¿Y podemos saber quien tendrá el "honor", señor director?- Siseó Severus mordaz.

- Pues si sigues haciendo tantos meritos Severus, quizás te lo demos a ti- le dijo jocoso Dumbledore con un casi imperceptible tono de amenaza. El profesor sonrío sardónico.

-Oh… un honor que no merezco señor.Replico Incisivo Snape.

Entre ese gran duelo de miradas, el profesor Flitwick alzo la voz.

-Creo, señor director, que la "Princesse héritier" *ª y yo estamos ya atrasados para nuestra primera clase del día.- Severus hizo una mueca de burla "Como si el tiempo apremiara en hacer levitar plumas, lamebotas" pensó.

- Oh si, si tienes razón Filius. Damos por terminada esta breve presentación. Joven Winbell, El profesor Flitwick le pondrá al tanto de todo, por lo pronto, todos sus materiales y ropas necesarias para este ciclo lectivo ya han sido compradas y están esperándole en su cuarto en las torres de Tiosdell.

Mimbel tenia muchas dudas sobre la reunión, pero prefreía hacérselas a solas al profesor de Encantamientos, se veía que era un hombre afable y culto, después de todo era el cabeza de Ravenclaw.

- Ah y por cierto – soltó el director mientras todos se ponían de pie- Severus ¿has elegido ya su castigo?

El rostro de Severus se iluminó, como si fuese a explotar de dicha.

-Será dependienta de mi casa hasta el próximo año, trabajos pesados incluidos y además…- dijo suavemente con una gran mueca de goce en su rostro- 500 puntos menos para Ravencraw.

La cara de Minerva y Pomona se transformo, sabían que Snape era un villano con gustos bastante retorcidos y no les parecía apropiado dejar a una niña su merced.

Queeeee!- Exclamo Flitwick fuera de control – ¡Quinientos puntos! ¡¿Pero que hizo la muchacha Severus, matar a tu madre?! ¡Por Circe Dumbledore, nadie ah quitado tantos puntos para un castigo!

El director reprimía una sonrisa, sabia de lo rencoroso y vengativo que podía ser su profesor de pociones, y también sabia que por cuestiones de política debería nivelar un poco la balanza para que no se armase un duelo mágico allí mismo. Filius estaba a punto de lanzarle algún conjuro a Severus para recuperar los puntos. Mimbel quería hablar pero no se atrevía, la última vez que se había dejado llevar por su confianza había terminado en esta situación, prefirió esperar.

-Está bien – soltó reflexivo la cabeza de Hogwarts- Pero por dos semanas los puntos que la joven Winbell obtenga se contaran dobles.

Severus quiso refunfuñar pero al ver a Filius rojo de ira, se dio cuenta divertido de que no debía, al fin y al cabo, podría humillar a esa niñata durante un año todos los exquisitos días que le quedasen allí.

- Bueno ya pueden retirarse a sus quehaceres, todos menos tu… Minerva.

Severus chisto y salio de la habitación tan rápido que Mimbel, ni siquiera pudo ver por donde. Sabía que este año escolar se le haría muy duro bajo el mando del "tenebroso", y definitivamente se lanzaría a la búsqueda de respuestas, todo sucedía tan rápido, los mortífagos, el mestizo, su propia raza, su propia sangre maldita. El secreto de los Winbell ¿Cuánto tiempo lo podría ocultar? "Bueno aun tengo a mis amigos" pensó sarcástica, al saberse sola y en aquel lugar nuevo y extraño.

* Anfisbena: Serpiente maligna de dos cabezas, comúnmente citada en los bestiarios del medioevo. Su nombre se origina en su capacidad ambigua para desplazarse en direcciones contrarias justamente por poseer dos cabezas. *ª Princesa Heredera. _______________________________________________