30 Vicios
x| Tabla de Vicios - Draco Malfoy
x| Harry/Draco - Todas las referencias a amor, lujuria, sentimientos, relaciones, lo-que-sea, son Drarryescas.
27. Deseo
Draco quiere dejar de fingir. Le gustaría hablar con Potter sin toda la parafernalia que siempre rodea sus conversaciones.
Lo cierto es que podría hablar sin barreras, ser honesto, ser… él mismo, pero le da miedo pensar en lo que podría pasar.
Ahora está en una etapa semi-amigable con Potter y continúa molestándolo, comportándose de manera arrogante. Y no es que no sea arrogante, porque sí lo es, pero sabe que podría ser agradable si quisiera.
El problema es muy simple: Potter lo detesta (aunque un poco menos que antes) y él está de acuerdo con eso, pues es soberbio y altanero, pero no se conforma con ser así.
Lo que de verdad desea es poder comportarse de manera genuina. No es el chico más afable del planeta (y nunca lo será), sin embargo, no es el frío Draco Malfoy que todos creen conocer.
El inconveniente es que si se comporta sólo como Draco y deja de ser cruel y distante como Malfoy, entonces la gente puede aprovecharse de las circunstancias.
A Malfoy no le preocupa salir lastimado, porque la gente nunca se acerca lo suficiente como para causarle verdadero daño. Si alguien dice algo hiriente, Malfoy se enoja, replica y busca venganza. Pero Draco no es así… Draco es el que se deprimía cuando su padre le decía que tenía que jugar mejor al Quidditch, y cuando su tía se burlaba porque era débil y jamás llegaría a ser como ella.
Ahora, Draco se deprime cuando Potter le dice que no tiene sentimientos, que es como un robot (lo que sea que eso signifique… pero seguro es algo malo).
Malfoy se molesta muchísimo porque Draco es tan susceptible y por eso lo mantiene encerrado y escondido.
Pero Draco quiere ver la luz y que Malfoy ya no lo controle.
—¿Estás ahí?
Su dilema interno (y altamente esquizofrénico) se ve interrumpido por la voz de Potter.
Un tanto desconcertado, Draco mira a su alrededor: está en el café, a unas cuadras del Ministerio de la Magia. Le gusta desayunar allí porque nadie lo molesta.
Potter está de pie a su lado, con los ojos levemente entornados y una mueca en los labios.
—Te estuve llamando durante un rato. Parece que al final sí perdiste la cordura, Malfoy.
—Draco.
Potter inclina la cabeza hacia un costado, confundido.
—Que no me llames Malfoy —amplía Draco, para despejarle las dudas al otro muchacho—. Ya no… no quiero… Draco me gusta más.
Sí, quizás sea todo más fácil siendo Malfoy porque él es inteligente, talentoso, rico y valiente… pero en los momentos cruciales, Draco se queda solo, con un padre en Azkaban, con un brazo lastimado, con heridas en el pecho y lágrimas en el rostro, con un anciano profesor delante y una varita indecisa en la mano, con fuego a su alrededor y un amigo inconsciente a su lado.
Cuando las cosas importantes ocurren, Malfoy lo abandona.
Entonces, quizás sea mejor que lo abandone de manera permanente, porque aunque Draco no sea valiente y sí pueda salir herido, al menos es real.
Potter se sienta a desayunar con él y Draco suspira aliviado, sin el peso de esa máscara que durante tanto tiempo lo estuvo ocultando.
