Hola a todos y bienvenidos al segundo capitulo de este modesto fic, ojala que lo disfruten...
El viento soplo con ira mientras nubarrones negros cubrían el cielo. Kikio esperaba pacientemente la llegada de su enemigo mientras sujetaba con fuerza el arco y tensaba la cuerda de este con una flecha. Una especie de neblina oscura empezó a salir del bosque envolviendo el lugar pero que era purificada ante la presencia de la Sacerdotisa, de pronto un tentáculo salio de entre los árboles, extendiéndose como un resorte contra Kikio pero ella velozmente lanzo su flecha que chocando contra este, purificándolo al instante.
-Vaya, vaya, aunque hayan pasado el tiempo, aun sigues con buena puntería- exclamo una voz en forma burlona.
-Naraku, es mejor que salgas y me enfrentes. Deja de esconderte y lucha como un hombre- respondió tajantemente Kikio. Lentamente aquel demonio salio de entre la oscuridad mientras una sonrisa se dibujaba en el rostro.
-Hola Kikio ¿Cómo estas?
Kikio no contesto, solo saco otra flecha y tensándola en la cuerda del arco, apunto hacia Naraku mientras lo veía con una mirada de desprecio absoluto.
-Je, veo que aun conservas tu sentido del humor – dijo burlonamente Naraku.
La lluvia comenzó a caer mientras el viento soplaba lentamente en el campo de batalla mientras Naraku y Kikio estaban estáticos en espera de que el otro diera el primer paso para atacar. Un rayo cayó del cielo al mismo tiempo que ambos rivales se abalanzaban contra el otro.
Naraku extendió sus manos hacia Kikio al mismo tiempo que sus dedos se volvían en filosas lanzas que se abalanzaron contra la humanidad de Kikio. Ella ágilmente logro esquivarlas y lanzando su flecha contra Naraku, logro darle en la cabeza. Esta se disolvió al mismo tiempo que el resto del cuerpo caía pesadamente en el suelo, Kikio se acerco a Naraku con otra flecha tensada en el arco, lista para dar el tiro de gracia cuando unos tentáculos que salieron de la espalda del youkai la atacaron.
Rápidamente Kikio salto hacia atrás mientras lanzaba otro tiro y purificaba los tentáculos al mismo tiempo que el cuerpo de Naraku se levantaba y se colocaba frente a ella. Una masa deforme salio del cuello del demonio que se empezó a moldear hasta formar otra vez la cabeza. Una sonrisa se dibujo en el rostro de Naraku mientras abría los ojos para ver la cara de la sacerdotisa. Esta lo veía fríamente mientras que su mano portaba unos pergaminos sagrados, Naraku se hizo para atrás al mismo tiempo que ella los lanzaba contra el. El muy ladino corría entre los árboles esquivando los pergaminos que lo seguían. Pero se detuvo cuando vio que estos cesaron su tarea, espero unos minutos para atacar cuando el sonido de unos proyectiles que se acercaban, lo impulsaron otra vez a huir. Miles y miles de flechas cayeron sobre el bosque mientras Naraku saltaba de un lado a otro esquivándolas.
Sabiendo que la única manera de detener esa lluvia de flechas era matando a Kikio, salio del bosque y abalanzándose contra esta, alargo su brazo como una hoz en su intento para asesinarla pero un sonido seco detuvo su ataque. Un gemido ahogado salio de los labios de Naraku mientras su extremidad volvía a la normalidad, bajo la mirada y con asombro vio como en su pecho estaba clavada una flecha. Una rara sensación recorrió por todo su cuerpo pues sabía que la flecha había tocado con la punta, la perla de Shikon que había escondido en su pecho. Alzo su rostro de nuevo para ver a Kikio, esta lo miraba tranquilamente mientras alistaba una nueva flecha y murmuraba:
-Sabía que la escondías ahí.
Tras escuchar esas palabras, una ira indescriptible se apodero de su ser. Se arranco la flecha del pecho mientras se abalanzaba contra Kikio pero esta velozmente disparo la flecha, esta rasgó el aire y siguiendo el camino de la anterior, atravesó el pecho de Naraku mientras un resplandor violeta surgía de su pecho. Pero a pesar de eso, Naraku siguió su camino a pesar del terrible dolor que sentía, tras darse cuenta que la flecha había purificado una parte de la perla.
Kikio al ver que Naraku seguía de pie, trato de alistar otra flecha pero este ágilmente le arrebató el arco de un golpe mientras que sujetaba a la sacerdotisa del cuello y empujándola hacia atrás, la acorralo al viejo árbol donde ella había estado sentada.
La presión de la mano derecha de Naraku sobre Kikio se mantenía constante pero no aumentaba la fuerza. El resplandor seguía surgiendo del pecho del demonio mientras el dolor se apoderaba de el. La lluvia seguía cayendo incesantemente sobre los combatientes que permanecían quietos y en silencio. Parecía que aquella escena iba ser eterna, hasta que Naraku rompió el silencio:
-Por fin te tengo a mi merced, ahora puedo terminar contigo.
-Entonces hazlo de una buena vez – contesto Kikio al mismo que veía que Naraku bajaba la cabeza para evitar verla a la cara. - ¿Naraku por que no me ves a los ojos¿Acaso no te atreves a ver mi rostro cuando me mates¡Contéstame!
Kikio esperaba que aquellas palabras lastimaran a aquel ser que tanta repulsión sentía pero este se limito a contestar:
-Ja ¿Qué fueron lo que te vieron esos dos idiotas? – murmuro Naraku mientras apretaba más fuerte el cuello de la joven.
-¿Qué quieres decir con eso? – contesto Kikio mientras sentía como lentamente le faltaba el aire.
-Quiero decir¿Qué diablos vieron en una mujer como tú, ese imbecil de Inuyasha y el quemado de mi creador, Onigumo? La verdad que no entiendo a los humanos y las bestias.
-Por favor, no digas estupideces¿Acaso estas celoso? – respondió burlona a los comentarios de Naraku.
-¿Celoso? Ja – murmuro Naraku mientras sentía como se le doblaban las piernas por el dolor.
-Entonces mátame – replico ella. – Y acabemos con todo esto, ya me harte de estar siguiéndote pera eliminarte y al mismo tiempo tratar de encontrar un lugar donde mi alma pueda tener paz.
-Veo que somos dos que buscamos lo mismo – susurro Naraku mientras alzaba el rostro y miraba a los ojos a Kikio. Esta sintió un raro escalofrió al ver los ojos de este. Había algo distinto a esos ojos, no eran esos los de siempre que miraban con ese toque de maldad y malicia, no, eran muy distintos, parecía haber algo escondido detrás de ellos, eran casi ojos humanos.
De pronto ese escalofrió se transformo en miedo cuando vio que Naraku acercaba su rostro al de ella. Al mismo tiempo que sentía como la presión de su cuello disminuía pero no desaparecía. Naraku acerco lentamente su mano izquierda hacia el cabello de Kikio y delicadamente aparto unos cabellos que cubrían su frente.
-No puedo. No puedo matarte.
-¡Que? – pensó Kikio mientras veía una falsa sonrisa en el rostro de Naraku.
-Creo que no puedo matarte, pero si puedo hacer esto. - susurro Naraku mientras acercaba sus labios a los de ella y la besaba con delicadeza. Su mano bajo hasta la cintura y acariciando su fina espalda, la jalo hacia el abrazándola mientras liberaba el cuello de Kikio, de la otra mano.
La miko estaba desconcertada, no podía asimilar el hecho de que Naraku la abrazaba de tal forma y la besara de una manera ten dulce. No podía soportar aquella situación y tratando de zafarse de él, exclamo furiosa:
-Déjame
-No quiero. – respondió este.
-Que me sueltes te digo, ya deja de jugar conmigo y mátame de una buena vez.
El no contesto, simplemente volvió a unir sus labios con los de ella, esta trataba mediante débiles golpes de liberarse de aquellos labios pero no pudo resistirse más. Lentamente Naraku bajaba sus labios y empezó a acariciar su delicado cuello mientras bajaba un poco el camisón de la miko.
Kikio sintió un raro escalofrió cuando sintió la tibia lengua de su enemigo acariciar su cuello mientras se resistía las ganas de responderle de la misma forma. Pero no pudo soportar esas caricias y cayendo en aquella debilidad humana que es la pasión, alargo sus brazos sobre la espalda de Naraku mientras un tibio aliento salía de su boca.
De pronto Naraku la soltó con brusquedad mientras se alejaba de ella. Kikio lo miro desconcertada mientras el parecía fuera de control pues se encontraba inmóvil viendo sus manos mientras un sudor frió cubría su cuerpo.
-¿Qué estoy haciendo? – murmuro este mientras miraba a Kikio. Y levantando su mano, los 5 dedos de esta se extendieron como cuchillas y con furia atravesaron el árbol donde Kikio estaba. A pocos centímetros de su rostro quedaron los fatales dedos mientras veía fijamente a Naraku.
-¿Por qué? – murmuro otra vez Naraku mientras retraía su mano. - ¿Por qué! – grito al mismo tiempo que una nube de veneno lo envolvió y elevándose por el cielo, partió a las montañas. Kikio solo logro recoger su arco y flechas y miraba al horizonte mientras trataba de entender lo que había sucedido.
En medio de las montañas se podía ver una enorme mansión que era rodeada por un gran bosque. La entrada principal era resguardada por varios guerreros y daba paso a un inmenso patio que terminaba hasta los pies de una gran casona. A los lados de la casa y alrededor del patio se podían apreciar las casas donde los sirvientes y soldados descansaban.
Había gran alboroto en el lugar, los criados cultivaban un gran jardín que estaba detrás de la mansión mientras varias mujeres limpiaban y arreglaban la casona además de hacer sus respectivos quehaceres. Se mantenían divertidas al ver como un grupo de niños jugar con una pelota. Dos chicos se distinguían de los demás por ser más grandes además por su aspecto. El primero tenia unos 17 años, una pequeña cola de caballo se resaltaba en su cabeza además de su traje de exterminador que portaba. Era Kohaku quien seguía vivo a pesar que había pasado casi 5 años desde que había visto a su hermana por última vez. El segundo era un niño de unos 7 años, tenía un traje blanco y se distinguía por su piel y cabello albino además de sus ojos color rosa. Aquel niño era Akago, la otra mitad del hijo de Naraku.
-¿No ha regresado aun?- exclamo un joven de unos 17 años también quien veía fijamente a los niños desde el balcón del segundo piso de la casona.
-Aun no –respondió una joven de unos 15 años, muy parecida a Kikio pero con el cabello blanco y un kimono del mismo color que se mantenía al lado del joven y que portaba un espejo.
-Desde que partió hace tres días, no hemos sabido de el¿Por qué tardara tanto en obtener ese fragmento?
-¿Quieres que lo vea en el espejo, Hakudoushi? – exclamo la joven mientras miraba al hijo de Naraku.
-No, Kanna. – respondió este mientras sonreía y miraba de manera picara a su compañera. – Además cuando esta el, todo es tan deprimente, creo que así esta mejor.
Kanna solo asintió mientras una leve sonrisa se dibujaba en el rostro, al mismo tiempo que ambos miraban otra vez al patio. De pronto un gran soldado de unos 2 metros de altura apareció detrás de ellos y haciendo una reverencia, exclamo:
-Hakudoushi, el se aproxima.
-¿Estas seguro, Mouryoumaru, que es el? – exclamo el joven al gigante que se encontraba transformado en humano.
-Lo estoy. – contesto fríamente el youkai.
-Bien, Kanna haz lo tuyo
Kanna asintió y sacando una pequeña flauta, empezó a tocar una triste melodía. Kohaku y Akago al escuchar tal melodía se quedaron quieto y con una señal de manos, los niños se metieron a sus casas, las mujeres al darse cuenta de eso, apuraron sus quehaceres mientras los soldados tomaban posiciones. En el jardín, los campesinos velozmente terminaban de recoger la cosecha mientras la metían a la bodega.
Todo se mantuvo callado, esperando la llegada de Naraku. Akago y Kohaku habían subido al segundo piso y colocándose al lado de Hakudoushi y Kanna, se quedaron quietos. De pronto un grito se escucho y las grandes puertas del a entrada se abrieron de un solo golpe, un soldado estaba en el suelo, asustado mientras Naraku entraba lentamente. Camino directo a la casona ante la mirada de todos y llegando hasta la puerta, entro y con furia la cerro de un portazo.
-Creo que no consiguió su fragmento- murmuro Hakudoushi mientras se retiraba. Los demás asintieron al mismo tiempo que se retiraban pero Akago sin moverse de su lugar murmuro con cierta ironía: - Se ha topado con ella.
Los otros se quedaron quietos, sabían muy bien a quien se refería por lo que significaba problemas.
- Mouryoumaru. – murmuro el joven albino.
-Si Hakudoushi.
-Ve con Kohaku al bosque y revisa si Kikio o Inuyasha esta cerca.
-Bien. – exclamaron los dos. Rápidamente saltaron del balcón y a paso veloz se internaron el bosque. Mientras Akago veía alejarse a los guerreros, se dio media vuelta mientras portaba una pelota.
-Bueno yo seguiré jugando - exclamo el chico mientras veía como los niños salían de sus casa tras ver que Naraku se había ido. Hakudoushi se lo quedo mirando mientras recordaba la vez que a le propuso a Naraku la idea de vivir un mansión feudal para así no llamar la atención aprovechando la protección de la piedra de Fuyoheki y este había aceptado.
-Buena idea fue la que pensaste – murmuro Akago hacia su hermano mientras sonreía. Este simplemente bajo el rostro y negando con la cabeza en señal de arrepentimiento mientras Akago bajaba y se reunía con los demás niños.
-¿Qué pasara ahora? – susurro Kanna mientras se acercaba al chico albino.
-No lo se, pero lo que haya pasado entre esa sacerdotisa y el, lo ha puesto muy furioso. Será mejor que vaya a ver que sucedió – y diciendo esto, entro a la casona para ver a Naraku mientras Kanna se desvanecía.
¿Que les parecio? Ojala que les haya agradado este relato y esperen con ansia el tercer capitulo. Por cierto agradesco a:
Yami: que siendo una persona ocupada, tuvo tiempo de leer el principio de mi relato.
Davinci: a ella, que aunque fue corta en palabras, me dio la fuerza para seguir con la historia.
Kashou: que igual que Davinci, fuiste corta en palabras pero me ayudaste.
Elen: gracias que a pesar que Kikio no es una tus personajes favoritos, te esforzaste en leer mi fic. Muchas gracias por esto y muchas gracias por ser mi amiga pues es un honor serlo.
