Muchas Gracias por la gran paciencia por haber esperado la actualización de este fic, se que no tengo excusa pero pormeto actualizarlo mas rapidamente, espero que les guste este capitulo pues me esmere para hacerlo, adelante y disfrutelo.

Charlas

Una espesa niebla cubría el bosque que rodeaba al castillo, aunque ya era de día. Una silueta se movía ágilmente entre las ramas de los árboles aprovechando la protección de la neblina y la lluvia que había logrado llegar hasta las montañas. Pero se detuvo al ser alertado por un raro ruido que provenía de unos viejos arbustos, se empezó a acercar al mismo tiempo que su mano acariciaba la filosa cuchilla que tenia en su cintura. Un silencio invadió el lugar por unos minutos hasta que fue roto por un agudo grito al mismo tiempo que un enorme ciempiés surgió. Estirando sus enormes brazos en forma de navajas gigantes ataco al exterminador que ni tardo ni perezoso logro burlar el ataque y con gran velocidad tomo su cuchilla y logro cortarle un brazo. El ciempiés lanzo un terrible alarido al mismo tiempo que se daba la vuelta y lanzaba de su boca un poderoso acido, Kohaku ágilmente esquivaba el peligroso ataque pero se vio rodeado del cuerpo del monstruo. Viéndose sin salida, solo le quedo más remedio luchar, así que tomando la filosa cuchilla con fuerza y con la otra mano comenzó a dar vueltas a la cadena que estaba sujeta a la cuchilla, se dispuso a atacar.

Pero de la nada, un enorme brazo salio de entre la neblina y tomando del cuello del enorme insecto, lo jalo con una gran fuerza hacia donde había surgido. Kohaku solo acertó quedarse quieto, adentro de la neblina se escuchaba los gritos desgarradores del ciempiés así como el sonido de dientes masticando. Pasaron unos minutos y de pronto cayo al suelo, el otro brazo del insecto seguido por un fuerte eructo.

-Provecho- murmuro Kohaku mientras se mantenía inmóvil frente a la estela de humedad. Lentamente un enorme youkai de piel morena comenzó a emerger, un gran mechón de cabello púrpura cubría la mitad de su rostro.

-Mouryoumaru tienes un apetito atroz – exclamo el joven mientras sonreía. El gigante también sonrió y respondió:

- Lo se Kohaku pero a pesar de la rica comida humana de los humanos que sirven en el palacio, mi hambre no se sacia y tengo que comer a los monstruos que rondan por el bosque.

-Pero tus gustos, querido amigo, son asquerosos – contesto kohaku mientras ambos comenzaban a caminar – Por ejemplo ese ciempiés.

-Pues fíjate que el ciempiés que devore, era un ciempiés de patas blancas, rico manjar entre los youkais de mi raza pues no es necesario cocinarlo con fuego, tan solo abriendo el tórax y dejar que su propio acido lo fría por un rato y listo, tienes comida para un día.

-Se que suena delicioso- replico Kohaku mientras se acariciaba el estomago y ponía cara de enfermo, Mouryoumaru al ver esto, no pudo soportarlo y junto con el chico, comenzaron a reír a carcajadas.

Muy pocos sabían de la estrecha relación entre el humano y el gigante. La razón de dicha amistad era que ambos poseían grandes similitudes. Sus respectivas muertes estuvieron relacionadas con Naraku, el mismo Hanyou que les devolviera la vida para usarlos como sus sirvientes además que ambos poseían casi el mismo comportamiento. Durante los 5 años de convivencia mutua, ambos iniciaron una estrecha relación hasta llegar a esa gran amistad.

-Ya llevamos horas revisando el lugar y no hemos encontrado nada. Además esta lloviendo, yo creo que lo mejor es volver al castillo- dijo con desgano Mouryoumaru.

-Es cierto, además no creo que esa mujer ande por aquí, mejor vamonos. – replico Kohaku al mismo tiempo que ambos partían de regreso al palacio.

-Kohaku ¿Te puedo preguntar algo?

-Si, dime Mouryoumaru.

-¿Eres feliz?

-¿Feliz? Pues…

El chico se mantuvo callado, era la primera vez que le preguntaban tal cosa. La verdad no sabia que contestar…

-Y bien.

-Pues creo que esto sonara raro pero en cierta medida si soy feliz.

-¿Porque? – dijo con curiosidad el gigante.

-No lo se, creo que durante estos 5 años, lentamente empezó a considerarlos a ustedes como mi familia, a pesar de saber que algunos son hijos de tan terrible youkai como lo es Naraku.

- Ya veo, yo también siento lo mismo y creo que los otros sienten lo mismo.

-Lo se, si no fuera por Hakudoushi y Kanna, ya Naraku me hubiese quitado la vida.

-Incluso Akago… - dijo Mouryoumaru.

Kohaku se quedo callado, aun recordaba las distintas oportunidades de matar a la forma humana del corazón de Naraku, su único punto débil, su talón de Aquiles.

-Es cierto, varias veces tuve la oportunidad de matarlo pero cuando estaba a punto de hacerlo, algo en el me detenía, creo eran sus ojos, cada vez que me miraba, lo hacia de una manera tan… humana.

-Vaya, tu también has caído ante su mirada. Es cierto a pesar de ser lo más relacionado con Naraku, no heredo su maldad. Además se crió en los brazos de Kanna, ella ha sabido protegerlo de la influencia de su padre. – replico Mouryoumaru mientras veían a lo lejos, el gran techo del castillo.

-Será mejor que cambies de forma Mouryoumaru antes que lleguemos a casa. – exclamo el joven exterminador. El gigante asintió y concentrándose, empezó a cambiar de forma. Lentamente se transformo en un soldado de unos dos metros de edad, su armadura como las de los antiguos samuráis aunque era una combinación de negro con rojo. Su rostro aunque era humano, se podía apreciar una línea roja que se dibujaba en su ojo derecho y que iba desde la frente donde se perdía con su cabellera púrpura hasta el mentón. Una brillante espada en su cintura y una lanza afilada en su espalda.

Tras un corto trecho, se toparon frente a las enormes puertas del castillo. Estas puertas eran custodiadas por 20 soldados que se cubiertos con grandes mantas para evitar el frió de la tormenta. Cuando vieron acercarse a los dos guerreros, los reverenciaron y abriendo las puertas, los dejaron pasar.

-Ahora entiendo porque Naraku llego tan mojado, es posible que cuando se topo con la sacerdotisa, la lluvia comenzó a caer. De seguro la tormenta vino del sur. – exclamo Mouryoumaru al mismo tiempo que el y Kohaku se resguardaban dentro del palacio.

-Diablos, odio la lluvia. Todo estaba bien esta mañana que Naraku llega y minutos después comienza a llover.

-Vamos Mouryoumaru, un poco de lluvia no te va a matar.

-Cierto kohaku, Ja, ja, ja – dijo riendo el gigante. Ambos llegaron a la gran sala de la mansión. Al entrar se toparon con una gran mesa, donde estaban servidos diversos platillos y manjares además de un suave olor a hierba buena que impregnaba en la habitación.

-Vaya, ya era que llegaran- se escucho una voz infantil. Mouryoumaru y Kohaku se dieron la vuelta y se descubrieron a Akago.

-Ya me esta impacientando, ustedes aun no llegaban y yo muriendo de hambre.

-No seas tan dramático Akago, ahora ya podemos comer. – replico en torno burlón Mouryoumaru. Kohaku sonrió al mismo tiempo que Akago fruncía el ceño.

-Bueno, ya como llegaron, yo creo que ya es hora de comer – y diciendo esto, se sentó en la mesa y jalando un plato de arroz, se dispuso a comer.

-Akago, no te atrevas a comer un bocado y espera que los otros se sienten para poder comer. No seas maleducado.

-Si Kanna- murmuro obedientemente Akago al mismo tiempo que dejaba el plato de arroz y el youkai y el exterminador se sentaban a la mesa. Lentamente hizo su aparición la joven de cabellos blancos y delicadamente comenzó a servir el te.

-Tomen un poco de te, les caerá algo caliente con este tiempo.

-Gracias- murmuro Kohaku al mismo tiempo que Kanna servia a Akago y Mouryoumaru.

-¿Ya podemos comer? – exclamo Akago. Kanna asintió y comenzaron a comer.

-Mmm, que rico te quedo la comida- dijo Mouryoumaru mientras se llevaba a la boca, un pierna de cordero.

-"A ti, todo sabe bien" – pensó Kohaku mientras comía un plato de arroz.

La lluvia seguía cayendo y a pesar casi medio día, todo se mantenía oscuro y en penumbra, solo algunos rayos del sol que lograban filtrarse entre las nubes, alumbraban el lugar.

-¿Y Hakudoushi? – murmuro Mouryoumaru. Kanna dejo el vaso de te en la mesa y mirando al youkai respondió.

- Esta con Naraku…

-¿Y que hace con el? – pregunto con curiosidad Kohaku. Kanna se quedo callada y fue Akago quien respondió.

-Mi hermano quiere saber que lo que sucedió hace tres días, cuando Naraku fue tras Inuyasha y el grupo de humanos que lo acompañan hasta el encuentro de esa mujer.

-Ya veo, suena interesante – murmuro Mouryoumaru mientras comía otro pedazo de carne.

-Ojala que no le pase nada – susurro Kanna mientras una lagrima rodaba por su mejilla y apretaba con fuerza, el vaso de te.

-No te preocupes, sabes que Hakudoushi siempre se las ingenia para evitar los castigos de Naraku, todo desde que le dijo que había sido el quien le había devuelto el corazón a Kagura para que ella fuera libre- exclamo Akago mientras tomaba otro sorbo de te.

-Eso espero… murmuro la joven mientras su mirada se dirigía a la puerta de la habitación de enfrente.

En la otra habitación, se podía escuchar un gran estruendo y alboroto. Parecía que en su interior había una guerra, pues se escuchaba claramente el sonido de la destrucción.

-¡Maldita Sea¡Estuve tan cerca de ese maldito fragmento! – grito iracundo Naraku al medio tiempo que tomaba una silla y la estrellaba contra el suelo. -¡Maldito Seas Inuyasha¡Maldito seas hibrido!

-Ya dejaras de compórtate como un niño que hace rabietas – se escucho una voz en la habitación.

-Mejor será que te calles, Hakudoushi antes que desquite toda mi furia contigo. – amenazo el hanyou al albino.

-Disculpa que te diga la verdad, pero desde que llegaste, has destrozado todo a tu paso.

-¡Y como quieres que me sienta, sabiendo que fracase otra vez¡Y todo por culpa de esa bestia rabiosa!

-Si ya me has dicho como te derroto otra vez, has estado diciendo lo mismo desde horas y sinceramente ya me aburrí. Además se de buena fuente que no solo por eso estas furioso.

-¿Qué quieres decir con eso? – pregunto Naraku bajando la voz. Hakudoushi sonrió y murmuro:

-¿Y bien que paso entre ella y tu?

-No se de que me hablas- replico el Hanyou mientras un raro escalofrió cubría su cuerpo.

-Sabes bien de lo que hablo. Se que te encontraste con Kikio cuando venias de regreso a palacio.

Naraku se quedo frío. Hakudoushi había descubierto su secreto y por lo tanto, los demás lo sabrían.

-Esta bien, si me tope con Kikio – murmuro Naraku al mismo tiempo que se sentaba sobre un fotón.

-¿Qué paso?

-Fue la noche pasada, regresaba al castillo tras mi batalla contra Inuyasha. Estaba herido y anda vagando por el bosque cuando vi una serpiente cazadora. La seguí y me tope a cara con ella.

-Bien y ¿Qué mas?

-Pues inicie una batalla con ella y por poco la mato.

-¿Por poco, que te detuvo? – pregunto Hakudoushi interesado.

-No lo se, creo que fue por mis heridas que aun no se terminaban de recuperar – mintió Naraku en un intento de tapar la verdad.

-Mientes- respondió Hakudoushi. Naraku se quedo frío pues recordó el poder de leer la mente de su hijo.

-Me estas mintiendo y lo sabes.

-¿Por qué dices eso?

-Porque te conozco y se que aunque estuvieras casi al borde de la muerte, no perderías la oportunidad de matar a Kikio, así que me dime la verdad.

-No me gusta el tono de tu voz¿Acaso te atreves a decirme mentiroso? – contesto Naraku.

-Si, porque eres Naraku y casi siempre mientes.

-Ja, muy gracioso.

-Dime¿Por qué no pudiste matarla?

-Pues…

-Mejor no me digas, yo mismo lo veré – exclamo Hakudoushi, simplemente camino hacia a Naraku y colocando su mano sobre su cabeza y cerro los ojos. Lentamente comenzó a ver las escenas mientras Naraku se mantenía quieto. Pasaron unos minutos hasta que por fin el joven albino termino. Se alejo un poco de su padre y sentándose frente a él, murmuro fríamente: Tienes un grave problema, Naraku.

Continuara...

Y bien que les parecio, ojala que les haya gustado, bien nos vemos en el proximo capitulo, y gracias por los reviews.