Hola a todos, aqui esta el 8 capitulo de este modesto fic, espero que les guste y gracias por sus reviews.
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La luz de la luna ilumino el pequeño sendero que se dirigía a la entrada de un pequeño pueblo. Varias antorchas iluminaban el lugar donde varias personas se ayudaban entre si para reconstruir la aldea. Sin darse cuenta, un singular grupo llego a la entrada del pueblo.
- ¿Qué creen que haya pasado aquí? – murmuro un pequeño Kitsune.
-Al parecer esta aldea fue atacada recientemente, lo mejor será buscar asilo en otra parte.
-Claro que no, hemos viajado mucho y tenemos que descansar, su excelencia. – respondió la exterminadora.
-Ella tiene razón, Miroku. Será mejor que nos quedemos aquí. – exclamo Kagome mientras miraba la gran actividad que se suscitaba en el lugar.
-¡Demonios¡Solo perdemos tiempo! – refunfuño Inuyasha cerrando los ojos. De pronto un gruñido se escucho provocando que todos se quedaran callados, avergonzados.
-Al parecer nos quedaremos aquí. No quiero que nadie muera de hambre en el camino. – exclamo Kagome al mismo tiempo que el grupo se acercaba a la gente del pueblo.
De pronto la gente del pueblo detuvo sus actividades al ver aquello seres caminar hacia ellos. Rápidamente varios tomaron sus herramientas de trabajo y se pusieron a la defensiva.
-¿Quiénes son ustedes y que quieren? – exclamaron el coro al mismo tiempo que el grupo se detenía ante ellos.
-Buenas noches, somos una pequeña agrupación que acaba con monstruos y cualquier espíritu que amenace alguna aldea. Hemos venido a pedir asilo para pasar la noche. – exclamo el monje.
-¿Cómo sabemos que no son bandidos? – exclamaron la gente del pueblo.
-Entendemos su incredulidad, por lo que veo ya fueron atacados por una banda de ladrones. – murmuro Sango.
-¡Es cierto, por eso es mejor que se larguen¡No los queremos aquí!
-Vamos, por favor tranquilícese todos. – se escucho una débil voz. De entre la multitud apareció una anciana seguida por una pequeña niña. – Puedo ver que no son personas con malas intenciones. Con gusto les daremos asilo para pasar la noche.
-Gracias venerable señora- exclamaron en coro el grupo.
-¿Pero mi señora, como puede confiar en estos desconocidos? – exclamo uno de los aldeanos.
-Sencillo, si fueran seres malignos, ya nos habrían atacado ¿Verdad? – respondió la anciana.
-Es cierto, Matriarca, pero mire que un híbrido va con ellos y no parece confiable.
-Por favor, acuérdense que gracias a un híbrido, nuestras vidas fueron salvadas. – exclamo la niña mientras tomaba de la mano a Inuyasha y lo conducía a una cabaña, seguido por los otros. Inuyasha se dejo guiar por la pequeña pero no pudo dejar desapercibido que la pequeña despedía un extraño aroma.
-Y díganos¿Qué fue lo que sucedió en este lugar?- pregunto el monje.
-En la mañana, un grupo de ladrones ataco la aldea. Saquearon y destruyeron todo lo que podían. Después se llevaron a varios aldeanos entre ellos mi nieta y yo, para ser vendidos como esclavos.
-¡Que terrible! – musito Shippo ante las palabras de la anciana.
- Nos llevaron al bosque, donde nos tenían cautivos con cadenas. Ahí los malvados quisieron abusar de nieta, pero un extraño desconocido lo evito.
- ¿Cómo eras ese desconocido? – pregunto el hanyou mientras miraba de reojo a Kagome.
- Al principio creímos que era un humano pero cuando se enfrento contra los ladrones, descubrimos que era un hanyou. Su mano se transformo en enormes cuchillas que despedazaron a aquellos hombres malos. Y creímos que nos mataría también a nosotros pero mi nieta se atrevió a besarlo como agradecimiento y eso hizo que el híbrido huyera.
-Señora, escuche con atención¿Cómo era aquel ser?- pregunto Sango mientras acariciaba el suave pelaje de Kirara.
- Veamos, portaba un traje azul muy fino, creo que pertenecía a un gran señor feudal. Aunque lo que lo hacia verdaderamente extraño era que portaba un abrigo de piel de mandril.
-Maldita sea, ahora entiendo porque su olor me era tan familiar, ese bastardo era Naraku – vocifero Inuyasha al mismo tiempo que se levantaba de su asiento y salía impestivamente de la cabaña.
-¿Pero que sucede¿Por qué se ha puesto así? – pregunto la nieta al ver la reacción del hanyou.
Los demás no respondieron, solo se quedaron mirando entre si, tratando de hilar una explicación sobre lo escuchado. Afuera, Inuyasha ágilmente subió al techo de la cabaña y desde ahí miro a la luna. El recuerdo de su enemigo hacia que le hirviera la sangre, provocando todo su odio.
-¿Dónde estas miserable¡¿Dónde estas! – grito Inuyasha con todas sus fuerzas sin imaginarse del drama que se avecinaba.
La noche seguía su curso lentamente. Dos figuras se mantenían inmóviles, en silencio, contemplando la hermosa luna llena que se alzaba la vista.
-Creo que es hora de irme – murmuro la miko al mismo tiempo que se levantaba para marcharse. Naraku al ver esto, impulsivamente la tomo de la mano para evitar que se fuera. Tal acción hizo que ambos quedaran en una de esas tantas escenas románticas que aparecen en los cuentos de hadas.
-No te vayas, aun no – suplico el hanyou mientras acariciaba su mejilla con la suave piel de la mano de la miko.
-Es tarde y es peligroso andar por estos caminos de noche. Tengo que irme, por favor suéltame.
-No por favor, quédate conmigo, solo por un rato más – susurro Naraku mientras se levantaba y estrechaba entre sus brazos a Kikyou. Así se mantuvieron por varios minutos iluminados por la luz de la luna, moviéndose al compás de la fresca brisa nocturna.
No podían negarlo, ambos se atraían. Todo ese odio, toda esa sed de venganza e ira que sentían uno por el otro se había revertido de una manera tan extraña que ahora ambos se necesitaban.
-Naraku – susurro la miko al mismo tiempo que dejaba caer su delicada cabeza sobre el fuerte pecho del hanyou. Este sintió un escalofrió al sentir como Kikyou se refugiaba entre sus brazos. Lentamente cerro sus ojos al mismo tiempo que un delicado silencio cubrió el lugar.
De pronto miles de imágenes golpearon la mente de Hanyou. Escenas de terribles batalla contra la miko, donde veía como el la asesinaba de mil formas. Entre las mas sangrientas era en que el tiraba del cabello de la miko y la decapitaba, manchando de sangre el suelo.
-¡No! – grito el hanyou al mismo tiempo que soltaba desesperado a Kikyou. Esta lo miro a los ojos mientras que su rostro se podía ver una mezcla de confusión y miedo.
-¿Qué sucede?- murmuro la miko.
El hanyou no respondió, lo único que hizo fue transformar su mano derecha en una alargada cuchilla y con furia ataco a Kikyou. Esta rápidamente esquivo el ataque y tomando una flecha, la lanzo contra su atacante. La flecha velozmente se clavo en la cuchilla, purificándola al instante.
-¿Qué diablos te sucede! – vocifero Kikyou. Naraku no respondió, con la mirada perdida, se elevo al cielo y cubriendo su cuerpo con un campo de energía, se alejo en dirección al otro lado del lago. Kikyou al ver tal acción, bajo su arco y dándose la vuelta se alejo del lugar.
Del otro lado, Ying trataba de encontrar una explicación sobre la reacción de Naraku pero en el fondo, sabia perfectamente que había sido obra de Yang.
-¿Qué demonios fue eso¡Ibas muy bien y lo arruinaste! – exclamo Ying al ver como Naraku descendía del cielo. Este al escuchar aquellas frases, tomo por el cuello a Ying y levantándolo del suelo vocifero:
-¡Tu propiciaste ese encuentro¡¿Verdad¡Maldita sea!
-¡Si, yo fui el responsable de su encuentro¡Iban tan bien¡Estaban en el momento perfecto y tú lo arruinas por tu estupidez! – respondió Ying. Naraku soltó al ser, dejándolo caer pesadamente en el suelo.
-¿Fue Yang¿Fue el, el que provoco mi reacción, verdad?
-Es posible, el desea que mates a la sacerdotisa, quizás al ver lo que hacías, monto el cólera y produjo esto. – murmuro Ying. Naraku tras escuchar aquellas palabras, medito por unos minutos hasta que tomando su abrigo de mandril, partió del lugar.
-¿A dónde vas? – pregunto Ying al ver como el hanyou se alejaba.
-¿A dónde mas? Regreso a casa – susurro Naraku al mismo tiempo que se desvanecía entre las sombras.
-Inuyasha¿Te sientes bien? – murmuro Kagome mientras cargaba un pequeño plato de comida. Con dificultad subió por una vieja escalera que estaba colocada a un lado de la cabaña. Una vez en el techo, se dirigió a donde estaba el hanyou y con sumo cuidado se sentó a su lado. –Inuyasha, te traje comida, anda prueba un bocado, no has comido desde hace horas.
-No quiero Kagome – respondió Inuyasha sin apartar la mirada del cielo.
-Anda, prueba algo – murmuro la joven de cabellos negros.
-¡Que dije que no quiero nada! – grito Inuyasha. Tal cosa hizo que Kagome se asustara y dejara caer el tazón de arroz, provocando que se hiciera pedazos en el suelo. Inuyasha se dio cuenta de su error al ver como una lágrima rodaba por la mejilla de Kagome.
-Disculpa, no fue mi intención.
-Será mejor que me vaya – murmuro la joven al mismo tiempo que se levantaba y trataba de bajar. De pronto un brazo se extendió por su cintura y la jalo hacia el pecho de Inuyasha. Kagome al sentir el suave calor que despedía el hanyou, lo abrazo con fuerza, refugiándose en el.
-Perdóname, perdóname – susurraba repetidamente el joven hanyou.
-Inuyasha – fue lo único que murmuro Kagome al mismo tiempo que con un tímido beso sellaba los labios de Inuyasha. Este al sentir los labios de la joven, la estrecho con mayor fuerza contra su cuerpo, correspondiéndole el beso con una increíble pasión. La luz de la luna ilumino a los dos jóvenes quienes eran observados por otra pareja desde el suelo.
-Que escena mas romántica – murmuro Sango mientras miraba a la pareja.
-Lo es – exclamo Miroku mientras miraba el bello rostro de la exterminadora que debido a que era iluminado por la luz de la luna, se veía radiante. –Sango…yo…
-Dígame Excelencia
-Yo…yo creo que debe refugiarse en la casa, hace mucho frío aquí…- murmuro el monje al mismo tiempo que posaba su mano derecha sobre el glúteo de la exterminadora y suavemente lo acariciaba.
-¡Monje Miroku! – exclamo enojada Sango al mismo tiempo que le daba un terrible puñetazo en la cabeza.
-¡Ay¡Mi cabeza! – grito el monje mientras se tocaba el enorme chichón que había surgido de su cabeza.
-¡Es un pervertido! – exclamo Sango mientras cerraba los ojos y fruncía el ceño.
-Pero te gusto así ¿No? – respondió Miroku con tono burlón.
-¿Qué¡Ahora ver, monje cínico! – grito Sango al mismo tiempo que comenzaba a perseguir a Miroku siendo observados por Shippo y Kirara.
-Esos dos nunca cambiaran – murmuro el pequeño Kitsune mientras cruzaba los brazos y movía la cabeza en señal de negación.
Un frío silencio cubrió por completo el bosque y sus alrededores, dicho silencio solo era roto por el sonido de los grillos. Varios nubarrones cubrieron el cielo, bloqueando la luz de la luna. Una figura blanca caminaba lentamente hacia las grandes puertas de una ciudadela. Varias antorchas iluminaban la entrada, custodiada por varios soldados que se mantenían alertas ante el mínimo detalle.
-¡Alto¡¿Quién anda ahí! – exclamo un soldado al parecer el líder de la cuadrilla al ver como el ser avanzaba en dirección a las puertas. Los soldados al ver no respuesta alguna, apuntaron sus afiladas lanzas en dirección al extraño. - ¡Alto ahí! – exclamo otra vez el líder de la cuadrilla, el extraño se detuvo a pocos pasos de los guerreros al mismo tiempo que un rayo de luz logro atravesar las negras nubes, iluminando el rostro del intruso.
Los soldados al ver el rostro de aquel hombre, bajaron sus armas y se hicieron aun lado. Un escalofrió se apodero de todos los soldados al mismo tiempo que el hombre empujaba las dos enormes puertas de acero y entraba a la ciudadela.
Lentamente cruzo el enorme patio en medio de la oscuridad y el silencio. Llego hasta las puertas de la enorme casona que debido al ambiente que reinaba en el lugar, poseía un aspecto fúnebre. Apenas había puesto un pie dentro de la casona cuando un rayo cayo, retumbando en los oídos del hombre seguido por la llegada de la lluvia.
Cerró las puertas y comenzó a caminar en dirección a su habitación, sigilosamente paso por el gran comedor para evitar que los otros se dieran cuenta de su presencia. Rápidamente subió por las escaleras, mientras escuchaba el ruido que provenía del comedor, donde Hakudoushi y los demás se encontraban cenando.
-Ya llego – murmuro Kanna mientras tomaba un vaso de té.
-Lo se, pero no importa- respondió Hakudoushi mientras se llevaba a la boca, un pedazo de carne asada.
-¿Qué creen que haya hecho hoy? – pregunto Moyurumaru mientras tomaba una enorme pierna de jabalí para devorar.
-Quizás intento recuperar el fragmento que posee Kagome aunque al parecer no lo logro – respondió Kohaku mientras saboreaba un tazón de arroz.
-No creo, puede ser que venga de un encuentro con la miko, que es lo más probable, cosa que seria lógica si tomamos en cuenta en la forma como entro a la casa – murmuro Akago mientras remojaba un pedazo de pan en el Té.
-Eso debe ser – exclamaron los 5 en coro mientras asentían con la cabeza y seguían disfrutando de la cena.
-Miserables – musito Naraku mientras entraba a su habitación. Una vez ahí, se despojo de su abrigo y sentándose al lado de la ventana, en un futon rojo, se puso a contemplar la lluvia nocturna.
-¿Qué haces aquí¡Deberías estar afuera matando y absorbiendo! – es escucho decir una voz. Naraku no le presto atención y no dejo de mirar la lluvia.
-Déjalo en paz, de veras que eres una lata – se escucho otra voz decir.
-Ying no metas, esto es entre el y yo – repitió la primera voz.
-Me meto ¿Algún problema con eso? No dejare que ganes, Yang – respondió la segunda voz.
- ¡Maldito imbecil¡No dejare que una bola de inútiles almas en pena gane! – exclamo iracundo Yang.
-¡Ni yo dejare que una manada de entupidos monstruos nos venzan! – respondió con el mismo tono Ying.
-¡Imbecil! – volvió a gritar Yang.
-¡Estupido! – respondió Ying.
-¡Bastardo!
-¡Animal!
-¡Idiota!
-¡Maldito!
-¡Ya basta! – vocifero Naraku. Ying y Yang al escuchar tal grito, se quedaron callados. –Desde que aparecieron, solo me han traído problemas. Creo que es hora de tomar medidas drásticas.
-¿A que te refieres con eso? – pregunto intrigado Ying.
-¿Acaso me harás caso y mataras a Kikyou? – pregunto también Yang.
-No, nada de eso. Antes que nada, quiero saber cuanto tiempo falta para que la perla purifique mi esencia.
-Un mes máximo ¿Por qué lo preguntas? – respondió Ying.
-Para saber cuanto tiempo tengo para decidir que hacer por lo que no saldré de esta fortaleza. No iré en busca de ningún fragmento, no absorberé ningún demonio o monstruo ni veré a Kikyou hasta que logre acomodar mis ideas en la cabeza.
-¿Qué¡No digas estupideces! –vocifero Yang.
-Pues a mi parece bien, un tiempo de reflexión le hará bien a tu mente – exclamo tranquilamente Ying mientras se posaba frente a la ventana.
-¡Maldita sea¡¿Qué se supone que haga durante ese tiempo!
-Callarte – respondió fríamente Naraku a Yang. Este frunció el ceño y se desvaneció de la habitación. Ying sonrió y en absoluto silencio, acompaño a Naraku. Este por otra parte, en su mente trataba de encontrar una solución a sus problemas sin saber que ya el destino le tenía preparado una gran sorpresa.
¿Que creen que pase ahora¿Naraku decidira corregirse o regresara a ser el villano de la historia¿Acaso Inuyasha lograra encontralo? Estas y mas preguntas se resolveran si siguen leyendo el fic XD, nos vemos y dejen reviews adios.
PD: Gracias por su paciencia y tratare de actualizar lo pronto posible.
