Lo se u.uU me he tardado en actualizar pero al parecer mi inspiración se tomo unas vacaciones sin consultarme y se me ha difilcultado avanzar con el fic. Pero luego de 7 litros cafes y 8 litros de cocacola (que no dejarian dormir a un elefante por tres dias) he logrado terminar el capitulo muajajajajaja. Pero volviendo a la realidad, la escuela me ha absorbido mucho tiempo pero siempre logro salir vivo de mi cruda realidad, bueno los dejo con este capitulo que esta cargado de mucha acción, espero que les guste y no se olviden dejar sus reviews ¿Eh?
Naraku vs Yang
-Te ha llegado la hora ¡Despídete de este mundo Kikyou! – vocifero Yang mientras dejaba caer sus garras sobre la sacerdotisa.
Un grito lanzo el hanyou mientras corría a gran velocidad hacia ellos, en un intento por salvar a la miko. Al parecer la vida de Kikyou estaba a punto de extinguirse cuando de la nada, un largo tentáculo se estrello contra el pecho de Yang, haciendo que este retrocediera mal herido. El hanyou y los demás se quedaron inmóviles al ver como surgía un campo de energía protegiendo a Kikyou al mismo tiempo que una enorme nube de veneno descendió del cielo.
-Naraku – musito sorprendida la sacerdotisa al ver como aquel hanyou de cabellos negros había llegado a salvarla de las garras de la muerte.
-¡Mal nacido¡Hasta que por fin das la cara! – vocifero lleno de rencor Inuyasha mientras apretaba con fuerza la empuñadura de Colmillo de Acero.
-Inuyasha, sigues siendo la maldita bestia de siempre – murmuro con desden el hanyou de cabellos negros mientras Yang regeneraba su herida y avanzaba amenazante hacia el.
-¿Por qué demonios has intervenido¡Con su solo golpe hubiera acabado con ella! – reprocho el monstruo.
-¿Quién te has creído para entrometerte en mis cosas¡Esta mujer solo yo la puedo matar¡Lo oyes! – respondió molesto Naraku.
-Al parecer ese ser llamado Yang y Naraku tienen grandes diferencias – murmuro Miroku al ver la discusión de ambas criaturas.
-Esto se esta complicando¿Será que Naraku no quiere que ese monstruo lastime a Kikyou? – pregunto la exterminadora.
-Ya lo has oído, el quiere matar personalmente a Kikyou – exclamo Kagome mientras la sacerdotisa con gran dificultad, se posaba de pie.
-¡No digas estupideces¡Ni eres capaz de lastimarla¡Eres un inútil! – vocifero Yang.
-¡Ya dejen de sus estupideces y peleen conmigo! – grito Inuyasha al mismo tiempo que de un salto, se lanzaba contra Naraku. Pero Yang se interpuso y de un terrible manotazo, detuvo Inuyasha en el aire y lo lanzo hacia el resto del grupo.
-¡No metas bestia¡Esto es entre el y yo! – exclamo Yang mientras posaba sus enormes ojos sobre la humanidad de Naraku. Este se mantuvo en calma y de reojo miro como el hanyou caía pesadamente en el suelo. Una pequeña sonrisa se dibujo en su rostro al mismo tiempo que se daba la vuelta y comenzó a caminar en dirección a Kikyou.
-¡Miserable no me des la espalda! – vocifero el monstruo al ver como el hanyou de cabellos negros lo ignoraba.
-Será mejor que desaparezcas de aquí antes de que yo te mate – murmuro este mientras se acercaba lentamente a la sacerdotisa.
-¡Eres un inútil¡Un patético intento de demonio que cuyos sentimientos a una sacerdotisa lo vuelven débil y no es capaz de matar! – grito iracundo el alter ego provocando que Naraku detuviera su marcha.
-¿Qué has dicho? – murmuro el hanyou mientras se daba la vuelta lentamente y miraba al monstruo.
-Lo que has oído, eres un inútil y patético intento de demonio que en toda empresa que realiza, fracasa miserablemente pese a cuanto complicado plan has ideado. Presumes al mundo de ser un demonio cuando en realidad eres una simple aberración de la naturaleza al igual que esa bestia inmunda de Inuyasha, incapaz de matar a una simple sacerdotisa. ¡Tú no eres nada¡Eres una basura¡Un maldito hibrido que ni siquiera es capaz de comportarse como un hombre ya que se esconde detrás sus débiles creaciones!
Un aura púrpura cubrió el cuerpo de Naraku. Un extraño brillo apareció en sus pupilas carmesí al mismo tiempo que los oscuros cabellos comenzaron a flotar en el aire.
-Como te atreves a insultar al gran Naraku – susurro el hanyou. Yang se acerco lentamente hacia este, extendiendo sus enormes garras para golpearlo con fuerza.
-Van a pelear¿No se supone que ambos deberían estar unidos? – pregunto asustado Shippo al ver como un aura negra cubría el cuerpo de Yang.
-Eso se supone pero al parecer la culpable de esto es Kikyou – murmuro Kagome mientras ayudaba a Inuyasha a levantarse del suelo.
-Maldito, esto no se quedara así – rabio el hibrido.
-Inuyasha tranquilízate, lo más prudente será no intervenir – aconsejo el monje Miroku.
-Su excelencia tiene razón, debemos mantenernos al margen de esto, esperando el momento adecuado para atacar - agrego la exterminadora. Todo el grupo se quedo inmóvil, atentos a todo aquello que podía suceder entre Naraku y Yang.
El enorme monstruo araña dejo escapar un rugido y se abalanzo contra Naraku. Este invoco un campo de energía, bloqueando los terribles embates mientras sus manos se trasformaban en largas y afiladas cuchillas. Sonriendo, salio de la esfera y clavo sus manos en el abdomen de Yang y con fuerza, lo abrió dejando al descubierto sus viseras.
-¡Maldito Bastardo! – vocifero con horror Yang al ver como sus entrañas colgaban de su estomago abierto, arrastrándose repulsivamente en el suelo. Naraku sonrió divertido al ver como los hilillos de sangre oscura resbalaban lentamente sobre sus garras mientras Inuyasha y sus amigos se encontraban atónitos ante la escena.
-Yang, te seria más sencillo retirarte completo de este lugar en este mismo momento a menos que quieras salir hecho pedazos de aquí. – murmuro el hanyou de cabellos negros.
-Estas muy equivocado si con esto me vas a derrotar – desdeño el monstruo al mismo tiempo que sus retorcidas viseras cobraban vida y salían disparadas contra el híbrido, atrapándolo en una intricada enredadera de tentáculos e intestinos. Naraku trato de liberarse con sus propias manos pero a cada extremidad que lograba cortar, otra cubría su lugar. Yang sonrió maliciosamente al ver este hecho y comenzó a golpearlo con sus enormes garras al mismo tiempo que las viseras apretaban con fuerza al hanyou.
Tras varios minutos de tortuosa golpiza, el estomago de Yang se abrió como una enorme mandíbula y jalando con fuerza a Naraku, lo introdujo dentro de su cuerpo, provocando que una enorme bola se apareciera en su abdomen. Con gran facilidad asimilo a Naraku en su interior mientras miraba diabólicamente sobre Kikyou. Inuyasha al darse cuenta de la situación, se lanzo contra el monstruo y trato de descargar con fuerza un golpe de Colmillo de Acero pero un campo de energía surgió, bloqueando el ataque.
-¡Kagome! – vocifero el hanyou mientras caía el suelo. La joven al darse cuenta de la petición del híbrido, tenso una flecha y la disparo contra Yang. Pero la flecha al chocar contra la esfera, se desvaneció sin provocar daño alguno.
-¡No puede ser¡La flecha de Kagome no funciono! – exclamo asustado Shippo mientras Sango y Miroku se lanzaban al ataque pero Yang dejo escapar un impulso de energía que al contacto con los guerreros, hizo que se paralizaran.
-Nadie me va detener, nadie puede evitar que te mate – amenazo el monstruo mientras se posaba frente a la sacerdotisa.
-Naraku – susurro Kikyou al ver como la muerte estaba a punto de reclamar su vida.
-¡Adiós Sacerdotisa! – grito Yang mientras alzaba su enorme garra al cielo y la dejaba caer sobre la mujer.
De pronto, algo hizo que Yang detuviera sus brazos a escasos centímetros del rostro de Kikyou. Sus ojos se desorbitaron al mismo tiempo que la sacerdotisa miraba sorprendida como algo se movía dentro del abdomen del enorme monstruo. Este retrocedió, golpeando su cuerpo con sus garras mientras gritaba de dolor.
Un tentáculo salio del pecho de Yang, provocando que vomitara grandes cantidades de sangre. Rápidamente el estomago del monstruo comenzó a inflarse al mismo tiempo que varios tentáculos seguían saliendo de su cuerpo provocando que su piel se agrietara.
-¡Va explotar! – grito alarmado Inuyasha mientras tomaba a Kagome y junto con Miroku, Sango y Shippo se alejaban en busca de un lugar seguro. Kikyou invoco un conjuro sagrado y formando un escudo espiritual, retrocedió unos cuantos metros. Yang aterrado observo como su cuerpo se inflaba desmedidamente por lo que intento inútilmente reducir su tamaño a base de golpes. Pero todo esfuerzo fue en vano, su cuerpo siguió inflándose hasta que exploto en mil pedazos, que cayeron regados por el campo de batalla.
-Miserable – murmuro la cabeza de Yang que se encontraba a los pies de un árbol. Había perdido un cuerno y medio rostro se encontraba desfigurado, dándole un aspecto lúgubre.
-¿Qué ha pasado su excelencia? – pregunto la exterminadora mientras el grupo se acercaba cauteloso a la escena.
-Al parecer Yang no pudo soportar el poder de Naraku y se sobrecargo provocando la explosión – explico el monje mientras miraba como los miembros destrozados así como viseras se retorcían a sus pies.
-Pero lo que no veo es a Naraku ¿Acaso murió en la explosión? – pregunto inocentemente el kitsune.
-No seas tonto Shippo, esa basura es como las cucarachas, son difíciles de matar – exclamo de mala gana el hanyou.
-Oí eso Inuyasha – dijo una voz. El grupo se detuvo al escucharla y alertas se mantuvieron a la defensiva.
Una neblina negra cubría la zona de la explosión donde se podía apreciar un destello de luz púrpura. La exterminadora junto al Hanyou retrocedieron y de manera silenciosa les hicieron saber al resto del grupo que aquella neblina era veneno. De pronto la neblina comenzó a reunirse rápidamente alrededor del destello de luz, acumulándose en una esfera. Y ante la mirada de los guerreros, la esfera comenzó a formar un cuerpo que tras varios minutos resultaría ser Naraku.
-Yang me has decepcionado, supuse que serias mucho más resistente – murmuro en tono burlón el hibrido mientras miraba la cabeza de Yang.
-Esto me lo pagaras – respondió la cabeza mientras se desvanecía al igual que sus restos en una neblina que fue barrida por el viento.
-Tonto¿Quién se ha creído para retarme? – exclamo soberbiamente el hanyou de cabellos negros.
-¡Miserable¡Deja de creerte tanto! – vocifero Inuyasha mientras se preparaba para atacar junto con Kagome y los demás.
-Vaya al parecer también ustedes buscan vencerme, Kikyou ¿Tu también quieres unírteles? – dijo Naraku esperando la respuesta tajante de siempre de la sacerdotisa. Pero los minutos pasaron y no se escucho respuesta alguna. - ¿Kikyou me has escuchado? – volvió a preguntar, dándose la vuelta para observar a la miko. Pero para su sorpresa, esta se encontraba en el suelo, desmayada.
-Kikyou – murmuro Naraku con la mirada atónita. Una fuerza desconocida hizo que caminara hacia ella a gran velocidad y levantándola del suelo, la cargo entre sus brazos.
-¿Qué haces¡Déjala Bastardo! – exclamo iracundo Inuyasha al ver tal acción.
-¡No debemos permitir que se la lleve! – repuso Kagome mientras tensaba un par de flechas en el arco de madera.
-Kikyou – volvió a pronunciar el hibrido, ignorando a las amenazas y miraba el bello rostro de la mujer. Y ante los ojos de Inuyasha y los demás, una nube de veneno comenzó a formarse alrededor de la pareja.
-¡Deténgalo antes de que huya! – dijo alarmado el Monje Miroku. Todos se lanzaron contra Naraku, en un intento por evitar que raptara a Kikyou pero el veneno creo una barrera, impidiendo el rescate. La nube se extendió por la zona de batalla, obligando a retroceder a los combatientes. Kagome al ver la situación, disparo las flechas purificando el veneno.
-¡Kikyou! – vocifero Inuyasha encolerizado al ver como la niebla se desvanecía, dejando al descubierto que la sacerdotisa y el demonio habían desaparecido.
-Se la llevado – murmuro sombriamente Kagome mientras acercaba al hibrido de cabellos blancos. Este no pudo articular palabra alguna mientras que los demás se acercaban a la pareja y posaban sus miradas sobre la vereda donde minutos antes Naraku había escapado.
El seco graznido de los cuervos anunció la llegada del atardecer. El bosque se encontraba hundido en el silencio, iluminado por las tonalidades doradas del crepúsculo. Una sombra avanzaba a gran velocidad entre la maleza, cubierto de un abrigo blanco dándole un aspecto de alma perdida. Detrás de él venia un gran numero de serpientes cazadoras seguidas a la vez por un enjambre de insectos venenosos que guardaban su distancia.
Tras recorrer un largo trecho llego hasta la cima de un pequeño peñasco donde se detuvo. Miro hacia el horizonte y pudo divisar entre los grandes árboles y la espesa niebla de la montaña, las altas paredes de su hogar. Sujetando con firmeza el cuerpo de la sacerdotisa, salto al vació aterrizando en el suelo sin ningún daño. Sin detenerse por un minuto, acelero la marcha perseguido por las criaturas mágicas de Kikyou.
-¿A dónde me llevas? – pregunto con voz débil la miko.
-Calla mujer, lo sabrás muy pronto – respondió el hanyou mientras saltaba en piedra en piedra.
-¡Demonios¡¿Cómo pude dejar escapar al bastardo de Naraku¡Si algo le pasa a Kikyou será mi culpa! – se recriminaba a si mismo Inuyasha.
-Deja de culparte, lo que ha sucedido no fue tu culpa – murmuro Miroku intentando consolar al hanyou.
-Además hay que concentrarnos en localizar a Kikyou – exclamo Sango mientras se subía al lomo de Kirara.
-¿Pero como se supone que la localizaremos? Naraku es muy hábil para esconderse – repuso Kagome.
-Existe una forma para encontrar a la señorita Kikyou – dijeron en coro Asuka y Kouchou quienes al ver que el peligro había pasado, se atrevieron a hablar.
-¡Pero si son las niñas que acompañan a Kikyou! – grito con jubilo Shippo.
-¿No se supone que deberían de protegerla! – reclamo lleno de ira Inuyasha. Las niñas se quedaron calladas y llenas de vergüenza bajaron sus cabezas.
-Se supone que es nuestra obligación pero el poder de ese monstruo era demasiado para unos simples espíritus. – murmuro triste Asuka.
-Deja ya de regañarlas Inuyasha, niñas dígannos como podemos encontrar a Kikyou. – pregunto Kagome amablemente a los espíritus.
-Solo es cuestión de encontrar una serpiente cazadora y seguirla – respondió Kouchou.
-Suena lógico, las serpientes cazadoras buscaran a la señorita Kikyou y en el lugar donde se encuentren con una barrera, será el lugar donde se esconde Naraku – dijo el monje mientras se rascaba la barbilla.
-Entonces ¿Qué esperamos¡Vamonos! – ordeno el hanyou y subiendo a Kagome a su espalda, entro al bosque seguido por los demás.
Cuando las primeras estrellas iluminaron el firmamento, Naraku había llegado ante las enormes paredes de roca. Con gran detenimiento examino la muralla que alzaba antes sus ojos mientras las serpientes sobrevolaban alrededor del hanyou, dejando caer sobre la sacerdotisa, cientos de bolas de luz.
-Lo encontré – susurro el hibrido justo en el momento que presionaba una pequeña piedra. Un leve temblor sacudió la tierra al mismo tiempo que una puerta secreta se abría frente a la pareja. Sin perder tiempo entraron seguidos por unas cuantas serpientes a un oscuro túnel subterráneo. Ya habían caminado unos cuantos metros cuando otro temblor anuncio que la puerta se había cerrado, dejando a las serpientes restantes junto al enjambre de insectos afuera.
La oscuridad reinaba en aquel pasadizo. Kikyou podía sentir como Naraku recorría un largo camino. El silencio del túnel era roto por los chillidos de las ratas y los pasos del hibrido mientras las serpientes se adelantaban e iluminaban con dificultad el camino. De pronto el hanyou se detuvo y tras abrir una vieja puerta de madera, la luz cayó sobre el y la sacerdotisa.
-Hemos llegado – susurro Naraku al mismo tiempo que colocaba a Kikyou sobre la cama. Las serpientes comenzaron a volar encima de esta, dejando caer las últimas almas que habían logrado capturar. El hibrido observo como una aura plateada cubrió el cuerpo de la sacerdotisa, fortaleciéndola y regenerando sus heridas.
-¿Por qué? – pregunto Kikyou manteniéndose inmóvil sobre la cama.
-¿A que te refieres con esa pregunta?
-¿Por qué me salvaste¿Por qué me has traído aquí¿Qué es lo que planeas hacer conmigo infeliz?
-Kikyou que mal educada eres, solo esperaba un gracias por salvar tu efímera vida y en lugar de eso, me atacas con preguntas, esperaba un poco de agradecimiento de tu parte – respondió burlón el hibrido.
-No esperes que te de las gracias, debido a ese monstruo que intento matarme proviene de mi.
-Yo no le ordene a Yang a atacarte, el existe fuera de mi control.
-Mentiroso – murmuro la miko.
-No me importa que no me creas, lo único que quiero es que te recuperes para que luego te marches de aquí y desaparezca de mi vida – sentencio Naraku mientras se daba la vuelta y caminaba hacia la puerta.
-¿Desaparecer de tu vida¡¿Entonces porque no dejas tus juegos estupidos y me matas de una buena vez¡¿Por qué me sigues manteniendo con vida! – grito molesta Kikyou.
Naraku se detuvo y mirando de reojo a la sacerdotisa, respondió – Yo también me hago esa pregunta, sacerdotisa.
La mujer se quedo callad ante tal respuesta y no pudo sentir un extraño escalofrió al ver su imagen reflejada en aquellos ojos carmesí. Naraku desvió la mirada y en silencio salio de la habitación.
-Demonios, si que esa mujer me saca de mis casillas – bramo el hibrido mientras bajaba por las escaleras, rumbo a la cocina.
-No lo entiendo¿Qué es lo que pasa? – se preguntaba a si misma la sacerdotisa. Con dificultad bajo de la cama y acercándose a la ventana, la abrió dejando salir a las serpientes cazadoras. La luz de la luna ilumino su rostro mientras la brisa nocturna jugaba con su larga y sedosa cabellera negra. Sus ojos se posaron sobre el firmamento estrellado de la noche, provocando que su mente recordara la forma como aquel ser que más odiaba la había salvado de la muerte. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta de la presencia que había entrado a la habitación.
-No puedo creerlo, Naraku se ha atrevido a traer a su más peligrosa enemiga a su hogar, de veras que el amor ha trastornado su corazón – dijo una voz. Kikyou al escuchar dichas palabras, se dio la vuelta y con sorpresa descubrió que el dueño de aquella voz era una replica de ropas blancas del hibrido de cabellos negros.
-¿Quién eres? – pregunto la sacerdotisa mientras tomaba su arco y apuntaba una flecha al intruso.
-Oh mil disculpas señorita Kikyou, mi nombre es Ying y soy la otra parte que compone a Naraku, supongo que ya sabe de eso pues usted conoció a mi hermano Yang – respondió amablemente el alter ego quien flotaba en el aire.
-¿Qué esta sucediendo aquí? – dijo confundida Kikyou mientras Ying la miraba con gran alegría.
Lo se, no me lo tienen que decir, estuvo algo simple la batalla (jajaja si como no) espero que les haya gustado, no seria lindo ver esas viceras de monstruos regadas por tu patio trasero ( para mi no seria lindo pero se de dos o tres personas que les encantaria un poco de abono) pero en fin, nos vemos en el proximo capitulo, es cierto se me olvidaba, a partir de este capitulo comienza el final de este fic que ha durado mucho tiempo. Muchas gracias por su atencio y espero paciente sus reviews, adios.
PD: Shen: Hay de que se le olvide poner un review, porque sabran lo es que amar a dios en tierra ajena muajajaja.
PD2: Trabis: ejem disculpelo, lo que sucede es que el catalogo de las pijamas de Wini pooh no llegaron y esta molesto por eso.
