Hola a todo el mundo... luego de varias semanas de ausencia he logrado terminar el 15° capitulo de este humilde fic. Me esmere mucho para crear un lemon de calidad (Ni se imaginan lo que tuve que ver para lograrlo) y espero de todo corazón que les agrade. Tambien aviso que muy posiblemente que el capitulo 16° o el capitulo 17° sea el final del fic. Si como lo pueden leer, este fic esta a punto de llegar a su final, todo depende lo largo de la batalla que se avecina y tambien el tiempo que este servidor posea para escribirla. Bueno ya basta de palabreria vana, doy comienzo a este capitulo con la siguiente advertencia.

Warnig: Las escenas relatadas a continuación estan cargadas de lemon, para aquellos que sean sensibles y corran el riesgo de incomodarse por lo que leeran, se les recomienda saltarse esa parte y leer lo "sano" del capitulo. (XD)

Sexo antes de la batalla...

Lentamente Naraku comenzó a besar el cuello de la sacerdotisa mientras que sus manos desprendían las prendas que cubrían su cuerpo, dejándolas caer al suelo. Kikyou dejó escapar un gemido al sentir como aquel duro miembro rozaba sus desnudos glúteos al mismo tiempo que Naraku masajeaba aquellos carnosos y erguidos pechos. Suavemente una de las manos del monstruo bajó por el abdomen, haciendo traviesas caricias alrededor del ombligo para luego seguir descendiendo y llegar hasta su entrepierna.

La sacerdotisa cerró los ojos al sentir como los dedos de aquella mano entraban suavemente en su vulva, acariciando suavemente la entrada provocando que se humedeciera. Lentamente los dedos comenzaron a salir y a entrar de aquella íntima parte para luego acelerar gradualmente la velocidad de las embestidas, aumentando la humedad a tal grado que algunos hilillos de líquido ambarino se resbalaran por los muslos de Kikyou. Naraku sonrió al sentir como el cuerpo de la sacerdotisa temblaba tenuemente por lo que acercando su boca al oído de la miko, susurró:

- Mi querida Kikyou… estas temblando por nada… no me imagino que harás cuando hallamos llegado al verdadero placer.

Y tras decir eso, la soltó y la hizo recostarse en la cama. Kikyou dejó reposar su cuerpo sobre las cómodas almohadas que cubrían la enorme cama de madera. Naraku se acercó lentamente al mueble y extasiado observó la arrolladora belleza de la sacerdotisa en todo su esplendor. Sus cabellos negros contrastaban con la tez clara de su piel que envolvía su cuerpo desnudo. Sonrió al ver como aquellos firmes y grandes senos se elevaban sobre su pecho, cuyos pezones se encontraban rojos y duros. Sin perder mucho tiempo, el hanyou se despojo de la túnica y se subió a la cama. La sacerdotisa se sonrojó al tener al sentir el roce que producía aquel varonil y bien formado cuerpo sobre ella. Sus brazos se alargaron y comenzaron acariciar aquella espalda mientras que se fundía en un apasionado beso con Naraku.

Este bajaba su mano derecha, acariciando los firmes muslos de la joven. Lentamente se internó nuevamente en entre aquella pequeña mata de cabellos negros, acariciándola suavemente, arrancando algunos suspiros a Kikyou. Esta sólo se limitó a bajar sus manos por la espalda del hanyou, llegando hasta sus duros glúteos, agasajándolos delicadamente. Naraku dejo escapar una pequeña carcajada al sentir las manos de la sacerdotisa sobre el, por lo que separó sus labios de ella y comenzó a bajar lentamente, besando cada centímetro de piel. Llegó a sus pechos, donde juguetonamente comenzó a rozar con su lengua contra uno de los endurecidos pezones para luego lamerlo y besarlo desenfrenadamente, deleitándose del sabor de aquella piel. Estuvo así por unos instantes para luego pasarse al otro pezón, repitiendo la operación provocando que Kikyou gimiera con fuerza, pues sentía como un exquisito placer se apoderaba de cuerpo, mezclándose con un punzante dolor debido a que el hanyou alternaba delicadas lamidas con traviesos mordiscos.

-¡Hahaaa¡Naraku¡Haaa¡Sigue! – exclamó entre susurros la sacerdotisa. Naraku al escuchar tales palabras, alejo su rostro de aquellos carnosos senos y siguió bajando hasta llegar a su ombligo, rozando la orilla con su húmeda lengua. En seguida, siguió bajando hasta colocar su rostro entre las piernas de la sacerdotisa, deleitándose lujuriosamente con el perfume natural que despedía aquella intima parte. Kikyou al sentir como la traviesa lengua del hanyou rozaba su entrada y en un intento de impedir su cometido, colocó sus manos sobre la cabeza del monstruo y trató de alejarlo pero este aferrandose a su objetivo, comenzó a lamer lascivamente aquella virginal vulva.

La sacerdotisa dejó escapar un profundo y largo gemido al sentir como la boca del hanyou devoraba lentamente su entrada a base de lengüetazos y profundos besos. Un escalofrió la recorrió desde la punta de los pies hasta la cabeza al sentir como aquella tibia y húmeda lengua entraba y salía frenéticamente de su interior mientras que las manos del monstruo subían por su abdomen y llegaban hasta sus pechos, donde los sujeto y comenzó a masajearlos. Tal cosa hizo que Kikyou gimiera con mayor fuerza al mismo tiempo que empujaba la cabeza del hanyou hacia su entrepierna provocando que Naraku aumentara la fuerza de sus caricias.

-Sabes deliciosa Kikyou… - dijo Naraku, alejando su rostro de entre las piernas de la mujer y colocándose frente a ella, la beso apasionadamente. Esta pudo saborear el aguamiel que aun quedaba en los labios del monstruo y sin poder evitarlo, correspondió con la misma pasión. Un hilillo de saliva y aguamiel quedó colgado entre las lenguas de ambos seres cuando separaron sus labios y se miraron a los ojos. Increíblemente en la mirada de los dos no había odio, rencor, furia o maldad… Lo único existente en esa mirada era una imperiosa necesidad de amarse sin límites… demostrarse el uno al otro que poseían la capaz de amar…

-Naraku… te amo… - susurró Kikyou mientras daba pequeños besos en le pecho de este. Un pequeño gemido salió de los labios del monstruo al sentir el roce de aquellos labios sobre su piel. Cuidadosamente coloco su cuerpo entre las piernas de la sacerdotisa, dejando posar su endurecido miembro sobre la vulva de esta.

-Ya es hora Kikyou… - murmuró Naraku al mismo tiempo que masajeaba su pene contra la húmeda entrepierna de la sacerdotisa. Esta ligeramente separó sus piernas y cerrando sus ojos, esperó que el monstruo actuara. Este tomándola delicadamente de la cintura, hundió suavemente su miembro en las tibias y suaves carnosidades de su vulva, abriéndose paso poco a poco. Kikyou apretó los dientes al sentir como aquel pedazo de carne llegaba hasta su himen intacto por lo que involuntariamente posó sus manos sobre el pecho de Naraku, tratando de alejarlo de ella. Pero el hanyou decidido a todo, dio un pequeño empujón y penetró el interior de la sacerdotisa, arrancando de su boca un gemido de dolor mezclado con placer al sentir como aquella piel que significa el sello de su virginidad había sido roto.

Un pequeño suspiro salio de la boca del monstruo al apreciar como su miembro había entrado por completo en el interior de la mujer. Un escalofrió se apodero de su cuerpo al sentir como su pene era presionado por las paredes de aquella tibia y húmeda cueva, que debido a la excitación se contraía con fuerza. Lentamente comenzó a mover su cintura, realizando suaves embestidas. La sacerdotisa arqueo la espalda al sentir como aquel miembro caliente entraba y salía de su interior, haciéndola gemir por el delicioso placer que estaba recibiendo.

-¡Hahaaa¡Naraku¡Hahaaa! – sollozó Kikyou mientras sus manos apretaban con fuerza las sabanas que cubrían la cama. La sensación provocada por la fricción de sus carnes contra el endurecido pedazo de carne que entraba y salía de manera constante, la hacia vibrar de tal modo que se sentía en las nubes.

A cada minuto que pasaba, la velocidad de las embestidas iba en aumento, arrancando gemidos del interior de Naraku - ¡Kikyou¡Hahaaaa¡Si…ahaaaa¡Que deliciosa eres¡Apretada y tibia hahaaaa¡Siiiii! - exclamó el monstruo al mismo tiempo que sus enérgicos manos se colocaban en la espalda de la sacerdotisa y con cierto impulso, la levantó de manera que quedara sentada sobre él. Kikyou dejo escapar un feroz alarido de placer y dolor al sentir como el duro falo se había incrustado por completo en su interior e involuntariamente entrecruzó sus fuertes muslos detrás de Naraku, atrapándolo en un firme abrazo. El hanyou al sentir la presión de dicho abrazo contra su cuerpo, acelero las embestidas haciendo que la sacerdotisa gimiera más y más.

-¡Me vas a partir en dos¡Detente Naraku! – gritó Kikyou al sentir el penetrante aroma de la sangre. Bajó la mirada y pudo notar como un hilillo del líquido rojizo salía de su entrepierna, manchando con algunas gotas las sabanas blancas. Pero Naraku, enloquecido por el éxtasis, bajó sus manos hasta los glúteos de la mujer y los apretó con fuerza, masajeándolos contra su caliente miembro que entraba y salía frenéticamente del su interior. La sacerdotisa al apreciar tal hecho, solo hizo que su libido se elevara hasta el cielo y deseosa de obtener un mayor placer, comenzó a cabalgar con ahínco al hanyou quien al darse cuenta, besó apasionadamente los dulces y carnosos labios de la miko.

-¡Demonios¡Me tienes un hecho un idiota¡No puedo imaginarme la vida sin ti¡Ya no puedo! – dijo entre susurros el monstruo al mismo tiempo que alejaba sus labios de los de la sacerdotisa por unos cuantos centímetros.

-¡Naraku¡Yo también siento lo mismo¡No lo puedo evitar! – respondió Kikyou, quien rozaba sus labios con los del hanyou. Este al sentir el roce de su boca contra la suya, subió una de sus manos hasta su cabeza y sujetándola con suavidad, la empujo hacia a él, besándola con mayor pasión. Esta correspondió con la misma intensidad el beso al mismo tiempo que sus manos se entrecruzaba en su cuello y lo empujaba a su vez hacia ella.

Las embestidas se volvieron salvajes a cada minuto que pasaba. Los hermosos senos de Kikyou rebotaban con ímpetu debido a que esta cabalgaba con todas sus fuerzas al varonil monstruo. Este se sentía en el paraíso al sentir como sus genitales chocaban contra los carnosos y firmes glúteos de la joven en cada feroz arremetida de su miembro embravecido.

El choque de sus húmedas y tibias lenguas se detuvo cuando Naraku lanzó un fuerte gemido al mismo tiempo que su miembro se venia y derramaba su semen calido y espeso dentro de las piernas de la sacerdotisa. Esta al sentir como aquel líquido caliente chocaba a presión contra sus paredes, bañándola completamente hizo que también se viniera en medio de largos y estruendosos gemidos. Sin poder evitarlo, ambos cayeron sobre la cama quedando la sacerdotisa recostada sobre el monstruo. Y pese a que este se detuvo, la sacerdotisa sin moverse de su lugar, movía lentamente su cadera, tratando de exprimir hasta la última gota de calida miel que aun conservara aquel cansado falo.

-Eso fue lo más placentero que he hecho en toda mi vida – murmuró el hanyou. Kikyou solo sonrió mientras dejaba salir aquel pedazo de carne que pese a que ya se había acabado el gozoso momento, aun mantenía su enorme erección. La mano de la sacerdotisa abrazó suavemente el tronco y lentamente comenzó a bajarla y subirla, manchándola de los restos de semen que aun quedaban. Naraku miró complacido al ver como Kikyou soltaba su miembro y llevaba su mano hasta su boca, lamiendo tímidamente la blanquecina miel.

-Vaya… puede que seas una maldita aberración… pero debo de aceptar que eres un buen amante – dijo la miko mientras recostando su cabeza sobre el bien formado pecho del hanyou. Este dejo escapar una sonora carcajada y sólo se limitó a acariciar los largos y sedosos cabellos negros de la sacerdotisa. Esta se mantuvo inmóvil en sitio, sintiendo como la mano del monstruo tocaba su oscura cabellera.

-Naraku… no me siento bien… - sollozó Kikyou quien trató de levantarse pero le fue imposible. Un agotador cansancio se había apoderado de todo su cuerpo, haciendo que este se volviera más pesado y torpe.

-¿Qué te sucede? – preguntó preocupado el hanyou mientras sostenía entre sus brazos a la sacerdotisa. Esta dejo escapar un leve quejido aumentando la preocupación del monstruo.

-Me siento muy débil… Naraku…. Me siento muy débil – balbuceaba la sacerdotisa. El hanyou al escuchar dichas palabras se dio cuenta que la miko necesita reunir más almas para poder mantenerse con vida. Así que rápidamente movió su mano y abrió una de las ventanas para dejar pasar a las serpientes cazadoras y otorgarle a su ama, las almas que habían recolectado.

-Tranquila… en cuestión de horas te repondrás… - musitó Naraku mientras se levantaba de la cama y levantaba entre sus brazos a la sacerdotisa. Lentamente se acercó a la ventana del balcón, ahí se encontraba un cómodo sillón de madera cubierto de almohadones negros donde en el cual el hanyou se sentó. Una vez sentado, tomó una sabana que había en el piso y con ella cubrió su cuerpo y el de la sacerdotisa y mirando al horizonte, espero que las serpientes cazadoras hicieran su aparición.

-Naraku... – dijo en casi en susurro la sacerdotisa al mismo tiempo que recostaba nuevamente su cabeza sobre el pecho del monstruo mientras este la abrazaba delicadamente y proseguía a contemplar el atardecer.

-¡Maldita sea¡Muy pronto caerá el sol y no hay señales de alguna serpiente cazadora¡Demonios! – gritó enojado Inuyasha quien observaba como lentamente la noche comenzaba hacer su aparición en el cielo.

-Tranquilízate Inuyasha… recuerda que debemos ser pacientes… - exclamó Miroku.

-Su excelencia tiene razón, no sirve de mucho desesperarse de esa manera… - repuso Sango.

-Ya los oíste bestia, ya deja de tus lloriqueos – dijo Kouga quien estaba cruzado de manos y miraba de reojo al hanyou.

-¡Lobo Sarnoso¡Te voy a destrozar! – gritó nuevamente el hibrido.

-¡Ven aquí bestia¡No te tengo miedo! – respondió en joven lobo.

-¡Kouga tranquilízate¡Jefe contrólese! – gritaron a su vez Ginta y Hakkaku mientras agarraban de los brazos y la cintura al enfurecido youkai.

-¡Lo mismo tiempo te decimos nosotros¡Inuyasha compórtate! – vociferaron Sango y Miroku quienes también detenían al hanyou.

-Esos dos lo único que traen son problemas… son mas infantiles que yo… - murmuró Shippou, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.

-No hay nada… ¿Crees que le haya pasado algo muy malo a la señorita Kikyou? – preguntó Kouchou.

-No lo se, pero hay que tener fe en que la encontraremos, hermana – respondió Asuka.

-No se preocupen, la encontraremos… di mi palabra y estoy dispuesta a cumplirla… - exclamó Kagome en un intento para tranquilizarlas. Las niñas sonrieron y asintieron la cabeza al escuchar las palabras de la joven por lo que siguieron caminando mientras detrás seguía Inuyasha discutiendo con Kouga.

-Gracias señorita Kagome – dijeron tímidamente en coro las niñas. Kagome sonrió y estaba a punto de contestar cuando vio algo que la detuvo. Frente a ella y de los dos espíritus, un par de serpientes cazadoras deambulaban en dirección hacia unas montañas cercanas, se podían apreciar que las esferas de luz que llevaban en sus patas eran almas y por consecuente, ya suponían a quien eran dirigidas.

-¡Inuyasha¡Chicos¡Las encontramos! – gritó de alegría la joven provocando que el resto del grupo dejara la pelea y se dirigieran hacia ella.

-¡Por fin¡Por fin sabremos donde esta Kikyou y ese maldito! – exclamó Inuyasha quien no podía contener su emoción.

-¿A dónde conduce ese camino? – preguntó Sango al ver que las serpientes tomaban una vereda abandonada y a gran velocidad se alejaban.

-Pues yo creo que solo siguiendo a esas criaturas, sabremos a donde lleva… – respondió Inuyasha al mismo tiempo que cargaba a Kagome y la colocaba en su espalda.

-Inuyasha tiene razón, sigamos a las serpientes cazadoras – dijo Miroku y el grupo entero comenzó a moverse a gran velocidad, siguiendo a las criaturas.

-Han estado encerrados en esa habitación toda la tarde… - señaló Akago quien junto a Hakudoushi y Kohaku, se encontraban descansado en la sala del palacio.

-¿Qué creen que han estado haciendo ahí? – preguntó tímidamente Kohaku.

-¿Tu que crees¿Qué crees que hace una mujer y un hombre dentro de una habitación? – respondió con sarcasmo Hakudoushi.

-Sexo entre una sacerdotisa y un monstruo… en nuestro propio hogar, es repulsivo – exclamó molesto Mouryoumaru.

-¡Oh vamos! No me vengas que te sientes incomodo con eso, recuerda que varios de nuestra especie se ha enredado con humanos muchas veces. – repuso Akago.

- Akago, no es lo mismo estar con una humana que estar con una sacerdotisa, no es lo mismo. – respondió el gigante.

-Si tú lo dices, aunque lo único importante es saber que va pasar ahora… Porque en lo personal creo que lo que haya pasado en esa habitación puede que cambie nuestra situación. – murmuró el pequeño albino.

-Hakudoushi… - musitó una voz que hizo que todos miraran hacia la puerta. Ahí se encontraba Kanna quien como siempre, mantenía su rostro sin expresión alguna sin importar el estado de la situación.

-¿Qué sucede Kanna? – preguntó el joven albino.

-Algo malo va a pasar, será mejor que salgas a ver… - susurró la extensión. Hakudoushi y los otros al escuchar las palabras de la joven, salieron al patio donde se podía apreciar un gran cúmulo de personas que observaban el cielo, maravillados. Los monstruos junto con el exterminador al notar como la atención de los siervos estaba posada en la bóveda celeste, alzaron la vista llevándose una fuerte impresión.

-¡¿Qué rayos piensa Naraku¡Es un idiota! – gritó Hakudoushi, mientras veía como varias serpientes cazadoras entraban por la ventana de la habitación del monstruo.

-¡Esto nos pone en evidencia ante todos¡¿Acaso no lo pensó ese tonto?! – gritó también molesto Mouryoumaru.

-¡Olvídense de eso¡Si estas criaturas han venido desde muy lejos hasta aquí, significa que Inuyasha y los humanos que lo acompañan las habrán visto y las seguirán hasta llegar aquí! – exclamó Akago preocupado.

-¡Maldita sea¡¿Acaso esto no se podría poner peor?! – rugió enfurecido Hakudoushi viendo el peligro que corría de perder todo lo que tenia en caso de que tuviera que pelear contra Inuyasha y sus compañeros.

-¿Qué hacemos ahora? – preguntó Kohaku quien con dificultad lograba ocultar su alegría de poder volver a ver su hermana.

-Tu y Mouryoumaru hagan que toda la gente se refugie en sus casas, quiero evitar todo el daño posible en este lugar en caso de que tengamos que pelear contra esa bestia y sus aliados. Akago y Kanna quiero que crean el campo de energía más poderoso para proteger este lugar, no voy a permitir que todo lo que hemos logrado obtener lo perdamos por las estupideces de Naraku. – ordenó Hakudoushi. Todos movieron sus cabezas en señal de afirmación y rápidamente comenzaron a realizar las misiones encomendadas.

-Hakudoushi ¿Tu que harás? – preguntó tímidamente Kanna al ver que el joven albino entraba furioso al palacio.

-¿Qué voy hacer¡Voy a decirle a ese bastardo las desgracias que nos ha provocado su querida sacerdotisa y él! – respondió la extensión y tras dichas palabras, desapareció.

Mientras tanto, dentro de la habitación de Naraku, varias serpientes cazadoras flotaban en el aire, haciendo mil piruetas mientras que dejaban caer las esferas de luz. Un suave gemido se escuchó en el lugar al mismo tiempo que las almas parecían ser atraídas hacia un lugar específico cerca de la puerta de la habitación. Afuera, se encontraba Hakudoushi quien rápidamente había subido las escalera y había llegado a la recamara del monstruo. Una vez frente a la puerta, comenzó a golpearla sin tomar en cuenta los extraños sonidos parecidos a gemidos que salían de la habitación.

-¡Naraku¡Abre la puerta¡Tenemos que hablar! – exclamó molesto Hakudoushi.

-¡Estoy ocupado¡Regresa más tarde! – respondió agitado el hibrido.

-¡Oh no¡Vamos hablar ahora mismo! – gritó el albino entretanto daba una patada a la puerta, abriéndola salvajemente.

-¡Hakudoushi! – exclamó Naraku al mismo tiempo que Hakudoushi se quedaba atónito frente a la escena que se estaba llevando a cabo. Kikyou se encontraba arrodillada, lamiendo y besando el endurecido falo del monstruo mientras las almas entraban lentamente en el cuerpo de la sacerdotisa. El albino no pudo sentirse avergonzado de ver tal acto y rápidamente bajó la mirada.

-¿Acaso no sabes que es de mala educación entrar a una habitación sin permiso? – murmuró Kikyou quien tras haber detenido sus besos y caricias, se había puesto de pie. Naraku rápidamente se colocó delante de la sacerdotisa, ocultado su hermosa desnudez de la mirada de la extensión.

- ¿Qué clase de monstruo eres¡¿Hasta que limite llega tu maldad para poder lograr que una sacerdotisa haga tal cosa?! – lo espetó Hakudoushi sin levantar la mirada.

-Oye… a mi no me culpes… ella a fue quien se le ocurrió la idea – respondió con una sonrisa lasciva el monstruo mientras Kikyou loo abrazaba por la cintura.

-Idiota… - musitó el albino tras escuchar la respuesta de su creador.

-Y bien… ¿Qué era aquello tan importante que tenias que hablar con Naraku? – preguntó tranquilamente Kikyou.

-Es cierto… ¿Qué es lo que quieres Hakudoushi? – agregó el hanyou.

- He venido a decirte que tu maldita estupidez nos ha llevado todos a la ruina – proclamó enojado Hakudoushi.

-¿A que te refieres con eso? – interrogó la sacerdotisa.

-¡¿A que me refiero¡Me refiero al hecho de que por haber dejado que las serpientes cazadoras entrar a la ciudadela para salvar la vida de esta mujer, nos has dejado en evidencia frente a todos los habitantes!

-Vamos Hakudoushi… créeme que no me importa mucho si estos humanos se enteran o no de nuestra verdadera naturaleza… y recuerdo que no hace mucho a ti tampoco te importaba… no entiendo el porque de tu molestia.

-¡Sencillo, por que a diferencia de ti, los otros y yo ya nos hartamos de huir como ratas cada vez que luchas con esa maldita bestia de Inuyasha¡Nos hartamos de vagar por este mundo a la espera de que algún día logres obtener el control de esa maldita perla¡Durante años este ha sido el lugar perfecto para vivir, sin problemas, sin batallas, viviendo nuestras vidas con tranquilidad¡Y no dejare que tu y ella lo arruinen! – respondió iracundo el albino.

-Vaya… así que era eso… eres un tonto Hakudoushi… ¿En que nos afecta que los humanos hayan visto las serpientes? – preguntó Naraku.

-Realmente el verdadero problema no es ese sino el hecho que si esta gente vio como las serpientes cazadoras llegaban desde muy lejos hasta este lugar, también el grupo de Inuyasha las habrá visto y por lo tanto, seguirán su rastro. Recuerda que a ella la raptaste frente a los ojos de esa bestia, por lo tanto el hará lo imposible por localizarla.

Naraku se quedo callado, lo que había dicho Hakudoushi era cierto, sólo era cuestión de horas en que el grupo liderado por su peor enemigo llegara hasta él y se iniciara una feroz batalla. Su sonrisa siempre maliciosa desapareció de su rostro y dio paso a una mueca de preocupación. Pero no era preocupación porque la batalla destruyera el lugar, daba igual ya que fácilmente podría buscar un nuevo escondite ni muchos menos le importaba la gente ya que para él, eran simples peones de su ingenioso plan formulado junto con Hakudoushi para pasar inadvertidos. Realmente su verdadera preocupación era Kikyou, la simple idea de que le fuera arrebatada de las manos por Inuyasha lo aterraba y al mismo tiempo lo enfurecía.

-¿Qué planeas hacer Naraku? – preguntó Kikyou al ver que el hanyou se alejaba de ella y se bestia rápidamente.

-Hakudoushi tiene razón… no debemos dejar que esa bestia llegue hasta aquí… - respondió Naraku sin atreverse a mirar a la sacerdotisa.

- Vaya… al parecer ya recapacitaste… bien entonces te esperare afuera… ya los otros nos prepararemos para salir a detener el avance de esos idiotas – exclamó Hakudoushi tras escuchar las palabras de su creador y rápidamente salió de la habitación.

-¿Naraku¿Qué vas hacer¡Naraku¡Contéstame! – vociferó la sacerdotisa mientras se colocaba la ropa.

-Voy a recibir a Inuyasha… planeó darle una bienvenida que jamás olvidara – murmuró con una sonrisa el monstruo.

-Un momento ¿Y que pasó conmigo?

-¿Contigo? Te quedaras aquí… eso lo único que harás…

-¿Quedarme¿Por quien me has tomado? Yo iré contigo…

-No… tu quedaras… no necesito que estés ahí para distraernos… - respondió con la misma altanería de siempre.

-No me voy a quedar…. Yo saldré… no dejare que esto pase… quizás si salgo y me voy con ellos, se evita una confrontación…

-¡No¡Tú te quedas aquí! – gritó Naraku mientras se daba la vuelta y sujetaba por los brazos a la sacerdotisa.

-¡Suéltame¡¿Porque rayos no me dejas ir¡Tú sabes que en cualquier momento nos podemos ver¡Si me quedó aquí, corres el riesgo de que Inuyasha te hiera de gravedad! – gritó Kikyou.

-¡Lo se y no me importa¡No dejare que Inuyasha venga por ti!

-¡¿Por qué?!

-¡Ya lo sabes¡Por que te amo¡Maldita sea¡Por lo que pensar en dejarte ir con ese bastardo me revuelve las entrañas¡Enloquecería no estar cerca de ti¡Hakudoushi tenia razón¡Me harte de estar huyendo como rata cada vez que el se aparece¡No podría soportar la idea de estar huyendo contigo cada vez que esa alimaña me busque¡Así que dejaremos a un lado los juegos¡Hoy vamos a saber quien rayos se queda contigo! – respondió eufórico el hanyou. Kikyou se quedó boquiabierta al escuchar las palabras de este y no supo que decir.

-Si… lo se… ni yo mismo me puedo reconocer… ya no queda mucho del Naraku que fui una vez – dijo sonriente el monstruo mientras miraba a los ojos a la sacerdotisa. Esta derramó un par de lágrimas y abrazándolo con fuerza, lo besó. El hanyou al sentir como sus labios eran aprisionados por los de la miko, correspondió el beso con mucha pasión. Estuvieron unidos en aquel beso por varios minutos hasta que el sonido de una terrible explosión acompañada de gritos de pánico y rabia los hizo separarse.

-¡Maldita sea¡Naraku sal¡No seas un cobarde y dame la cara! – se escuchó un grito que hizo que la sacerdotisa involuntariamente temblara.

-Es hora de que salga… quédate aquí y deséame suerte – murmuró Naraku y tras besar la frente de la sacerdotisa, salió de la habitación. Kikyou se llevó una mano al pecho al ver como el hanyou iba a pelear y cerró los ojos, deseándole la victoria.

¿Que tal¿Les gusto el lemon¿No les gusto el lemon¿Me odian y quieren que deje de escribir lemons? La respuesta es sencilla, envienme un review y diganme lo que opina... las lines estas abiertas jejejejeje. En fin quiero agradecer a todos aquellos lectores que han ayudado a ser posible que este fic avanzara, me alegró mucho que aunque pase el tiempo, aun tengan interes en esta historia. Ademas agradezco a las personas que estuvierón al pendiente de "El Estigma De Tu Silencio" que como saben, terminó hace poco. Bueno ahora me despido, deseandoles suerte y esperando paciente sus reviews.

PD: Les agradeceria que fueran tan amables que me los enviaran los más pronto posible... digamos que la paciencia no es de mis virtudes más notables.