N.A.: ¡PAM PAPARA PAM! Luego de 84 años ausente he vuelto (?

Bueh, lamento mucho no haber actualizado en estos meses… Es que estaba con el tema de otro fic para otra página y blah blah blah… cosas que a nadie le interesa…

Bien… ¡Empecemos!


Capítulo 5: Familia.

–¡Hey, Oribu!

Un grito resonó hacia las naranjas arenas costeras, las pequeñas huellas que estaban incrustadas en ella se iban borrando cada vez que una marea hacía subir la humedad sobre las gravas minúsculas. Unos pies pequeños, causantes de las pisoteas, se detuvieron ante aquel llamado dejando que el agua, que iba y venía, mojase su piel suave y joven.

–¡Eso no se vale!– la pequeña se acercó hasta al niño con un ligero chapoteo y comenzó a regañarlo –¡Habías dicho que caminar sobre arena estaba prohibido!

El pequeño, de tez morena y cabellos oscuros, bajó la mirada hacia sus pies claramente posados sobre la arena húmeda de la playa. El chiquillo se cruzó de brazos negando con la cabeza aunque, claramente, sus pies lo delataban.

–Mis pies estaban en el agua, pero luego ésta se secó.

–¡El agua no se seca tan rápido, eres un mentiroso!– pataleó en el agua encaprichada salpicando por todos lados el barro anaranjado que, milagrosamente, no había aterrizado sobre el chico– ¡Le diré a Chiiru!– amenazó apuntando a un lugar nulo –¡Iré a decírselo ahora mismo!

–¡Bah! Eres una llorona, no aguantas nada– se burló a la par que desviaba su vista hacia el lejano mar –Además Chiiru no va regresar todavía.

–Chiiru regresará pronto ¡Yo lo sé!– caminó hacia el agua hasta que ésta lograra sobrepasar sus rodillas y apuntó a un lejano sol que se escondía en el horizonte –¿Lo ves? Ya se acerca la hora lunar, Chiiru ya volverá y le contaré lo que me hiciste– agregó muy confiada consigo misma.

–Él no me dirá nada por esas macanadas– sus ojos se desviaron hacia su hermana menor, ésta estaba al bode de caer un berrinche con lágrimas y pataleos, algo que causó en él una ligera alteración –Te daré un dulce si no le cuentas nada a Chiiru– abrió los brazos con una gran sonrisa, pues, sobornar a la chiquilla no era mala idea.

–¿Qué tipo de dulce?

–Cristales de jarabe... los de color rojo.

–No me gustan los rojos, prefiero los verdes.

–Está bien, de acuerdo, verdes serán– al ver que la niña asentía ligeramente una tranquilidad lo abrumó –Bien, que Chiiru no se entere lo que sucedió...

– ¿Alguien mencionó mi nombre?

Ambos críos voltearon al escuchar aquella voz, sus expresiones fueron claramente diferentes: del niño fue de susto, sus ojos se abrieron a la vez y sintió cómo su médula se escalofriaba hasta la punta del robo; el de la niña fue una grata emoción, sintió como era rescatada por el súper héroe de las historietas cómicas.

–¡Chiiru!– enunció la menor, realizó una corta carrera desde su posición hasta saltar a los brazos del joven, hundió su rostro en el hombro del joven y comenzó a lloriquear; hasta parecía ser un teatro trágico –Qué bueno que llegaste, Oribu me estaba molestando.

–¿Oribu?– repitió al fijarse en el otro niño –Vaya, vaya... ¿Pero que has hecho ahora?

El chico apreció una presión que nunca había sentido en toda su vida, los ojos de su hermano mayor, fijos y oscuros, lo taladraban agudamente. Tragó saliva esperando ser regañado pero lo único que recibió fue una sonrisa, una madura y sincera sonrisa de un adolescente serio.

–Está bien, pequeña, sólo fue un juego– indicó secándole las lágrimas con sus dedos –Vamos, ya no llores, no quiero que cuando crezcas seas una damisela llorona.

–No seré una damisela llorona– repitió recuperando un poco la voz luego del sollozo –Yo soy fuerte, seré siempre fuerte.

–Claro que sí– murmuró ligeramente. Continuó cargando a la niña en sus brazos y, cuando estaba a punto de iniciar su caminata, recordó las bolsas de víveres que había dejado al lado de sus pies –¡Hey, Oribu!

–¿S-si...?

–¿Puedes ayudarme con esto...?– ordenó mientras le pasaba las bolsas de tela con su cola, Oribu las tomó rápidamente hasta el punto de tambalear y casi caer –Bien, vayámonos a casa.

El niño no hizo más que obedecer, observó a su hermanita y, ésta, le había sacado la lengua mientras Chiiru se volteaba. Lo peor de aquello es que no podía reaccionar ya que se le caerían las bolsas o, esta vez, recibiría un buen regaño por parte de su hermano.

Como desearía no haber hecho trampa en su infantil juego.

Abrió los ojos ligeramente luego de una pequeña siesta que le había consumido por el camino, tuvo mucha suerte en no caminar para descansar tranquilamente en los brazos del muchacho. Trepó delicadamente hasta recostar su cabeza en el hombro de su hermano y miró todo el camino que habían dejado atrás: ya habían cruzado el pueblo, la imprenta, y la granja del señor y la señora Grihn; sabía perfectamente donde estaba, a tan corta edad ya se había memorizado varios caminos y lugares que visitaba casi a diario.

–Veo que te has despertado– susurró Chiiru con algo de cansancio; pues, debido a que Oribu ya no podía cargar las bolsas él tuvo que hacerlo.

–Ya estamos por llegar– justificó sobándose el ojo derecho –Tenía que hacerlo.

Un pequeño sendero de rocas porosas inició en la margen de una gran subida, un arco de madera de quebracho daba la bienvenida al territorio de una de las familias más conocidas por todo el planeta, muchos los consideran bastante importantes, pero en realidad sólo son unos campesinos escondidos, como los de la antigua época de la Guerra Stronil. Paso a paso los tres hermanos cruzaron el gran pastizal que los llevaba a su morada; la vivienda, de arquitectura contemporánea, se notaba desde la lejanía debido a la columna de humo que se perdía en el liliáceo cielo, mientras que las luces dentro de la cúpula de cemento se encendían con la presencia del anochecer.

-Seguramente que mamá está cocinando unos deliciosos sekihan picantes- anheló el pequeño, quien arrastraba sus pies por el suelo en señal de su cansancio y su tal deseo de poder cenar y dormir como un gordo animal.

-No es época de judías picantes- contestó el mayor cortando el antojo de su pequeño hermano -Esas cosas están muy caras en el mercado actual.

-Mamá está preparando katsu- indicó la pequeña con un poco de somnolencia, ambos chicos se voltearon a verla curiosamente -Ella me prometió que hoy lo prepararía, serán de ganso argénteo.

-¿Argénteo?- murmuró el adolescente -Puede ser posible, ya pasó la escasez de esas aves.

La pequeña niña volvió a recostarse con agotamiento, tanta habladuría sobre comidas le hizo revolver las tripas, la hambruna la llamaba y aquello era bastante notorio en gente de su raza. Su madre le había contado que con su hermano mayor -Ramish, Rapisha, o algo así- se peleaban por la comida siempre, aún si hubiese treinta kilos de alimentos servidos encima de la mesa.

Finalmente pararon frente a la fachada, una gran puerta de caoba los esperaba entreabierta dándoles el fácil paso. Antes de ingresar escucharon pasos tras de ellos, la niña levantó el rostro y, al instante, reconoció a los dos sujetos que hacías trote para poder alcanzarlos.

-Hermano, son papá y Califlu…- habló primero el niño, justo antes de que ella misma avisara lo mismo.

Un joven -aproximadamente de unos veinte años, pálido y con un peinado oscuro hacia arriba- traía consigo unas cuantas valijas, repletas de uniformes. El otro sujeto era un gran hombre mayor, de mirada gravemente tranquila, llevaba sobre sus hombros una estaca con recipientes con leche.

-¡Padre!- gritó la pequeña intentando escaparse de los brazos de su hermano, algo que fue inútil.

-Tenle más respeto, no grites- susurró el mayor como una orden. La niña sólo se dignó a ignorarlo de nuevo.

-¡Califlu!- lo llamó -¿No le dirás algo Chiiru por molestarme?

-¡Yo te salvé hace rato, niñata!

-Oye, Chiiru…

Unos bultos de tela cayeron frente al adolecente, quien se estremeció al ver quien estaba frente a sus narices. Ella, con algo de cuidado, no hizo nada más que saltar de los brazos de su hermano y correr junto a Oribu hacia su padre. Ambos, hermanos mayores, cruzaron miradas desafiantes a través de sus perlas oscuras que reflejaban sangre guerrera; el más joven mostró los caninos mientras que el otro, aliviando un poco más el gesto, dio un profundo bostezo.

-Acabo de llegar de una misión, no quiero que me fastidies con tus tonterías- luego de eso volvió a tomar sus cosas para ingresar a la vivienda a paso corto. El otro, observándolo de reojo, dejó escapar todo el aire que retuvo y volvió la vista hacia el frente.

-Padre…- murmuró cuando el hombre, seguido por los niños, estaba por cruzar el umbral de la fachada -¿Qué tal la misión?

El sujeto se detuvo de inmediato, los pequeños lo observaron con un poco de miedo y corrieron hasta el interior del lugar, aunque ella se escondió detrás de la puerta para observar lo que sucedía.

-¿Qué haces?- susurró Oribu sujetándola del brazo -Debemos ir adentro.

-Ve tú- se zafó del agarre y volteó hacia el pequeño hueco entre las bisagras de la puerta -Yo te sigo luego.

-Te van a matar- y, como si fuera una gallina, escapó de inmediato abandonándola ante la disputa de aquellos dos hombres. A ella no le importó ni un comino, su curiosidad era lo más fuerte en aquel momento.

Su padre enderezó la espalda y dejó los recipientes rápidamente en el suelo, milagrosamente ninguna gota se salió de ellos, y se colocó frente al muchacho. Chiiru no despegó ni un ojo a los movimientos sutiles de su viejo padre, aunque fuese casi un viejo aún tenía buenas tácticas. Ella pudo ver como el hombre hincaba la vara sobre el suelo y la sujetaba como si fuera un bastón de oro.

Y atacó.

Ella se cubrió los ojos al ver el latigazo que se dirigía al rostro de su hermano, no hubo impacto, prontamente más intentos fallidos de su padre se presentaron. Tuvo el valor para volver a ver la disputa, acercó su rostro hacia el marco y, gateando, se ubicó al lado del marco de la puerta.

El palo se movía con agilidad gracias al control del mayor, el muchacho hacía lo posible para no ser golpeado; ella sabía que su hermano no duraría mucho en ese estado. Pronto Chiiru contraatacó, su puño fue hacia el frente para golpear a su padre y, como si fuera por arte de magia, éste desapareció dejando que el golpe sólo diera a su capa.

Nuevamente apareció detrás de él cuando estaba distraído, con una increíble velocidad azotó la vara sobre el adolescente. Ella ahogó un grito al oír un azote contra el cuerpo de su hermano, pero, al volver a fijarse y procesar lo sucedido, el brazo del muchacho se encontraba como bloqueo ante el contraataque.

Pronto, la vara se hallaba partida en dos bajo los pies de ambos hombres.

-La próxima tú irás- mencionó el mayor cuando se colocó firme nuevamente.

-¿¡Qué!?- pegó un salto hacia atrás -¡Yo no estoy preparado!

Ella también se sorprendió ante la noticia, era bastante raro que su padre incluyera a otro de sus hermanos en sus misiones… ¡Y menos a esa edad! Califlu había tenido su primera misión al cumplir la mayoría de edad, a penas el año anterior, y tuvo un arduo entrenamiento para ser aceptado. Ver a Chiiru con la suficiente destreza y fuerza para ser aprobado le generaba una rara sensación, tenía un leve deseo de poder llegar a ese nivel, incluso superarlo, pero sabía que aquello sólo era un infantil sueño.

Las lloronas como tú nunca llegaran a tener el potencial ni para poder escapar de un simple enemigo…

Esas fueron las duras palabras de su progenitor, aquella vez ella no logró durar ni cinco segundos en una pelea contra él. Estaba adolorida y cansada, subestimó a su padre al pensar que no sería muy duro con ella, pero terminó con dos brazos y siete costillas rotas causadas por un simple golpe.

-Eso sólo fue el primer paso.

Pálida del susto, volteó a ver quién estaba detrás de ella. Califlu estaba a su lado, a cuclillas para estar a su altura, observando todo como si fuera un aficionado serio.

-¿El chico tiene estilo? Sí… ¿Potencial? También…- se detuvo para observarla, vulgarmente se limpió un diente con su uña antes de poder continuar -Sólo le falta experiencia, la próxima misión es en una semana, siete días de entrenamiento ya serán suficientes para ello.

Experiencia… Esa palabra rebotó dentro de la mente de la pequeña. Tenía poca edad, eso se notaba a leguas, pero la mentalidad era muy diferente a los de los otros niños de su edad; quizá sea por ser saiyajin o sólo se deba por su manera de prestar atención.

Necesitaba experiencias de batalla, a partir de ese momento debería estar en verdaderas misiones para saber cómo es una pelea de verdad. Su padre había sido guerrero desde muy pequeño y su madre sólo fue aspirante, nunca le atrajo las peleas, por eso sólo ayudaba a la abuela en la carnicería de su antiguo planeta antes de su extinción.

Aunque, si fuese sincera consigo misma, no le gustaban demasiado las batallas; sólo quería refregar en la cara de su padre lo que ella podría ser algún día. Será reconocida, superará a sus hermanos, logrará llegar al primer puesto sólo para no quedar en la sombra de nadie, nunca más.

-Pero tú eres tan sólo una niña…- ella se fijó en su hermano ante tan repentino comentario, por un segundo pensó que estaba leyendo su mente, hasta que volvió a hablar -Sé que te estás ilusionando con esto, te quedaste a observar la pelea porque te gusta pelear, es simple…

-No me gusta pelear- interrumpió. Exageradamente el otro se giró para verla.

-¿Disculpa?- cuestionó sin comprender -¿Acabas de darte cuenta lo que acabas de decir, pequeña? Te estás contradiciendo.

-Sólo me quedé por curiosidad- el joven arqueó un ceja dudosamente, ella bajó la mirada ante la presión ¡Califlu ya parecía ser un psíquico! -La razón por la que me interesan las peleas es porque quiero superar a todos esos inútiles guerreros y a nuestro padre.

-¿A él?- por suerte el muchacho logró controlar su risa, interrumpir la conversación entre su padre y Chiiru no sería buena idea -A esta edad no lograrías nada; aunque si llegases a entrenar hasta ser adulta, teniendo algo de experiencia, seguirás sin llegar siquiera a los pies de aquel vegete.

Como si fuese suficiente discusión el joven se colocó de pie, a paso lento se fue alejando de la pequeña. Ella ignoró su partida, su mente empezó a generar otra bochornosa tormenta que, quizá, no la deje dormir otra noche más. Observó la sonrisa de su padre cuando Chiiru se retiró del encuentro, era una sonrisa de satisfacción al no perder su tiempo en personas débiles…

Como ella…

Su padre, el líder supremo de las Fuerzas Autoritarias, la había humillado al saber que no poseía ningún potencial para ser guerrera. Y su hermano mayor, el más fuerte, le había refregado en su cara lo inútil que ella era.

Quería ser fuerte, sólo quería llegar a la cima; deseaba ver lo orgulloso que estaría su padre al verla como la saiyajin elite que él siempre quiso ser.

Pero ella era sólo una niña… Una débil niña…

-¡Hey, Paseru! ¡Ahora es mi turno!

-¡No digas tonterías, Parsuly!

Ver a esos dos pelearse era divertido, al menos para ella, claro. Paseru y Parsuly, mellizos púberos, siempre discutían por cualquier estupidez; pero tenían una conexión fuerte, una amistad que supera cualquier relación entre todos sus hermanos, siempre estaban juntos, hasta tenían un idioma secreto… O al menos eso le contó Parsuly…

-¡Cállense!

¿Desde cuándo Bito estaba sentado a su lado? Ni se había dado cuenta cuando él llegó allí, ella estaba acostada de cabeza y con los pies en la reposadera mientras se perdía entre su mente y a pelea de los mellizos, no tenía intención en interesarse en otras cosas que la rodeaban en ese momento; pero bueno, escuchar tan de pronto un grito por parte de aquel niño de once años la sorprendió bastante.

-No puedo ver a cúpula holográfica en paz…- agregó el niño.

-Es en serio, no es divertido ver como se pelean por un videojuego- ingresó al salón el mayor de todos, luego de morder la fruta que traía en sus manos dio un salto sobre el sofá haciendo que ella y Bito rebotaran en su mismo lugar. Vaya tonto, tan despreocupado luego de lo que había sucedido hace tan sólo una hora. El muchacho levantó una ceja al observarla y acercó el fruto hacia ella -¿Quieres?

-No, no me gusta.

-Mmm, patrañas… Tienes apenas cinco años, si no te alimentas bien no crecerás adecuadamente- dijo antes de volver su atención a los jovencillos, ella sólo lo ignoró -Oigan, mocosos, si quieren pelear es mejor que vayan afuera, tantos videojuegos les están pudriendo el cerebro.

-No son videojuegos, es un simulador de batallas que nos trajo mamá- indicó uno de ellos, el moreno con peinado decente -Y se supone que… ¡Ahora es mi turno!

-No seas codicioso, tú ya lo usaste ayer- se defendió el otro.

-¡Pero sólo fue por una hora, tú ya vas dos!- tomó voz de nuevo. Pronto ambos niños empezaron a pelearse nuevamente, algo que colmó la paciencia del mayor.

Ella se cubrió los oídos lentamente, ya sabía lo que se estaba por venir, conocía bastante a Califlu para saber sus reacciones de memoria. Su hermano la vio curioso, el pobre quedará sordo luego de esto.

-¡Paren, gusanos incompetentes!

El silencio abrumó en la sala. Los mellizos temblaron de miedo hasta que las colas se le erizaran como un plumero, Bito cayó de su asiento y, gateando, huyó de la habitación antes de que la furia de su hermano pudiera devorárselo también. A ella no le interesó aquello, más bien, sólo se fijó en aquellos dos que se estremecían como gelatinas; y no, ilusos, esto aún no terminaba.

-Es mejor de dejen de azotar sus colas entre sí y aprendan a compartir o si no…- enderezó su espalda y se puso firme ante esos dos niños, una mueca malévola se formó en sus labios cuando una flama azul se formó entre sus dedos -Se la verán conmigo…

Ambos mellizos se miraron con desesperación. El más pálido tomó sus visores y los demás artefactos del simulador y se los lanzó a su gemelo, al estar libre de aquellos objetos se fugó para, seguramente, esconderse bajo las faldas de su madre. El otro, por puro impulso, siguió a su hermano llevando a rastras todas las cosas como si fuese una mula.

-Eso fue cruel…- mencionó cuando se destapó sus oídos, observó a su hermano con recelo mientras éste volvía a relajarse y hundirse entre los almohadones.

-Fue un acto responsable, alguien debía intervenir antes que pudiesen llegar a los golpes- fue su clara respuesta -Si nuestro padre estuviera aquí presente ya sabrías que pasaría.

-Los pulverizaría a puños- explicó y, justo cuando el chico estaba por replicar, continuó -Y si mamá estuviera frente aquí él los pulverizaría sólo con simples regaños.

-Eres raramente inteligente.

-¿Para tener cinco años?- soltó del asiento y estiró los brazos hacia arriba -Papá, a esta edad, ya formaba parte de un escuadrón de clase alta, bastante.

-Clase media-alta- corrigió el chico -Y no necesitó ser sumamente inteligente para serlo- ella volteó con curiosidad al oír eso -De igual manera, no podrás conseguir nada porque eres una niña.

-Puedo lograrlo- se giró completamente para, intentar, enseñar los dientes a su hermano -Yo también seré una gran elite y superaré a nuestro padre.

-Mira, no quiero destrozar tus sueños princesita- sonrió al verla de reojo; ella se sorprendió, no por aquello, sino por aquella sombra que se deslizaba tras su lomo -

El sonido de un guantazo lo hizo callar, ella cerró los ojos ante tal temeroso golpe. Una risilla de escapó de sus labios, tan dulce e inocente, como supuestamente tenía que ser. Califlu transformó completamente su rostro al recibir tal golpe y, cuando estaba por protestar, sólo se mantuvo callado; se podía sentir la energía calmada del chico mezclada con el aura pesada de la señora Pepp en todo el ambiente.

-Mamá…- alivió el tono de su voz al ver a la mujer con los brazos cruzados -¿Por qué…?

-¿Por qué?- lo imitó con un tono abobado y sarcástico. La niña se cubrió la boca al oír aquello por parte de su madre -¿Cómo te atreves? Ella puede lograr ser alguien increíble en un futuro… ¡No importa si es mujer!

-Yo no le decía nada por ser mujer- contraatacó el adolescente -¡Lo dije por el simple hecho de su edad!

-¡Deja de excusarte, Califlu!- se entrometió la pequeña. La furia de su hermano la chocó como un huracán con tan sólo el contacto de las miradas, ella retrocedió unos pasos para esconderse tras las finas pernas de su madre.

-Califlu, cállate.

-¿Por qué lo haría?

-Porque soy tu madre, yo te lo ordeno.

La menor de todos se encogió en su lugar, cerró los ojos ante el deseo de calmar la discusión que fue causada por su culpa. El pavor se ocultaba en su interior, crecía a cada segundo con el fin de consumirla por completo hasta no quedar ni un pelo.

Sí, ella tenía miedo en ese momento, después de todo era una niña que se orinaba encima ante la presencia de cualquier problema. Pero aún estaba en su lugar, helada pero firme, sin volver a retroceder o encogerse como una simple hormiga; aún mantenía la mirada sobre su hermano que, mudamente para ella, seguía lanzando palabras duras a su madre y viceversa.

-¡Cállate!

Gritó. Pero nadie pareció escucharla, algo más captó la atención de todos.

Como si fuese la causante una gran onda expansiva cada restalló violentamente, desde el más cercano a la disputa hasta el último que se encontraba en un rincón, dejando un susto y humo en toda la vivienda. Pero lo más llamativo fue cuando, al final, se presenció un gran explosión arriba de la casa, el fuego rápidamente empezó a consumir las paredes cubriendo las salidas e imposibilitando la visualización en la zona.

Ella empezó a desesperarse, su madre la tomó como un cachorro y corrió a buscar a los otros dos menores; sólo podía ver borrosamente entre en cuello de su madre, el aire contaminado la estaba afectando bastante. Finalmente llegaron afuera, abrió los ojos encontrándose con los ojos llorosos de su madre, levantó la vista y observó que cada uno de sus hermanos estaba a salvo.

Pero faltaba alguien.

Un grito resonó por todo el lugar una ráfaga de viento se escapó desde los adentros de la casa, el fuego de disolvió por completo dejando sólo aquellas machas oscuras de su recorrido. Pudo ver como su padre salía de la casa, que aún estaba decente, y volaba hasta el techo de la misma; su madre estaba dispuesta a ir también y ella, por miedo a quedarse sola, trepó por su espalda cubriéndose con la larga melena de la mujer.

-Gakins, aléjate- fue lo que escuchó por parte de su padre al momento que llegaron a la cima de la morada -Esto puede ser peligroso.

-¿Que fue lo que sucedió?- exigió la mujer encaminándose a pasos largos hacia donde ocurrió el problema -¿Nasuiro?

Se aferró a los hombros peludos de la chaqueta de su madre, su atención se centró en una cúpula de color oscuro, algo que nunca había visto. Su padre tomó aquella cosa y la estiró para arriba como una cajuela, revelando así una columna escondida, pero estaba completamente carbonizada e inservible.

-Maldición- chilló el hombre colocando nuevamente el aparato en su lugar con brusquedad -Este rastreador soporta cantidades impresionantes de ki. ¿Cómo fue posible que estallara de tal manera?

-No creo que fuese una falla mecánica- cuestionó. Ella podía sentir la voz grave de su madre al mencionar aquello, esa voz era bastante perturbadora y grave, indicaba perfectamente que algo no iba bien.

-Eso también pensé…- sus manos siguieron recorriendo por el casco destrozado -Pero… ¿Qué sería lo suficientemente poderoso para que no resistiera tanto ki?

La pequeña se aterrorizó ante aquello, creía que eso, en parte, era culpa suya; incluso le dio ganas de disculparse por causar tal catástrofe y prometer no volver a gritar jamás. Y cuando estaba por hablar y salir de su vergonzoso escondite algo la distrajo, al igual que a sus padres, se podía visualizar un objeto en el cielo; no, no era un objeto, más bien, se trataba de una persona.

Alguien estaba ahí, observándolos.

-¿Quién demonios es ese tipo?- gruñó su padre al aire -No es posible que sea ese sujeto que detuvimos el año anterior.

-No… no es él…

A través de sus pequeños ojos se pudo notar el terror absoluto, algo desconocido tanto para ella como para todos. Su madre la descubrió cuando ella aferró sus uñas su traje de combate y su cola le atrapó el brazo, como nunca lo había visto antes la apartó de ella empujándola fuera del tejado. Aterrizó de cara contra la tierra, se levantó a rastras y se centró en aquellas tres figuras que se dirigían a la cuarta.

Mamá, papá… Califlu…

Al procesar lo que estaba sucediendo empezó una corrida lejos de su hogar, la desesperación era un choque de adrenalina en su pequeño ser, se olvidó de sus hermanos, se olvidó de sus padres, se olvidó de todo con tal de salvar su vida… ¿Qué podía hacer ella? Es sólo una niña…

Una explosión se formó justo al frente, se detuvo de inmediato haciendo que el polvo golpeara su rostro. Retrocedió dio una vuelta con un tropezón para continuar su huida, estallidos por estallidos la seguían mientras que en la nube de polvo se podían ver sombras y oír escurridizas carcajadas burlonas.

-¡Oribu! ¡Bito!

Una bola de energía se cruzó al lado suyo sin tocarla.

-¡Paseru! ¡Parsuly!

Un temblor la hizo caer y rodar hasta llegar a una pequeña grieta.

-¡Chiiru! ¡Califlu!

Se recompuso y trepó con todo lo que podía.

-¡Mamá! ¡Papá…!

La vista se aclaró, miles de sujetos atormentaban el lugar e inundaban los cielos; pudo divisar a las naves de las Fuerzas Autoritarias, las personas huyendo y los cadáveres que empezaban a acumularse en los suelos. Se cansó, ya no daba más, su fuerza había sido inútilmente malgastada y su hora de morir se percibía sumamente cerca.

Se dejó caer de rodillas sosteniendo su cuerpo con sus brazos, su rostro se dirigía al suelo bañándolo de lágrimas de miedo ante aquella amenaza que no podía detener. Una sombra se asomó a ella, levantó la vista y su corazón se detuvo al ver al mismísimo terror en forma física.

Aquel sujeto tenía sujeto del cuello a su padre como si fuese un animal muerto, él se resistía pero parecía ser inútil.

-Vaya, vaya…- expresó el sujeto con una sonrisa juguetona, arrojó al hombre tras de sí recibiendo un alarido quejido -¿Pero qué tenemos aquí…?

No sabía cómo reaccionar, sus músculos no respondían ante algún movimiento que deseaba hacer, se paralizó ante la horrible idea de no poder escapar de esa jugada. No era un entrenamiento, no era una pelea con sus hermanos, no era una práctica de las fuerzas... Él era real y el peligro era real…

Con pánico presionó los párpados esperando el fin de su corta existencia.

Abrió los ojos con espanto, su conciencia se había perdido en la realidad de sus historias; los recuerdos la habían carcomido demasiado hasta tal punto de perderse de la realidad. Se fijó en cada uno de los presentes, ansiosos al consumir más información sobre ella; tomó aire y se recostó con cansancio en la reposadera del sofá.

-¿Y después que pasó?- cuestionó Bulma mientras observaba preocupada a la joven saiyajin.

-Redice…- frunció el ceño y se propuso para seguir relatando -Aterrizó aquella vez en nuestro planeta, asesinó a la mayor cantidad de los habitantes con el fin de dominar todo Tashoku, eso hizo que todos comenzáramos a entrenar para poder vencerlo cueste lo que cueste.

-¿Los de Tashoku también pelean?- preguntó el híbrido. Ella se tomó varios segundos en responder.

-Los tashokianos normalmente son guerreros, por eso teníamos un ejército bastante avanzado, gracias a ellos pudimos luchar contra Redice y su ejército durante cinco años.

-¿Cinco años?- la voz de Dendé se hizo presente acompañado de varios parpadeos -¿De verdad fueron cinco años?- Koron asintió con serena seguridad.

-Redice resultó totalmente herido y se alejó de los planetas por un tiempo para recuperarse, aprovechamos ese tiempo para entrenar muy duro- se fijó uso segundos en Trunks, notó que en sus ojos se notaba algo de ira y que, al instante, bajó la vista al suelo; sentía que algo de esta historia estaba afectando al chico -Nuestro planeta era un lugar muy bonito, lastimosamente se quedó como un lugar seco y sin vida, mi padre formó un equipo de líderes junto al ejército del planeta, los soldados y los líderes como yo realizábamos viajes defendiendo planetas que estaban siendo atormentados por los aliados de este tipo.

-Vaya, además de ser una increíble guerrera también eres buena persona- alagó la mujer antes de recogerse el cabello nuevamente.

-Así es, señora- no pudo evitar sentirse aliviada por eso, nerviosamente empezó a juguetear con un mechón que se escapada de su cabellera al n saber que más responder.

-No me digas señora, cariño- asignó con amabilidad -Dime Bulma.

-Está bien, Bulma- sonrió y volvió con su relato -Por eso soy nombrada "Líder número siete" ya que soy la séptima hija guerrera del líder supremo, nuestra misión es defender los planetas débiles y batallar Redice para exterminarlo.

-Ah cierto- Dendé chasqueó los dedos llamado la atención de todos -¿Cómo fue que llegaste a Namekusei, Koron?

-Estaba defendiendo el planeta Kumo que estaba siendo atacado por unos soldados de Redice, fui con un grupo de soldados y mi sobrino Blue- su mente se divagó entre aquel recuerdo de la cruel batalla al mencionar el nombre de aquel niño, agitó la cabeza y se centralizó en sus ideas -Pero Redice estaba allí, me enfrenté a él en una batalla pero el acabó conmigo, se volvió mucho más fuerte- golpeó los puños contra la mesa Haciendo temblar los recipientes encima de ésta -Estaba a punto de morir hasta que Blue junto a un aldeano me llevaron a una nave para que escape pero...

Las imágenes de aquel duro momento donde no podían hacer nada se plasmaron frente a ella, se podía ver a ella misma como un ser inútil ante los pies de Redice. No iba a permitir eso, no podía hacerlo. Un golpe en su orgullo se desencadenó cuando la llevaban a la nave, ella estaba siendo salvada por unos mocosos…

-Mi padre y mis hermanos estaban llegando a ese lugar- el recuerdo de la nave aterrizando en el lugar se impregnó en sus cabeza -Por eso necesito regresar…

Presionó la mandíbula y dejó ver los caninos. Su mente empezó a crear supuestas escenas en donde todos eran derrotados por aquel cruel sádico, ella podía impedir, si tan sólo se hubiera quedado en aquel planeta…

-¡No puedo dejarlos solos!- se colocó de pie inmediatamente y empezó a gritar al infinito -¡Necesito volver y enfrentarme a Redice para poder asesinarlo de una vez por todas!

-Koron...- susurró Trunks con un tono apagado. Ella lo vio asustado, sorprendido pero también asustado, no sabía a qué venía esa reacción. Volvió a tomar asiento en su lugar para poder tranquilizar sus deseos.

-Necesito volver para acabar con ese pedazo de basura…

El silencio abrumó la sala de estar. Dendé se paralizó ante lo que sucedía, Bulma observaba seriamente su taza de té y Trunks, sin cambiar su expresión, ocultó su rostro entre sus manos.

-Yo la repararé sin problemas- se colocó de pie y recogió los utensilios para luego encaminarse directo a la cocina -Una vez que investigue el diseño completo lo terminaré en un santiamén.

Una gran sonrisa se formó en el rostro de la pequeña saiyajin opacando sus lágrimas que estaban a punto de escaparse. Era sorprendente, difícil de creer, había tenido tanta suerte al encontrarse con Trunks y ahora tenía la fortuna que Bulma fuese una experta en máquinas. No tenía forma de expresarse en ese momento, sólo una palabra era lo suficiente para compensar todos esos favores que, milagrosamente, estaba recibiendo.

-Gracias...

Quizá su cruel destino esté por cambiar por completo, esto podría ser el principio de un nuevo rumbo para esta serena saiyajin…


N.A.: Tener seis hermanos… ¿Quién en esta época tiene tantos hermanos? (Habla la que tiene cuatro, ah)

Bien, espero que lo hayan disfrutado y esperen el siguiente capítulo… Que quizá saldrá dentro de unos 35 años más… c:

Baiz.