N.A.: Han pasado 84 años, he vuelto con esta historia que a nadie le interesa (? Wnom, enjoy!
Capítulo 7. Amistad en paz.
Otoño… Finalmente aquella época había llegado después de una increíble ola de calor. Muchos pensaban que el ambiente fresco ya nunca volvería a llegar debido al colapso climático causado por la liberación de toxicidades luego de la guerra contra los androides. Pero, gracias a las restauraciones forestales, el medio ambiente no se vio tan afectado y poco a poco el planeta fue volviendo a la normalidad.
Madre e hijo se habían levantado temprano como siempre, debían hacerlo para poder continuar el progreso de la corporación y demás. En cambio, Koron seguía roncando en su habitación, envuelta en sábanas al igual que un taco de frijoles, disfrutando su libertad como si no lo hubiera hecho por miles de años. De hecho, en toda su vida nunca había gozado tanta paz, era como vivir en un lejano paraíso; pues, para ella el significado de descansar era sumergirse en un oasis místico.
Y vaya que lo necesitaba.
Pronto, como un escurridizo ratón, alguien cruzó la puerta para disolver el efecto mágico que hechizaba a esta saiyajin.
–Koron…–murmuró el chico al llegar junto a ella. Por Kaio, en el tranquilo rostro de la mujer se notaba impreso el significado de armonía –Koron, ya son casi las once de la mañana, debes despertar.
En medio de intentos fallidos finalmente Trunks optó por separar las cortinas para dejar pasar la luz del sol. Tanto brillo impactó directo en el rostro de aquella bella durmiente haciendo realizara un gesto incómodo y volviera a girarse hasta quedar boca abajo.
-Cinco minutos más…
-Vamos- exigió una vez más pero aún así no hubo ningún resultado. Se obligó a pensar con detalle, debería existir alguna manera para poder persuadir a esa mujer de una vez por todas, el capricho era enorme en ella y hacerla despertar temprano era como intentar conseguir una hamburguesa en un bosque.
Sí, fantasioso. ¡Exacto! Sólo existía una cosa que podía captar por completo los instintos de un saiyajin.
-Bien- canturreó manteniendo la mira detalladamente a ese ser oculto entre las sábanas -Si no te despiertas entonces no podremos guardarte el desayuno -o almuerzo, teniendo en cuenta que ya estaban llegando al mediodía.
Las mantas se levantaron al aire expandiéndose hasta llegar al suelo, unos brazos se estiraron verticalmente dando los buenos días, el rostro de la muchacha indicaba claramente la molestia aferrada al cansancio a través de esos ojos hinchados. Además de un ok, el rugido de su estómago obtuvo lugar como respuesta. Suficiente para el morado.
Prefirió dejarla sola, para que se asee sin presiones, se notaba a leguas que era una dama que necesitaba su propio espacio, y él debía ser el primero de todos en darlo.
Volvió al laboratorio junto con su vieja madre, quien seguía plasmada en las reparaciones de las infinidades de maquinarias que componía la corporación, y él, dejándose jugar por la suerte, tomó sus cosas para poder iniciar con el proyecto de la cámara de gravedad.
–Trunks…– su madre rompió el silencio al verlo llegar –La pequeña…
-¿Koron?
-Sí- afirmó volviendo a su trabajo -¿Ya despertó?
-Con una buena ducha lo hará completamente.
–Bien…– se quitó los guantes luego de resaltar con alegría aquella palabra –Iré a prepararle un buen desayuno– dejó su asiento y, antes de salir del lugar, devolvió la mirada al chico –¿O lo harás tú?
–No lo sé– se encogió de hombros, apuntó ligeramente sus planos con un ademán –¿Qué es mejor?
Bulma dudó unos segundos ante la pregunta del muchacho. Trunks suspiró, sabía que había algo que la impediría ir a la primera.
–Tranquila, te cubriré– soltó finalmente y se encaminó hasta una maquinara reparada a medias –Además, el buen y dulce chocolate caliente de mamá sólo puede prepararlo ella misma.
La mujer sonrió convencida, segundos después desapareció del laboratorio a espaldas del chico, quien aún no empezaba a trabajar.
Al paso de los segundos el lugar permaneció en silencio, inundándose en una tranquilidad absoluta, una que por casi veinte años no obtuvo de ninguna forma. Bien, ya no tenía tiempo que perder, era la hora de poner inicio a su nuevo proyecto. Con papeles sobre la mesa, artefactos por un lado y una herramienta en la mano logró sustituir el silencio por la sinfonía de metales chocando y fusiles en movimiento, empezando así con el trabajo.
Pero, lastimosamente, aquella labor no duró ni diez minutos.
Ambas puertas del laboratorio se abrieron en par dejando ingresar a un chico, no uno cualquiera, sino aquel joven que se había ganado el corazón de cada habitante del planeta.
–¡Trunks!
La voz chistosa, las melenas de chocolate junto con la piel canela eran suficientes para indicarle a Trunks que su amigo, su primer amigo luego de la masacre de los androides, había venido a visitarle. Y vaya que sí había tardado.
–Oliver– murmuró aproximándose hacia el mencionado, ambos se saludaron con un abrazo –No te veo desde hace mucho tiempo.
–Dímelo a mí– expresó con cierto enfado –¿Por qué no me avisas que te habías marchado a otro universo?
–¿Universo? – recalcó el híbrido –Fue sólo a otro planeta.
–¿Ves? ¡De eso hablo!– lo abrazó nuevamente, pero esta si fue de sorpresa –Pensé que volverías a tu planeta natal.
–Oliver, el planeta de donde viene los saiyajines está extinto.
Sí, Oliver estaba al tanto toda la historia de los saiyajines, al menos todo lo que sabían Trunks y Bulma; ese terrícola carismático se había ganado rápidamente la confianza de madre e hijo. Cuando ambos chicos se conocieron, en una organización para repartir víveres a todos los indefensos, lograron compartir muchas cosas en común.
Oliver se había mudado recientemente a la Ciudad del Oeste para continuar con la repartición de bienes y, aprovechando la oportunidad, reforzar su relación amistosa con Trunks. Y es por eso que lo visitaba cada semana.
–¿Pero qué haría el planeta si tú no estás?
–Para eso estás tú.
–¿Qué podría hacer un tonto como yo?– disolvió el abrazo para observar directamente a los ojos del saiyajin, suplicando piedad –No soy en extraterrestre como tú.
–Pero tienes poderes y controlar correctamente tu ki– comentó encogiéndose de hombros –¿O no?
Oh, lo atrapé. Fue lo que se cruzó por la mente del mestizo cuando vio que su amigo quedándose sin palabras, pronto, se detonaron las carcajadas de ambos jóvenes. Oliver también era un guerrero, nunca se supo si se atrevió o no a pelear contra los androides, pues, a él siempre le encantó exagerar con todos sus relatos. Pero sí es verdad que éste humano pelea, después de todo, es un viejo alumno del maestro Roshi.
Quién sabe desde cuándo, cómo y porqué, pero así lo era. En los pocos entrenamientos que ambos tenían se notaba, incluso no evitaba llevar su traje de la Academia Tortuga, también le encantaba realizar las técnicas del anciano, menos la de leer revistas de señoritas en interiores.
–¿Cómo entraste a mi casa?– cuestionó Trunks, cuando entre charlas y risas ambos llegaron hasta el salón principal.
–Ya sabes lo amable que es tu madre– sonrió dejando relucir su aura de niño.
–No sé para qué pregunté.
Bulma amaba a Oliver como si fuera su hijo, lo cuidaba y ayudaba con lo que podía y viceversa. Aunque, las pocas veces que lo pensaba, él llevaba un ligero parecido con Gohan, sus gestos y su carácter bondadoso; quizás tener a otro hombre en sus amistades le hacía recordar al hijo de Son Goku, de todas formas ambos muchachos son muy importantes para él y su madre.
–Creo que tampoco debías preguntar eso si ya sabes la respuesta.
–Oh, bien…– susurró dejando salir una sonrisa –¿Trajiste los víveres?
–Suficientes para una semana más– recalcó con seguridad –Aunque, creo que esto estará por acabar.
–¿A qué te refieres?
–Digo que esto de las donaciones ya no cubrirán estas zonas, hablo de las ciudades que están acabando la reconstrucción, las organizaciones se centran más en los lugares más afectados– aseguró con el ceño fruncido –Esto no puede permanecer así por siempre, además, varias tiendas y negocios renacieron para abrir sus puertas en estos próximos meses.
–¿Quieres decir que te mudarás?
–¡Por supuesto que no! – exclamó volviendo a sonreír –No me iré más a ninguna parte, continuaré mi vida por aquí; conoceré una doncella hermosa, me casaré y tendré una hermosa niña que se llamará Hana.
–¿Y si es hombre?
–Hanno…– Trunks quiso reír ante la seriedad de su amigo –No, espera, se llamará Oliver Jr.
–Sí que planeas muy bien tu futuro– indicó luego encaminarse hacia la cocina, debía ordenar las cosas que había traído su amigo.
–¿Qué más puedo hacer, Trunks?– se acercó a él, dispuesto a ayudarlo –¿Mirar al pasado? Eso no quiero volver a hacerlo…
»Duele amigo, duele recordar esa época donde no existía la esperanza, donde no podías hacer nada más que esperar a que no te maten. Ahora es el mejor momento para planear y soñar que vendrá en el futuro, porque así te vienen las ganas de dar todo de sí mismo y seguir adelante.
Seguir adelante… Fue lo que resaltó en la cabeza del híbrido. Observó el pasillo, al otro lado estaba la cocina, donde posiblemente su huésped ya se encontrase desayunando. Recordó aquel momento en que la había salvado, esa mirada suplicando ayuda, quién sabría que podría haber sucedido si no la rescataba.
Recordó también esos momentos, años atrás, cuando Gohan murió, cuando ya no quedaban esperanzas. Recordó cuando revivió en el pasado, y poco después le habían dicho lo que hizo su padre cuando presenció su muerte.
De alguna forma todas esas memorias lo impactaron de repente.
Seguir adelante…
–¿Y bueno?– mencionó el moreno interponiéndose, tanto en su camino como en sus pensamientos –Vamos a entrenar.
-Así que para eso venías- Oliver asintió con emoción, Trunks observó hacia un costado excusándose –No puedo ahora, estoy ocupado, además, puedes ir con el Maestro Roshi.
–Pero él ya me enseñó todo lo que sabe– juntó sus manos en forma de ruego –Será una lucha rápida, tú no te cansarás demasiado y yo estaré satisfecho.
–Oliver, no puedo, quizás la próxima.
–Trunks…
El chico desvió su mirada hacia donde provenía aquella tierna voz. Apoyada de costado por el umbral, ocultando levemente la vergüenza que traía, se encontraba Koron con la mirada impregnada en Oliver.
Trunks sintió como una lamparilla se encendía para iluminar la situación. Él no tenía tiempo, su amigo quería entrenar y la única persona que conoce que puede pelear, a parte de ellos dos, era esa pequeña saiyajin aburrida.
–¿Quién es esa niña?– Oliver no pudo contener esas palabras. Trunks quiso callarlo de inmediato, con un golpe quizás, pero sabía que la intención del terrícola no era molestar ni mucho menos insultar a Koron.
–¿Disculpa?– soltó con desprecio a la par que se aproximaba a los muchachos –Escúchame bien, yo no soy una niña– el moreno cruzó miradas con el híbrido –Mi nombre es Koron, soy la Líder número siete, soy una guerrera y defensora… ¡Una saiyajin!
Oliver no estaba asustado ni nada por el estilo, parecía divertirse. Encaró con seguridad a Koron, la observó de pies a cabeza y comenzó a rodearla a paso lento, como si no quisiese perder detalle alguno.
–Si eres una saiyajin…– se detuvo frente a ella –¿Dónde está tu cola?
Koron observó detrás suyo, lo mismo Trunks, notaron que su cola no estaba allí. La mujer quedó en silencio unos segundos, contemplando con anomalía a sus espaldas, hasta que bajó un puño a la palma abierta de su otra mano, para llamar la atención de los presentes.
–Redice…– mencionó en voz alta –Ahora lo recuerdo, me lo cortó cuando me transformé.
–¿Transformar?– cuestionó el moreno. Trunks también mantenía esa incógnita en su mente.
–¿Cómo fui tan tonta?– ambos chicos se desanimaron ante la nula respuesta y la ignorancia por parte de la saiyajin. Pronto, ella se sobresaltó de repente, clavó los ojos en Oliver con suma sorpresa –¿Cómo sabes acerca de la raza saiyajin?
–Es que alguien es algo chismoso.
Trunks se estremeció en su lugar cuando su amigo lo había apuntado ligeramente con el dedo pulgar.
–Algún día tendría que habértelo dicho– se encogió de hombros, el terrícola sonrió ante tal honestidad –Somos amigos ¿O no?
No era necesaria la palabra para responder aquello, ambos sabían perfectamente que así lo era, dictado en el pergamino de la vida.
–¡Oh, entonces…!– exclamó el moreno, dirigiéndose nuevamente hacia Koron –¿Sabes pelear?
–¿Yo? – ladeó su cabeza como si no supiera que estaban hablándole, después de todo, no le daba tanta importancia las palabras del chico –Obvio- contestó encogiéndose de hombros, ajena a la intención de Oliver.
–Bien, entonces entrenemos juntos, Koron– sonrió con emoción mientras que se ya tomaba la iniciativa para marcharse –Además no será una gran pelea, sólo entrenamiento– se detuvo unos segundos para indicarle a la saiyajin que lo siguiera, ella se encaminó hasta él con extrañeza –Los saiyajines necesitan entrenar y mucho.
Koron volteó un poco para observar a Trunks, él sólo delineó sus labios en una sonrisa para indicarle a ella que todo saldría bien. Koron también lo hizo, sonrió, era la primera vez que ambos lograron comunicarse sin palabras. Se sentía agradable, ya podía notar la confianza que ambos se ofrecían. Y sabía también, de alguna manera, que ella se llevaría de maravillas con su mejor amigo.
Bien, era hora de continuar con lo que debía y así después dedicarle tiempo completo a la Cámara de Gravedad, o sino nunca lo alcanzaría a terminarlo. Y entonces acabaría siendo una bolsa de arena para Koron.
–Koron, llegaste.
En las afueras de la corporación, cerca de los montículos de escombros, se encontraba aquel muchacho en medio de todo, con una sonrisa brillante y los brazos en jarra, aguardando la llegada de la saiyajin. La mencionada, quien se aproximó al centro a paso lento, creyó que aquel hombre no se percataría su venida en ningún momento.
Y, aún más, si ella se encontraba a sus espaldas.
-¿Qué? - soltó cuando se detuvo a una distancia reducida del chico –¿Cómo sabías que era yo?
–Sentí tu ki– fue su respuesta. Koron encarnó una ceja justo cuando éste dio una media vuelta, quedando ambos frente a frente –Trunks y yo tenemos esa habilidad.
–¿Sentir el ki?- aquel concepto era casi desconocido para ella, fijó su atención hacia las sienes y orejas del moreno para intentar pillar algún artefacto pero no lo logró –No veo que tengas un rastreador.
-Oh, un rastreador… ¿Y qué es eso?
–Es un dispositivo para saber la cantidad exacta de energía de un enemigo– explicó señalando el costado izquierdo de su cabeza, justo donde debía ser colocado dicho dispositivo –Pero nunca he oído de esa habilidad, yo sólo se ocultar la mayor parte de mi energía para pasar desapercibida de los rastreadores enemigos.
–Yo te puedo ayudar, te puedo enseñar a sentir el ki y ocultar totalmente el tuyo.
Ella quedó pensativa un momento. No sonaba mal, aprender más técnicas sería muy beneficioso pero había un problema.
–¿El entrenamiento dura mucho tiempo?
–La verdad no, como ya posees una buena base tan sólo te tomará unos días– después de mencionar aquello cruzó los brazos frente su pecho y su expresión dejó ver por completo su seriedad –Pero ya depende de ti perfeccionarlo después.
–¿De verdad? – genial, el corto lapso la beneficiaría a montón, además sabía perfeccionar habilidades así como respirar –¿Cuándo comienzo?
Oliver lanzó una sonrisa nuevamente, se notaba la emoción en sus oscuras pupilas.
–Si quieres podemos comenzar ahora– encogió hombros, ingenuo ante la pelea futura –No creo que sea problema intentarlo a la primera.
Ella sonrió, no de la misma manera que lo hacía el chico pero aquello ni se notaba. Optó por colocar pose de defensa, estaba dictando claramente que no sería la que iniciaría el ataque, por fortuna Oliver captó el mensaje ya que se puso una postura de ataque muy voraz.
–¿Listo? –preguntó Koron, inseguridad y emoción se mezclaban como un cóctel en su voz.
– Sí…– aquella respuesta sonaba bastante dejadora, al parecer se le pasó un poco el licor inseguro.
Sin más preámbulos Oliver se desplazó hasta ella rápidamente, antes que ésta pudiese contraatacar tal movimiento predecible un puño la asaltó por el costado izquierdo, lo esquivó a duras penas y por instinto.
Es muy veloz. Resaltó ese detalle en su mente, pues, de un segundo a otro Oliver había pasado de estar a su frente a atacarla por la izquierda. Maldición, ese humano ocultaba muchas sorpresas, ya dependía de ella descubrirlas sin acabar perdiendo la batalla.
Era su turno de atacar, atrapó dicho brazo que tenía en frente con ambas manos y, dándole una vuelta sin dislocarlo, estancó al oponente, seguido lo golpeó con la rodilla directo al estómago. Lo liberó, retrocedió intentando recuperar terreno, antes de subir la mirada Oliver ya se encontraba nuevamente estable y listo para atacar.
No hizo nada más que lanzar un leve gruñido por lo bajo, esto estaría difícil.
En un parpadeo el terrícola emprendió vuelo hasta el cielo, Koron quedó desconcentrada antes de seguirlo. Una vez allí no pudo evitar lanzársele encima al chico una lluvia de puñetazos, éste los bloqueaba con facilidad, era imposible atinarle.
O eso parecía.
El cansancio por parte del chico empezaba a notarse, Koron aprovechó aquello y, sin previo aviso, cambió su estrategia elevando un puño directo bajo la mandíbula del oponente. Oliver retrocedió ante aquello, se refregó la boca, quizás para limpiar un poco de sangre le había salido, y sonrió satisfecho. Ella también lo hizo.
–Al parecer es difícil que te enfrentes a otros sin descontrolarte– indicó con modestia pero sin dejar de lado su posición como supuesto maestro, después de todo él la estaba entrenando –Si haces eso tu oponente puede leer tus movimientos.
–Eso lo sé– se defendió ella. Oliver tenía razón, no sabía qué demonios había hecho, la idea de conocer a alguien mucho más veloz que ella la desconcentró un poco –No lo repetiré.
–Bien– soltó optando nuevamente posición de pelea –Si quieres sentir el ki lo primero que debes hacer es leer los movimientos de tu oponente, no que ellos te lean a ti.
–¡Entendido! – expresó ella emocionada.
Esta vez ambos decidieron dirigirse hasta el otro para atacar, una vez de frente y a punto de chocar desviaron, volviendo a reaparecer de frente y estrellando los puños derechos entre sí. Koron se sorprendió, no había duda que Oliver también llevaba aquella misma expresión.
Pero de igual manera no había tiempo que perder.
Koron no esperó nada para presionar al terrícola nuevamente con puñetazos pero esta vez dejaría de jugar, la velocidad que tomaban estos era increíblemente superior a la sesión anterior. Oliver flaqueó más pronto de lo que la saiyajin esperaba, uno de los puños dio directo en la cara del chico desorientándolo de su accionar.
Era ahora o nunca. Con una fornida patada mandó directo al terrícola hasta el suelo. Éste tardó un poco antes de recomponerse pero, en un acto fugaz, Koron llegó hasta él para pisarle el pecho como una estaca. Oliver lanzó un alarido, rendido ante los pies de la saiyajin; ella lo tomó del cuello de la camisa.
Lo observó detenidamente, la piel canela brillaba por la capa de sudor y sangre seca que teñía los resultados del entrenamiento.
Pensar aquello le tomo mucho tiempo, suficiente para que Oliver abriera los ojos y golpeara lo suficientemente fuerte a la joven para quitarla de su camino. Koron dio directo contra el suelo, subió la mirada y se encontró con que el muchacho ya estaba levitando en vertical. En un parpadeo unas pequeñas esferas emergieron de los brazos extendidos del humano, éstas formaron una hilera hasta crear una enorme ronda resplandeciente.
–¡Deja de jugar!– dio unos pasos hacia atrás para recomponerse, Oliver no realizó ningún gesto – ¡Esa cosa no es nada!
Koron colocó los brazos al costado mientras lanzaba un grito no muy alto. Pronto, las pequeñas piedras cercanas empezaron a flotar creando después una coreografía a su alrededor, una luz blanca y muy poco visible la envolvió justo después que el grito cesó.
Oliver reunió la suficiente energía para completar su esfera atacante, no tardó ni un segundo más para lanzarlo.
Koron ni se inmutó cuando aquella fuerza amenazante se aproximó hasta ella iluminando todo el lugar, más bien, levantó una mano al frente y abrió la palma de la mano.
Mientras, en el laboratorio, las cosas iban de bien a mejor. El avance de la Cámara de Gravedad era un completo éxito, de aquí a unos pocos meses lo tendría frente a frente, ahora venía la prueba de gravedad. Pero quizás, antes de eso, era mejor ir por un poco de jugo, aquello relajaría por completo sus músculos que trabajaron toda la mañana.
Sólo era ir a la cocina, abrir el refrigerador, verter el jugo en un vaso y disfrutar…
La cocina se iluminó más de lo normal de pronto.
Un gigantesco estruendo hizo temblar la corporación entera, no pudo controlar su mano y el vaso cayó haciéndose añicos en el suelo. Diablos, sólo quería beber un poco sin tener interrupciones. ¿Tanto era pedir eso?
Salió al patio, no pudo evitar sorprenderse al ver un cráter al otro lado del mismo. Un carraspeo lo quitó del trance, bajó la mirada encontrándose con Koron y, detrás de ella, estaba un Oliver inconsciente y aniquilado.
–¡¿Pero qué…?!– no terminó la frase, se adelantó a auxiliar a su amigo. Éste arrojó un quejido, qué alivio, estaba vivo pero no estaba del todo bien.
–Los humanos son muy débiles– terminó aquello con un soplido –Pero bastante inteligentes.
–¡Eso no te da derecho de casi matarlo!– miró al chico quien poco a poco empezaba a abrir los ojos en medio de leves gimoteos –Oliver no es como el resto de los humanos, es mucho más fuerte, pero comparado con un saiyajin es muy débil, deberías tener cuidado.
–Es alguien increíble– apenas se escuchó por parte del terrícola, Trunks dirigió su completa atención a él –La saiyajin es increíble…
–Oliver, resiste un poco.
Llevó su mano hacia el bolsillo de la camisa del moreno, luego de rebuscar unos segundos logró extraer de allí una pequeña pepita. Sujetó al herido de la nuca levantando así un poco su cabeza y, como si fuese adiestrado para ello, le dio de comer la milagrosa semilla.
–Tienes suerte de llevar siempre una de esas semillas–murmuró el saiyajin esperando con paciencia la recuperación en su amigo.
Oliver tragó luego de masticar con cuidado y, antes de que cualquiera se diese cuenta, ya estaba de pie como nuevo.
–Ya sabes, no quiero salir muerto después de entrenar contigo– soltó una carcajada nerviosa antes de dirigir mirada a la mujer presente –O con cualquiera.
Trunks sintió un profundo alivio, si algo le sucediese a Oliver estaría en graves problemas, muy graves la verdad. No deseaba para nada presenciar la muerte de alguien más, menos de su mejor amigo, y sin esferas para remediarlo no tendría oportunidad para excusarse del cadáver. Y tener a la policía en sus talones era lo último que deseaba.
Un puño se estampó directo en la boca del estómago sacándolo de su trance momentáneo, se vio obligado a agacharse y cuando lo hizo fue estirado de la camisa hasta un costado.
–¿Qué demonios se ha tragado? – susurró Koron a su oído, sin despegar la vista de Oliver.
–¿Q-qué?
–Yo fui la primera en hacer una pregunta, así que responde.
–No era necesario que me golpees– se recompuso de nuevo a la par que se enderezaba como debía –Ni tampoco susurrar, no es nada confidencial o algo así.
–¿Qué nunca te enseñaron a disimular? – continuó hablando por debajo pero esta vez dirigiéndose a pleno a Trunks.
–¿Hablan de las semillas? – interrumpió el moreno, Koron se sobresaltó en demasía, Trunks juraría que si ella tuviese su cola se la esponjaría como la de un gato.
–Sí, las del ermitaño– completó él.
–¿Roban las semillas de la cosecha de un ermitaño? – mencionó la joven con mera sorpresa –¿O acaso los ermitaños en su planeta son una especie de árbol?
Trunks no sabía si reír o explicarle con detalle aquello. Escogió la segunda opción mientras que, de alguna forma, Oliver prefirió la primera.
–Koron, aquellas son las semillas del ermitaño Karin– inició dispuesto a liberar toda la información que poseía –Karin es un maestro gatuno que vive en una torre.
–Aunque ahora está muerto– agregó Oliver al recuperarse de su ataque de risa.
–¡¿Les roban semillas a un pobre gato muerto?!
–¡No! –estaba por volverse loco –Yajirobe es quien nos otorga las semillas, ese chico era el aliado de Karin.
¿Y cómo era posible que Yajirobe les otorgue las semillas? Sencillo, antes de la muerte del maestro Karin éste le otorgó la última semilla del ermitaño a su alumno. En un acto de desesperación para salvar al gato Yajirobe volvió a la torre, con todo lo que sabía intentó cultivar las semillas Senzu, y cuando finalmente consiguió una Karin ya había perecido.
Después de eso Yajirobe intentó elaborar más semillas, las cuales siempre salían defectuosas, hasta que finalmente una de ellas se veía auténtica, se arriesgó a entregárselo a Gohan.
Y esa semilla fue quien salvó la vida de Trunks hace casi siete años.
–¿Trunks?
Volvió a la realidad luego de oír eso, parpadeó seguidas veces antes de empujar un poco a la saiyajin hacia el centro de la conversación.
–Por cierto, Koron se disculpa por lo sucedido.
Una exclamación se escuchó por parte de la pequeña mujer.
–No es necesario– contestó el moreno con una cálida sonrisa –Sé que no eres una mala persona, Koron.
–¡No tenías que hablar por mi!– nuevamente ella lo tomó de la camisa obligándolo a ceder y encararla –Yo puedo hacerlo sola– gruñó aquello en un tono bajo, similar a un predador a punto de arremeter.
–Pero has hecho todo un lío antes de siquiera pedir perdón– susurró él resistiéndose al agarre.
–¿Ah sí? – la voz de ella se tornó grave y amenazante –¿No querrás hacer un lío más grande cuando encuentren tu cadáver en mis manos?
–Eh… ¿chicos?
Ambos contrincantes desviaron la mirada hacia el muchacho de canela, quien con suma paciencia esperaba que alguno ofreciera su atención en él.
–Debo irme– avisó con normalidad ignorando la discusión reciente de los saiyajines, aunque lo haya escuchado todo aún así no borraba su espléndida sonrisa –Los siguientes cargamentos no se entregan solos.
Koron observó con demasía a Trunks, éste ya veía venir la tormenta de preguntas que esa pequeña nubecilla estaba por soltar.
–Bien, nos veremos la próxima semana entonces– un suspiro se escapó por sus labios, aunque las visitas de Oliver eran cada vez más recientes sólo duraban como una hora o más, ya que el muy idiota se escapaba de su trabajo. Justo como él en este momento.
–Intentaré que sea antes– respondió Oliver –Koron, continuaremos nuestro entrenamiento para la próxima.
Ella no respondió ante aquello, lo único que hacía era mantener los ojos clavados en rostro del moreno. La incógnita nació en Trunks, ladeando un poco pudo notar un enorme brillo en la oscuridad y una mueca intentando esconderse del exterior.
Quizás un estimulante físico la podría traer de vuelta a la realidad. Colocó su mano en el hombro de Koron, ésta reaccionó finalmente con un asentimiento más veloz de lo normal.
–Está bien, tendré más cuidado la próxima.
Esa respuesta ni el mismísimo todopoderoso se lo esperaba. Trunks creyó por un milisegundo que aquel ser que estaba a su lado no era Koron.
–Me parece genial– respondió Oliver antes de dar una salto para elevarse en los aires –¡Adiós, chicos!
En pocos segundos desapareció en las infinidades del cielo.
Koron y Trunks quedaron en silencio uno al lado del otro, perdiendo los ojos en el punto remoto del infinito azul, donde el moreno se había marchado dejando su alegría con ellos. De un momento para otro Koron se dejó caer sentada en el césped, tal acto alarmó al híbrido quien no dudó nada en intentar socorrerla.
–No me toques– ordenó al ver como se estaba acercándosele, Trunks retiro ambas manos sorprendido. Ella volteó y sonrió de lado –Era una broma, ya quisieras ver tu cara.
Por primera vez en todo el corto lapso en que se estaban conociendo Trunks pudo notar una mueca burlona por parte de la saiyajin, una que nunca se imaginó ni en los más remotos sueños. No era para hacer noticia ni para sorprenderse demasiado pero le daba una buena pizca de emoción saber que aquello era un paso hacia adelante para Koron, para él y para la confianza entre ambos que poco a poco iba creciendo.
Trunks tenía la certeza de que Koron estaba rota y que con una amistad en paz podría intentar reparar esa débil alma oculta dentro aquel cascarón que había construido ella, similar al que él había formado en todos estos años.
–Koron…
–¿Qué? –volteó hasta quedar cara a cara con el chico, tal cercanía sorprendió de inmediato a éste.
Por favor que sea una broma otra vez. Rogó en su mente, el mutismo de la mujer lo apresó en una dimensión lejana a lo que conocía, un sitio oculto tras esa oscuridad que formaba aquellos ojos. Debía escapar de trance lo más rápido posible, estar preso bajo aquella mirada penetrante no era una buena idea en esos momentos.
Hasta que su olfato percibió algo muy llamativo.
–Creo que debes tomar un baño– al fin reaccionó, logró retroceder sin ser notado del todo –Apestas un poco.
–Eres un pedazo de basura.
–No, es en serio– se justificó, ahora sí había vuelto por completo a la realidad dándose cuenta que estaba frente de Koron, sangre pura y resultado de una miserable vida de guerra. Pero aún así no dejaba de ser una increíble persona a quien ansiaba por descubrir.
–Me bañé ayer– se excusó.
–Ahora tenemos el agua suficiente para bañarnos todos los días, deberías aprovechar.
Ella dudó unos segundos antes de aceptar la situación. Ingresaron nuevamente hacia los adentros de la corporación sin más preámbulos, la joven decidió callar por todo el recorrido por los pasillos como si fuese un fantasmilla dentro de las grietas de la edificación.
Trunks conocía esa expresión dubitativa que poseía, era la misma que él había llevado a lo largo de su vida hasta que finalmente se pudo anunciar la paz en todo el mundo.
Luego de separarse de caminos una nueva idea asaltó la mente del chico, una que jamás en la vida había creído, pero al volver al laboratorio su cabeza volvió a llenarse de planeamientos lejanos, dejando aislada aquella simiente sentimental que se estaba desarrollando.
