2. Corazón infértil.
"Yo quiero un amor como ese, el que te arranca la piel para ponerte la del otro. Sentir los besos hasta el eco del alma, y la razón ¡que no exista la razón!..que no exista nada más que ella y yo. Pero ¿qué clase de cuento de hadas sería?, si vivo sólo yo en él y mi imaginación".
Draco observó desde su mesa cómo Ron besó la mejilla izquierda de Hermione. Ella se ruborizó tenuemente y se encogió como una cría avergonzada ¿era eso posible? ¡Dejar que sucediera en la escuela? No significaba más que un insulto al renombre de Hogwarts permitir demostraciones de cariño tan atrevidas en público, pensó enfurecido Malfoy. No tardó una vocecilla interna en hacerle reproche, diciéndole qué él, incontables veces hizo algo similar-quizá más de lo debido- y no venía al caso tanto enfado. Si a nadie más le molestaba, tampoco debía ser a él.
-¿No piensas comer Draco?-preguntó una chica mal encarada que estaba sentada al lado de Malfoy- recuerda que tienes quidditch mañana y debes procurar energías-
La joven frunció el entrecejo, luego observó dónde Draco tenía la vista. Le pareció qué en los últimos días Malfoy había iniciado un examen cauteloso de Gryffindor, específicamente del "trío de soquetes"-como les llamaba a Harry, Ron y Hermione- .
-¡He Draco!-codeó con el antebrazo-
-No molestes Pansy, no tengo humor-dijo irritado y salió del comedor-
Caminaba a toda prisa por los corredores. Bufando, maldiciendo y dando golpes al aire-o los objetos que se le atravesaban- cuando el camino se cortó por Snape.
-Necesito hablar contigo, acompáñame-
Malfoy le siguió hasta su oficina. Snape flanqueó la puerta no sin antes merodear los alrededores, seguro habría curiosos alumnos caminando por allí. Una vez dándose cuenta de la soledad, cerró.
-Bien Malfoy, hemos de tener cuidado. Las piezas han iniciado el movimiento-hablaba con serenidad- y aún no has conseguido el dichoso pergamino ¿Qué es lo que te tiene tan desentendido de tu objetivo?-indagó acercándosele un poco- No me mientas porque lo sabré- aseguró y metió cada mano por las mangas opuestas de su túnica-
-Nada de qué preocuparse, ya he terminado con eso-dijo vacilando sin querer mirarlo a los ojos-
-Algo me dice que no- se giró hacia su escritorio- otros asuntos no deben abrumarte, sobre todo los que tengan que ver con ..-
-¡A que vienen los reproches! ¡Todo ha sido culpa tuya desde luego! ¡Dime porque me infringiste aquel castigo en los invernaderos?-vociferó Malfoy-
-¡Qué se supone que hiciera? ¡Semejante idiota? No previste ser descubierto en la zona prohibida. Si no hubiese cerrado el asunto allí con el castigo, los cuestionamientos de tu presencia en el lugar no hubieran venido sólo de McDonagall. Si no también de Dumbledore-
Snape se acercó un poco a Draco mirándole fijamente.
-Y te advierto. Si cometes otro error, esta vez no podre encubrirte. Así que termina con tus distracciones y ..- dijo amenazante-
-¡ Si no tienes algo más que decir con respecto a tus "encargos"?, permite que me marche. Debo prepararme para realizarlos -interrumpió Draco exasperado-
Snape le miró enfurecido por un instante, tratando de analizarle los gestos. Suspiró con pesadez. Negó con la cabeza lentamente en respuesta a la pregunta y alentó la salida de Draco moviendo la mano derecha. Snape se quedó observando el espacio vacío que dejó Malfoy. Algo no andaba bien, le sentía distinto. Hacía meses que su actitud se tornó más artera de lo normal, no sólo con él sino también con su propia familia. Contradiciendo y desobedeciendo las órdenes de Luciuos incontables ocasiones, las mismas que le dieron severos escarmientos tanto verbales como físicos. Recordó verlo llegar cojeando una vez, y Draco adjudicó una caída de la escoba pero esa semana no se dieron partidos ni mucho menos entrenamientos. Sin embargo, hubo una visita de Lucius Malfoy un día antes. Sintió lástima por el joven, a pesar de todo, Draco era sólo una ficha entre todo aquel tablero de ajedrez.
Draco se lavó el rostro y colocó ambos brazos sobre el lavamanos en el baño de prefectos. Luego miró su reflejo en el espejo con tanta ira. Respiró pesado. Hizo una mueca de dolor y dio un puñetazo al vidrio partiéndolo en pedacitos, que luego volvieron a juntarse para formar el espejo nuevamente. Ahí estaba su reflejo otra vez.
-¡Maldita sea, maldita sea! –Vociferó desesperado y se echó al suelo-
Asestó unos cuantos golpes al frio piso de piedra y luego lloró acuclillado. Sí, Draco Malfoy había descubierto por primera vez qué era el verdadero dolor. La desesperación e impotencia de percibirse imperfecto, incompleto, ¡asustado! Y se taladraba la cabeza preguntándose cómo lo permitió y de qué forma todo se le salió de entre las manos. El jamás mostraba sentimientos. Eso era para débiles como Potter, Weasley o los malditos muggles.
Él, un mago de sangre pura. Un Malfoy, único heredero y mandamás. Dueño de tesoros, mansiones y sirvientes al gusto. El ser perfecto en toda la extensión de la palabra. Inexpresivo con los semejantes y correcto. Atlético y atractivo a la vista. Sin cabida para las amistades, los acogedores abrazos o el amor. Sólo las cordialidades, apariencias y palabras rimbombantes que un mago de familia con renombre debía poseer. Y así había sido desde siempre, hasta hace unos meses.
Ahora, tenía algo creciente en su interior. Algo que no quería permitirse reconocer: sentimientos. Que eran sino más que estupideces, ¡Tonterías que habían inventado para ensordecer! Para convertir en eso que él era ahí, el desecho en el suelo: una piltrafa de mago con el corazón derrotado. Sollozó nuevamente. Golpeó el suelo. Gritó con rabia descomunal. Y así permaneció- sin darse cuenta del tiempo- hasta que la luna se asomó por los vitrales. Trató de calmarse desviándose a los recuerdos, y trajo en sí uno dónde le dijeron una tarde de invierno, lo que era el amor.
Se metió las manos a los bolsillos y caminó a los terrenos detrás del castillo, hasta llegar a los amplios prados cubiertos de una capa espesa de nieve. No muy lejos divisó el brillo en los vidrios de los invernaderos. Así, entre mas se acercaba más funcia el entrecejo. De espaldas a él estaba Hermione Grenger meciéndose sobre sus pies, tarareando una cancioncilla y la melena enmarañada se agitaba con el viento ligero de la tarde nevada. ¡Porque carajos la sangre sucia estaba tan de buen humor? Se preguntó Draco antes de ver como ella se giraba.
-Ah eres tú, pensé que era la profesora McGonagall-expresó un tanto irritada-
-Tampoco es para mí un placer verte, precisamente –respondió Draco mirándole molesto- Déjame pasar que me congelo-
Chocó el hombro de Hermione antes de entrar al invernadero que ella tenía detrás. Hizo un gesto al percatarse de qué, la temperatura del lugar no tenía nada que ver con aquella en los acres de Hogwarts. De inmediato se descolocó la túnica, los guantes y el suéter.
-¡Por Merlín!-dijo Hermione cuando entró- ¡aquí esta para rostizar pollos!- tiró del cuello de su túnica-
-¡No digas tonterías de Muggles! Que no estamos en tu asqueroso mundo-le dijo molesto-
Hermaione apretó los puños y en el momento que decidió avanzar hacia Malfoy la puerta tras de sí se abrió. Era Snape que les miraba con detenimiento, como si fuera dictar sentencia a muerte.
-Bien, al menos saben lo que es la puntualidad-dijo sin más antes de adentrarse y recorrer los pasillos entre los cultivos- Ahora, al grano. Esto de aquí es el fertilizante que deben usar en las plantas- Señaló un costal que de vez en cuando se removía- aquello de allá es el tubo que trae el agua directo-señaló recorriendo con el dedo los conductos que terminaban en una enorme manilla de acero- Los utensilios están en el cobertizo de fuera- señaló una sombra negra al costado del invernadero que se adornaba con una puerta de cristal en la misma pared- ¿preguntas?-dijo con pereza-
-¿Podemos usar?- empezó Hermione-
Snape rodó los ojos con exasperación tras adivinar la pregunta.
-¡NO! Al primer indicio de encantamientos o pociones se les aplicará un castigo mayor-sentenció Snape- ¡Ahora a trabajar!-salió-
Hermione no tardó en seguir las acciones de Malfoy. Se deshizo de las ropas extras quedando en el uniforme común del colegio. Observó el lugar con detenimiento, las macetas desordenadas en el suelo enterregado, las palas colocadas en el alféizar de los vitrales, los taburetes de madera desgastada al lado en las mesas de cultivo. Las zanjas en el suelo con estaquillas en el centro separadas entre sí, todas rodeadas por una corta cerca de madera blanca. Y luego, Malfoy, que estaba al otro extremo del lugar tomando con las puntas de los dedos una pala corta con cara de asco.
-Tú embalas las semillas en las macetas, yo les doy riego -dijo Malfoy dejando caer la pala y cogiendo la manguera-
-No se dice embalar, ¡torpe! Se dice sembrar y además no pretendo hacer todo el trabajo sucio yo sola. Ándate y ayúdame a hacer los orificios en las macetas-
-¡No te atrevas a darme órdenes sangre sucia sabelotodo!-refunfuño-
-Con un estúpido como tú terminaremos para navidad ¿No leíste nada sobre herbología cierto? Y pensaste qué como yo sí lo haría, te limitarías a hacerla de crío bonito. Estas muy equivocado si no me ayudas yo..-
Ágil, Malfoy se escurrió hasta tenerla muy cerca. Hermione parpadeo un par de veces y sintió que las piernas se afianzaban rígidas al suelo. Draco le miraba con furia y desprecio.
-¡Tú qué?-preguntó amenazante- ¿irás a chillar en las faldas de tú querida profesora? O ¿será en las de Potter?-
Otra vez ese mareo. Debía alejarse pronto o Malfoy se percataría, ¡de qué? No lo sabía con exactitud. Hermione torció la boca y Draco sonrió con aires de autosuficiencia al verle alejar como pajarillo asustado.
-Sí, te acusaré. Te recuerdo que el castigo nos lo han impuesto por tu causa. Por cierto, ¿Qué diantres hacías entre los libros de magia obscura y reencarnaciones?-dijo haciendo dobladillos a las mangas de su blusa-
Draco se petrificó. Se alejó unos cuantos pasos mirando el suelo y volvió a su temple rígido. Hermione parecía retraída de momento, se acomodaba las ropas debido al calor.
-A ti que te importa-murmuró antes de tomar una pileta de macetas- mejor es que hagamos estas porquerías, quiero irme pronto, tengo entrenamiento-
Hermione quiso seguir las interrogantes. Era demasiado extraño que Malfoy se atreviera a estar en ese lugar, una muy grande y buena razón debía tener para hacerlo. Al mirarle de rabillo, se lo pensó mejor, ya encontraría la forma de que él se lo contase de a poco. Por ahora, solo le preocupaba terminar con las labores e ir a la sala común para estudiar los apuntes, se venían los exámenes finales. Draco, acomodó la pileta de macetas a un costado de los vitrales, tomó una e intentó hacerle orificios al fondo. Consiguió partirle en dos. Enfurecido echó el objeto al suelo y luego miró a Hermione que estaba de rodillas frente a las zanjas, incrustando los dedos en el pie de las estaquillas y colocando semillas. Se irritó aún más al ver que todo le resultaba tan fácil. Sonrió con malicia y tomó la manguera, no sin antes abrirla con sigilo. Mojó el cúmulo de tierra que tenía en el costado, tomó un poco y le dio forma de pelota. Tiró varias en dirección a Hermione, que lanzó un grito agudo cuando el lodo le cayó encima. Ella sacudió las manos y se miró las ropas, volvió la vista para encontrarse con la divertida expresión de Malfoy-junto a su risa cretina- y dirigiéndole la mirada más colérica que pudo forjar se le acercó. Suspiró tratando de buscar calma pero no lo logró.
-¡idiota! ¿no tienes ni idea de lo que es trabajo en equipo verdad?-pinchó el ego de Malfoy- y por supuesto ningún conocimiento sobre la tierra entre tus manos. Esto lo van a saber los profesores-estalló tratando de eliminar el lodo sacudiéndolo-
Malfoy le miró con enfado. Dejó aquello para acercársele.
-Te lo advierto, sangre sucia no voy a tolerar ninguna de tus..-
-Me llamo Hermione, Hermione Granger y no soy ninguna sangre sucia. Esto ya me lo pagarás después-señaló su blusa- Ahora fanfarrón, presta atención. Hoy solo quisiera terminar con esto para no tener que soportarte más. Y por cierto la tierra que esta acumulada allí no sirve para plantación-dijo con tono jactancioso- es tierra infértil ¡por que diantres crees que está fuera de las macetas? Es obvio que las retiraron para hacer verter nuevas. Así que, en lugar de perder tiempo y hacer doble trabajo, modera tus acciones ¡y ponte a trabajar! o te dejaré aquí solo sin ayuda, total hay 149 invernaderos mas que también necesitan atención y puedo dárselas yo misma-
Draco enfureció. Abrió la boca para protestar.
-¿Conoces el trabajo en equipo eh? Siempre terminas por hacerle de arriero con los idiotas que tienes por amigos, nadie te aprecia por lo que eres ¿Cómo podrían quererte sangre sucia? ¿No has pensado que la supuesta amistado o amor que puedan tenerte es nada mas por tu librería cerebral?-
-¡Que sabes tú del amor Malfoy? O ¿de la amistad? Si no eres más que un bobalicón con aires de grandeza. Los gorilones que tienes colgados como guarda espaldas no te tienen aprecio, lo más seguro es que sólo sientan lástima o miedo a tu familia de porquería. El cariño, es algo puro. El amor es aún más, quizá como el elixir de la vida eterna porque quién llegue a amar sinceramente, deja una huella imborrable en el alma del otro. Una huella que inclusive traspasará con él los umbrales blancos de la muerte!-
-¡Oh gran sabia de sangre sucia!- Draco reverenció después de burlarse-
-Sí, ríe no me importa. He sabido siempre qué no eres más que aquel saco de estiércol de murciélago, con un corazón tan infértil como la misma tierra que coges en tus manos. Un tempano de hielo y..-
Los apelativos se le truncaron en la garganta. Draco avanzó hacia Hermaione con los puños cerrados, y ella contuvo la respiración. Sus pies de nuevo parecían dos torres de plomo puro estacados en el suelo. Malfoy la observó enfurecido tamborileando los dedos entre sus palmas. Deseaba tomarle por el cuello y apretarlo hasta que el último suspiro. Luego entró en razón. No podía estrangularla, pero lo estaba humillando y quería hacerle lo mismo.
-Entonces, si soy un tempano de hielo porque no me regalas un poco de tu calor?-dijo con sorna acercándose más- o mejor aún ..una de tus semillas para mi corazón infértil-agitó las cejas lascivo-
Era demasiado para la paciencia de Hermione, sentía que quería estallar en llanto. Y no deseaba hacerlo delante de él. Draco le miraba con repudio, desprecio y quería sumergirla en el oyó más profundo que pudiere cavar pero no sin antes hacerla sentir desgraciada.
-Anda "Hermione Grenger" sirve de algo y diviérteme-Pidió con un tono de tan indecente y presuntuoso- las horas de trabajo se harán más cortas y además ¡a que otra cosa podría aspirar una sangre sucia como tú? Ser solo una diversión-aseguró riendo-
-¡Apártate!- huyó-
Draco Malfoy quedó extremadamente complacido porque logró sacar a Hermione de sus casillas y seguramente le impondrían un nuevo castigo por marcharse sin terminar los deberes. Luego le vinieron sus palabras como eco a la cabeza y la sonrisa se le borró. Que podía saber ella de sus sentimientos, sin siquiera conocerle lo suficiente.
Negó con la cabeza repetidamente queriendo borrar las imágenes, regresando en sí a aquella habitación húmeda. Luego sonrío con ironía melancólica percibiendo la aflicción agolpándose en la garganta, tanto que anhelaba desbordarle por los ojos, como un río desbocado que desea derrocharse. También le consternaba una presión en el pecho, un ahogo. Se paseó un tanto exacerbado, la mano izquierda por sus cabellos rubios. Hizo silencio largo para luego levantarse del suelo trastabillando con apatía. Sus gestos cobraron la habitualidad y atérido echó una última mirada a su apariencia en el espejo de los baños.
-Es hora-murmuró y se marchó.
