Hola, disculpen la tardanza. La verdad he tenido un montón de cosas ..espero les guste la continuación. Va siendo hora de ver más acción jeje..
Saludos y besos.
4. Helleborus.
El sol por fin había caído y el calor de verano se hacía notar por todo Hogwarts con un sopor extendido. Las luciérnagas lucían como el reflejo del mismo cielo en los pastos verdes que se alcanzaban por las ventanas y el canto de los grillos colocaban un sonsonete en aquella tranquilidad. El castillo rara vez solía ser violentado por las noches, esa era la excepción, la soledad fue quebrantada por pasos a cierta área del castillo: las mazmorras. Aquéllos pies severos se detuvieron en la puerta rolliza de madera desgastada. El chillido hizo eco sonoro en el corredor.
-¿Lucius?-preguntó con asombro –
-Necesito hablar contigo Severus-
-Claro-
Lucius Malfoy lucía tan inexpresivo como de costumbre. Severus Snape se franqueó y luego observó ambos lados del pasillo indagando; cerró la puerta tras de sí. Dado dos pasos dentro, Lucius cambio de pinta seria a endemoniada, resoplaba entre cortado y blandía su bastón con tanta furia que podía haber hecho un agujero en el piso del despacho.
-¿A qué debo el honor?-
-¡Te exijo una explicación!-estalló Lucius con un bramido-
-¿Explicación? -
-Draco…Draco acaba de ..¡Quiere dejarnos!-apenas dijo al derrumbarse sobre el asiento-
Snape ofreció asiento con un gesto tan rígido como de costumbre luego caminó con calma a la mesita detrás de su escritorio donde descansaba una tetera y un par de tazones. Vertió un líquido espeso y rojizo, luego se lo ofreció a Lucius quién sintió mareo, tanta bravura le había trabado
-Te hará bien-dijo sereno y volvió detrás de su escritorio- y, en cuanto a la explicación. No comprendo que quieres que explique. Conoces a Draco mejor que yo. Sabes exactamente lo que le está sucediendo y porqué-entrelazó los dedos-
-¡No me lo creo! ¡NO! ¡UN MALFOY CON..-Parecían trancarse las palabras. Sorbió de aquél tazón-
-Deberás calmarte. Es la fiebre del verano, cosas de adolescentes. Sólo quiere llevarte la contra por razones inentendibles. Hablaré con el mañana temprano y verás que todo vuelve a ser como siempre- Snape intentaba sosegar la rabia de Lucius-
A Snape le pareció que no habría nada en el mundo que lograra tal retroceso. Definitivamente el invierno pasado no solo hubo la peor tormenta de todas, también algo había cambiado en el interior de Draco Malfoy. Snape siguió observando a Lucius con detención, balbuceaba maldiciones mientras terminaba el brebaje; su rostro ceñudo y la comisura de los labios pálidos mostraban tan enfado que no cabía en sí.
-¿Terminó Draco con las peticiones?- Dijo Lucius después de un largo silencio-
-…No-Severus seguía mirándole. Tomó un pergamino de su escritorio y le abrió- Pero ya he averiguado donde está el encargo - Le extendió un pergamino, Lucius lo tomó vacilante. Snape metió ambas manos en las mangas opuestas de su túnica como acostumbraba-
-Ni siquiera ha podido con eso-farfulló Lucius tomándose la nariz ganchuda entre los dedos. Luego se acomodó como si recordase algo- ¿Le has encontrado? ¡Severus! ¡El señor tenebroso estará más que satisfecho!-curvó los labios en lo que parecía una sonrisa-
-No deberías mencionar esas palabras dentro de estas paredes- Reprendió alejándole estrepitosamente el pergamino en las manos – y te recuerdo que todavía no lo tengo en mano, no es para hacer celebraciones aún-
-Válgame, y esto era misión de Draco . Ese muchacho no hace más que darme problemas. No pareciere merecer el apellido Malfoy. Me duele aceptarlo-dijo decepcionado
-Nunca has logrado comprender su valía, le ves por sobre tu hombro- murmuró y guardó aquel papel amarillento entre los cajones de su escritorio-
Lucius entornó los ojos y apretó la mandíbula. Snape apretó los labios un poco con desaprobación, giró sobre sus talones y sentó.
-¿No me vas a dar clases de paternidad o sí?-recriminó no sin antes dirigirle una mirada aterida-
-No Lucius, pero si comprendieras un poco más sobre los críos malcriados, sabrías que no es bueno amenazarles. Se debe tener condescendencia al inicio, hacerles creer que estas de su lado, encontrar luego su punto más franco y es por allí-Dijo Snape con aquel pasmo acostumbrado en él-
-Con ese muchacho nunca he dado una-dijo Lucius indignado-
-Déjamelo a mí- estableció Snape-
Lucius sonrió con malicia. Snape carraspeó la garganta y abrió la puerta de su despacho. Lucius comprendiendo lo inconveniente que podía ser el que los encontrasen tan tarde vagando por el colegio, se retiró, no sin antes mover la cabeza en despedida.
Las tablas del sillón en la sala común de Gryffindor chirriaron en un eco vacío dentro de la habitación. Dos jóvenes se encontraban sentados en el, tan cerca que pudieren haberse confundido el uno con el otro. También, se podían oír los sonidos sordos de lo que parecían succiones aprensivas, con vehemencia.
-Ron- jadeó apenas audible-
-¿Uhmm?-mugió él antes de volver a besarle el cuello-
Ron besó la sinuosidad de aquel cuello que le semejaba terciopelo fino, sintiéndose tan atolondrado por el aroma dulce que su acompañante poseía; el aroma más fascinante nunca antes percibido, ¿que serían? ¿Lilas? ¿Rosas? Qué más daba cual flor fuese, era embelesador. Luego corrió los labios por las sienes de la chica que tenía entre sus brazos, con calma, enmarcando la comisura de las pestañas, la punta de la nariz y finalmente volvió a los labios de ella. Profundizó el beso con desespero introduciendo su lengua, haciéndolo más intimo y húmedo. Luego de permanecer así unos instantes, sintió que ella disminuía el movimiento de los labios hasta que se detuvo sobre los suyos.
-¿Qué sucede Hermione?- susurró -
-Y-yo..nada- respondió con indolencia-
Ron volvió a besarla y ella se dejo hacer. Resultaba tan cálido el cuerpo de Ron y Hermione concebía una protección indescifrable cuando se encontraba entre sus brazos. Pero, pese a que él era tierno, había algo que no estaba del todo bien, no lograba dentro de sí las chispas cuando él le besaba, ni esa corriente eléctrica recorriéndole el cuerpo entero cuando Ron le tomaba por la cintura, y qué decir de aquel vértigo que debía sentir cuando rosaban piel con piel. No había nada de eso. Ron Weasley le gustaba, ¡sí! Era guapo y siempre había deseado-desde pequeños y en secreto- que siquiera la valorara para estar a su lado. Pero en su interior algo era distinto. Reprendiéndose mentalmente, Hermione se concentró en el beso haciendo caso a la vieja añoranza infantil, introdujo las yemas de los dedos por la camisa de Ron, decorando el esternón con ellos. Pudo sentir la respiración acelerada de él y entonces le pareció inapropiado. Retiró la mano con brusquedad.
Ella sintió alguna vez la necesidad de tener a Ron así de cerca como ahora y meses atrás el hecho de siquiera imaginarse como su novia hubieran parecido sueños. Pero, algo ya no estaba bien, definitivamente no; ¡Eran novios en el presente! En éste presente, lo que no resultaba tan importante, en realidad, no era tan bueno como ella lo imaginó alguna vez. Se engañaba a sí misma intentando esconder la razón, el porqué aquellos besos no le producían ni el más fino interés, era más fácil fingir que aceptar la realidad, una tan obscura como la misma noche en que estaban sumergidos; la necedad no le haría flaquear.
La vocecilla interna de Hermione gritaba que parara. Volvió a detenerse inconscientemente cuando una mano de Ron se introdujo por debajo de su blusa vagando temblorosa. Hermione se rezagó un poco separando el cuerpo y Ron le miró extrañado, queriendo comprender la evasiva. Él no comprendía, antes ella abrió la veda y ahora ¿se detenía? Llevaban varios meses juntos, lo que había parecido un día- solo hubo un día donde ella le miró con lo que pareciera amor- el demás tiempo sólo fue eso: "evasivas". Internamente, Ron reconocía que Hermione había cambiado, pero su terquedad y amor por ella podían más. No quería aceptar abiertamente y mucho menos preguntar por su actitud distante pero, ya no quería seguir con las incógnitas.
-Discúlpame Hermione-soltó él con tristeza- no quise molestarte, he sido demasiado atrevido-
-No..está..está bien-balbuceó ella acomodándose la ropa y abrazándose a sí misma-
-Hermione, esto no..esto no puede seguir así. Dime la verdad ¿está todo bien entre nosotros?-indagó casi sin querer escuchar la respuesta-
-¿Qué podría andar mal?-hizo un gesto de dolor y estrepitosamente se levantó-
-Bueno, es que no parecemos una pareja normal. Cuando estamos juntos, esta tu cuerpo pero tu mente no ..o algo así..y qué decir cuando estamos-apuntó la situación moviendo ambas manos- no quiero que me mal interpretes. Te amo, me gusta estar contigo. Pero ¿y tú?-
-¡Tú solo piensas en "esto" Ronald?-rechistó haciendo el mismo ademan que Ron puntualizando la situación- No sé qué hacías con tus noviecillas anteriores. Pero esto es diferente-
- ¡Mis noviecillas? ¿pero que demon…?- Ron se levantó del sillón molesto- y yo no pienso en eso..solamente.. y en todo caso ¡qué habría de malo en pensarlo?, te amo, me gustas -se defendió- ahora ese no es el punto..aquí el punto es..-
-¡Me voy a la cama!-soltó con molestia tratando de desviar la conversación. Hoy no sería el día para confesiones-
-¡He! ¡Hermione!-le llamó- Por ahí no quedan los dormitorios de chicas…-murmuró al verle introducirse por el hueco del retrato en la sala común-
Hermione salió rápidamente de la sala común dando zancadas enormes y meneando los brazos efusivamente como si aquello le ayudase a alejarse más. Estaba molesta, triste, irritada por toda la situación con Ron y quizás lo que más le ardía era ese sentimiento de culpabilidad por seguir con él a pesar de que había algo más en su corazón. También estaba el hecho de sentirse estúpida por huir como una niña caprichosa, el hacer sentir mal a Ron y sobre todo permitir que su relación llegara a tal grado sin reservas. Necesitaba pensar.
Después de caminar sin rumbo ni dirección Hermione se detuvo un instante sobre el pilar al lado de la ventana. Se limitó a observar abiertamente el lago de Hogwarts, lo que nunca antes. La luna parecía bailar en el lago con su luz tan viva y blanca en toda la extensión de él; se escuchaban los grillos, las ranas y de vez en cuando se veían saltar lo que parecían pececillos. Sintió tal envidia por aquella paz pues ella deseaba al menos un poco. Fue entonces que aquel recuadro le llevó a recordar el día en que su corazón ya no fue el mismo.
El día siguiente en que Malfoy bañó de lodo a Hermione, se les otorgó un castigo severo por parte de Snape y MacGonagall al dejar de lado sus responsabilidades; el único alivio para Hermione fue que también Malfoy fue arrastrado y perdería sus entrenamientos de quidditch porque según la profesora, ir con el chisme no era honorable:
"Un equipo jamás debe de darse la espalda ni mucho menos vociferar el uno contra del otro a escondidas" recordó decir a la maestra después de secundar el sórdido encargo Snape:
"Recogerán flores de Helleborus en las faldas de la montaña en el bosque prohibido y debo advertirles que irán solos ya que Hagrid ha tenido que ir a Hodmesgade por encargos del Director".
Hacía frio, mucho frio. Hermione miraba la espalda de Draco Malfoy con rabia, deseaba tomar una enorme roca –si pudiere encontrar alguna en aquella espesa blancura- y darle con ella justo donde su nuca tendría seguramente un orificio escondiéndole el poco cerebelo que un "simio como ese podría tener". Luego se fijó en los mechones rubios danzantes a los costados de aquella cabeza, eran un poco largos casi rosándole los contornos de las mandíbulas. Se descubrió pensando luego en que si serían tan suaves cómo se observaban a simple vista. Se abofeteó mentalmente volviendo a su rabia disminuida. ¡Cómo era posible que perdiese el fin de semana en un castigo semejante si tenía tantos deberes? Y por si fuera poco con aquel frio descomunal y típico del invierno crudo.
Draco observaba la túnica de Snape que titilaba junto a sus apenas visibles pies. Pensaba en la cosas que tenía que hacer, los "encargos de su padre" y los del "él", específicamente los de aquel sujeto que le helaba hasta los huesos cada vez que lo tenía de frente. Draco recordaba bien la sensación que le producía el aroma de ese hombre sombrío, de cara taimada y actitud desentendida a sentimiento alguno. Se sintió mareado, apesadumbrado con ganas de vomitar y la escarificación en su brazo izquierdo le irritaba la piel, con una picazón parecida a la hiedra.
Ambos profesores pararon en seco, les lanzaron miradas escrupulosas después de haberlos dejado encaminados al inicio del bosque. Nadie dijo nada, los chicos solo siguieron caminando como sobreentendido de aquella señal para continuar el paso a solas. Hermione viró sobre su hombro para observar los cuadros escoceses hacerse más pequeños en la túnica de la profesora MacGonagall hasta perderse entre las espesas ramas de los árboles y la nieve. Caminaron en silencio un rato, acompasados por el relente del bosque, la escasa luz que se traslapaba entre los árboles frondosos y la espesura de la nieve en el suelo. Hermione empezó entonces a repasar mentalmente lo que había leído sobre la dichosa planta: las flores tienen cinco pétalos.. con un anillo en el centro similar a un cáliz..todas las plantas son venenosas, debe usted usar guantes..su color es verde o amarillo con bordes purpura y..
-¡Que haces estúpida?-
Murmuró Draco después de sentir todo el cuerpo de Hermione colapsarse sobre su espalda, casi enviándole a la poca hojarasca visible. Ella rebotó en el chico y sin poder hacer otra cosa que parar hasta el suelo nevado.
-¡Porque te has detenido tarado?-
Dijo ella acariciándose efusivamente a frente, el dolor del coque le produjo un pinchazo. Draco no se movió, ni dijo nada. Se giró lentamente, su dedo índice estaba transversal sobre sus labios y señalo luego delante. Hermione gesticuló un qué mientras levantaba un poco el rostro.
Un unicornio, estaba pastando lo más calmo y sigiloso a solo escasos metros de ellos. El animal parecía apacible, tan ensimismado en las yerbas que apenas se veían en el suelo humedecido y lleno de nieve. Hermione se levantó anonadada y lentamente, era ¡imposible! ¡Inaudito! Un unicornio allí mismo frente a su nariz. Hagrid ya les había mostrado algunos en sus clases, no obstante había dicho que jamás se hacían presentes cuando alguien merodeaba sus aposentos ni mucho menos permitían la cercanía, a menos que la consonancia entre ellos y los magos fuera limpia, casi palpable. Draco levantó la varita, ella se lo evitó.
-¡Lo espantarás!-
-Eso deseo-
-¡Cómo? ¿Serás imbécil? Esto es algo que no se observa todos los días-
Murmuraban con efervescencia. Las miradas chocaron llameantes, mientras las mandíbulas de Malfoy hacían gesticulaciones en reprobación.
-Suéltame sangre sucia, ¿acaso no ves lo que el animal se está atascándose?
-¡Helleborus!- abrió los ojos con sorpresa-
-¿Qué más si no?, ándate que quiero retirarlo para coger algunas y marcharnos ¡pretendo ir a mi entrenamiento!-
De un arrebato, tiró de su mano y levantó la varita. Justo en ese momento que Malfoy disponía soltar un hechizo silencioso, una flecha le cruzó entre las mangas de la túnica dejando a un muy pasmado y boquiabierto Malfoy. Hermaione abrió los ojos de sobre manera.
-Centauros, ¡Malfoy! ¡Corre!-
Recordando sus anteriores vivencias, Hermione emprendió la huida lo más pronto posible pero Malfoy no se movía de su sitio observando los arbustos revolverse frente a él.
-¡Vamos idiota!-
Le tomó por la muñeca y corrió en dirección opuesta, lo mismo él. Parecía lógico para Hermione y pertinente correr por donde sus pasos venían, quedarse en ese sitio significaba un largo cuestionamiento y seguramente la muerte. Pero, la contradicción a sus cavilaciones se fueron a la mismísima mierda cuando se percató, mucho después de haber dado todo lo que sus piernas podían, qué, no huían hacia los inicios del bosque, si no hasta las profundidades. Aquello parecía un laberinto blanco. Malfoy paró de pronto, cayendo en cuenta de lo que hacía y con quién; Hermione dio un tirón desplomándose contra él.
Se observaron por un minuto. Ella sobre él. Draco percibió cómo esos cabellos castaños y ondulados caían a los costados de su rostro como una cortina espesa resaltándole los contornos, aquellas facciones finas, definidas y pueriles; las mejillas rojizas de euforia, los ojos avellana con la incógnita tatuada y sus labios rosados..sus labios. El pecho se le alzaba y sumía tan violento contra el suyo. Sintió un cosquilleo recorriéndole el estómago ¡que mierda era eso? "Ella le resultaba bonita? ¿atractiva? " se descubrió pensando y luego la ira regresó.
-¡He …quita de encima tonta!-dijo antes de empujarla-¿Qué mierda ha sido todo eso Granger? ¡Has ajado mi túnica!-gritó enfurecido-
Ella pronto escudriño los alrededores para asegurarse que ningún sonido de herraduras les pisaban los talones. Malfoy se sacudía las ropas con desquicio.
"Granger, ¿acaso le había llamado por su nombre?" pensó Hermione después de espabilar y amedrentar la situación.
-..Yo..-De momento sintió un calor resoplarle por el cuerpo ¡porque? No lo sabía o quizá sí pero quiso ignorarlo. Él le había llamado por su apellido.
-¡Porque diablos corrías?, yo esperaba blandir la varita..hubiese acabado en cuestión de segundos-
-¡Si claro! Por mi estas vivo ..M-a-l-f-o-y. Seguro eran los Centauros, reconozco las flechas. Ya los he topado antes y créeme no hay manera de razonar con ellos y la magia.. –
-Bahh..semejantes semihumanos, ¡yo acabaría con todos! Lo hubiera hecho si tú no fueras tan entrometida..y..-
-Shhhht-
-¡Pero que dem..?-
-Shhhhhhtt-
Hermione escudriñó nuevamente. Colocó su dedo índice en los labios de Malfoy mientras observaba la lejanía en lo que parecía un sendero. Luego otra dirección, solo había nieve, otra, y otra allá entre los troncos gruesos de los árboles. Y por un momento olvidó donde se posaba su mano derecha. Estaba demasiado ocupada estudiando los sonidos. Draco sintió un sopor, aquel roce lánguido de los dedos suaves sobre sus labios, luego sobre su mentón y qué después pararon en el inicio de su cuello. ¡Maldita sea! le arrojaban una oleada eléctrica tan caprichosa por el cuerpo y con un vaivén casi tortuoso. ¿o seria el frio?. Ella escuchaba, las ramas crujir y la nueve graznar tras lo que parecían unos paso.
-¡Malfoy! ¡Abajo!-
Gritó antes de echarlo al suelo, y en cuestión de segundos un chispazo verdusco se estrelló contra el tronco de un árbol donde habían estado parados antes. Se miraron un instante, y arrastrándose buscaron escondite detrás del árbol dañado.
-¡Que ha sido eso?-
-¡Mortífagos! –
-¿Mortífagos? ¿en el bosque prohibido? ¡imposible! ¡si estuvieran aquí yo..-se acalló-
Hermaione pareció estudiarle un minuto y luego apretujo su cuerpo en el tronco al sentir cómo otro hechizo rebotaba contra este.
-¡debemos salir de aquí!-
-Expelliarmus-Dijo Draco-
El hechizo estalló por debajo de unos arbustos.
-¡Perfecto! ¡Idiota! ¡delata nuestra posición!-
-¡Y que desea su majestad que haga? ¿esperar que el árbol colapse mientras nos atacan?-
-¡No! Pero al menos no revelar nuestra posición. Primero hay que definir dónde provienen los hechizos tú..semejante..ahh-
Draco la tomó por la cintura y se echó sobre ella en el suelo. El árbol terminó por colapsar en su costado. Se miraron nuevamente. Luego Draco levantó la vista y pareció divisar una sombra escabullirse donde los arbustos. Se giró tomando el cuerpo de Hermione quedando nuevamente sobre ella.
-Suéltame tu..-
-Shhhhtt-
Ahora fue el turno de Draco buscar el silencio.
-Ya lo he ubicado, está a nuestro franco izquierdo, por suerte. ¡Viste el sendero que teníamos de frente?-
Susurraba Malfoy. Hermione sólo asintió.
-Bien, según Snape en estos lugares puede haber cabañas. Cuando el bosque no tenía tantos artilugios, se solía traer a los alumnos a preparar pócimas con plantas frescas. Es posible…-
Se agazapó un poco más. Hermione ahogó un chillido al sentir el cuerpo de Draco apretujarla contra sí. Otro hechizo rebotó contra los restos del árbol cercano.
-Debemos ir..buscar refugio-
-Ya lo he captado, ahora ¿podrás..quitarte de encima?-susurró lo más calmada que pudo-
-A la cuenta de tres..Uno…dos..-
Se levantaron a prisa y corrieron, dejando detrás hechizos al azar y sintiendo otros recortándoles cercanos. Hermione vio dos sujetos con ropas obscuras seguirles por lo que parecía un sendero descompuesto. Uno de ellos tenía un aspecto desagradable, casi podría estar segura que se trataba de Fenrir Greyback. Había visto su retrato de "se busca" en las tres escobas. Al otro no pudo reconocerlo. Draco también se percató de los sujetos. Ninguno paró de correr si no hasta que divisaron una pared de piedra destrozada. Ambos se colocaron tras de ellas.
Los mortífagos también se detuvieron. Draco indago por una pequeña perforación de la pared. Los individuos estaban rígidos observando, oliendo, indagando. Como dos llenas que efusivas se preparan para alimentarse de su presa acorralada. Fue entonces que lo comprendió. Estaban ahí para recordarle algo. Sus deberes quizás y las palabras de su padre. Hermione observaba los gestos de Draco, como si tratase de leerle el pensamiento. Sabía que algo no andaba bien, la expresión de su acompañante merecía la respuesta de alguien a quien buscan para asesinarlo. Pero, ¿el padre de Malfoy no se suponía un mortífago? Se preguntó ya que Harry les había narrado a ella y a Ron todo lo sucedido en el torneo de los tres magos entonces ¿Por qué habrían de intentar dañar a Draco?
-Debemos marcharnos-
Dijo al fin con un hilo de voz. Miró fijamente a Hermione.
-¿Y como se supone que hagamos tal cosa Señor Malfoy?-pinchó el ego-
-Shhhht..dame tu mano..-
-¡Qué?-
-¡Solo hazlo Granger!-
De nuevo su apellido, ¡porque mierda tenía que sentir un raro cosquilleo cuando de él lo pronunciaba? Y Aquellos ojos grises tan furiosos no le dieron para rechistar la petición. Ella le tendió la mano y después se hallaba teniendo una sensación de vértigo, como si alguien tomara el centro de su cuerpo y ejerciera un tirón en su ombligo.
-¡Dónde estamos?-
-En mi habitación, en ..la mansión Malfoy-
-¡Como?-
-¡Quieres guardar silencio?-
Exasperado acorraló a la chica entre la pared y su cuerpo nervioso. Le miró directamente a los ojos, destilando cólera pero a la vez pidiendo comprensión. Ella sólo asintió. Draco se paseó como un león enjaulado en su habitación, resoplando, trastabillando y susurrando para sí. Ella no sabía qué hacer, si sentarse, quedarse allí helándose por las ropas húmedas o protestar, arrojar preguntas, o simplemente hacer lo que él le pidió. Luego de sentirse nerviosa y asustada, fue calmando sus ansias y se abrazó a sí misma. Qué harían allí, si no, protegerse de aquellos individuos, pero la interrogante del día era, ¡porque había llevado una sangre sucia a la casa de un mago de renombre? Eso se supondría un sublime pecado ante los ojos de Lucius Malfoy. He ahí por donde empezar tu cuestionamiento, se dijo. Luego indagó con la mirada aquella lúgubre habitación estilo barroco.
Si bien, no había colores, ni retratos, ni nada que pareciere llenar el aposento de un poco de alegría. Todo era de un gris rata, muy costoso eso se veía claro en los muebles, pero al final solo como un retrato viejo.
-Te quedarás aquí un par de horas-dijo al fin Draco-
Él le miró tan calmado. Dando una orden y no una sugerencia
-¡Como?-
-Debo hacer un par de cosas, hemos salido de los terrenos en Hogwards sin permiso, hicimos una aparición sin tener licencia y…estas en mi casa. Además nos persiguen dos Mortífagos por si no te diste cuenta-
-Claro que lo sé..pero como supones que me quede sin hacer nada. ¡Sácame de aquí Malfoy!-
Era el lugar donde menos se disponía a quedarse sola. Habría apostado que hasta los mismísimos muebles de la habitación se le echarían encima por no ser una "sangre limpia" como solían jactarse los dueños del lugar.
-¿Por qué mierda eres tan necia? ¡quédate aquí, no puedes vagar por la casa así como así-
Draco se quedó vacilante un momento, se tomó las sienes, luego la barbilla.- No deberían de estarnos siguiendo, ¡no a mí!..debo averiguar por qué estaban..-
Hizo un gesto como si recordara algo. Guardo silencio. Draco observó por un instante un punto inexistente en el piso. Hermione le miraba analizándole. El Slytherin se había quedado pasmado. Los cabellos se le habían revuelto un poco, le caían por las sienes tan tangibles, en las mejillas, casi rosándole la barbilla y luego terminaban un poco desaliñados por sobre los hombros. Ya no tenía el rasgo pueril tan ceñido, su rostro dejó el redondo recuerdo infantil haciendo el mentón más articulado. Su cuerpo era delgado pero no dejaba de tener la anchura varonil, le había dado la espalda de pronto y se deshizo de la túnica rota. ¡Vaya que ya no era un crio! Había empezado a intrigarle la forma en que aquel chico se movía, hablaba, respiraba y lo que estaría pensando.
-¿Por qué no me dejaste allí? Era menos problemático dejarme morir ante mortífagos que traerme a tu casa-
Soltó de pronto Hermione.
-No podía dejarte ahí, sabiendo lo que pueden hacerte. Tú no tienes ni idea de lo que es este mundo en realidad Granger, solo vas por ahí jugando a hacer magia y metiéndote entre libros pero no sabes nada de la realidad. Tú nunca has visto la muerte, desesperación o la desdicha al mismo tiempo impulsada por una mano, por una varita... Y creo que no sobrevivirías ni un minuto ante ellos-
-¿Y tú si lo sabes acaso?-dijo ella con indignación-
El se acercó tan rápido que no lo vio venir. La tomó por los hombros y colocó sobre la puerta de lo que pareciere el armario y él.
-Sé mas…vi mas.. y sentí mas..de lo que tus ojos pudieren imaginar. Así que, Granger, si aprecias tu vida quédate en esta habitación-
Se miraron a los ojos, ella descubrió de pronto un destello de suplica en aquellos redondos ópalos grises. Hermione ciñó los dedos en la camisa de Draco de sobre manera, el contacto le hacía marearse, sentirse embelesada por el olor que despedía. Cerró los ojos un momento y sólo asintió como benevolencia a las peticiones.
-No salgas de esta habitación, así mueras de curiosidad, escuches lo que escuches o si llaman a la puerta, ¿has comprendido?-
Ella volvió a asentir. Y percibió como su cuerpo volvía a ser liviano. Draco se alejaba hacia la puerta despacio.
-Malfoy-
Draco, un tanto irritado ladeó el rostro un poco provocando que su cabellera rubia le cállese en el costado.
-¿Cómo sabré…como sabre que eres tu el que llama a la puerta?-
Él meditó un momento. Después se acercó con paso firme y se apoyó de nuevo en ella como antes lo hizo. La miró decidido y un escalofrío recorrió el cuerpo a Hermione. De momento pensó que le atacaría pero simplemente la tomó de las mejillas y la besó.
La besó con desesperación tal que Hermione ahogó un gemido entre los labios de Draco. Por un momento no supo qué hacer, ¡Malfoy la estaba besando! ¿y porque carajos no lo detenía? No podía moverse, era una estatua, un pedazo más de marfil en la habitación. Sólo dejó que aquel intruso moviera sus labios contra los suyos violentamente y cuando él pretendía alejarse, ella le tomó por la corbata cómo horas antes lo había hecho en el bosque y respondió con el mismo afán. Esta vez acompasando sus labios con el mismo desenfreno de él, Hermione buscaba aliviar aquel candor contenido, saciar la ansiedad de verterse en Draco pero ¡porque? No lo entendía. Se sentía adormecida, como en un letargo y su cuerpo liviano al rose cálido de sus lenguas. El corazón le palpitaba como locomotora, las manos y piernas le temblaban de repente. El aire se agolpaba en sus pulmones y segundos después parecía faltarle, como si corriera una maratón. Y de pronto tal cual la extrajeran de un torbellino, Draco se apartó un poco.
-Ahora, sabrás que responder cuando toque esa puerta y pregunte cómo besa Draco Malfoy-
Hermione no pudo responder, para cuando pudo articular una palabra Draco ya se había marchado.
-Engreído-
Murmuró colérica después de regresar en sí. Había que reconocer su estupidez, ¡vaya que dejarse besar por el Don Juan más conocido del colegio y peor aún, haber correspondido! ¡Y qué decir de estar metida en su casa! ¡En su habitación! Si sus amigos supieran, seguro la tacharían de una desvergonzada traidora. Pero de allí en adelante, ese torbellino de sensaciones no se lo permitiría más. Y todo por culpa de las dichosas Helleborus, pensó.
