Perdonen las faltas de ortografía, los errores de escritura ojalá les guste el siguiente capítulo.

Quiero agradecer que se tomen el tiempo y lean esta historia. También por comentar y hacerme ver mis metidas de pata, eso es de lo más genial por que así puedo mejorar.

Gracias.

Salidos y besos.

Capítulo 5. Lirios y ortigas.

El aula estaba a media luz, puesto que las diapositivas de época en la inquisición pasaban una a una con una breve explicación de la misma, un retrato de mal gusto ciertamente. La exposición de la clase de artes obscuras era demasiado desagradable a veces o agradable para algunos que disfrutaran de una tortura mañanera. Hermione se apretujó en su sitio cuando observó como trataban a los "muggles" considerados traidores a la corona y "herejes" o incluso a las verdaderas brujas. Cerró los párpados y por un momento sintió un par de ojos clavársele en el perfil, miró. Draco Malfoy le observaba desde su asiento dos filas más altas de la suya, circunvalando su anillo en la mano derecha y sus ojos profundos destilaban lo que parecía ¿rabia? Ella función el ceño y volvió la vista al frente antes de que Severus Snape se percatase de su falta de atención y aquello costase puntos menos a Gryffindor. La luz volvió por completo.

-Bien, espero que hayan disfrutado de un breve ejemplo de la idiosincrasia absurda que los "muggles" son capaces de poseer-dijo Snape-

Todos los alumnos de Slyterin rieron. Harry y Ron se miraron enfadados por el comentario y luego voltearon donde Hermione. Ella simplemente se encogió en hombros e hizo anotaciones en el pergamino.

-Para la próxima clase deseo un extenuante y detallado resumen de la época, tres pergaminos como mínimo. Retírense por favor- Levantó una mano alentándolos-

Los alumnos recogían sus cosas, otros se hacían filas en la entrada para salir de las mazmorras.

Harry observaba a Snape con detenimiento, como estudiándole los gestos. Ron vociferaba para sí mismo una que otra palabrota, que si su madre pudiera escucharle, seguro le amarraba la lengua. Hermione seguía ensimismada entre sus cosas.

-¿Cómo mínimo?- exhaló Ron por lo bajo- ese Snape idiota ¡que se piensa?, tenemos partido mañana y su clase es el viernes. Es un solo día..-

-Shhht guarda silencio Ron o nos reprenderán-dijo Hermione antes de darle un codazo en las costillas-

Estaba poniéndose temblorosa, la mirada de Draco no parecía querer dar tregua a sus nervios y sus compañeros notarían su estado si no concebía calmarse, por lo que se apresuró entre ellos. Hermione daba amplias zancadas hacia la salida cuando su paso se vio interrumpido por Malfoy. Trago saliva, ¡diablos! ¿y ahora que quería? Draco la miró, sus ojos grises parecían profanar su cuerpo, entonces Hermione abrazó más sus libros contra sí. Él abrió los labios queriendo soltar algo.

-Draco-Llamó Snape desde el fondo de la habitación-¿Puedes venir aquí un momento? Tenemos que hablar de tus deberes extra-

Ambos chicos dieron un respingo. Se miraron a los ojos por un instante, previo aviso de que la conversación-o lo que pareciere el inicio de una- aun no había concluido Draco le clavó sus ojos grises un instante más luego golpeó a propósito su hombro contra Hermione casi girándola completamente. Harry y Ron se apresuraron a su lado no sin antes dale unas miradas furtivas a Draco, quién simplemente les guiñó un ojo en gesto de burla. Snape estaba ahí y no cabía la posibilidad de hacer o decir algo. Hermione y Ron salieron de las mazmorras, el segundo murmurando aún una que otra palabrota. Harry dejó caer su mochila por "error" y todos sus libros se esparcieron en el suelo. Fingiendo entonces recoger sus cosas, se acuclilló. Draco llegó dónde Snape, que estaba frente a su escritorio apilando diapositivas.

-¿Si profesor?-dijo aterido-

-¿Has terminado los últimos encargos?-dijo Snape despacio-

-No, y no pienso hacerlo. Digamos que estoy un poco harto, ¡no!, cansado. Cansado de que tú y mi padre me subestimen-dijo en un susurro colérico-

-Te sugiero Draco que no me desafíes porque.. ¿Sr. Potter se le ha perdido algo?-

Harry se levantó pesadamente del suelo ya con sus cosas en mano. Draco giró medio tronco para observarle.

-No Profesor, es..so- solo que se han caído mis libros-

Colocó el último libro en su mochila. Miró a Draco, luego a Snape con algo de nerviosismo.

-Si ha terminado ya, retírese por favor ¿No querrá mas deberes o sí?-

-¡No! ¡Por supuesto que no Profesor!..con su permiso-salió-

-Ese Potter, siempre buscando meter su nariz donde no le llaman-dijo Snape-..ahora ..Draco-

-No me interesa seguir con esto-

Snape le miró buscando paciencia. Las mandíbulas de Draco se ceñían apretadamente, conjunto a la mirada desafiante y las manos metidas en sus bolsillos con aire de valentía. Snape le tomó por el antebrazo izquierdo y presionó su dedo pulgar al área media. Draco hizo un gesto de dolor pero no soltó ruido alguno. Miró a Snape fieramente a los ojos.

-¿Qué es lo que te está sucediendo Draco? ¿Por qué has cambiado de parecer? Te sientes muy valiente y conociéndote bien, no es propio de ti. A no ser que…te sientas seguro…respaldado-

-No sé a qué te refieres-farfulló Draco-

-¿Con quién has estado hablando Draco? ¿Acaso? ¿Has ido dónde Dumbledore?-

Snape estudiaba los ojos de Malfoy, que no movió ni un músculo sosteniéndole la mirada.

-Solo dices estupideces ¿Cómo podría ir donde el Profesor Dumbledore? ¿ no lo sabrías ya? ¡Eres su mano derecha!- se burló en un tono aflautado-

-Espero no pretendas traicionarme. Como ya te dije la otra noche, he prometido protegerte con el juramento inquebrantable y no tengo intención de perder mi vida por ello-dijo enfurecido- escúchame bien Draco he logrado establecer al menos dónde está uno de los siete pergaminos, lo he adquirido-

Snape sacó de un cajón un papel amarillento con los bordes carcomidos. Draco lo observó con detenimiento anonadado por el objeto.

-¡Te lo preguntaré una vez más! ¿Has ido donde Dumbledore a contarle los planes de..?-su tono era mordaz-

-¡NO!-

Draco paseó ensimismado las yemas de los dedos por aquel rollo desgastado luego los retiró bruscamente.

-¡No me mientas muchacho!-Seguía mirándolo a los ojos, buscando, indagando-

-¡No lo hago!-

Snape exasperado lo soltó. Frunció los labios delgados y entrecerró los ojos. Trató de escarbar en sus pensamientos pero Malfoy trazó en ellos una pared de ladrillos que Snape no lograba derrumbar. Había algo raro en el hecho de qué su mente centrara en ese específico objeto. Luego Malfoy tomó el pergamino, sacó su varita y susurró unas palabras haciendo que de la punta saliera una llama, la colocó en la comisura del papel y este simplemente se encendió.

-¡Pero qué haces?-gritó Snape-

-Si esto fuera original, algo tan sencillo como el fuego no le haría ningún daño. Deberías saberlo ya, tú que te jactas de perfección y conocimientos-dijo altanero-¿Puedo marcharme? ¡Tengo cosas que hacer! Toda tú paja por ejemplo-

-Ándate-dijo apresuradolo. Quería soledad para analizar aquello y se quedó casi con la boca abierta al ver el acto -

Draco salió a paso ralo dejando a Snape ensimismado, incrédulo de lo que presenció ¿el alumno superaba al maestro? ¡No! Eso era más que un simple acto de suerte y ¿Dónde carajos sacaría Draco la oclumancia? ¿y como había logrado saber que aquel papel era falso?

La chimenea daba un candor excelente, pese a que era verano, el tener encendida la hoguera parecía un gesto medieval, taciturno pero agradable. Desde siempre había sido así, jamás había estado en la sala común sin que la chimenea estuviera al rojo vivo. Leer se le apetecía poco, pero tenía tantos deberes y tantos pergaminos por llenar. Se acomodó las gafas redondas y volvió a escribir equivocadamente en el pergamino la palabra poción ¿Cómo era posible? Si esa materia era la que más se le daba. Se debía quizá a que últimamente la concentración no quería venirse y mucho menos el estudio. Su mente se ocupaba de otras cuestiones. Las interrogantes que se le habían formulado desde que el Profesor Dumbledore había iniciado revelaciones sobre aquella vasija enorme y plateada que yacía en su despacho, el pensadero. Además de las incógnitas que se le conformaban sobre "él". Voldemort.

Luego pensó en la posibilidad de pedir ayuda a Hermione con los deberes, que seguramente no se negaría. O quizá sí, la había visto tan distraída-mucho más que él- a todas horas, inclusive en las clases. Parecía no comer bien, ni dormir. Algo le estaba sucediendo a su amiga, y debía preguntarle. Si, una vez que concibiera escribir bien la palabra pociones, iría a verla.

-Harry-escuchó su nombre en la lejanía-

-S-sí, ¿qué pasa?-

Era Ginny quien le llamaba desde las alturas. Él estaba tirado a lo largo en el suelo de la sala común.

-El profesor Dumbledore me ha dado esto-

Un pedazo de pergamino, con una escritura amplia, cursiva y delgada.

Hola mi estimado Harry

Espero no importunarte demasiado. Debido a fuerzas de causa mayor he tenido que adelantar nuestra clase del martes para hoy, te lo explicaré una vez estando aquí.

A las 8:00 ¿estará bien para ti?, espero.

Hasta pronto entonces.

A.P.W.B. Dumbledore.

Harry vio su reloj, eran las 7:15. Vaya tino del profesor para cambiarle las clases cuando tenía tanto que hacer. Bueno, seguro sería algo interesante y tal vez espabilar le serviría para recuperar la concentración, o quizá lo dejaría peor.

-Gracias Ginny, por cierto, ¿has visto a Hermione?-

-Estaba sentada frente al lago hace un instante-Dijo Ginny, le dio una sonrisa amplia y se marchó al ver que Dean le hacía señas-

Harry sintió como si le dieran un golpe en el estómago. Salió de ahí no sin antes guardar los intentos de escritura que realizó. Sí, ahí estaba aún esa melena marrón contoneándose con la ligera brisa. Harry sonrió al verla tan ensimismada.

-Hermione-

Ella dio un leve saltito y lo miró.

-¡Oh Harry, hola!-

-¿Puedo?-

-Claro-

Se sentó a su lado. Guardaron silencio, sintiendo como la brisa fresca les pasaba por el rostro, virando la vista a aquel recuadro tan esplendoroso que Hogwarts podría tener al caer la tarde.

-Sé a qué has venido Harry-Soltó de pronto en un tono triste-

Harry sabía que algo no andaba bien. La actitud artera de Hermione había sido uno de los principales motivos de su preocupación últimamente, sobre todo aquellos pleitos explosivos que tenía con Ron, que si bien no se parecían en nada a lo sucedido cuando eran solo amigos. Ahora la relación estaba peor que antes cuando debiera ser al revés.

-Puedes confiar en mí-respondió él-

Hermione recargó su cabeza sobre el hombro de Harry y se echó a llorar. Con un lamento casi contenido y lágrimas rotantes como lluvia que cae en una amplia hoja de abedul. Él sólo la abrazó, no sabía qué hacer o decir, precisamente el consuelo no era una de sus artes más apreciativas.

-¿Tiene que ver con Ron cierto?-

-Sí-sollozó-

-¿Qué pasa?-

-Yo, verás..yo no siento..yo no lo-

-No lo amas, lo sé. ¿Y entonces por qué sigues con él?- se atrevió a preguntar-

Silencio. Otro amplio silencio y el sol casi terminaba por desaparecer. Harry hizo un gesto como si recordara algo.

-Hermione, lo siento ¿podemos seguir después? Debo ir donde el Profesor Dumbledore. Me ha citado hoy, lo siento en verdad-

Hermione lo miró tratando de comprender tal estrépito. Luego se levantó igual que él. Ambos sonrieron levemente.

-S-Sí, vamos. Regresaré a mi habitación-

Se despidió de su amigo al doblar la esquina del gran salón. Harry se despidió por igual con la mano y siguió por el pasillo hasta perderse en el final. Ella subió las escaleras, metió sus manos en los bolsillos y encontró algo en uno de ellos. Un trozo de pergamino: una hora, un lugar.

Harry consiguió los pasos frente aquella puerta enorme de madera. Tocó un par de veces. Una voz amigable y conocida de incitó a pasar.

Allí estaba. El despacho del profesor Dumbedor lleno de sus artefactos chillantes y sopladores, lanzando humo y chispas como ya lo recodaba antes. El profesor yacía sentado y muy atento en un pergamino sobre su escritorio.

-Buenas noches Harry-dijo el hombre de barbas blancas-

-Buenas noches profesor-

-Buenas noches- sonó una tercera voz de entre las sillas de respaldo alto que tenía el profesor delante de él-

-Oh, muy buenas noches también para usted profesora McGonagall-dijo el muchacho-

Dumbledore hizo un gesto invitándole a sentarse.

-¿Cómo has estado Harry?-dijo amigablemente y sonrió entrelazando sus largos y arrugados dedos entre sí- ya la profesora me ha puesto al tanto de tu desempeño académico, espero no te moleste que hablásemos de ello sin tu presencia-

-No por supuesto que no-Aseveró-

La maestra era la jefa de la casa Gryffindor, suponía uno de sus trabajos hacer del conocimiento al Director todo lo ocurrido allí. Miró por un momento a la Profesora que estaba sentada grácilmente sobre aquella madera fina.

-Verás Harry, como te darás cuenta esta no pretende ser una de nuestras regulares clases-señaló el pensadero haciendo alusión a sus anteriores sesiones- hoy trataremos algo un poco más delicado. Me temo que nuevamente tendré que hacer uso de tu gentileza..-

Harry sintió que la boca se le terciaba seca y por inercia asintió enérgicamente. La profesora se volvió hacia él analizándole por el ojal de sus gafas.

-Hace algún tiempo he debido esconder en el castillo cierta información. Algunos rumores de una magia muy obscura, llegó hace mucho tiempo Harry-

-Si profesor, usted ya me ha explicado lo..-

Miró a la Profesora luego a Dumbledore. El director comprendiendo el gesto y asintió.

-Horrocruxes y lo que debo buscar dónde el profesor Slughorn –

-Pero hay algo más Harry. Al parecer Voldemord dejó evidencia de ellos, por escrito y quizá con ello nos sea más fácil identificar los que hacen faltan. Ahora mismo he ubicado uno ¿recuerdas la fotografía del acantilado junto al mar, Harry? En el recuerdo de..-

-Sí-

-Bien-

Seguía observando al hombre con expectación. Los recuerdos del pensadero le daban vueltas desde hace semanas. Lo que no comprendía era la presencia de la profesora en el lugar.

-Minerva, la otra noche que estuviste aquí, me preguntaste por el sitio donde guardé tal información. Y vino a mi mente, el hecho de que, no recordé contarte algo al respecto-

La Profesora lo miró ofendida. Se acomodó las gafas y luego su túnica de cuadros grandes.

-Como ya te he dicho antes de que el Sr. Potter llegase, Dumbledore, es ésta la primera vez que he estado en esta habitación hablando de ello-le miró con aspereza-

-Ah-dijo Dimbledore simplemente cómo si acabase de ver algo sorprendente- Entonces, alguien más trata de saber su ubicación-

-Multijugos-susurró Harry-

Snape pensó.

-Ya lo creo-estableció la profesora McGonagall- quien haya tomado mi lugar, debió beberla-

-En ese caso Harry…-dijo el Profesor con seriedad-

-Profesor Dumbledore, la otra noche después de la fiesta del profesor Slughorn escuché a Snape hablando con Malfoy, dijo haber realizado juramento inquebrantable para protegerle y esta mañana también.. que debía ayudarlo para realizar algo..- interrumpió agolpando las palabras-

Dumbledoree pareció meditar un instante. Se levantó de su asiento y caminó un momento de un lugar a otro.

-Confió en Severus más que en nadie sobre este colegio-

La Profesora se removió incomoda y visiblemente molesta en su lugar, se acomodó las gafas con autosuficiencia. Harry enfureció.

-Y quizá no valdría la pena vigilarlo de cerca. En cambio a Draco..he pensado otros planes para él-

-¿Planes?-se atrevió a decir la profesora-

-Draco Malfoy tiene un alma confundida, como todos los muchachos de su edad. Es blanco fácil para ser corrompido, pero confió en que ciertas circunstancias lo empujen a su verdadero destino-

El director paró junto a la ventana parecía observar el cielo estrellado. La Profesora levantó una ceja intentando comprender.

-¡Es por eso que ha permitido el castigo!..-aseguró McGonagall-

-¿Cuál castigo?-expresó Harry un sin comprender ni una sola palabra que se había dicho desde que oyó el nombre de Draco Malfoy en la voz del profesor-

-El que se impuso a la Srita. Granger y Malfoy, por supuesto-respondió la profesora casi reprendiendo por lo que le resultaba evidente a ella y a Harry no-

El profesor Dumbledore les devolvió la mirada y sonrió:

- Los cambios externos avivan los internos. Sobre todo si provienen de la convivencia con quienes consideramos enemigos-volvió a citar como alguna vez antes había hecho-

Ahora es que Harry pudo comprender. Y muchas cosas.

"El amor es un rocío que humedece al mismo tiempo las ortigas y los lirios"1Se descubrió leyendo la frase en una página blanca y pulcra de la Guía de Herbología de Goshawk. Para su sorpresa, rememorando esos momentos en que debió tragar el libro completo para sus deberes. Lo colocó dentro del baúl junto a otros libros de cuidado de flores y yerbas medicinales, plantas peligrosas y cómo hacer que las plantas sobrevivan al invierno. Total, su castigo había llegado a su fin. La primavera estaba rebosante y la señora Sprout se hacía cargo de los invernaderos por completo. Todos dormían plácidamente y se preguntó cómo demonios podían estar con tal calma. Claro, ninguno de sus orates compañeros poseía la carga académica que él, siendo prefecto, jugador de Quidditch y además ayudante del maestro de artes obscuras. Ni mucho menos tenían los problemas enfáticos en las sienes junto a la voz de su padre. Draco Malfoy se levantó de su cama, tan pasmo de inercia. Frotó su cabeza, ¡diablos! ¡Le dolía fuerte y punzante!

Se descubrió luego andando por los pasillos del colegio, ¿en qué momento salió de su habitación? Y ¿De la sala común? No lo notó con sus pensamientos freáticos zarandeándole la mente. Luego de caminar y caminar sin siquiera prestar atención si la Sr. Norris lo perseguía o que Filch podría pillarlo, siguió. ¿Por qué su padre tenía que joderle la vida? Era su padre tenía que cuidarlo ¿no?, protegerlo y no lanzarlo a las serpientes para que lo machacaran a sangre fría prometiéndolo como la ofrenda más relevante y jugosa de la familia. No podía creerlo, y mucho menos que su madre no hubiese hecho nada al respecto ¿tan grande era el miedo de Narcisa Malfoy a su marido? Era como para no creérselo. Y lo que sí, grande fue su asombro cuando al final del recinto observó una figura muy peculiar y bastante conocida. Un nudo en la garganta se le conformó y su cuerpo sintió reblandecerse. El vértigo en su estómago, la respiración faltante ¡mierda! Odiaba eso.

Hermione Granger se encontraba afianzada contra el vitral de la ventana, cual si fuese un descanso de una placida caminata. La veía inhalar y exhalar tan incauta, la luna que traspasaba el vitral llegaba a rosarle los cabellos dando destellos tornasoles, parecía un ángel, ¡por Merlín y todos los magos! Que un jodido rayo lo partiera allí mismo si no. Aquella mujer ni siquiera necesitaba presentación, o ropas finas para ello. Una simple túnica de escuela dejaba ver a la chica como algo exquisitamente hermoso. Ladeó el rostro un momento y por acto reflejo siguió sus pasos lentos hacia ella, pensó de pronto que se movería, viraría en sí misma para verlo. Ella ni rechistó. Se quedo dándole una vista esplendorosa de su espalda, con los cabellos alborotados y las manos cernidas en el alfeizar. Lo había notado llegar, claro que si, sus pasos hacían un eco en el pasillo. Ya estando cerca, ese aroma le agolpó los sentidos, ese tan suyo, tan perfecto, tan puro. Sabía bien lo que era ese perfume deleitante que se metía en sus pulmones, eran los lirios vertidos en ella. ELLA.

-Malfoy-

Saludó en un tono mordaz.

-Granger-

Respondió.

-¿Qué haces aquí y en estas horas?-dijo él-

-Podría preguntarte lo mismo. ¿No has sido tú el que dejó este citatorio en mi túnica?-mostró un pedazo de pergamino con letra cursiva y pulcra-

Sonaba seca, haciendo cada consonante ácida entre sus labios.

-Sí. Lo hice yo-

-Oh vaya, el Sr. Malfoy al fin admite algo-dijo irónica-

Hubo silencio. Un largo silencio. Él seguía mirándole sus cabellos, quería tocarlos, acariciarlos entre sus dedos pero seguía ahí rígido, sin verle el rostro y sus manos entre los bolsillos.

-¿Cómo estás?-preguntó en un susurro casi lastimero-

-¡Muy bien, de hecho! ¡Acaso no lo ves?-

Hermione tenía lágrimas agolpándosele en los bordes de los ojos, pero ¡no! No le daría el gusto de verla llorar, no de nuevo. Se mintió a sí misma. Deseaba girarse y abrazarlo, agradecerle por estar ahí parado con ella, charlando mecánicamente de lo que sea pero a fin de cuentas cerca.

-No me gusta tu ironía-

-¡Es mutuo entonces! ¿A qué viene preguntarme como estoy? ¡Eso que te importa!-

-Me importas y mucho-aseveró paulatinamente-

-¡Ah sí?-un dejo de ironía arrastro las palabras nuevamente-

Hermione se dio media vuelta. No pudo evitar que las lágrimas le corrieran por las mejillas. Malfoy seguía mirándola con calma, estudiándole los gestos. Él sonrió de medio lado con la nostalgia casi palpable, sus ojos grises brillaban a pesar de la escasa luz nocturna. Realizó una mueca como si algo le doliera mucho. Colocó una mano en la mejilla de ella paseando su dedo pulgar por donde antes había vacilado aquella lágrima efímera. Ella pareció entrecerrar los ojos, el contacto tan sublime le daba la paz necesitada.

-Claro que si-murmuró él-

Ella abrió los ojos, pareció recordar algo y retiró la mano de Draco con brusquedad. Él siguió mirándola también al borde del llanto. Dolía sufrir y ver que también ella lo hacía. Si ella deseaba golpearlo, gritarle, maltratarlo o lanzarle una maldición sería exactamente lo que debiera recibir, pensó él.

-¡YO NO ME LO CREO!, ¿PORQUE TENÍAS QUE HACERME ESTO MALFOY? ¿POR QUÉ JUGAR ASÍ CON MIS SENTIMIENTOS? SÉ QUÉ LE RESULTARÍA UNA BROMA ESPECTACULAR A TODO SLYTHERIN, PERO NUNCA IMAGINÉ QUE PUDIERAS SER TAN CRUEL-

El grito hizo eco en el lugar, y como acto reflejo al otro extremo del pasillo apareció la gata parduzca del prefecto. Malfoy miró al la Sra. Norris y luego a Hermione, que permanecía quieta expectante a la respuesta que quizá deseaba oír mas que nada en el mundo. Sin pensárselo mucho tomó su varita de su bolsillo.

-Confundus-

Gimió apenas y dirigió la varita hacia la felina. La Sra. Norris se quedó muy quieta mirando hacia la bóveda del pasillo mientras Draco tomó la muñeca de Hermione, ésta forcejeó por un momento y después empezó a caminar a toda prisa guiada por él entre los pasillos. Llegaron al frente de una pared muy blanca. Hermione ya la había visto anteriormente, cuando Harry y la orden se reunían allí para aprender encantamientos. La sala de los menesteres.

-¡Suéltame!-

-¡Quieres calmarte y dejarme explicar?-

Ella le miró con rabia y entre abrió los labios para responder con lo que seguramente sería aspereza pura.

-Por favor- susurró Draco-

Extrañada por tal petición, Hermione guardó silencio. ¡Draco pronunciando esas palabras? ¡Demonios! Que Troya ardería esa noche y mil mas, pensó irónicamente ella. Él estaba dolido, destrozado y pese que se prometió a sí mismo no hacerle daño de ninguna forma-otra vez-, sólo estaba hacinando malos entendidos por callar. Era hora de hacer preguntas y darles respuestas, sobre todo dar explicaciones. Entraron a la sala que encontraron pronto llena de cosas inservibles y polvosas.

-Responderé a todas tus preguntas, te contaré todo lo que quieras o necesites saber. Pero antes respóndeme una pregunta Hermione Granger-

Soltó Draco manifestando en su rostro todo el dolor que cargaba a cuestas. Si bien, en los últimos meses nada habría sido fácil de sobre llevar sin ella. Porque a pesar de que tuvieron sus disputas por los castigos, algo en ellos se había transformado. No eran los mismos. Hermione se quedó quieta, sin hacer nada más que respirar y parpadear lentamente, él tomó aquello como incentivo para continuar.

-¡Amas a Ron Weasley?-

Silencio.

Los ojos grises se opacaron perdiéndose detrás de sus parpados, dejó salir un par de motas saladas. Su rostro se escondió entre las cortinas rubias, no quería mirarla y comprobar lo que ese silencio le decía, o qué él creía que afirmaba. Hermione lo miró, medio encorvado, dándole la espalda y escondiendo la cara en su mediana cabellera. ¡Que pretendía asaltándola así? Tiempo atrás le exigió que se alejara, lo dejase en paz y no volviera a hablarle. De un momento a otro ¡había cambiado de parecer? Oh no! No señor, Draco Malfoy no seguiría burlándose de ella. Pero, tampoco quería mentir, ya eran demasiadas las mentiras que existían de fondo como para seguir.

-Interpretare tu silencio como..-

-No te atrevas- murmuró con rabia- no te atrevas a asumir lo que no sabes sobre mis sentimientos M-a-l-f-o-y-

-¿Entonces?-

-No, no lo amo-

-¿Y PORQUE ESTÁS CON ÉL CARAJO? ESO NO..-

-TU NO TIENES POR QUE EXIGIRME NADA ..YO SOY LIBRE DE HACER LO QUE..-

-Tú no eres libre-

Draco se dio la vuelta violentamente y se apresuró donde ella. Hermione abrió los ojos de un susto y trastabilló hasta agazaparse contra la pared. Y ahí estaba, atrapada entre su cuerpo nuevamente, mirándolo a los ojos, que para su sorpresa estaban como los suyos: llenos de lágrimas queriendo escapar.

-Y-o so-soy li-libre- balbuceó Hermione-

-Eres mía-

Draco le miraba con la tristeza destilándole hasta por los huesos. Ella sintió lastima por él, por si misma. Atrapados en aquel maldito juego, en aquel maldito sentimiento que no podría ser más de lo que era. Un imposible.

-Siempre tan autoritario, pretendiendo que todo te pertenece. No soy uno de tus trofeos-

-Nunca he dicho eso-

La abrazó. Él la atrajo con desesperación tal si fuera ella a marcharse o jamás verla de nuevo. Sus labios quedaron justo en la frente de Hermione donde depositó un beso lánguido, y descansó su rostro ahí mismo en un gesto débil y pausado. Hermione estaba quieta, esa fragancia le nublaba la razón, Draco Malfoy olía a fresco mentol con un tenue varonil de madera. Dudó en corresponderle pero no evitó el sentimiento y comprobó lo que temió reconocer por tanto tiempo, lo amaba. Ahora estaba segura. Lo abrazó tan fuerte que pudo sentir los músculos de él tensársele en la espalda. Malfoy se sentía completo, seguro ante aquel talle menudo y frágil entre sus dedos. Pequeña, dulce, encantadora. Como una niña pequeña que necesitaba protección.

-¿Por qué me alejas? Y ¿vuelves así?-preguntó con un hilo de voz- luego me reclamas porqué estoy con Ron, cuando tú mismo me lo exigiste-

-He sido un estúpido-sollozó- yo no debí sugerirte tal cosa… Solo quería guardar apariencias, si no.. mi padre..-

-¿Qué sucede Draco? Dime por favor-suplicó-

-Mi padre ha dicho que acabaría contigo si esto seguía. No puedo soportar la idea de verte en manos de él ni sus medios-decía entre cortado-

-Pero, sé cuidarme yo sol..-

-No lo conoces Hermione. No sabes de lo que es capaz, inclusive podría llevarte ante…ante "él" solo para darle el placer de destrozarte y de paso atraer lo que tanto desea-

-¡Harry!- se exaltó-

-No es que me importe lo que le pase a ese, pero a ti..-

-¡Draco, Harry es mi amigo!-

-¡Lo sé, lo siento!-

Volvió a abrazarla. Luego inició un camino de besos por la sien derecha de Hermione, después la frente, la punta de su nariz dónde se entretuvo a juguetear con la suya. Siguió los besos, apenas haciendo presión sobre los parpados de ella, ambos, con mucho cuidado y Hermione parecía romperse en mil pedazos y volver a ser entre los brazos de Draco.

-Lo nuestro no puede debe seguir..-murmuró él- sería exponerte a mucho dolor. Además, una bella flor como tú no debería estar rodeada de una ortiga como yo-

-Me gusta-apenas se le escuchó decir-

-¿El qué?- susurró el junto a los labios rosados de ella-

-¡Las ortigas!- ironizó- "El amor es un rocío que humedece al mismo tiempo las ortigas y los lirios"1-recitó-

Draco sonrió al recordar el estribillo que irónicamente leyó del libro que tomó "prestado", cuándo creyó que ella lo había olvidado en los invernaderos. Y la besó. Tan gentilmente como si el contacto pudiese causarle daño, con los labios ligeros vagó por un instante en los bordes hasta profundizarlo y volverlo posesivo. Ella le correspondió rodeándole el cuello y deslizando sus delgadas manos entre sus cabellos medianamente crecidos. Como amaba esa sensación de seda entre sus dedos, tiró un poco de ellos con lo que consiguió de un gemido ahogado entre sus labios. Draco la abrazó por la cintura para tener más de sí, atrayéndola, apretujándola y queriendo sentir cada centímetro de su cuerpo delgado y curvilíneo. Era su calor, el aroma y el énfasis en los movimientos que le hacían verterse en ella por completo. Un castigo, una tortura estar sin ella. Pero ahora se sentía completo. Dejó sus labios para posarse en su cuello. Draco arrugó el seño y lentamente se separó. Hermione se encontró con su mirada. No se parecía en absoluto a la que había regalado antes. Era sombría, gélida casi al borde de la cólera. Él se alejó y le dio la espalda.

-¿Estabas con él?-

-¿Qu- que dices?-

No comprendía la reacción. Su cerebro apenas hacía conexión después de aquel acto tan inverosímil. Despertar de un hermoso sueño a una pesadilla, sí eso era. Draco parecía temblar, sus cabellos tiritaban casi sobre sus hombros, los dedos le tamborileaban enérgicamente sobre sus puños casi dejando señas enrojecidas en su blanca piel.

-¡ESTABAS CON ÉL?- gritó provocando un salto de conmoción en ella-

-¡Por dios Draco! ¡De que me hablas?-

-Ni siquiera eres capaz de ocultarlo, ¿Cómo puedes siquiera besarlo y luego a mí?-murmuró con rabia contenida-

Hermaione estaba petrificada. Las lágrimas volvieron a truncársele en el borde de sus ojos avellana. Se llevó una mano a la boca para ahogar el llanto.

-¡MÍRATE EL CUELLO!-exigió-

Hermione abrió los ojos de sobre manera ¡santas brujas de Berwick! Era cierto, momentos antes había permitido de más en la sala común, mucho más de lo que quería y de lo que debiere.

-Yo no quise, yo no..-

Las lágrimas, el dolor no permitían que las frases completas salieran por su boca. Draco seguía dándole la espalda. Cuando él le miró, todo rastro de dulzura se había ido. Tenía el gesto desencajado, los labios apretados en una sonrisa colérica y los ojos entornados. Draco respiraba irregularmente, le recordó un toro en esas típicas corridas españolas.

-Si él puede dejar sus marcas, ¿Por qué yo no?-habló con tal cólera que cada palabra sonó ácida en sus labios-

Se abalanzó sobre Hermione, y comenzó a besarla con odio, rabia, cólera. Ella lanzó un grito y sollozando luchaba contra él desesperadamente.

-¡Draco no por favor!, ¡basta! ¡no me lastimes! ¡por favor-

Escuchó específicamente esas palabras de suplica haciéndole un eco en la cabeza: "no me lastimes" Draco se detuvo. Sintiendo la rabia salir por sus poros tan efusivamente, sentía la cara arder, la respiración se le cortaba. Así que eso era sentirse celoso, se dijo y no tardó en cavilar quien era el culpable de ello. Le envolvió la nostalgia nuevamente, ¿Cómo podría ser capaz de dañarla así? ¿Era un miserable cobarde? ¡No podía siquiera mantenerla a su lado por miedo a unas cuantas palabras? porque eso habían sido hasta ahora las amenazas de su padre, solo palabras; y así lo perdía todo, a sí mismo, pedazo a pedazo, y a ella. A ELLA. En manos de "ese Weasley". Se alejó de Hermione, apoyó su espalda en un pedazo de madera y se dejó caer lentamente al suelo. Draco Malfoy mostró su lado más vulnerable al llorar como un pequeño niño, con la cabeza entre las piernas y el cabello rubio colgándole como un dintel sobre su rostro. Hermaione le observaba. Percibió de nuevo ese ahogo en el pecho, el dolor, la lástima por él y por sí misma.

-Lo siento-apenas logró decir Draco- perdóname, yo no…yo no te merezco-

-Dr-Draco-

Hermione vaciló un instante, se acomodó las ropas y despacio se acuclilló frente a él.

-Draco, mírame-

Era tan difícil todo aquello, verlo destrozado, sin esperanzas. El mundo caía por sobre sus hombros ¿pero cómo? ¿Qué sucedía? ¿Porque no lo decía simplemente? Así quizá ella ayudaría a sanar un poco a ese corazón atormentado. Él no lo permitía, cada vez que Hermione estaba a punto de traspasar las líneas trazadas, él se alejaba un poco más.

-Draco, mírame-pidió un poco más fuerte-

Quería abrazarlo, protegerlo, imaginaba que el abrazarlo produciría un efecto tal cual sus brazos fueran el escudo más potente contra cualquier cosa. Él obedeció. Sus ojos grises empañados y la blancura enrojecida, los cabellos alborotados y su cuerpo tembloroso yacía en el suelo tras de un enorme armario. Hermione colocó su frente junto a la de él.

-Primero que nada, debes saber Draco Malfoy-murmuró tan paulatinamente-que te amo, más que a nadie en este mundo. Segundo, Ron, es y será siempre mi amigo pese a cualquier cosa. Fue un error desde el inicio que él y yo intentáramos algo, mis sentimientos por él es sólo un cariño de hermanos. Y tercero, desgraciadamente, no puedo leerte la mente. Tienes que ayudarme y decirme que sucede-

Draco suspiró lenta y profundamente, amedrentando el llanto. Se sintió estúpido de pronto, llorar como un desquiciado frente a ella. Una vez calmado se desabrochó la túnica lentamente, sin dejar de verla a los ojos. Hermione tragó saliva un tanto confusa, ¿pensaba desnudarse acaso? ¡diablos! Pero no era así, después de tirar la prenda quien sabe dónde, vio que hacia dobladillos en la manga izquierda de su camisa blanca. Ahí estaba. Hermione abrió la boca expectante sin poder caber en sí misma. ¡La marca tenebrosa! y por acto reflejo se levantó dando unos pasos atrás.

-¿Lo ves ahora?-murmuró, ella parecía una estatua- no es tan sencillo Hermione, una vez que entras no puedes salir a menos..-

-Muerto-murmuró-

Hubo silencio, un largo y desesperante silencio. Draco esperaba reacciones, preguntas pero ella simplemente miraba su antebrazo estupefacta.

-Dime algo por favor-

-¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?-preguntó atropelladamente-

-¿Recuerdas, aquella vez en el bosque?..¿cuando los mortífagos nos seguían el paso y te llevé a casa?-

Asintió.

-Me buscaban a mí. Me buscaban para realizar..-

Otra vez silencio. Draco dudó, se levantó lentamente.

-Para la ceremonia de iniciación-

-¡Oh por Merlín y todos los magos! Esa noche que estuve en tu habitación..tú..¡tú te convertías en un mortífago?-

Draco, en respuesta bajó la mirada sintiéndose avergonzado quizá, dolido un tanto y arrepentido a la vez. Por un momento creyó que contarle no era lo correcto, pero después se abofeteó mentalmente haciendo un mohín. Debían aclararse las cosas de una buena vez.

-No lo hice por iniciativa propia si eso es lo que piensas-dijo duramente-

Ella guardó silencio esperando escuchar más.

-Y te relataré, como sucedió todo y por qué, si me prometes..si me prometes no contárselo a nadie. A Potter mucho menos-

Ella se limitó, nuevamente a asentir.

1Provervio sueco