Hola mis queridos lectores…¡sí¡ lo sé he tardado eternidades en colocar capítulo pero la verdad es que de pronto la mente se me nubló con la historia y ya que he logrado de nuevo la inspiración aquí les traigo un buen capi. Haciendo alusión a la lamentable perdida que hemos tenido, de Alan Rickman, aquí va una parte del personaje que interpretó en la saga y que tanto nos gustó, el vivirá por siempre a través de Snape u otros personajes ¡always!..en fin espero que disfruten. Gracias por pasarse a leer y sobre todo por dejar sus comentarios, creo que es lo más satisfactorio para un escritor de fanfics es que le dejen reviews..sin mas..

Enjoy!

6.Psilocybe

Harry Potter tamborileaba una moneda de oro entre sus nudillos, le paseaba de ida y regreso absorto en la conversación que mantuvo con la Profesora McDonagall y el profesor Dumbledore la noche anterior. Era muy claro que ellos tenían de conocimiento el porqué de la actitud en Severus Snape y Draco Malfoy, así como esos "encargos" que éste último hizo referencia. Pensó en lo interesante de la conversación, sobre todo de esa frase carente de elocuencia, que el profesor aventó como si mantuviera una vana conversación sobre estilos de punto y tejido. O tal vez no, porque gracias a ella ahora es que comprendía todo. La actitud de Hermione más que nada. Aquel castigo había hecho algo a su amiga, y no era precisamente bueno. Era más que evidente que ese "algo" ocurría entre Malfoy y ella. Y no se necesitaba ser muy habilidoso en esas cuestiones para saber qué. Inclusive a él, le estaba ocurriendo con Ginny Weasley. Levantó la vista al oír el chirrido de la puerta, y se sorprendió bastante en verla, a ella.

-Hola, Harry-Ginny le sonrío tímidamente y se acercó donde él estaba sentado. Harry le devolvió la sonrisa bastante nerviosa y guardó en el bolsillo la moneda dorada-

-Hola Ginny-dijo estúpidamente y se levantó con nerviosismo de una banca-

Se quedaron mirándose a los ojos por un momento, luego Harry desvió la vista al vitral y agradeció que las ventanas del Cabeza de Puerco estuvieren mancilladas con hollín, o si no ella notaria su rubor. Harry maldijo internamente a su poca capacidad de mantener la calma ante la presencia de ella. Ginny se acercó más, acortando la distancia y por el rabillo, Harry observó cómo ella levantó una mano y escudriño entre sus cabellos alborotados. Él se atrevió a mirarle directamente.

-Tienes hojas enredadas en el cabello Harry-dijo ella con cierto embeleso palpando los cabellos negros entre las yemas de los dedos-

Harry olvidó por qué estaban ahí, el porqué de todo que no fuera ella. ELLA. Sus ojos azules y expresivos, las mejillas rosadas, la boca entre abierta que claramente dejaba pasar un resuello calmo y pasmado. El ir y venir de su mirada desde su cabello negro y luego sus labios. El corazón comenzó a palpitarle como un caballo desbocado e inconscientemente Harry acortó la distancia-o quizá más consciente de lo que él pensaba-. Ginny paró el movimiento de sus manos, y de manera cansina dejó caer su palma por la sien de él, después paró a descansar en la mejilla.

-Luces cansado-murmuró ella rosando con el dedo índice las grandes ojeras de Harry. Ginny tenía el corazón igual de exorbitado-

Harry no respondió. Ginny seguía mirándolo con ternura, se acercó un poco más y posó lentamente sus labios en los del él. ¿Por qué ella siempre era la de la iniciativa? ¡Joder!, qué malo era para eso de la seducción, sin embargo, la chica atinaba a raudos cada movimiento. El beso fue a paso lento, no quería echarlo a perder pues era la primera vez que podía sentirla de esa manera, sin embargo, a pesar de que apeló a una fuerza sobre humana para no abalanzarse con esa necesidad que lo embargaba, no tardo en profundizarlo más. Ginny abrió un poco los labios dándole oportunidad para explorarla a saciedad. Después muy lentamente, la atrajo hacia su cuerpo. Ella le rodeó el cuello con sus manos y se dejó caer en el mismo deseo que le consumía desde hace muchos años. Besar a Harry Potter y ser abiertamente correspondida. Harry se detuvo bruscamente cómo si acabase de recordar algo, ella abrió los ojos para encontrarse con los hermosos orbes esmeraldas frente a ella, analizándola muy seriamente. Él se apartó lentamente, con pereza, y ella también.

-¿Dónde están los demás? ¿Dónde está Dean?-dijo él con cierto desdén-

¡ah! ¿con que se trataba de eso? Pensó Ginny, lanzó una risilla y le miró fijamente a los ojos. Era tan fácil leerle los gestos, tan abierto a los análisis: Harry estaba celoso.

-Venía detrás, junto con Ron, Seamus y los demás. Se habrán entretenido pidiendo cerveza de mantequilla-soltó en tono simplista meneando la mano de un lado a otro. Hubo bastante silencio, y a pesar de que seguían mirándose fijamente a los ojos la vocesilla inerna de Ginny le murmuró algo así como "esto no pinta para nada bien". Se colocó en Jarras y miró severamente al chico- ¿Por qué deseas saber el paradero de Dean específicamente?-

-Bueno, pensé que como han pasado tanto tiempo juntos..quizá-

-¡Quizá nada!-dijo Ginny agudizando los gestos. Harry desvió la mirada nuevamente al vitral mugroso como si algo muy interesante estuviera ocurriendo allá afuera-

-¡Harry Potter, mírame cuando te hablo!-dijo ella con enfado y volvió a acortar la distancia-

-¿Sí?-Harry ladeó la cabeza casi con un gesto lastimero, le miró a los ojos azules que irradiaban dulzura. Ella le sonrió con algo de malicia-

-Dean y yo hacemos un plan de juego para el próximo partido de Quidditch, nada más-

-Ya, seguro-ironizó Harry-

-"Ya, seguro"-le remedó hasta la postura y el gesto-..¡es verdad! Te lo mostraríamos mañana en el entrenamiento cómo una sugerencia. El partido contra Slytherin es en dos semanas-

-El partido de Quidditch es lo menos importante ahora Ginny-dijo algo pensativo, volvió la vista a las afueras observando como los árboles comenzaron a contonearse con brusquedad-

-¿Es para esto la reunión?-Ginny borró cualesquier sonrisa o acto mediado a la burla por el comportamiento de Harry. Algo más estaba ocurriéndole aparte de sentirse celoso por el tiempo que había compartido las últimas semanas con Dean Tomas. Eso terminó ya mucho tiempo atrás. Sintió un poco de ternura por el comportamiento de Harry y después rabia ¿es que acaso no confiaba en ella? Iba a hacerle reproche cuando el de repente habló-

-Sí, hay algo que debo decirles-la miró con nostalgia, trago saliva y pareció que el labio inferior le tembló inconscientemente- debo..debo dejar Hogwarts-soltó tan de prisa que ni siquiera pensó en la reacción que tendría ella, en la que tendrían todos. Ginny abrió la boca una y otra vez pero las palabras no salieron-

-¿Qué te vas?-cualesquier merma de cuestionar a Harry se fue al demonio, pues detrás de ella alguien formuló la pregunta. El "ejército de Dumbledore" entraba completo por la puerta-


Draco Malfoy estaba sentado en el suelo de la sala de los menesteres con ambas piernas separadas en escuadra, los brazos laxos colgándole desde las rodillas y la mirada fija en la cabellera marrón que tenía bajo el mentón. Su dedo índice jugueteaba con un mechón rizado y rebelde esparcido desde la cien hasta la mejilla de su acompañante, la cual yacía entre sus piernas. Hermione Granger, se encontraba sentada igualmente en el suelo, apaciblemente acurrucada sobre el pecho del chico. Draco pensó en lo maravilloso que era el hecho de poder tenerla así, de estrecharla entre sus brazos, y no supo con exactitud lo mucho que extrañó a la chica hasta ese momento. No deseaba volver a apartarse de ella, a sabiendas de que eso podría costarles la vida a ambos. Pelearía por ello, por eso que compartían. Por ellos mismos. No descansaría hasta que su padre terminara por aceptar el hecho de que él no pertenecía a ese mundo, su mundo. Al de Voldemort.

-¿Draco? –murmuró Hermione mientras jugueteaba con un botón de la camisa blanca de él. Hizo un gesto de disgusto como si lo que fuera a decir a continuación fuera una maldición imperdonable-¿me contarás? …¿me dirás que sucedió esa noche?-

Draco frunció el ceño, su rostro relajado y tranquilo se ensombreció. Inconsciente de ello, paró la caricia y dejó su mano suspendida, tan distante de todo ahí. Hermione se rebujó contra Draco, un gesto en busca de respuesta a su pregunta. Él parpadeó finalmente, y sin querer las miradas se encontraron. Hermione se encontró como tantas otras veces con esos ojos grises abarrotados de dolor. Siempre se preguntó si él era capaz de sentir cosas así, pues un par de años antes hubiera apostado que Draco Malfoy no tenía sentimientos más que para sí mismo. ¡Oh cuan equivocada estaba! También se llegó a preguntar porque él tenía tal personalidad mezquina, malévola y altiva, que después de lo ocurrido con Harry y Ginny en la cámara de los secretos le quedó claro. Draco Malfoy nunca había podido decidir por sí mismo, ni siquiera sus propios sentimientos. Ya que, su padre Lucius Malfoy se había encargado tantos años de plantar la semilla, cultivarla y cuidarla hasta que el fruto fuere del color, sabor, aroma y textura que él deseaba: Draco Malfoy. Un hijo que pudiera ser su trasfondo, que dejase en claro que él mandaba de codo a codo por encima de cualesquier cosa y que además el patriarcado se efectuaría a cualquiera de sus "posesiones" llamándole así hasta a su propia sangre. Su propia familia. Cuanta amargura podía tener Draco entonces, si había crecido en un nicho donde las expectativas eran insuperables y que a pesar de mostrar su valía una y otra vez, para su padre jamás sería suficiente. Él simplemente no lo veía así, por eso era necesario cumplir todos sus mandatos, hasta vender el alma si era posible.

Hermione sintió lástima por él, seguramente no tuvo una infancia normal, fuera de lo que el mundo mágico pudiere considerarse tener una niñez normal. La de ella lo fue hasta los 13 años, bueno, dentro de lo que en el mundo muggle llama así una vida infantil. Después de que su carta llegase a su ventana, no mucho le quedó claro hasta que releyó como por décima vez lo que ahí sucedía y que el mismo Dumbledore se presentó esa tarde para explicarle a sus padres lo que significaban esas líneas en el pergamino pulcro y nuevo que tenía entre sus pequeñas manos. No obstante, siempre había sido feliz, a plenitud. Inclusive cuando el mismo Draco Malfoy trató, incontables veces de amargarle su estancia en el castillo. Nadie ni nada le arrebataría la dicha de haber tenido una infancia dichosa. ¿Pero él? Probablemente le fue arrancado ese derecho desde que nació. La chica acarició la mejilla de Draco con delicadeza y luego posó su dedo índice en sus labios, él en respuesta cerró los ojos dejándose llevar por el sentimiento. Hermione sonrió por ese gesto lacónico y meramente infantil.

-Te lo diré-murmuró. Abrió los ojos lentamente y ella pudo notar un abismo en él, como si de pronto hubiesen perdido brillo y el color plata se matizara a una galaxia lejana- pero promete que escucharas sin reproche, hasta la última palabra y dejarás que te explique mis razones-

Ella asintió.

-¿Recuerdas que te dejé en mi habitación esa tarde?…-

Ella volvió a asentir.

-Es después de eso que …inició todo-hizó un mohín y señaló con un movimiento de la cabeza el tatuaje escarificado en su antebrazo, que ahora parecía extrañamente enrojecido como adquiriendo un color negro más prominente. Comenzó a narrar-

Comenzaba a llegar el alba, se podía oír un río cerca que arrastraba las aguas cantando en diminutas cascadas, los pajarillos piaban escondidos en las copas de los grades arboles y los búhos daban sus últimos grujidos llenado de misterio la soledad de la montaña. Pronto el sol bañó las altiplanicies como un lago de oro, en las barrancas se veían rocas enormes rebanadas y los árboles se enfilaban como flechas anchas de coloso hasta el fondo del abismo y más allá en el horizonte infinito. Hermione Granger suspiró, se preguntó si Draco Malfoy era capaz de apreciar tal belleza. Volvió la vista a la habitación, preguntándose ahora ¿Qué carajo sucedió con él? Pues quedó presa en ese sitio por culpa suya, debían haber pasado más de siete horas ya si bien hacia sus cálculos gracias al sol. Volvió a repasar el lugar con la vista algo exasperada, el sitio lúgubre, con muebles tan antiguos como finos. Era notorio el orden que mantenía a las cosas, y la pulcritud por todas partes. Después de todo se encontraba sumergida en la misión Malfoy, ¡en la habitación de Draco Malfoy!.. Hermione pegó un saltito al oír que el picaporte de la puerta se movió; asustada, indecisa y nerviosa miró derredor buscado escondite. Cuidadosamente, de puntillas se introdujo en un armario largo, de madera de arce y con aspecto de ¿caseta telefónica muggle?-Hermione enarcó una ceja- analizó un momento la puerta y el sonido insistente del picaporte la alentó a seguir su cometido, entró sin mediar más las posibilidades de que fuera un artefacto maligno o hechizado y se acuclilló dentro. La rendija de la puerta en que entró le dejó ver a tres sujetos vestidos de negro y embebidos en capuchas igualmente negras que no evidenciaban los rostros. Abrió la boca en estado kilométrico cuando reconoció el cuerpo que postraban con delicadeza en la cama.

-Lo ha soportado bien-dijo el hombre más alto y corpulento con una voz muy aguda-

-Si el resto del día consigue seguir respirado por sus propios medios y sin ayuda. Será de los nuestros-dijo una voz más grave, parecía mujer-

-Eso espero-murmuró el último sujeto, se quedó observado el cuerpo inmóvil del muchacho que yacía en la cama. Luego de unos minutos salió tras de los otros dos-

El chirrido de la puerta se escuchó sonoro seguido del portazo. Hermione esperó un momento antes de salir por si se dignaban a regresar los sujetos encapuchados. Espero un par de minutos y no fue así. Sigilosamente salió del armario, se acercó a la cama. El cuerpo le temblaba y más aun las piernas. Sentía vértigo en el estómago debido al nerviosismo de ser descubierta por algo o por alguien, tragó saliva buscando amedrentar la sensación de sequedad en su boca y al quedar en el filo del dosel, observó con horror el cuerpo. Draco Malfoy reposaba sobre la cama con un aspecto sombrío, y si no fuese porque le veía subir y bajar el pecho, hubiere pensado que estaba muerto. La tez del muchacho era más blanca de lo normal, sus ojos estaban hundidos y cubiertos por dos machas negras, unas ojeras profundas muy semejantes al abismo sin fondo y el sudor de su frente supuraba empapándole el flequillo rubio. Hermione sintió unas enormes ganas de llorar.

-¿Pero qué ocurre?-murmuró con la voz trémula casi al borde del pánico. De pronto la mente se le nubló inclusive olvidando que podía marcharse de ahí con una simple aparición o movimiento de su varita. Estaba petrificada-

Y cómo si fuera en respuesta, ruidos se escucharon detrás de la puerta donde había salido ella. El nerviosismo se apoderó de todo su cuerpo, y sintió como una languidez le cubría desde las piernas hasta la punta de los dedos en las manos. Temblaba inconscientemente y el corazón desbocado parecía que saltaría de un momento a otro por su garganta. Observaba un punto inexistente en la madera ancha y parda del armario de dónde ella se escondió minutos atrás, trató de tragar saliva consiguiéndolo muy poco. Se le secó la boca de repente. Sus ojos se ensancharon y se paralizó de pies a cabeza en el momento en que vio abrirse a lentitud la puerta del dichoso armario. La madera crujía desdeñosa, la obscuridad dentro del armario parecía ampliarse como el hueco más profundo y siniestro de una cueva y los ruidos en el interior se intensificaban como si estos se acercaran más al lugar donde ella estaba parada. Sus pies parecían de plomo, todo su cuerpo exigía que moviese los músculos ¡que saliera corriendo de ahí! O qué por lo menos hiciera dobles de su mano a la bolsa de la túnica y tomase su varita ¡Por merlín! Lo que fuese que ocurriera en la mansión Malfoy o los que estaban en ella ¡le habían descubierto seguramente! Pensó. Finalmente el chirrido de la puerta paró y unos pasos paulatinos resonaron en la madera vieja. Hermione creyó que se caería al suelo del impacto. Cuando hubo divisado con exactitud la figura que salía del armario. El alma le regresó al cuerpo.

-¡Tú! ..pero..¿co-como?.¿por qué estás aquí?..-balbuceó Hermione, aun con una mano en el pecho, el corazón corriéndole a mil por hora y temblando del susto.

"Psilocybe"

Draco Malfoy salió de su habitación maldiciéndose a sí mismo por lo que acababa de hacer, besar a Hermione Granger. No estaba dentro de sus actos más meritorios sino todo lo contrario. Aunque le pareció una muy buena forma para dejarla cabreada del mismo modo en que lo estaba él. Y lo gracioso del asunto, es que se descubrió pensando en que no era desagradable el besar a "una sangre sucia" al final de cuentas era una chica, él era un chico y…¡cállate Draco! Se maldijo entre dientes. Ese era un pensamiento que por ahora no podía valorar, había cosas más importantes cómo ¿el qué diablos estaba pasando? ¿Por qué estaban los mortífagos por el bosque siguiéndoles?, sobre todo a él. Se suponía estaba protegido de esas "alimañas" por un buen trato de su padre-o al menos eso pensaba-. Era algo que pretendía averiguar ahora mismo. Caminaba a zancadas largas rumbo a la biblioteca de la Mansión, donde, seguramente estaría su padre. Al girar en el recodo del pasillo largo y ancho, casi se va de espaldas pues le acortaron el paso de pronto. Draco hizo un mohín y ademan de sacar la varita de su bolsillo hasta que reconoció perfectamente ese rostro.

-Estas muy nervioso ..Draco-arrastró las palabras con su singular tono grave y cansino-

-¿Qué haces aquí?-preguntó ignorado los comentarios-

-He venido por un encargo de…ya sabes-volvió a repetir en el tono-

-Es del todo raro que te arriesgues tanto..-entornó los ojos grises y apretó la mandíbula-

-Draco..que te haya enseñado Legerenmancia no te da el derecho de usarla contra mí-hizo un gesto disgustado, alzó la barbilla. Después de unos instantes ladeó la cabeza y sonrió-sin embargo no has aprendido la lección principal que te di…No dejar huecos en tu mente..distracciones-susurró esto último como si le diera un ínfimo placer y sonrió con malicia-…no has llegado sólo..¿verdad?-

Draco tragó saliva. Apretó la varita en su bolsillo. Su rostro pálido no cambió ni un ápice su compostura. Sonrió de medio lado con lasciva autosuficiencia y se pasó una mano por los cabellos rubios.

-No te atrevas a mentirme..-volvió a sonreír con malicia-..y.. no la has traído como cebo-dijo el hombre atinando a los pensamientos de Draco-

-¿Tu que puedes saber de lo que haré o no?..Snape-Arrastró el nombre con rabia-

Severus Snape le miró analíticamente y volvió a concentrarse. Lamentó no poder averiguar mucho más allá de lo que antes reveló en sus palabras. Si algo había hecho bien es adiestrar a Draco en que si cometía un error una vez, no lo permitiera una segunda. El chico sonrió sobre manera al deducir los gestos de su antiguo profesor de pociones, pues realmente le agradaba disgustarlo, sacarle de quicio o pisotear sus intenciones.

-Sigue a donde ibas. De todos modos ya te están esperando. Y ruega porque ellos no lo sepan-murmuró con su típico tono neutro y agudo-

-¿El qué?-dijo Draco con pesadez-

-Que has traído a una sangre sucia-atajó y apretó las mandíbulas. Hizo una mueca y luego movió la cabeza haciendo hincapié en que siguiera su andar-

Draco se enderezó la túnica y soltó la varita severamente apretujada en su bolsillo derecho. Dudó en seguir su camino, pero Snape volvió a hacer el mismo gesto con exasperación alentándolo a darse prisa. El joven siguió su camino no sin antes pararse a espaldas de Snape aun con la duda freática de seguir o no su camino.

-¿Irás dónde está?-siseó Draco-

-Me encargaré de ella-dijo sin más y se perdió en la obscuridad del pasillo-

Draco se llenó de una rabia descomunal, sin comprender por qué le había molestado tanto la conversación con Snape. No era que resultara su mejor amigo, pero al menos había sido medianamente un apoyo durante estos meses que se estrenaba dentro del grupo del señor tenebroso casi un prospecto de mortífago. "Un título tan digno de llevar" sentenció en sus adentros con ironía. Viró a la derecha, a grandes zancadas y después a la izquierda. Y el pensamiento de que Spnape se "encargaría" de la sangre sucia de pronto le dio un pinchazo en el corazón, le entró una angustia que no comprendía, ¿qué diantres podría importarle la suerte de una sangre sucia?, mas "esa sangre sucia amiga de Harry Potter" el señor tenebroso quizá lo premiaría si tomaba en cuenta de ello pero ¿Por qué de pronto le preocupó que corriese peligro? Dudó en tomar la perilla de la puerta en que yacía quieto desde hace largos minutos observando un punto inexistente en la madera, iba a darse la vuelta sobre sus talones y correr a su habitación pero antes de que pudiera hacer algo, la madera chirrió y la puerta se abrió lentamente. El rostro de su "tía favorita" apareció con una ancha sonrisa de satisfacción en los labios y ese gesto malévolo de cuando acaba de pronunciar un Avada Kedavra.

-Pasa, pasa Draco querido…te estábamos esperando-La mujer le sonrío como desquiciada y le abrió paso extendiendo los brazos con reverencia exagerada-

El joven simplemente intentó tragar saliva, en un gesto inútil de aliviar su repentina sequedad de la garganta. Su corazón se exaltó a redobles rápidos y forzados, trató de no mostrar ningún sentimiento o congoja y permaneció quieto, como un fantasma pálido y largo en medio de la habitación lúgubre. Apenas y entraba la luz, y los muebles se oscurecían entre las sombras pero no era difícil traslucir a las tres figuras detrás del escritorio del estudio. Ahí estaba, estacado en la silla principal como dueño y señor que era de la mansión Malfoy ahora: Lord Voldemort. ¡Maldita sea su suerte y su desgracia! De pertenecer a esa familia, pensó. Él no había elegido esa vida de suplicio, él no había elegido ser un sirviente del señor tenebroso. Pero así era. Un peón más de ajedrez. El hombre sentado en la silla detrás del ancho escritorio de caoba le sonrió enseñando todos los dientes, y con un gesto de soberana y fingida amabilidad le alentó con la mano para que se sentara en la silla frente a la suya

-¡Pasa mi niño, pasa!-siseó Voldemort con un deje de malicia- ...que ..esta es tu casa, a final de cuentas-dijo con sorna y volvió a sonreír. A tal comentario la mujer que estaba junto a la puerta soltó una risilla fastidiosa, que no tardó en silenciar por un gesto de desagrado de Voldemort-¡Bella, si no eres capaz de guardar la compostura, líbranos de tu presencia!-entrecerró los ojos en son de amenaza-

-¡Lo siento mi señor!..¡lo siento!-reverenció una y otra vez con un tono lastimero Bellatrix Lestrange buscando el perdón de Lord Voldemort y este en respuesta a sus "afectuosas disculpas" por si no decir pusilánimes, concedió con otro gesto de la mano-

-Siéntate hijo mío-dijo el otro hombre parado tras el escritorio a la derecha de Lord Voldemort como una estatua de marfil-

Draco miró a su padre, Lucius Malfoy parecía haber perdido peso, temple y habilidad; envejeció muy a prisa y le pareció al muchacho que no fue tanto tiempo desde la última vez que habló con él. Lo observó, igualmente tragar saliva en vano, erguirse más de lo necesario y guardar compostura a pesar de cualesquier cosa o comentario aterrador-o no- que se observase en esa habitación. Lord Voldemort lo miraba fijamente y le ofreció asiento con un gesto de la mano derecha y obedeció tal cual títere le guían con sus hilos. Draco se sentó lentamente, tal vez el maldito cojín de la silla ancha y orejona fuere a pincharle el trasero o causarle alguna maldición, pensó para sus adentros tratando de aliviar la pesadez de todo aquello. Se acomodó recto, serio y sin hacer a los presentes de conocimiento que estaba por caer muerto de miedo ahí mismo. Luego fijó la vista en los ojos de la otra persona al lado izquierdo del señor tenebroso, otra estatua de marfil estacada en el suelo pero con mucha más clase, cordura y entereza que su contra parte. Hizo una reverencia en saludo, casi advertencia de saber su estado y esta fue respuesta con el mismo gesto.

-¡Sisi..sisi!-murmuró Bellatrix desde la puerta al darse cuenta de tal comunicación no verbal-ven a colocarte junto a mí-sentenció en el mismo tono bajo a la mujer al lado izquierdo de Lord Voldemort. Narcissa Malfoy no movió ninguna parte de su musculatura y fingió no escuchar a su hermana. Lord Voldemort le imitó, irritarse por las niñadas de Bellatrix ya le estaba hastiando-

-Draco..¿Sabes muy bien porque estamos aquí? ¿Cierto?-hablo Voldemort como si estuviera de más hacer la pregunta pero a la vez necesario aclararle el punto. A final de cuentas era solo un niño ante sus ojos, pero para los fines convenientes- sabes muy bien que tu familia ha decidido acogerme, cooperar a mi causa y ayudar en todo lo que confiere a ella ¿cierto?-

Draco solo asintió. Y miró de soslayo a sus padres. Lucius bajó la mirada, Narcissa se la sostuvo unos instantes luego la desvió temiendo darle demasiadas fuerzas o esperanzas a su hijo de hacer algún comentario inapropiado y que ello le confiriese algo aterrador o descabellado.

-Muy bien..muy bien. Si debo decirte que has sido escogido, de entre todos mis aliados y entre todos mis súbditos. ¡Tú! ¡Tú mi pequeño Draco! ¡ha llegado la hora de que demuestres tu verdadera valía!-el señor tenebroso le sonrió nuevamente enseñando los dientes y le habló con regocijo como si aquello fuere la mejor de las suertes, cuando el joven sentía que más bien era su sentencia de muerte- ¿no preguntaras nada? ¿no hablaras?-espetó el hombre con un tanto de molestia, pareciera que le estaban ignorando-

-No le haga mucho caso, mi señor-intervino Lucius- seguro esta impactado por la noticia, ya sabe cómo son estos muchachos de ahora..algo atolondrados-miró a Draco con reticencia, y apretó la mandíbula. Eso no era más que un sutil aliciente de que más le valía hablar y decir algo satisfactorio antes de que allí mismo corriera sangre innecesaria-

-Claro que estoy consciente de todo- dijo al fin Draco después de salir de sus cavilaciones y como si las palabras las lazara en automático. Aun así no perdió la compostura, siguió firme y plácidamente sentado en la silla- ¿y? ¿Cuáles son los planes…mi..señor? ¿Cuáles?..¿cuáles son los planes que mi señor tiene para mí?-espetó lo mas coherente posible. Sentía un nudo en la garganta y temió que este le hiciere fallar-

-Debes matar a Dumbledore-La serpiente Naginni siseó por los suelos, estaba ovillada en el rincón de la sala y pronto se arrastró hasta posicionarse entre las piernas de Lord Voldemort como si se tratase de un gato. El gesto le recordó a la mascota que alguna vez vio a Granger cargar entre los brazos. Y al mismo tiempo sintió un pinchazo, y apeló a toda su concentración para acrecentar la Oclumancia. Él no debía enterarse de ella, ¡No! ¡NO! Por algún motivo deseó mantenerla lejos de todo eso. El señor tenebroso lo miró fijamente, como hacía desde que llegó y por sus gesticulaciones era obvio que llevaba rato intentando indagar en su mente sin conseguirlo. Por primera vez agradeció a Snape por sus atinados consejos.

-Bien, ¿y cómo quiere que lo haga exactamente?-preguntó Draco fingiendo valentía. Sus manos apaciblemente colocadas sobre sus rodillas sudaban a borbotones, su corazón seguía en el ritmo desbocado y de pronto sintió un mareo extraño-

-Primero que nada hijo, debes convertirte en uno de los nuestros-reveló Lucius con un tono bajo casi inaudible-..debes..debes pasar por el ritual …para convertirte en un Mortífago-soltó al fin con un poco más de entereza. Narcissa arrugó el ceño, Bellatrix volvió a soltar su risilla irritante y Naginni siseó como en son de contento-

Draco, frunció el ceño levemente, casi disgustado con la idea. Más bien en desacuerdo. ¿Así que por eso le seguían? Para traerlo a la mansión Malfoy y cumplir con "su destino", el joven volvió a hacer una mueca de asco que Lucius entendió completamente, decidió ignorarlo, alzó su bastón y dio tres golpecitos en el suelo. Con un ¡plop! Apareció uno de los elfos domésticos aún existentes en la casa, después de la salida de Dobby, Lucius se encargó que ninguno de ellos volviera a sentir la necesidad de libertad y los sentenció a la vida entre las cocinas. El pequeño personaje trajo consigo un juego de té humeante. Lord Voldemort sonrió y echó los hombros atrás sin dejar de acariciar a la serpiente entre su regazo. El elfo sirvió cuatro tazas de té y ofreció la primera a Draco, no sin lanzarle una mirada lastimera que le pareció de mal gusto al muchacho ¿Cómo se atrevía semejante criatura a mirarlo de esa manera? ¿No debía ser al revés? Draco cogió la taza de té con toda la amabilidad y educación que le había sido impuesta no sin antes advertirse a sí mismo no beber absolutamente nada de ella. Dejó el pedazo de cerámica fina suspendia entre sus labios y el pecho, fingiendo apreciar el aroma. El elfo ensanchó sus grandes ojos significativamente, esa mirada... La misma mirada que le soltaba cuando niño hizo alguna fechoría y su padre estaba cerca. ¡Alerta Draco! El elfo repartió las demás tasas pasando por alto al señor tenebroso, ya que él dejó muy claro, en incontables ocasiones que no bebía ni bebería ningún brebaje de tal calaña.

Todos fingieron beber, todos fingieron serenidad tal cual una charla en la tarde-noche de té y galletitas. Lucius levantó la vista y escudriñó la taza de Draco, al percatarse de que no bebió absolutamente nada del líquido verdoso y medio espeso, se apresuró dónde el chico y le dio una bofetada que nadie se esperó, ni siquiera el señor tenebroso.

-¡Imbécil! ¿No te has dado cuenta del regalo que nos han hecho? ¡Ser parte de algo importante! ¡De algo que nos dejará gloria! ¡y tu juegas al desentendido y que no te importa!-se giró donde Bellatrix- ¡No ha bebido la poción de Psilocybe! Tendremos que recurrir a otros medios-

Bellatrix volvió a sonreír con su perversidad característica y silbó como mamarracho metiéndose los dedos en la boca. La puerta que ella custodiaba se abrió estrepitosamente dejando ver dos figuras encapuchadas de negro. Lord Voldemort se levantó de su asiento con suma parsimonia y una sonrisa satisfactoria en los labios. Draco observó todo con horror, los ojos elípticos que le observaban desde lo alto le inundaron de un absorto pánico; el muchacho hizo el movimiento adyacente de huir por instinto pero los dos hombres encapuchados lo apresaron obligándolo a permanecer en su asiento. Narcissa casi cae al suelo muerta de la angustia e inevitablemente dio dos pasos para intentar proteger a su hijo pero Lord Voldemort le colocó un brazo en frente evitándole el paso.

-Lo harás, ya sea por las buenas o por las malas Draco. No pondrás en vergüenza a la familia y enorgullecerás a tu padre-sentenció Lucius viendo con desprecio a su hijo. No es que no lo amara, de hecho era el ser que más amaba en el mundo pero simplemente sus convicciones estaban erradas. Él creía del todo en las palabras del señor tenebroso, en su causa y poder. ¿Qué más si no, un Malfoy debe buscar estar en la cima? Sea cual sea el precio-

-¡Por favor padre! ¡Por favor! ¡yo no quiero esto¡ ¡te lo suplico!-Draco rompió en llanto, ya las fuerzas se habían quebrado justo en el momento que observó al señor tenebroso acercársele y posicionarse junto a su padre, con esa mirada entornada y la pupila eclipsada tan conocida, era la maldad pura, podía leerle el Avada Kedravra en ellos-

-Draco, creo que sería conveniente tu cooperación. De lo contrario me tomaré esto como una rebeldía y ataque a mi causa..y como bien sabes, aquellos que me contradicen o se oponen no viven para contarlo. También sabes-siseó Lord Voldemort por lo bajo y acercó el rostro unos centímetros del perfil del muchacho-cuando paso por un sitio, y me veo amenazado en él, me deshago de cualesquier huella que pueda delatar mi presencia-miró de soslayo hacía donde estaba Narcissa echa un mar de llanto-..no me gusta dejar testigos-murmuró para los dos-

Draco tragó saliva, el cuerpo entero le temblaba, pensó que aquello se trataba de una pesadilla ¡sí! Estaba en una de esas recurrentes pesadillas y lo único que podía hacer es despertar, sin embargo al mirar a su padre constató que eso era real más que real. Lucius apretó los labios en una línea blanquecina comprendiendo el peso de aquellas palabras y ofreció con "amabilidad" la taza a Draco.

-Bébela por tu cuenta, no podemos obligarte mediante el imperius.. el ritual no funcionaría-sentenció Lucius con altanería-..¡Bébela Draco, o todos aquí pagaremos por tus estupideces!-farfulló Lucius con exasperación-

Uno de los encapuchados soltó a Draco lentamente, por si éste hiciere algún gesto de huida, sin embargo, el muchacho simplemente levantó el cuello con altanería, secó sus mejillas con brusquedad y se acomodó la túnica. Sus pálidos dedos se tamborilearon en la palma y luego la estiró a la pequeña tasilla que le ofreció su padre-

Draco tomó una bocanada de aire como un pez fuera del agua que lucha por mantenerse con vida, luego miró a su madre echa una piltrafa y volvió la vista el líquido. Bebió un sorbo y se quedó quieto, esperando que el corazón enloquecido de emociones se parara allí mismo, más nada ocurrió. Lord Voldemort lo miró con satisfacción y volvió a sentarse en el lugar que antes ocupaba. Tomó la mano pálida y temblorosa de Narcissa, y la acarició cómo antes hacía con la serpiente. Naginni siseó y mostró un par de veces la lengua bífida sin dejar de enrollarse en los pies de la mujer. Era un son de advertencia.

-Bébela toda mi querido sobrino-dijo Bellatrix con júbilo dando saltitos como niña pequeña-

Draco tomó de un solo trago el contenido y fue entonces que la vista se tornó algo borrosa, tal si mirara detrás de un cristal empañado por la lluvia. La habitación le daba vueltas, las manos le temblaban más de lo que antes y el corazón disminuyó su palpitar. Intentó levantarse, pero las piernas no le respondieron y se fue de rodillas al suelo.

-¿Qué me está pasando?-murmuró apenas audible el chico-

-Lo que has bebido no es un té…ya debes de saber eso-murmuró esto último con ironía- también supongo que sabes el contenido, no por nada eres excelente en pociones-volvió a decir con el mismo tinte de sentimiento-

-S-sé que es una poción a base de un hongo-se llevó la mano al pecho y la otra la colocó en el piso de madera tan pulcra que hasta pudo ver vagamente su silueta. Estaba palideciendo más de lo normal-se que el hongo es del género Psilocybe-balbuceó y un hilo de saliva se le escapó entre los labios-

-¡Oh por todos los cielos Draco! ¡Date crédito! ¡Sabes más que eso!- estalló Lucius mirando a su hijo desde lo alto a unos cuantos pasos de él-

-…sé que es un hongo alucinógeno..específicamente por la sus-sustancia que tiene ..la psilocibina-carraspeó la garganta e involuntariamente contrajo la espalda, un dolor punzante le atacó el estómago y luego se relajó. Terminó por caer de espaldas en el suelo con ambos brazos separados y piernas-ta-también sé…qué…son utilizados con propósitos espirituales como enteógeno-cerró los ojos y se dejó llevar, en tanto mas luchara sería doloroso. Si lo dejaba circular libremente por el sistema, sería algo verdaderamente placentero-

-Un enteógeno, mi niño…es una sustancia vegetal o un preparado de sustancias vegetales con propiedades psicotrópicas, que cuando se ingiere provoca un estado modificado de conciencia..pero todo eso ya lo sabías ¿no?-estableció Lord Voldemort en burla a la inteligencia del muchacho-

-Todo eso lo sé-volvió a murmurar Draco con dificultad-..lo que intentan…es..desprender mi alma del mi cuerpo..un viaje astral sin estar en profundo sueño..-

Y así fue, dejó que la sustancia viajara por todo su torrente sanguíneo apoderándose de su conciencia y razón. Dejó de hablar, de moverse y sobre todo de responder a las voces que cada vez escuchaba más lejanas. Abrió los ojos por acto reflejo y cada parpadeo lo sentía pesado, como en el limbo. Luego observó una constelación de estrellas, viajando por el firmamento contrito. Volaba sin su escoba y aquello le resultó tan inverosímil y gracioso al mismo tiempo. Era muy claro que su alma ya había emprendido el viaje requerido y estaba justo en donde su mente lo encontraba más cómodo, observando las estrellas. Tan conocidas, gracias a su pasatiempo más amado después de la lectura y el quidditch..Observar con el telescopio encantado pero curiosamente muggle, las estrellas de la constelación por la cual le dieron su nombre: Draco. Siempre le pareció tan interesante el que Aunque fuere muy grande, la constelación "Draco" no poseía estrellas especialmente brillantes pero, lo que le confería una admiración inhabitual era el hecho de tener una cabeza de dragón, representada por un cuadrilátero de estrellas situadas entre Hércules y la Osa Menor. ¡Valla espectáculo!

-Levántenlo-dijo Lord Voldemort-…el ritual ha comenzado..llévenlo a la cámara-soltó la mano de una deshecha Narcissa y salió de su habitación pasando por el cuerpo inerte de Draco, al cual le lanzó una última mirada con frialdad y se perdió entre las sombras del pasillo. Los hombres encapuchados tomaron a Draco y fue ahí que el llanto de Narcissa se rompió en un grito espantoso de dolor-


Hermione Granger sintió el pecho de Draco Malfoy convulsionarse contra su mejilla, era más que evidente, el llanto ganó a su fortaleza. Ella alzó el rostro y sin querer también dejó escapar un par te lágrimas. Se incorporó de rodillas frente a él, y lo embebió en un abrazo poseso. ¡Por merlín! Cuanto dolor había en él, cuanto dolor reprimido, sufrimiento y angustia. Ella quería poder aliviarle un poco, ser capaz de quitarle tanto peso de encima y lo único que podía hacer era permanecer a su lado sin más. Ella lo obligó a mirarle.

-Dime ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo ayudarte?-susurró cerca de sus labios, tenía su frente junto a la de él-

-Ya lo haces, estás conmigo. Me escuchas-abrió los ojos y le miró con ternura. Repasó los labios de Hermione con el dedo pulgar y sonrió entristecido por el hecho de que los dejó sonrosados e hinchados. No pretendía hacerle ningún daño-

-¿Así fue cómo pasó?-murmuró ella de nuevo sin querer tocar el tema, pero a la vez sí. Quizá si expulsaba todo lo ocurrido, su alma encontraría paz-

El negó lentamente.

-Esa no fue la peor parte-murmuró y volvió a cerrar los ojos. Abrazo a Hermione con el mismo afán que ella lo hizo antes-..lo peor vino después..-