Hola ¿que tal?, aquí vamos con el cuarto shot. Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen y esta pequeña historia surgió de mi imaginación y espero les guste y la disfruten tanto como yo disfrute escribiéndola, bueno comencemos…

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Hace 1 año y 2 meses

Había pasado casi un año (10 meses para ser exactos) desde que habíamos iniciado esa extraña...amistad y aún no me había atrevido a decirle la verdad. Ni siquiera habíamos revelado nuestros verdaderos nombres.

—Aun no puedo creer que, después de casi un año, no hayan hablado por teléfono ni siquiera —dijo Tomoyo cuando llegamos a mi casa al salir de la universidad.

Ella y mi madre eran las únicas que sabían de él. Tomoyo estaba empeñada en que le dijera la verdad o al menos que le pidiera una foto para estar pendientes si lo veíamos por alguna calle de Tomoeda.

—Tomoyo ¿No lo entiendes? Si le digo eso, también me pedirá una foto y no quiero enviarla...

—¿Por qué te da pena, Sakura? Eres una mujer hermosa. Estoy segura que él pensará lo mismo al verte. Además, sé que te gusta, no puedes negarlo. Te conozco mejor que tu propia madre.

Ciertamente, no podía negarlo. Lobo no era como otros hombres, era realmente divertido, amable, educado… era simplemente perfecto.

—Vamos, Sakura. ¡Hazlo, no seas cobarde! Ya te lo dije, sin verte el hombre se la pasa coqueteando contigo.

Yo sabía que era bonita, pero no me consideraba una belleza descomunal. Lo más característico de mí, eran mis ojos verdes. Era delgada, pero tenía buen cuerpo, todo bien puesto en su lugar, pero sin exagerar. Lo único malo era mi estatura, ya que mi 1,65m no me hacía destacar mucho, más si estaba al lado de Tomoyo que parecía una modelo de revista con su 1,75m.

—Vamos a hacer algo. Le escribiré y le preguntaré si podemos hablar por teléfono. Empezaremos por escuchar nuestras voces... Es que tengo miedo de que, al vernos, se pierda la ilusión —dije preocupada.

—Bien, hazlo ahora —dijo, dándome el celular—. Porque si no lo haces, créeme que te buscare otro prospecto. Tu vecino es buena opción, está súper bueno.

—¿Lo viste? —pregunté sorprendida.

A pesar de haber pasado varios meses, no había logrado coincidir con el misterioso vecino. Ya todos lo conocían menos yo ¡Hasta Touya!

Según escuché, era médico en el mismo hospital donde trabajaba mi hermano y era un médico prodigio comentó alguna vez. Ahora tenía más curiosidad de saber quién rayos era.

—Ayer cuando vine a cenar, él estaba saliendo de su casa —dijo asomada en la ventana—. Y déjame decirte que esta como quiere y tiene una voz súper sexy. Nunca creí que un simple "Buenas noches" sonara tan genial. Si lobo no existiera, te diría que lo quiero de cuñado.

Negué con mi cabeza y volví al asunto que me competía. Algo insegura tomé mi celular y le escribí un simple "hola" para luego preguntarle si estaba ocupado, rogando a todos los dioses que su respuesta fuera afirmativa. No pasó mucho tiempo cuando su respuesta llegó, haciéndome sonrojar.

«Sabes que para ti nunca estoy ocupado, cerezo. A menos que este con algún paciente o en cirugía, eso escapa de mis manos»

«He estado pensando... Llevamos 10 meses escribiéndonos y... Tengo mucha curiosidad sobre ti y quería saber si... Bueno, si a ti no te molesta... ¿Puedo...llamarte?»

Había escrito y borrado ese mensaje mínimo cinco veces hasta que Tomoyo me arrebató el teléfono y le dio enviar para luego regresármelo, diciendo un "¿Ves que sencillo era?" A veces la odiaba con todo mi corazón.

—¡Oh Dios! Tomoyo, él está llamando ¡Él me está llamando! —grité con los nervios carcomiéndome.

—¡Tranquila, Sakura! Contesta y no tartamudees. Pon el altavoz, que yo también quiero escuchar —dijo con una sonrisa traviesa.

Con las manos temblorosas y seguramente sudorosas contesté la llamada.

—Ho...hola.

¡Rayos! Lo primero que me dijo Tomoyo que no hiciera y fue lo primero que hice, tartamudear.

¿Sabías que tienes una voz muy dulce, cerezo? — dijo con la voz más sexy que había escuchado en mi vida.

—Dices eso para ponerme nerviosa, pero no lo lograras lobo —le dije aparentando confianza, pero realmente, me estaba muriendo por dentro de los nervios.

La verdad es que ahora me siento más tranquilo. Puedo estar completamente seguro de que eres una mujer y con una voz hermosa, si me permites decirlo.

Mi voz no era nada al lado de la suya... ¿Cómo era posible que solo su voz hiciera temblar mis piernas?

—Tu voz tampoco está mal —le dije mirando a Tomoyo que me escribía algo en el cuaderno.

«Si su voz es así, no quiero ni imaginar como es. Te sacaste la lotería amiga, es súper sexy» era lo que tenía escrito y aunque quisiera morirme de la vergüenza, pensaba igual.

La verdad quería hacer esto desde hace tiempo. Pero no quería asustarte y que pensaras mal de mí —dijo con tono apenado.

Tomoyo y yo no pudimos evitar suspirar en respuesta. Era demasiado considerado y lindo.

—Lo mismo pensé yo... Pero Tomoyo me animo a hacerlo —dije mirándola agradecida.

¿He de suponer que tu amiga está escuchándonos? —preguntó en tono juguetón.

—Acertaste —dije riendo.

Debo disculparme entonces por no saludarte, Tomoyo. Aunque debes aceptar que es extraño saber el nombre de tu mejor amiga, pero no el tuyo, cerezo.

—Estoy completamente de acuerdo —dijo Tomoyo—. Por cierto, también es un gusto saludarte por fin.

Lo mismo digo, Tomoyo. Y con respecto a lo otro, creo que podemos resolverlo esta noche, cerezo ¿Tienes cuenta de Skype? —preguntó sorprendiéndome.

—Este... Si tengo.

Bien, envíamela por mensaje y en la noche podemos hacer una video llamada. Me gustaría poder verte cuando me digas tu nombre.

Bien, oficialmente podía decir que mis piernas habían dejado de funcionar. Mis rodillas no pudieron seguir aguantando mi peso y me deslicé al piso. Se suponía que solo hablaríamos por teléfono y ahora ¿Lo veré? ¿Por fin lo veré?

¿No quieres?

Al escuchar su tono preocupado no pude evitar decir un "¡Si quiero!" casi gritando. Por fin vería al hombre que invadía la mayor parte de mis pensamientos… aunque sea por una video llamada.

Me alegro, cerezo. Estaré llegando a mi casa como a las 8, te mando un mensaje para que te conectes.

—Bien, entonces... Realmente nos vemos esta noche —le dije nerviosa.

Sí, nos vemos esta noche, cerezo. Ya estoy deseando que llegue el momento... Si, en un momento voy, gracias. Lo siento, preciosa, el deber me llama. Hasta la noche —dijo finalizando la llamada.

—¡Oh mi Dios! Sakura, por fin lo conocerás. Bueno, no personalmente, pero por fin lo veras. Debes arreglarte y...

—No, Tomoyo. Si lo voy a ver, será como yo soy, normalmente —le interrumpí.

—Tienes razón. Lo siento, es que estoy emocionada. Has estado ilusionada con él por todo este tiempo. Aún no puedo creer que por fin lo veras... Ojalá no te decepciones.

—En realidad Tomoyo... No importa como luzca, lobo es lobo y eso no cambiará independientemente de su físico.

Y esas palabras eran ciertas. No me importaba en lo más mínimo como lucía, él iba a seguir siendo el hombre que me gustaba, porque me encantaba su forma de ser, sus bromas y chistes malos, las veces que me ha escuchado o bueno, leído, cuando he tenido problemas... O cuando me ayudaba a entender cosas de la universidad. Era lobo y lo seguiría siendo sin importar nada.

—Hay algo que me causa curiosidad —dijo Tomoyo, sacándome de mi ensimismamiento.

—¿Qué cosa?

—Su voz… no sé por qué, pero me resulta familiar —dijo pensativa—. Quizás son ideas mías, pero de verdad siento que la he escuchado antes.

—Solo espero que todo salga bien —dije nerviosa.

—Ten más confianza en ti misma, amiga. Todo estará bien.

Con esas palabras, Tomoyo se fue de mi casa dejándome sola… sumida en un hoyo horrible lleno de inseguridad, pero también lleno de esperanzas. Por fin iba a conocerlo.

Estaba demasiado impaciente y el tiempo pasaba muy lento. Hace rato que Tomoyo se había ido y estaba sola en casa esperando que él me enviara el mensaje para conectarme. Me levantaba y me sentaba una y otra vez, veía la hora, revisaba mi celular ¿Cuándo llegará a casa? Ya eran las 8:10 pm... ¿Y si le escribía? No, no debía parecer desesperada.

Estaba asomada en mi ventana para distraerme, viendo si por fin pillaba al vecino que todos alababan, cuando mi celular por fin sonó. Salí corriendo hacia mi cama donde lo dejé y leí el mensaje con desesperación, pero no era él. Era Tomoyo, preguntando qué había pasado. Solo le escribí un "Aun nada" y dejé el celular de nuevo en la cama.

Eran casi las 10 PM y nada. Estaba comenzando a pensar que se había burlado de mí, pero casi de inmediato deseche ese pensamiento y uno nuevo y más preocupante me invadió ¿Y si le había pasado algo? Otra notificación me distrajo y rápidamente la revise sintiendo un alivio instantáneo, era él.

«¡Lo siento, cerezo! Salí tarde del hospital y luego me encontré un tráfico del demonio»

Se notaba apenado y también me sentí apenada por mis pensamientos. Sin dejar pasar más tiempo, le contesté.

«Tranquilo, si quieres lo dejamos para otro día»

«Cerezo... La idea de poder verte por fin, fue lo que me hizo resistir este día tan complicado... Aunque si te arrepentiste de esto, puedo entenderlo»

«No me he arrepentido lobo. Estoy frente a la computadora» escribí rápidamente, no quería que pensara cosas equivocadas.

No pasó ni un minuto cuando recibí la notificación de una llamada entrante. Sentí como los latidos de mi corazón se aceleraron y un calor abrasante recorrió mi cuerpo hasta mis mejillas, estaba demasiado nerviosa. Con las manos temblorosas, le di aceptar. Mientras se cargaba la imagen, revisé rápidamente mi apariencia, llevaba mi largo cabello castaño claro en una trenza de lado y arreglé mi suéter rosa claro que dejaba al descubierto mis hombros. Cuando por fin se cargó la imagen, no había nadie. En el pequeño recuadro que me mostraba a mí, vi la confusión reflejada en mi rostro. De repente, un hombre se sentó frente a la pantalla aflojando su corbata y... ¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Dios! ¿Cómo podía existir un hombre tan hermoso? No debía mostrarme sorprendida y ansiosa, debía mantenerme tranquila, o por lo menos intentarlo.

—Hola —salude nerviosa.

Sus hermosos ojos color ámbar, brillaron en ese momento. Su cabello color chocolate estaba despeinado, pero eso lo hacía lucir sexy. Su rostro perfilado, pero a su vez muy masculino, era perfecto...

Hola cerezo, es un placer verte por fin.

Era la misma voz que me había puesto a temblar en la tarde, pero ver a su dueño fue peor para mis pobres nervios. Sentí como mis piernas se volvían gelatina de nuevo, menos mal estaba sentada.

—¿Día difícil entonces? —pregunté, intentando sonar casual.

Después de atender ocho pacientes y asistir una cirugía de dos horas... Si, se puede decir que fue un día agitado —dijo con una sonrisa burlona que me derritió. Es que se le formaban unos hoyuelos adorables.

—Deberías descansar entonces. Podemos dejar esto para otro día —le dije preocupada.

Cerezo, he estado pensando en este momento desde que hablamos por teléfono, no me lo iba a perder por nada del mundo —dijo cruzando sus brazos al nivel de su pecho.

—Solo estoy preocupada por ti —le dije jugando con mis dedos, lo cual hacia solo cuando estaba ansiosa o nerviosa. Una mala costumbre que tengo desde que era niña.

¿Te puedo decir algo sin que te molestes? —me preguntó y yo asentí algo insegura—. Ha valido la pena cada segundo de espera —dijo acercándose a la pantalla.

Sus ojos color ámbar parecían mirarme fijamente, y a pesar de no estar viéndonos frente a frente, esa mirada me intimidaba. Eran exóticos, como si el marrón de sus ojos se fundiera con un dorado brillante. Seguramente, en persona se verían mucho más bonitos.

—La verdad yo también he estado un poco ansiosa esperando para poder conocerte —mentí mientras jugaba con mi cabello.

El rio suavemente y apoyó el rostro en su mano de forma despreocupada sin perder la sonrisa.

Entonces... ¿Me dirás tu nombre?

Comencé a jugar nuevamente con mis dedos y algo avergonzada (y seguramente sonrojada) le respondí.

—Me llamo... Sakura.

El parecía algo sorprendido y luego comenzó a reír como si le hubieran contado el mejor chiste del mundo.

—¿Te estas burlando de mí? —le pregunté ofendida.

No me mal intérpretes, por favor, cerezo. Es que... mejor te lo muestro porque si te lo digo no me vas a creer —dijo levantándose.

A los pocos segundos lo vi volver con una agenda en su mano.

Hace como dos semanas tuve que hacer un curso aburrido y mi mente divago hacia algo más interesante, pensé en ti —dijo sorprendiéndome mientras buscaba algo en su agenda—. Tenía bastante curiosidad de como lucirías y más que todo sobre tu verdadero nombre... Así que comencé a escribir nombres al azar y luego seleccione el que, según a mi criterio, te quedaría mejor y... ¡Aquí esta! Dime si puedes leer la hoja.

La hoja se veía algo borrosa pero eran legibles varios nombres escritos y a su vez tachados. Pero había uno que estaba encerrado en un círculo... Sakura.

—¡Wow! Adivinaste mi nombre —dije entre emocionada y enternecida.

Así es, pero si te lo hubiera dicho, no me ibas a creer por eso preferí enseñártelo —dijo con un brillo juguetón en su mirada.

—Entonces... Yo ya te dije mi nombre... ¿Me dirás el tuyo? —le pregunté un poco más relajada.

Con una condición —dijo con un semblante serio, lo cual me asustó —La verdad, al principio no quería mostrarme ante ti por miedo a que me reconocieras...

—¿A qué te refieres?

Lo vi rascarse la nuca algo nervioso, indeciso de continuar, pero preferí esperar a que se animara a hacerlo sin presionarlo yo.

Bueno... digamos que al principio vi nuestras conversaciones como algo en lo cual distraerme de mi rutina. Pero luego... Me sentí tan cómodo hablando contigo que no quería que esto se arruinara. Es decir, además de Eriol, eres la única persona con quien soy yo mismo... Y no quiero perder eso —dijo mostrando preocupación en sus ojos.

Eso conmovió mi corazón a niveles extra cósmicos. Un calor agradable me envolvió y seguramente mis mejillas se encendieron, pero quería… No, necesitaba hacerle saber que no importaba que… él iba a seguir siendo Lobo.

—La única forma que me alejé de ti es que me digas que eres un yakuza o algo parecido y sé que no es la situación —le dije sonriendo—. Eres muy importante para mí también y tampoco quiero que lo nuestro se acabe o se vea afectado... No quise decir eso... Me refiero a nuestra amistad... Qué pena.

Sabes que eso sonó como una declaración de amor ¿cierto? —dijo con una sonrisa traviesa que me hizo suspirar.

—Sabes lo que quise decir... La verdad, no es necesario que me digas tu nombre si no estás seguro.

Mi condición es que las cosas no cambien entre nosotros a penas sepas quien soy realmente. Es lo único que quiero... Sakura.

Mi nombre sonó endemoniada mente bien en sus labios.

¿Puedo llamarte así? Aunque cerezo es un mote que también voy a usar de vez en cuando. —Y lo único que pude hacer fue asentir repetidamente— Entonces... ¿Seguirá todo igual?

—Quizás hasta mejor... Después de todo quizás me anime a viajar a Tokio para conocerte personalmente uno de estos días. Ya estoy completamente segura que no eres un viejito en busca de una aventura —dije, logrando mi objetivo principal, hacerlo reír.

Y yo estoy completamente seguro de que eres una hermosa chica de 22 años.

Mis mejillas se encendieron por enésima vez, estaba segura. Seguramente parecía un tomate.

—Deberíamos dejar de decir esas cosas. Tomoyo siempre me dice que parecemos una pareja coqueteando —dije apenada.

Te dije que me sentía cómodo hablando contigo y eso incluye el coqueteo que quizás tú tomas a juego. Pero yo me lo tomo en serio desde hace unos meses atrás. Mucho más ahora que sé que tienes los ojos de mi color favorito —dijo acercándose a la pantalla.

—Muchas personas tienen los ojos verdes —dije desviando mi mirada del monitor.

Pero no tan verdes como los tuyos. Son como dos esmeraldas y son realmente preciosos... Tú eres preciosa —dijo con seriedad y eso me intimidó...

—Lobo... Eso suena...

Shaoran... Mi nombre es Li Shaoran, y eso suena como debería sonar, Sakura. Te estoy diciendo que me gustas.

Sus ojos brillaban tanto que por un momento me sentí absorbida. Un calor agradable se instaló en mi pecho y supe en ese preciso instante que estaba perdida por él, y me asusté.

—Eso... Eso no me lo esperaba —dije apenada.

Lo sé. Ni siquiera esperabas conocerme hoy. Pero no te lo estoy diciendo con un motivo de trasfondo o que correspondas mis sentimientos, cerezo. Sabes que soy una persona extremadamente sincera y...

—Shaoran... —le interrumpí mirando al piso—. Y si yo te dijera que tú también... Que tú también me gustas... ¿Qué pasaría?

Mi mirada aún seguía en el piso, no tenía el valor para mirarlo después de responder a su confesión, a medias.

Me sentiría afortunado y creo que compraría un pasaje a Kyoto hoy mismo.

El tono de su voz y la seriedad de su rostro al decir eso me impactó. Lo creí capaz de eso y mucho más. Debía decírselo, debía ser valiente y decirle la verdad.

—No será necesario que vayas a Kyoto —dije apretando los puños y sin mirar a la pantalla.

¿Por qué no?

—Shaoran, te he estado mintiendo todo este tiempo —dije con lágrimas en los ojos.

Tenía miedo, mucho miedo de perderlo. Quizás no le había ocultado algo horrible, pero una mentira era una mentira. Tomé aire y miré la pantalla por fin. Él me miraba con una ceja alzada. Debía hacerlo, ya había iniciado y debía terminarlo.

—La verdad es… por favor no me odies cuando te lo diga.

Eso no pasará, cerezo. No importa lo que digas, jamás podría odiarte.

Sentía a mi corazón latir con fuerza. Cada vez que respiraba, mis pulmones dolían y seguramente estaba sudando horrible. Cerré mis ojos y dejé salir aquello que le había estado ocultando desde que nos comenzamos a escribir.

—¡La verdad es que vivo en Tomoeda también!

No quise mirar la pantalla, no quise mirarlo a él y ver la decepción en su mirada. A los pocos segundos, o minutos, no estaba segura, escuché su suave risa masculina. Abrí mis ojos y lo vi sonriéndome completamente despreocupado.

—¿No estas molesto?

¿Por qué habría de estarlo? —dijo—. Es la mejor noticia que he recibido, cerezo.

—Pero… te he mentido y…

—¿Quieres que esté molesto contigo? —preguntó interrumpiéndome.

Yo negué rápidamente con mi cabeza y el volvió a reír.

Cerezo, no puedo estar molesto contigo. Aunque quisiera, no podría.

Su sonrisa no desaparecía, más bien, era mucho más amplia. Sus hoyuelos estaban más marcados y eso me gustaba. Debía considerar hacerlo reír más seguido.

—Entonces… ¿Qué haremos ahora? —pregunté insegura.

No voy a forzarte a hacer algo que no quieras, cariño —dijo—. Es normal que estés insegura porque no me conoces realmente.

—Pero quiero hacerlo…

Vamos a hacer algo —dijo—. Vamos a continuar como estamos, mensajes y llamadas cada vez que podamos y también podemos hacer esto de las video llamadas en las noches. Ir conociéndonos cada vez más. Y cuando ya estés segura de esto, podemos tener una cita —dijo guiñándome un ojo.

—¿Tú no tienes miedo de que la magia se esfume?

Ese era mi mayor temor. Que, al conocernos, al estar frente a frente, las cosas cambiaran y se arruinara nuestra relación… fuera cual fuera, porque no estaba segura de lo que éramos, ahora que me había dicho que le gustaba.

Preciosa, la magia entre nosotros siempre ha existido y no se esfumará al vernos —dijo con seguridad—. Más bien, creo que podríamos dar el siguiente paso, si así lo deseas.

—Te refieres a...

Me refiero a tener una relación más allá de la amistad, Sakura —dijo con una dulce sonrisa—. O es lo que yo deseo, por lo menos.

Al verlo tan seguro de sí mismo, tan seguro de nosotros, quise salir corriendo a donde él estaba y abrazarlo. No sé por qué estaba tan insegura, por qué tenía tanto miedo. Entonces, de mis labios brotó una respuesta más directa.

—Yo también deseo eso, Shaoran —dije sonriéndole con sinceridad.

Entonces, solo esperaremos a que estés segura y tendremos esa cita ¿Te parece?

—Me parece bien.

Un pequeño bostezo salió de su boca y con ternura talló uno de sus ojos.

Cariño, creo que debo ir a dormir —dijo con mirada adormilada—. Hoy fue un día complicado y mañana será igual, así que debo dormir… aunque no quiero hacerlo.

Su mirada traviesa me enterneció. Como si fuera un niño y yo su madre, lo mande a la cama sin excusa y con mucha dulzura se despidió de mí, prometiendo vernos de nuevo al día siguiente y hablar mucho más.

Recuerda buscar mi nombre en internet —dijo antes de desconectarse—. Te mostrará quien es la figura pública, pero solo tú conoces al Shaoran real. Por favor, no te intimides por eso.

—Nada podría hacerme cambiar de parecer, Shaoran —dije con seguridad.

En verdad, eso espero, cariño —dijo con un tono de dulzura—. Bueno, ahora si voy a dormir. Descansa, preciosa.

—Tú también descansa, Shaoran.

Él sonrió y luego finalizó la llamada. Como si fuera una adolescente, comencé a brincar y gritar emocionada por toda la habitación. Me tiré en la cama y abracé mi almohada con fuerza. Oficialmente podía decir que estaba enamorada de Li Shaoran.

Cuando pasó la histeria, fui a mi computadora nuevamente y busqué su nombre en Internet, como me había dicho. Se desplegaron varias imágenes en las cuales lo identifiqué de inmediato, algunas solo y otras con un grupo de personas, probablemente su familia, y muchos artículos. A medida que fui leyéndolos la sorpresa crecía cada vez más. Li Shaoran era el heredero de la familia Li, la cual era dueña de una gran cantidad de hospitales en Hong Kong y tenían varios negocios en el área de la medicina.

Las noticias más recientes decían que Shaoran había desaparecido del ojo público hace dos años y que fuentes cercanas a la familia decían que lo había hecho para llevar una vida mucho más tranquila y también porque era su deseo ejercer la medicina, estando cerca de las personas y no como director de un hospital. Al parecer una de sus hermanas comentó que Shaoran deseaba empezar desde cero, como cualquier otro médico, y trabajar duro hasta poder ganarse a pulso su puesto de presidente en las empresas de su familia. Eso era digno de admiración.

Recordé entonces su petición. No dejarme influenciar por la información que se decía de él en Internet iba a ser complicado, pero debía creer en el verdadero Shaoran que solo yo conocía. Lo intentaría por él, por mí y por el nosotros que apenas estaba naciendo.

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Luego de eso, recuerdo haber hablado con él a diario. Poco a poco esa pseudo amistad se convirtió en algo más y ya me sentía mucho más segura del nosotros que se había creado, por eso había tomado la decisión de llevar nuestra relación virtual a un plano real… quien iba a decir que no iba a tener que esperar tanto tiempo para ello.