Hola ¿que tal?, aquí vamos con el quinto capítulo. Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen y esta pequeña historia surgió de mi imaginación y espero les guste y la disfruten tanto como yo disfrute escribiéndola, bueno comencemos…
XXXXXXXXXX
Hace un año (noche de navidad)
Noche buena, una noche para celebrar, para divertirse y compartir con tus seres más queridos, y esta noche… ¡Era mi caso! En esta ocasión decidimos pasar la noche buena en casa, ya que mi padre tuvo que dar una conferencia de última hora y no pudimos ir a Kyoto con los abuelos.
Estaba acomodando la mesa para llevar la deliciosa comida y los maravillosos postres que cocinamos mi madre y yo. Aún no entendía porque habíamos hecho tanta comida si solo íbamos a ser mis padres y yo esta noche. Mi hermano y su mejor amigo, Yukito, tenían guardia en el hospital esta noche, por lo cual no iban a poder venir, y teníamos comida como para diez personas.
—¿Esta todo listo, hija? —preguntó mi madre desde la cocina.
—Sí, mama.
Cuando entré en la cocina, vi a mi madre empacando algo de comida en unos recipientes, lo cual me extrañó. El pastel de chocolate que yo había hecho ya había sido cortado y había metido un trozo generoso en otro envase.
—¿Vas a llevarle comida a Touya y a Yukito? —pregunté.
—No, cariño —dijo mirándome con una sonrisa que yo ya conocía, y solo la usaba cuando iba a pedirme algo—. Touya y Yukito vendrán en la mañana y me pidieron que les guardara algo.
—¿Entonces?
—Esta mañana me encontré con el adorable joven que vive en la casa de al lado. Al parecer no pudo viajar para pasar las navidades con su familia y lo invité a venir —dijo emocionada—. Pero muy educadamente declinó mi invitación, diciendo que estaba muy cansado y no haría nada especial hoy.
—No veo entonces porque estas tan emocionada si no lograste tu objetivo.
—Pues, no del todo, hija —dijo marcando aún más esa sonrisa… Aquí venía la petición—. Logré que, al menos, aceptara probar nuestra comida. Le dije que le llevaría la cena para que no comiera cualquier cosa en navidad —dijo entregándome todo perfectamente empacado en una bolsa—. Aquí tienes, cariño. Por favor, llévaselo y aprovecha para conocerlo.
—Mama, sabes que tengo algo importante que hacer en quince minutos y me pones a llevarle esto al vecino —le reclamé, inflando mis cachetes. Sabía que era algo infantil, pero así era yo.
—Sakura, no tardaras más de diez minutos en esto —dijo, colocando sus manos en la cintura—. Hazme este favor y luego vas a hablar con tu amigo de Internet. Anda, anda —me apresuró, y prácticamente me empujó fuera de casa.
Ni siquiera me dio oportunidad de colocarme mi chaqueta. Hacía un frio horrible y yo llevaba un vestido ligero color aguamarina que me llegaba por encima de las rodillas. No tenia opción, debía apresurarme para poder conectarme y poder decirle "Feliz navidad" a Shaoran. Habíamos acordado conectarnos a las 7:30 para charlar un rato y luego cenar tranquila con mi familia. Tenía planeado pedirle una cita para poder vernos en persona al fin.
Con rapidez, caminé hacia la casa del vecino, debía salir de eso cuanto antes. Toqué el timbré y esperé a que se dignara a abrir. Alisé mi vestido con mi única mano libre y acomodé mi cabello, el cual llevaba en una trenza de lado sencilla. A los pocos segundos, escuché un lejano "Ya voy" y cuando abrió la puerta levante mi mirada hacia él.
La bolsa fue a dar al piso y automáticamente llevé mis manos hasta mi boca para acallar el grito de sorpresa que quería brotar desde el fondo de mi alma. Un frío recorrió toda mi espina dorsal y seguramente, mis ojos estaban igual de abiertos que los suyos. Debía admitir que en persona eran mucho más hermosos, y era más visible el dorado que se fundía con el marrón de sus pupilas. Allí, en frente de mi, estaba él, estaba Shaoran. No podía dar crédito a lo que estaba pasando.
—¿Sakura?
Era su voz. Sonaba mucho más grave y masculina en persona. Mis piernas no aguantaron más y me deslicé al piso. Él inmediatamente se agachó a mi lado y tomó mi mano. Era suave y cálida.
—¿Cómo es que…? ¿Cómo tu…?
No podía articular una pregunta completa. Por fin conocía la identidad de mi misterioso vecino. Shaoran siempre había sido mi vecino, siempre había estado más cerca de lo que creía ¿Cómo era eso posible?
—Estás helada —dijo, ayudando a levantarme—. Pasa, por favor. Luego me explicas todo.
Tomó la bolsa que había dejado en el olvido y me llevó al interior de su casa. Allí estaban los hermosos cuadros que tanto me habían gustado y las esculturas que había visto justo hace un año, cuando se mudó.
—¿Estas bien? —preguntó preocupado.
No pude responder. Las palabras no me salían. En vez de eso, me puse a reír como loca. No podía creer que realmente él estuviera en frente de mí. Que el destino nos hubiera guiado de tal forma que estuviéramos aquí, juntos, un año después de que todo había comenzado.
—¡No puedo creerlo! ¡Sencillamente no puedo creerlo! —dije entre risas, mientras él me miraba extrañado—. No puedo creer que siempre has sido tú… El misterioso vecino al que todos conocían, menos yo —dije entre risa y sus ojos se abrieron a mas no poder.
—Entonces tú eres…
—Soy la hija de la señora que te ofreció esa comida esta mañana —dije señalando la bolsa. Seguramente estaba toda destrozada—. Esta es la más grande de las coincidencias.
Él observó la bolsa y luego a mi. Quizás, aun estaba procesando todo. Yo por fin calmé mi risa nerviosa y lo miré. Shaoran me observaba con profundidad. Sus ojos eran mucho más penetrantes en persona y me sentí intimidada. Tomó mis manos con delicadeza y se acercó a mí.
—Mi familia suele decir que "En este mundo no existen las coincidencias. Solo existe lo inevitable" —dijo usando un tono de voz suave y tranquilo.
—No puedo creer que esto realmente esté pasando.
—Yo tampoco. Pero el destino nos trajo hasta aquí por algo, y no pienso desaprovechar esa oportunidad —dijo subiendo su mano cálida hasta mi mejilla.
No se por cuánto tiempo nos quedamos de esa forma, solo mirándonos a los ojos, como si no nos importara nada más que nosotros. No sabía si realmente fue el destino u otra cosa, pero lo único que importaba era que estábamos juntos, por fin. En un momento de lucidez, recordé a mis padres, seguramente estaban preocupados por mí.
—Mi madre va a matarme cuando sepa que arruiné tu cena —dije riendo.
—Podemos decirle que fue mi culpa —dijo acompañando mi risa.
—Quizás… si vienes a cenar con nosotros, me perdone sin mucho problema —propuse colocando mi mano sobre la suya, que aún estaba en mi mejilla.
—Bueno, ya no tengo motivo por el cual negarme a conocer a su preciosa hija —dijo con mirada picara.
—¡Lo sabía! —dije entre apenada y divertida—. Mi madre estaba tratando de ligarme contigo.
—Lo bueno es que me he ganado a la suegra sin hacer mucho esfuerzo, preciosa. Eso me da mucha ventaja —dijo moviendo sus cejas.
Allí estaba el coqueteo de siempre. Ciertamente, la magia aún estaba allí. No me sentía extraña a su lado, ni mucho menos presionada por aparentar algo. Todo se sentía natural y correcto, como si por fin todo tuviera sentido.
—Entonces… ¿Eso es un sí?
—Contigo, a donde sea, cariño —dijo levantándose, tendiendo su mano hacia mí.
Al llegar a mi casa, inventamos la peor de las excusas para explicarle a mi madre como lo había convencido de venir. No nos creyó absolutamente nada, pero por ser navidad, fue benevolente y nos dejó tranquilos.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Después de esa hermosa navidad, Shaoran y yo comenzamos a salir como "amigos". Tomoyo, se alegró mucho y por fin entendió porque la voz de Shaoran le había resultado tan familiar.
Shaoran me llevaba a la universidad y me buscaba cada vez que podía. Hasta para ir a la tienda de víveres íbamos juntos, todo con tal de vernos una vez más. El asunto duró poco tiempo, ya que dos meses después, cuando por fin me gradué de enfermera, nos dimos nuestro primer beso. Fue el beso más dulce que he recibido en mi vida, pero a su vez el más intenso. Y a partir de ese momento, fuimos "oficialmente novios", aunque Tomoyo decía siempre lo habíamos sido porque nos comportábamos como tal… Y esto nos lleva a la actualidad…
