Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, aunque eso ya lo sabéis. Son todos propiedad de la señora Rowling, aunque eso también ya lo sabéis.
La túnica perdida
Oliver estaba furioso. Recorrió la distancia que lo separaba del campo de Quidditch rápidamente y se unió al grupo que hablaba animadamente sobre el terreno de juego.
-¿Dónde está mi túnica de entrenamiento?- Preguntó, la ira fluyendo junto a sus palabras.
Katie, Angelina y Harry lo miraron sin entender.
-¿Qué túnica?- Preguntó Katie- Nosotros no hemos visto ninguna túnica.
-No os hagáis los tontos, que por mucho que no tenga túnica el entrenamiento lo vamos a hacer igual- Miró a los integrantes de su equipo con rabia-. ¿Han sido los Weasley verdad?
-Fred y George aún no han llegado Oliver, están castigados con McGonagall- Informó Angelina, empezando a enfadarse por el modo en que les hablaba su capitán.
-Entonces fue alguno de vosotros tres. ¡Devolvedme mi túnica ahora mismo!- Oliver tenía los puños fuertemente apretados; no le gustaban para nada las bromas cuando se trataban de algo relacionado con el quidditch.
-Oliver, no tenemos tu estúpida túnica, déjanos en paz- Concluyó Angelina, que le dio un golpecito a Harry en el brazo para que la siguiera y juntos se alejaron de allí hacia las gradas.
-Si quieres te dejo una de las mías- Dijo Katie, burlona.
Oliver volvió a apretar los puños fuertemente e hizo rechinar los dientes.
-No estoy para bromas Bell. Seguro que tú sabes quien tiene mi túnica, dímelo ahora mismo.
-No.
-Que me lo digas.
-Que no.
-Has sido tú, ¿Verdad?
-Me has pillado- Dijo Katie levantando los brazos-, he sido yo- Se acercó a la oreja del guardián-. La tengo guardada junto a mis braguitas, pero no se lo digas a nadie- Concluyó burlona.
El rojo de Oliver, antes de ira, ahora era de vergüenza, desde luego no se esperaba una contestación como esa. La chica sonrió ampliamente por haber dejado a su Capitán sin palabras y se acercó a escasos centímetros de su boca, aún sin borrar la sonrisa.
-Ve a buscarla, Oli- Dijo con voz seductora y antes de emprender el paso, le tocó descaradamente el culo a un Oliver más rojo que las túnicas de quidditch de Gryffindor.
