Bueno, aquí sigo, no se asusten de la velocidad del relato, esta historia cuenta más que nada el papel de Saeth en el viaje de Eragon, por lo que si no ocurre algo de relevancia no lo pongo y salto al siguiente hecho. Como ya dije, sino tendrían que leer Eragon original, una novela maravillosa sin duda, pero que no tengo intensión de transcribir, si lo hiciera no sería un fan fic ¿Vdd?

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Aquella noche acamparon en el bosque, algo a lo que Saeth estaba muy habituada, desde hacía varios años que su hogar estaba en los bosques y las zonas deshabitadas. Un batir de alas presidió al espectacular aterrizaje de Saphira. La muchacha sintió que se quebraba por dentro al ver al magnífico ejemplar, las brillantes escamas color zafiro centelleaban bajo los rayos de luna como piedras preciosas, las curvadas garras rasgaban la tierra a sus pies y la figura atlética le daba una elegancia única. Una fugaz sonrisa se escapó de su boca, pero rápidamente la disimuló y se recostó contra un árbol arrebujándose contra las mantas con el ceño fruncido.

De pronto sintió cómo la dragona intentaba colarse en su mente, en un acto reflejo, que la había salvado en muchas ocasiones, le cerró el paso con muros de hierro, pero corrigió su error, no le molestaba que ella entrara en su mente, lo consideraba un honor. Sólo lamentaba la oleada de sensaciones que le despertaba aquello, tantos recuerdos que creía enterrados y que no deseaba desenterrar.

Así que tú eres Saeth.

Y tú debes ser Saphira.

En efecto.

Saeth le echó una fugaz mirada a Eragon, que se había tirado de espaldas a un árbol, y a Brom que parecía muy concentrado en encender una fogata. Entonces le dirigió una amplia sonrisa a la dragona.

Es un placer conocerte Saphira.

Sé lo de tu pérdida y lo lamento. Has sufrido mucho.

Ella se movió incómoda y una lágrima amenazó con resbalar por su mejilla, pero ni siquiera asomó.

Saphira conversó con ella por un buen rato, se sentía magníficamente sentir la presencia de la dragona en su mente, tan cálida y poderosa. Se reprendió a si misma por que su presencia comenzaba a ablandar su duro corazón, pero le aliviaba poder ser honesta con ella. Sintió que se quitaba un enorme peso de encima al hablarle de Jaru y su pasado, le alegró comprobar que Saphira no la juzgaba, de hecho la comprendía. Luego se prometió que no volvería a conversar de aquella manera con Saphira, era completamente descortés para con Eragon, aún que la cortesía no era algo que disfrutara mucho, aquello lo respetaba.

Luego de comer, Brom se puso de pie y le lanzó un palo afilado a Eragon.

-No, otra vez –se quejó el chico levantándose a regañadientes mientras Brom sonreía y le hacía señas.

Saeth los miró interesada.

La sesión de entrenamiento fue breve, y Saeth no pudo reprimir la risa al ver cómo el anciano dejaba al niñato con una hermosa colección de moretones.

Los siguientes cuatro días atravesaron una inhóspita llanura. El viento los acosaba sin cesar, e incluso en una ocasión Saphira se vio en peligro por que en vendaval era tan fuerte que la arrastraba, pero por suerte habían podido plegar sus alas y había continuado el viaje por tierra, aún que claro, con una lluvia que lo empapó completamente.

Saeth se mortificaba a si misma por que Eragon le comenzaba a caer bien, no necesitaba amigos y no quería tenerlos, pero el irritante chico se empecinaba en ser amable con ella. Y Saphira no mejoraba las cosas.

Mientras refunfuñaba para sus adentros, Yazuac, su primera parada, apareció en medio de la llanura. Saphira alzó el vuelo al parecer molesta de tener que esconderse y ellos aceleraron el paso animados por la comida y las comodidades que les esperaban.

La ciudad era mas bien un cementerio. Veían el humo que salía de algunas chimeneas, pero no había ni un alma en el lugar y un silencio de muerte se cernía sobre ellos.

-Esto es demasiado extraño –dijo Saeth en voz baja. El silencio era tal que casi podía escuchar las pisadas de Grom sobre el suelo arenoso, sus pesuñas enterrándose en la arenisca. Su fiel caballo siempre había sido silencioso como ninguno, era algo anormal, pero útil, sin embargo en aquel silencio sepulcral era casi audible.

-Escalofriante –coincidió Eragon-¿Por qué no sale nadie?

-Quizás tienen miedo –arriesgó Brom aún que no parecía muy de acuerdo con sus palabras.

-O quizás es una trampa y los ra'zac nos estén esperando –Saeth hizo públicos los pensamientos de los tres, si todos lo sospechaban no tenía ningún sentido enmascarar el peligro con falsas hipótesis, era mejor estar alerta.

-Estén preparados –Brom –daremos un rodeo, si nos tienden una trampa será en la entrada principal.

Sacaron sus armas y dieron el rodeo silenciosamente, aún que para Saeth las pisadas de Nieve de Fuego y Cadoc, los caballos de Brom y Eragon, eran escandalosas. El lugar era escalofriante, las puertas se mecían en sus bisagras rotas de una forma tétrica y ellos seguían sin encontrar a nadie. Cuando llegaron al centro del pueblo descubrieron que tan macabro era aquel lugar, Saeth vio que Eragon se volvía pálido y Brom murmuró "Por todos los dioses", ella también empalideció, estaba acostumbrada a toda clase de horrores, pero eso era demasiado despiadado, insoportable, incluso para ella.

En el centro se alzaba una inmensa montaña de cadáveres ensangrentados, los cuerpos mutilados de los habitantes de Yazuac, todos ellos, y en la cima, clavado en una pica como una diabólica bandera estaba un pequeño bebé. El olor metálico de la sangre era insoportable. Saeth vio que Eragon bajaba la mirada con lágrimas en los ojos, pero que volvía a levantarla como si los muertos le llamaran.

Un cuervo se posó sobre la pica dispuesto a servirse un bocado del pobre niño, pero entonces Eragon alzó el arco furioso.

-¡Eso no! –gritó y lo atravesó de lleno con los ojos llenos de lágrimas de rabia.

Saeth le puso una mano en el hombro, pero casi al instante se arrepintió y la retiró con brusquedad e inspeccionó el suelo para disimular, se le cayó el alma a los pies al ver una huella demasiado reconocida.

-¡Úrgalos! –Exclamó -¡Todavía hay úrgalos aquí!

Agitó las riendas de Gorm y lo mismo hicieron sus dos compañeros, los tres galoparon con rapidez. Casi al final del pueblo oyó un ruido tras ella y al voltear vio como Eragon caía al suelo junto a un asqueroso úrgalo, entonces vio como otro úrgalo le hacía frente a Brom. Quiso regresar, pero dos más le cerraron el paso a ella. Como detestaba a aquellas criaturas.

Los humanoides le plantaron cara sonriendo de forma sanguinaria mientras empuñaban sus espadas. Los enormes cuernos la amenazaban como si se tratase de otras punzantes armas.

Eragon acabó con el úrgalo que lo atacaba justo cuando Brom recibió una herida en el brazo. Luego fugazmente como Eragon escapaba de una turba de monstruos hacia un callejón, sin embargo ella tenía otros dos de los que preocuparse. Saltó de la montura de Grom, dio un giro en el aire para tomar envión y aporreó a uno descargando toda su fuerza en un golpe directo al costado del monstruo. El golpe tuvo tal poder que, aún que el úrgalo quiso frenarlo con su arma en una parada hacia abajo, la espada de Saeth hizo que su propia espada se le clavara atravesando la armadura hasta llegar a la carne. Sin dejarle tiempo de pensar cómo aquella chiquilla había tenido tanta fuerza, alzó su espada y se la clavó en el corazón sin piedad. Pero su lucha con el úrgalo la distrajo del otro que esperaba el momento propicio para atacar, en el momento en que la espada de la chica se clavó en su compañero, el úrgalo le hincó su arma en un costado haciéndole soltar un gritó de dolor.

Furiosa y herida, Saeth arrancó su espada del cuerpo muerto del humanoide, propinándole a su agresor un golpe en la asquerosa nariz con el pomo de su espada, luego lo remató con la hoja violeta de un limpio golpe al cuello, su rapidez era única y ni siquiera Brom, en sus mejores días podría haberla derrotado.

Vio algo de fuego en el callejón, pero su mente se tornó muy confusa. Se llevó una mano temblorosa a la herida del costado y esta regresó cubierta de sangre. Sintió miedo luego de mucho tiempo, se sintió nuevamente como la chiquilla que era, o tal vez más pequeña, acababan de demostrarle que no era tan invencible como había creído, no era justo, no quería que todo acabara allí. La angustia la ahogaba pero no dejaría que las lágrimas la dominasen, ella no lloraba, no había llorado desde aquel fatídico día en que su vida se había terminado de arruinar y no volvería a llorar.

Calló de rodillas y no oyó cuando Saphira aterrizaba cerca de ella. Se tambaleó e intentó aferrarse a la silla de Grom. Su mano resbaló por el cuero haciéndola caer en cámara lenta, pero no alcanzó a caer al piso por que unos brazos la sostuvieron.

-¡Saeth! –exclamó la débil voz de Eragon, tenía apariencia de cansado y parecía algo sorprendido de que ella se viera tan frágil. Saeth encontró un momento para sentirse avergonzada y hasta tonta –Todo está bien, estoy aquí –la tranquilizó, su voz sonaba con un extraño eco ¿O era ella la que lo escuchaba así? –Ahora debo buscar algo para vendarte.

No escuchó lo último, pero vio que se levantaba, creyó que iba a abandonarla, como todos hacían, todos la dejaban.

-No me dejes –rogó sosteniéndole la mano con cierta desesperación.

Eragon pareció sorprendido, pero e sonrió con ternura.

-No lo haré, te lo prometo. No te dejaré –le aseguró el chico.

Sus manos se dividieron y cuando él regresó ella ya se había desmayado.

Subió a Brom a la silla de Saphira y llevó a Saeth que era más pequeña y liviana sobre Cadoc, con él y partió con los otros dos caballos siguiéndolos.

A medio camino Saeth despertó, pestañeó y entreabrió los ojos, sentía el agradable trote de un caballo que la arrullaba. Al levantar la vista vio el rostro de Eragon que la sostenía firmemente por la cintura para que no callera del caballo. Su mente estaba atontada, se le quedó mirando fijamente, aquella fuerza que emanaba le recordó a alguien, a su viejo amigo. Supo que no importaba lo que hiciera, Eragon sería su amigo, había cierta conexión entre ellos, se comprendían, tal vez se debía a Saphira o a algo más, pero Saeth se juró que no dejaría que hirieran a este nuevo amigo. Tal vez no había podido evitar que le agradara, pero de ninguna forma iba a perderlo a él también, ni dejaría que él perdiera a Saphira. La relación del jinete y su dragona le enternecía el corazón, y no dejaría que se rompiera. Estiró un débil brazo y le acarició la mejilla, si, protegería al jinete, no importaba lo que costara.

Eragon bajó la vista cuando la mano de Saeth caía y se dormía murmurando "Jaru".

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Hermosos pensamientos, la amistad… que cosa tan hermosa, lo amigos son los pilares que nos sostienen, son personas leales que siempre van a velar por nuestro bien. Aquellos en los que podemos confiar en este mundo cruel. Para Saeth, la palabra amigo tiene un significado muy poderoso, su primer amigo la abandonó y el segundo murió, pero ahora que se dio cuenta de que tiene tres nuevos amigos, está decidida a protegerlos con su vida. Por más que ella diga que no necesita amigos, los necesita mucho, tal vez demasiado. Necesita personas en las que apoyarse, personas que la ayuden a seguir y que le muestren afecto. Bueno, quien no.