Saeth despertó nuevamente con el calor de una fogata, la primera palabra que llegó a su mente fue "inútil", como un reproche para si misma. Eran increíble que un estúpido úrgalo pudiera derrotarla, y de aquella manera. Abrió los ojos y notó que lo que la había despertado no había sido el fuego, sino que Eragon le estaba cambiando los vendajes alrededor de la cintura.

-Linda tunda me dieron –murmuró molesta.

Eragon se sorprendió de verla despierta y sonrió por el comentario mientras se le coloreaban las orejas.

-Brom dice que no es tan grabe, al menos no tocaron ningún órgano ni nada que te pusiera en peligro. Así que ninguno de los dos nos explicamos lo…

-Si, si, como el vejete diga.

-Es bueno ver que despertaste de buen humor.

-He tenido peores.

-Has estado demasiado tiempo inconsciente, tanto que comenzaste a preocuparme.

-Hay, que enternecedor cariño ¿Te preocupaste por mí? –Rió –ni que hubiera estado una semana inconsciente.

-Pero es que lo has estado, tenías mucha fiebre y balbuceabas entre sueños. Ya hemos pasado Daret, nos dieron una hermosa bienvenida con arcos apuntándonos desde cada ángulo.

Saeth se incorporó asombrada.

-¿Qué qué? –Exclamó -¿Cómo que he estado inconsciente por una semana?

-En realidad ha sido más, te perdiste de mucho.

Saeth se cruzó de brazos.

-No puedo creer que sea tan débil –refunfuñó.

Eragon rió ante su comportamiento infantil.

-¿Cómo te sientes?

-Frustrada.

-Me refiero a la herida –volvió a reír.

-No me duele, si a eso te refieres, hará falta más que un cortesito para doblegarme –se puso de pié –Sólo espera a que un úrgalo se cruce en mi camino, le haré desear nunca haberlo hecho. El primero que se cruce… y me las cobraré todas – rumió molesta mientras se acercaba al fuego. Entonces reparó en Brom que dormía profundamente y soltó una risa contenida –Mira quién cayó rendido ¿No hay reparto de moretones hoy?

-Si, pero esta vez hemos practicado con espadas de verdad, Brom es quitó el filo para practicar.

Saeth sonrió tristemente y miró a Brom con cariño, cada día que pasaba le sorprendía la bondad del anciano, aún siendo una niñita de nueve años, edad en la que ella había comenzado a practicar con la espada, su entrenador no le había quitado el filo a su espada, y ello lo había pagado caro. Se pasó distraídamente la mano por la cicatriz de su brazo. Ella había querido practicar con Tornac, pero su padre no lo había querido, luego, cuando tuvo la oportunidad de elegir su entrenador, Tornac murió, así que siguió practicando con espadas afiladas y entrenadores despiadados.

-Lindos verdugones te habrá dejado.

-Aún que no lo creas he mejorado mucho –se defendió el chico –y aprendí a usar magia mientras tú disfrutabas de tu hermoso sueño.

-No me digas –rió incrédula.

Saphira la empujó con el hocico.

-Está bien, está bien, te creo –rió pero le causó un fuerte dolor, se llevó una mano al costado y se tambaleó, pero Eragon la agarró antes de que cayera.

-No necesito ayuda –se quejó.

-No, claro –la ayudó a sentarse y Saphira se acurrucó cerca de ellos -¿Sabes? Has estado dando unos lindos viajecitos sobre Saphira –comentó.

-¿Deberás? Lástima que no estaba despierta, creo que los habría disfrutado –excelente, otra razón para molestarse por haber estado inconsciente. –Eragon… -dijo repentinamente.

-¿Si?

-Gracias por cuidar de mi –dijo sin mirarlo, dar gracias no era su fuerte.

-No hay de qué.

-No tendrías que haberlo hecho, no he hecho más que molestarte, me he comportado como una víbora, y tú, Saphira y Brom son demasiado amables conmigo –seguía con la vista clavada en el suelo, no recordaba haberse disculpado nunca en su vida, le habían enseñado a ser altiva y a no disculparse ante nadie. Recordó las palabras de su padre "nunca agaches la cabeza, no hay nadie sobre ti, sólo yo"

-Si tenía que hacerlo. Eso es lo que hacen los amigos ¿Verdad?

Saeth lo miró sorprendida y sonrió ampliamente "amigos" que bella palabra y cuánto implicaba, pero era verdad, tenía tres leales amigos que se preocupaban por ella, y pensaba pagarles de igual forma.

-Si, somos buenos amigos –le tendió una mano vendada y él la estrechó con la suya enguantada –Lindos guantes –comentó reparando en lo último.

-Los conseguí en Daret.

Lástima que no conseguí unos para mi, la espada me lastima la mano –señaló su venda –Que puedo decir, tengo manos de princesa –rió ante la comparación.

La próxima te conseguiré unos –prometió Eragon, soltó un gran bostezo –Buenas noches –se recostó contra Saphira y cerró los ojos.

Saeth se los quedó mirando un buen rato, esos dos comenzaban a despertar en ella a aquella niña sonriente que había comenzado a desaparecer luego de que su mejor amigo se marchara sin dar aviso y que había quedado sepultada luego de la muerte de Jaru. Sentía que la pérdida de su querido Jaru jamás sanaría, pero al menos Saphira y Eragon le habían devuelto a su vida algo del sentido que poseía antes, cuando creía que sus aventuras eran por el bien de Algaësia, en ese entonces era una niñita ingenua, que rápido había cambiado todo, que rápido se había vuelto un ser oscuro con un único motivo para vivir, la venganza. Una sombra cruzó sus ojos al recordar como había sido hacía poco tiempo, pero no, estaba decidida, no se daría por vencida, no terminaría como él, lucharía, pero no sólo por venganza, sino por el verdadero bien de Algaësia, Jaru lo habría querido así.

Sonrió y acarició las suaves escamas color zafiro de la dragona que dormía. Se inclinó para ver si Eragon también estaba durmiendo y luego se quitó la venda.

La herida era bastante fea, al menos no sangraba, pero valla que dolía.

-Waisé heill –murmuró y sintió que las fuerzas la abandonaban. Se recostó en Saphira, en el lado contrario a Eragon y se durmió en el instante.

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Las preguntas alrededor de Saeth comienzan a aparecer ¿Quién es Jaru? (Si son lectores atentos, como estoy segura de que lo son, sabrán responder a eso) ¿Saeth es acaso maga o elfa? ¿Quién es ese misterioso amigo de la infancia que la abandonó? ¿Qué pasado tan triste y tétrico trata de dejar atrás? ¿Dónde están sus padres? Etc, Etc, no se preocupen, no los haré esperar mucho, yo tampoco quiero hacerlo.