No hay salto de tiempo!!! Por diosss, que milagro jajaj. Este es un capi muy revelador y el más largo, así que espero que lo disfruten y se respondan muchas de sus preguntas )
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Al día siguiente, luego del desayuno, Eragon debía montar en Saphira.
Brom le contó a Saeth de la escándalo que le había armado la dragona el día anterior y el largo regaño que le había dado a Eragon diciéndole que cada vez que se separaban el se metía en problemas como si fuera un niñato que metía las narices donde no le llamaban. Así que Eragon se había visto obligado a prometer que montaría en ella.
Eragon titubeó, pero luego montó en Saphira. Saeth sonrió al verlos alzar vuelo, juntos, pero sintió que se le estrujaba el corazón dolorosamente.
Brom le lanzó una mirada comprensiva y le tomó, paternalmente, la frágil mano entre las suyas. Ella le correspondió el gesto aferrándose con fuerza a las manos de Brom, aquel simple gesto, tan afectuoso pero a la vez tan simple fue capaz de darle fuerzas a su acongojado corazón. Retiró su mano con suavidad y siguió andando.
-¿Sabes? Tarde o temprano tendrás que hablar con Eragon de ello, él no puede seguir sin saber la verdad, querrá saber quién eres, se lo merece.
-¿De qué le servirá saber que mi padre es un monstruo?
-El suyo también lo fue.
-No, él fue criado por Garrow, yo fui criada por un monstruo.
-Pero no lo eres, y él lo sabe y te quiere por ello. Además hay otra verdad que merece saber.
Saeth alzó la vista y vio la borrosa figura de Saphira en el cielo
-Supongo que tienes razón… -se tocó un mechón de su ondulado cabello marrón.
-Si, eso también si quieres–rió Brom –pero te has cambiado tanto el color del cabello que según me has dicho, ni tú sabes cuál es tu verdadero color. Aún que apostaría que el de tu madre era el negro, no la conocí, pero es un presentimiento.
Saeth sonrió y al recordar a su madre sintió que algo cálido la recorría por dentro. Había muerto hacía tiempo, pero había sido una mujer bondadosa, ingenua por haberse dejado engañar por su padre, pero bondadosa.
Al cabo de una hora Eragon descendió a su lado con una sonrisa de oreja a oreja.
-Creo que nunca en mi vida disfruté tanto –anunció.
Brom y Saeth rieron.
-Vamos, tienes que probarlo.
-¿Qué? No…
Antes de que pudiera protestar, Eragon le hizo montar frente a él.
-Dijiste que querías montar a Saphira estando despierta –le recordó.
-No dije eso, dije que…
-Es lo mismo –le cortó –Vamos.
-No se alejen mucho –les advirtió Brom sonriente.
Saeth tembló cuando Saphira alzó el vuelo, se sentía irracionalmente nerviosa, pero no por la altura, sino por las sensaciones de estar montada en un dragón, se sentía eufórica, libre y feliz. Feliz como cuando no había estado desde que tenía a Jaru a su lado.
-No tengas miedo –le dijo Eragon malinterpretando su temblor –Saphira no te dejará caer –le aseguró.
-¿A no? –Saeth sonrió, pero él no pudo verla.
De ninguna manera le dejaría creer que era una cobarde, le demostraría a ese jinetucho de tercera de lo que era capaz.
Subió los pies y se quedó en cuclillas sobre la silla de montar, agazapada como si estuviera a punto de saltar.
-¿Qué haces? –exclamó Eragon alarmado al ver que comenzaba a trepar por el cuello de la dragona.
-¡Enseñándote cómo se debe volar, chico dragón! –Rió –Voy a hablar con Saphira –le informó previamente.
¿Que haces, niña insensata?
Saphira, lánzame hacia arriba –pidió acomodándose en su cabeza.
¡¿QUÉ?!
Me escuchaste, confía en mí.
Niña, estás demente.
Totalmente.
Rió.
Saphira hizo lo que le decía y la lanzó al aire de un cabezazo.
-¡Saeth! –chilló Eragon aterrado.
Ella dio una vuelta en el aire, no estaba sostenida por nada.
-Como en los viejos tiempos –murmuró y pasó sobre la cabeza de Eragon dando una ágil pirueta, para luego aterrizar de cuclillas en la cola de Saphira de donde se agarró con fuerza haciendo equilibrio.
Eragon volteó a verla pasmado y Saeth soltó una carcajada al ver su cara.
-¿Decías? –gritó desde la cola.
-¿Cómo demonios has hecho eso?
-Secreto profesional, chico dragón.
Eragon calló por un segundo y su rostro tomó una expresión concentrada.
-¿Brom? –dijo repentinamente.
-¿Qué?
-Es Brom, dice que ha encontrado algo importante –le comunicó –está en un claro, debemos bajar.
-Muy bien –accedió.
Eragon le tendió una mano y la ayudó a montar en la silla, tras él. Luego descendieron en el claro.
Al bajar Brom le dio una reprimenda a Eragon por bloquearle la mante.
-Las huellas de los ra'zac acaban aquí –le informó.
-Han salido volando en sus monturas –informó Saeth inspeccionando las hullas de garras junto a las de los ra'zac.
-Había oído que viajaban de un lado a otro a una velocidad increíble, pero esta es la primera prueba que tengo. Si es que tienen monturas voladoras, nos pone en un gran aprieto.
-¿Qué haremos? No podemos seguirles la pista por el aire –dijo Eragon frustrado.
-Es un problema de difícil solución. Vamos a pensar mientras almorzamos, y quizás nos llegue la inspiración mientras comemos –propuso el anciano.
Eragon fue a buscar las provisiones refunfuñando molesto y Saeth miró a su alrededor. Aquel claro le parecía extrañamente familiar.
-Yo tampoco reconocí este lugar hasta hace un momento –le dijo Brom –lamento haberte traído aquí, no lo sabía. Supongo que fue el destino, pero ahora es una buena oportunidad para superar tu dolor, y decirle la verdad a Eragon –señaló una roca y Saeth sintió que se le caía el alma a los pies.
Eragon escuchó que Brom mencionaba su nombre y entonces recordó la duda que la desaparición de los ra'zac había opacado.
Desenvainó a Zar'roc silenciosamente y luego tomó a la espada de Saeth de la montura de su caballo. Las comparó, la espada de Saeth era igual a Zar'roc, sólo que la hoja era color violeta, tenía un cuarzo transparente color violeta en la empuñadura, en vez del rubí de su propia espada, y la runa también cambiaba.
Sonrió fugazmente, tomó un cuchillo y caminó a zancadas hacia Saeth y Brom. Sin dejarle tiempo a la chica para reaccionar le tomó la mano y le cortó la venda con el cuchillo. Allí brillaba en su mano, la Gedwéy ignasia, algo más opaca, pero sin duda era la marca de los jinetes.
-¡Lo sabía! –exclamó triunfante.
-Te dije que tare o temprano lo descubriría –le dijo Brom.
Saeth agachó la cabeza y miró la marca en su mano, llevaba oculta tanto tiempo que ya había olvidado como lucía.
-Sabía que tenías que ser jinete, comencé a sospechar al ver el lazo que tenías con Saphira, pero comprobaste mis sospechas hace un momento, sólo un verdadero jinete sabría moverse con tanta agilidad sobre un dragón, ni siquiera yo puedo hacer eso.
Eragon recordó entonces dos cosas y logró conectarlas. Hacía tiempo, Brom le había dicho una serie de nombres de dragones, y luego Saeth había murmurado uno de ellos entre sueños: Jaru.
-Ex jinete –le corrigió con tristeza.
-¿Qué?
-Como escuchas, Jaru murió hace tres años.
-Pero… ¿Cómo es posible que existiera un dragón hace tan pocos años y nadie supiera nada?
-Eso es por que todos los que lo vieron murieron o decidieron guardar el secreto –dijo Brom haciéndole una seña para que se sentase –Jaru era un dragón muy joven, incluso más que Saphira.
-Hace tres años –comenzó Saeth –cuando tenía doce, mientras recorría el bosque di por casualidad con un huevo de dragón, uno del que nadie tenía noticia, ni los vardenos, ni los elfos… ni Galbatorix. El huevo se abrió y de él nació un pequeño y hermoso dragón violeta –Saeth perdió su vista en los ojos color zafiro de la dragona que tenía enfrente –el nombre lo tomé de una lista de dragones que encontré –sonrió amargamente –más tarde descubrí que era una lista de jinetes y dragones asesinados. Mi propia espada pertenece a otro jinete que también tenía un dragón llamado Jaru.
-¿Y de dónde sacaste una lista de jinetes…? –Eragon se interrumpió, algo le decía que no quería saber.
-En ese entonces era una niña ingenua que se creía que su padre era un héroe, lo admiraba como a nadie, creo que nunca volveré a admirar a nadie nunca más, sufrí una decepción tan grande… -tragó saliva –como la niña tonta que era cometí uno de los errores más grandes de mi vida, corrí hacia mi padre con el dragón en brazos, sabía lo que significaba, y creí que se sentiría orgulloso de mi –volvió a sonreír, pero una lágrima rodó por su mejilla –la expresión de su cara… era un poema –rió de aquella forma nada feliz –engañosamente comprensivo me dijo que estaba orgulloso de mí y que me entrenaría para que fuera la mejor jinete de todos los tiempos, y así lo hizo, me entrenó, para lo que él decía que era salvar a Algaësia. Y lo peor es que le creímos, Jaru y yo le creíamos cada mentira que salía de sus venenosos labios, e hicimos cosas horribles pensando que con ello le hacíamos un bien al mundo. Apenas Jaru tomó el tamaño suficiente como para que lo montase me mandó en mi primera misión… que emocionada estaba, pero lo cierto era que no estábamos preparados para un verdadero combate ¡Por los dioses, tenía tan sólo doce años! A esa edad otras niñas están jugando, no empuñando espadas y montando dragones, pero la locura de mi padre siempre fue evidente. En aquella misión, su plan era demostrar que tenía un nuevo dragón en su poder, Jaru y yo combatimos valientemente, nadie podía creer que una niñita y un dragón que no sobrepasaba el tamaño de un caballo supusieran un peligro muy grande. Estábamos deseosos de demostrarles lo contrario, todo por el bien de Algaësia.
Pero repentinamente vi en los ojos de mis enemigos que ellos eran buenas personas, los comparé con quienes yo creí que eran mis aliados "héroes de Algaësia", mis supuestos enemigos no parecían malas personas… pero cuando baje mi arma y Jaru me dijo que también se había dado cuenta de ello… un… un guerrero alzó su espada y atravesó el corazón de Jaru –sollozó –creí que moría en ese mismo instante, y estuve a punto de hacerlo… Pero estaba demasiado dolida como para morir, demasiado furiosa, le grité al guerrero que no entendía nada, que era un idiota por lo que había hecho, le grité que Jaru era inocente. Intenté revivirlo… pero fue demasiado tarde… lloré toda la noche sobre su cuerpo sin vida, ya no me importaba la batalla a mi alrededor, y yo no le importaba a la batalla, cuando amaneció se me habían acabado las lágrimas, pero seguía tan destruida como en el mismo instante en que esa maldita espada atravesó el corazón de Jaru… Juré que vengaría su muerte, que acabaría con Galbatorix, por arruinar mi vida, acabaría con el culpable de su muerte y con su verdugo… -su voz se quebró y se vio incapaz de seguir.
-¿Quién asesinó a Jaru? –alcanzó a articular.
-No lo se… Era tan sólo una niña… yo… no lo se.
Brom se movió incómodo y Eragon sospechó que él si lo sabía.
-Fue entonces cuando yo la encontré –continuó Brom –los guerreros contra los que ella luchaba querían asesinarla, decían que era peligrosa, y lo era, había acabado con muchos de sus hombres, era una jinete en su contra, pero yo me compadecí y les dije que ella no era culpable, que era tan sólo una niña inocente que había sido engañada, estuvieron de acuerdo y entre todos acordamos no mencionar lo sucedido, ni tampoco al dragón. Pero para que no fuera olvidado, le hicieron un pequeño monumento en el lugar dónde calló –señaló la piedra al igual que momentos atrás.
Saeth se puso temblorosamente de pie y avanzó hacia la roca, Eragon la siguió como en un sueño, estaba aturdido y trataba dificultosamente de procesar la información dada.
La roca tenía tallado el dibujo de un dragón y debajo decía "Jaru", pero Eragon que no sabía leer no lo supo, sin embargo no necesitó leer para imaginarse lo que allí decía. Saeth metió la mano en un único hueco de la roca y sacó un collar una pequeña diadema de plata.
-Ahora lo sabes Eragon… -dijo en un susurro apenas audible –así que me vuelvo a presentar: Eragon… mi nombre es Saeth, antigua jinete de dragón, "princesa de Algaësia" e hija de Galbatorix –cerró los ojos y su cabello pasó de negro a rubio.
Eragon no supo que decir, algo dentro de él le impedía juzgar a su querida amiga, podía ver en sus ojos que estaba arrepentida de lo que había hecho. Ella no sabía lo que hacía en ese momento… pero la hija de Galbatorix… ni siquiera tenía idea de que Galbatorix tuviera una hija. Y se veía tan inocente, era imposible creer que siquiera fuera capaz de empuñar una espada. Se imaginó como se sentiría él si perdiera a Saphira, sin duda estaría destrozado.
Saeth calló de rodillas, odiaba su vida, odiaba haber sido tan ingenua como para poner en peligro la vida de Jaru. Saphira se paró tras ella y le acarició la cabeza con su hocico.
-Saphira y yo confiamos en ti –le aseguró Eragon agachándose frente a ella –eres nuestra amiga y prometí que no te dejaría. Y si Brom dice que eres de fiar, yo lo creo –la abrazó con fuerza, Saeth ya había olvidado lo que era un abrazo –Vamos, aún debemos buscar a los ra'zac.
Saeth asintió y se puso de pié con dignidad, parecía haberse quitado un enorme peso de encima y recuperado una fuerza olvidada. Le sonrió ampliamente.
-Te lo agradezco Eragon, se los agradezco a los dos por no juzgarme… temí que creyeras que te deseaba algún daño.
Eragon sonrió y le puso la diadema en la frente. Luego hizo una reverencia en broma.
-Por supuesto que no, "su alteza".
-Ya cállate –le espetó recuperando su habitual humor –ahora que todo está aclarado, será mejor resolver eso de los ra'zac y comer algo, por que me muero de hambre.
-Por cierto ¿Cómo has hecho eso del cabello?
-Ah, es sólo un pequeño que utilizo desde pequeña, según mi padre mi verdadero color de cabello es el rubio, pero ya sabemos qué tan confiable es su palabra ¿Verdad?
-Sólo trata de no cambiarlo mucho, creo que podría confundirte –rió Eragon.
Luego de comer Eragon se puso de pie y se alejó de Brom, Saphira y Saeth. Justo cuando estaba por abandonar del claro vio algo en el suelo, una cantimplora de metal con una correa de cuero para colgársela al hombro, en cuya parte interior había grabada en plata una insignia que Eragon reconoció como el emblema de los ra'zac. Emocionado destapó la cantimplora y esta emanó un olor empalagoso, como el que percibió al encontrar a Garrow entre los escombros de la casa. Una gota del líquido calló sobre su dedo y comenzó a arderle.
Soltó un alarido de dolor y se limpió el dedo, pero el líquido ya le había quemado una parte de la piel.
-Es aceite de pétalos de seithr –le informó Brom cuando le mostró la cantimplora –tiene la capacidad de corroer la carne, pero lo que la hace tan especial es que puedes meter en ella cualquier material que no sufrirá daño alguno, a menos que sea parte de algún animal o persona. Es muy valioso, de seguro el rey se disgustará de que lo hayan perdido.
-¿Tan raro es este aceite?
-Como un diamante en la pocilga de un cerdo –dijo Brom, Saeth rió –el aceite en su estado natural es usado por los joyeros, pero sólo aquellos que pueden permitírselo.
-¿Hay gente que comercie con él?
-Tal vez uno o dos –respondió Saeth.
-Excelente, entonces en los pueblos de la costa quedará constancia de los cargamentos.
-¡Por supuesto! –Los ojos de Saeth se iluminaron -. Si podemos acceder a esos documentos, sabremos quién llevó el aceite al sur y adonde se envió desde allí.
-¡Y los registros de compra del Imperio nos dirán dónde viven los ra'zac! –Concluyó Eragon –No sé cuánta gente puede pagar este aceite, pero no creo que sea muy difícil descubrir a los que no trabajan para el Imperio.
-¡Eres un genio! –exclamó Brom sonriendo -¡Ojalá se me hubiera ocurrido esa idea hace años: me habría ahorrado muchos quebraderos de cabeza! La costa está llena de ciudades y de pueblos a los que pueden llegar los barcos. Supongo que Teirm es el sitio para comenzar, ya que controla la mayor parte del comercio. –Brom hizo una pausa, y continuó –Por las últimas noticias que tuve, mi amigo Jeod aún seguía viviendo allí, y aunque hace mucho tiempo que no nos vemos, quizá esté dispuesto a ayudarnos. Y como es mercader, es posible que tenga acceso a esos archivos.
-¿Cómo llegaremos a Teirm?
-Tendremos que dirigirnos al sudoeste hasta llegar a un puerto de alta montaña en las Vertebradas, y una vez al otro lado, seguiremos por la costa hasta Teirm.
Una suave brisa agitó el cabello de Brom.
-¿Podremos llegar a ese puerto en una semana?
-Sí, seguro. Si nos alejamos del Ninor hacia la derecha, mañana ya veremos las montañas.
Eragon se acercó a Saphira y montó.
-De acuerdo, nos veremos a la hora de cenar.
Saeth y Brom lo vieron alejarse.
-Como vez, es un buen chico, y comprensivo –le dijo Brom a Saeth.
-Si –sonrió –nunca creí que confiara tanto en mí.
-Es tu amigo –dijo el anciano como toda respuesta.
Saeth murmuró unas palabras en idioma antiguo y una flor creció frente a la tumba de Jaru.
-Si, amigo –sonrió deleitándose con aquella palabra.
Aquella noche, mientras Brom, Eragon y Saphira dormían, Saeth llamó a un ave e el lenguaje antiguo, le ató una nota a la pata y le susurró instrucciones sobre a quién enviársela.
Al mirar a sus amigos sintió un remordimiento de consciencia, ellos confiaban en ella y de cierta forma les estaba fallando. Pero era algo que tenía que hacer, se lo debía a Jaru, y aún que su vida había cobrado un nuevo sentido, no había olvidado aquel que la había mantenido con vida durante tres largos y dolorosos años.
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Wow! Muchos de los misterios han sido aclarados, pero no se crean que se acabó la emoción, no, no, no, aún tengo varios trucos bajo la manga, sólo esperen.
Me despido, y cómo dice un gran escritor: ¡¡¡Que vuestras espadas estén siempre afiladas!!!
