Nuevo salto… bueno cheeeeeee, no esperaran que ponga todo el libroooO P

Q' lo difrutenn

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La niebla se esfumó y pudieron divisar a Teirm frente a ellos, resguardada tras una impenetrable muralla blanca como la espuma del mar, con su diseño único que la convertía en infranqueable.

-Tendremos que cambiar nuestro nombres para entrar en la ciudad, en Jeod podemos confiar, pero no en el resto –dijo Brom –desde ahora yo seré Neal, tú –señaló a Eragon –serás mi sobrino Evan, y tú –se dirigió a Saeth –serás la tierna y dulce Ely, la prometida de Evan –Brom rió abiertamente.

-Ni hablar, yo no seré la prometida de ningún Evan ni nadie, no dejaré que te divierta a costa mía, viejo sinvergüenza –dijo molesta.

-Como quieras, pero en cuanto los hombres de Teirm vean lo bonita que eres, desearás ser mujer casada.

Se acercaron a las puertas tratando de no levantar sospechas.

-¿Cómo te llamas? –le espetó uno de los guardias a Brom, cuando llegaron frente a la entrada.

-Me llamo Neal.

-¿Y el otro?

-Justo estaba por decirlo. Es mi sobrino Evan, es el hijo de mi hermana, no es…

-Bien, bien… –le cortó le guardia, entonces reparó en Saeth -¿Y quién es esta preciosa muchachita?

-Oh, ella es Ely, es muy tímida, pobrecilla.

-Si no tiene ninguna unión con ustedes, me temo que tendrá que quedarse en los cuarteles –el guardia sonrió maliciosamente.

-Evan es mi prometido –se apresuró a decir ella agarrándose del brazo de Eragon.

-Si, ya sabe, están tan enamorados los tórtolos que Ely no quiso dejarlo ir si no venía ella también –dijo Brom, Saeth tubo que hacer un esfuerzo sobrehumano para fulminarlo con la mirada.

-Ya… ¿Y qué quiere?

-Va a visitar a un viejo amigo –intervino Eragon con un acento muy cerrado –Voy con él para que no se pierda, no sé si me entiende. Ya no es tan joven como antes, y en su juventud le dio demasiado el sol. Un poco de fiebre cerebral, ya sabe.

Uno a uno, Saeth sonrió satisfecha, al menos Eragon había vengado el primer golpe de Brom al orgullo de ambos, ahora estaban empatados, rió para sus adentros.

-De acuerdo, pasen, pero no causen problemas.

-Oh no se preocupe, el único problema que puede causa es olvidarse de ir al baño –contuvo la risa, ahora si estaban empatados, de ninguna manera se quedaría callada.

-Así que tengo fiebre cerebral y me hago encima ¿Eh? –rezongó Brom una vez adentro.

-No podíamos dejarte toda la diversión a ti -bromeó Eragon.

-Eso te ganas por jugar con fuego –sonrió Saeth.

En El Castaño Verde, una posada de mala muerte, un hombre llamado Martin les indicó donde encontrar a Jeod, también les contó de la mala racha que este y otros mercaderes habían tenido con sus barcos.

Mientras Eragon y Brom visitaban a Jeod, Saeth se disculpó y dijo que tenía algo que hacer, Brom dudó, pero si no se lo permitía le daría a entender que no confiaba en ella.

-Muy bien –dijo –pero no te tardes ¿Sabes dónde queda la casa de Jeod?

-Si, escuché la indicación, ya he estado aquí hace poco tiempo, se ubicarme.

-Ten cuidado le –advirtió Eragon seriamente, deteniéndola por el brazo.

-Calma "prometido" tendrás a tu novia para la boda –bromeó.

Eragon se sonrojó y ella se marchó riendo.

En las calles todos los ojos se volteaban a verla y la saludaban con gentileza, era sorprendente lo que una cara bonita e inocente podía hacer, en los años anteriores ella había pasado por aquellas mismas calles, pero con una capucha, en ese momento sólo había recibido miradas recelosas.

Entró en "El Barco", una taberna de mala muerte, más aún que El Castaño Verde, ubicada en un callejón cerca de la entrada a la ciudad. De haber sido por ella habría elegido un lugar menos sospechoso, pero la persona con la que se reunía prefería aquella posada. "Me pregunto por qué será" pensó sarcásticamente, no tenía deseos de hacer tratos con personas del bajo mundo, al que ella solía pertenecer. Ratas de las sombras viviendo con lo que ganan en negocios sucios, sin embargo eran los mejores informantes que se podría hallar, y si se les incentivaba correctamente aflojaban la lengua hasta que la voz se les quedaba ronca.

Mirando nerviosamente a la puerta de entrada se sentó en la barra donde el tabernero le servía una extraña bebida a un hombre aún más extraño.

-Estoy buscando a Marthos –le susurró al tabernero cuando este se paró frente a ella.

-¿Y para qué quiere una niña como tú a Marthos? ¿No tienes que ir a cocinar algo o lo que sea que hagan las mujeres?

Saeth torció la boca, detestaba que la subestimaran por ser joven y por ser mujer ¿Acaso una mujer estaba obligada a vivir encerrada en una casa? Pero claro, aquel bruto habría estado con ta pocas mujeres que era un milagro que supiera lo que eran.

-Eso no es asunto tuyo ¿Vas a decirme dónde está Marthos o te lo tendré que sacar por la fuerza?

El tabernero sonrió socarronamente.

-Tal vez, con el incentivo adecuado…

Incentivo adecuado… ¿Quién demonios se creía? Pues bien, si quería en incentivo adecuado le daría en incentivo adecuado. Sacó su daga del cinto y la clavó significativamente en un blanco colgado en la pared, allí tenía su incentivo adecuado.

-¿Marthos? –preguntó sonriendo altivamente al ver su expresión, estaba claro que no era más que un borracho charlatán incapaz de sostener un arma de la forma adecuada, mucho menos de manejarla.

A regañadientes, el tabernero, señaló con la cabeza a un hombre sentado en la mesa más apartada.

-Muy amable –dijo burlonamente, se puso de pié, tomó su daga y se sentó frente al tal Marthos.

-Y yo que dudé en si asistirías, linda demostración de puntería –le dijo el hombre sonriendo con falsa cortesía.

-¿Tienes lo que te pedí?

-Eso depende ¿Tienes el pago?

Saeth puso la diadema sobre la mesa, el brillo de codicia en los ojos del hombre fue evidente.

-Tienes que desear mucho esa información para dar algo tan valioso a cambio. Parece ser de la más fina manufactura, si… de mithril, diamantes incrustados. Toda una reliquia. Me pica la curiosidad ¿Qué piensas hacer con la información?

-Limítate al trato, me das la información, yo te pago. Lo que haga con ella es asunto mío.

-Me parece bien, sabes hacer negocios pequeña.

-No me provoques.

Marthos rió.

-No te gusta que te digan pequeña. Bueno, no tengo objeciones al respecto, por lo visto poco tienes de niña pequeña.

-Dame la información –dijo en tono de advertencia. Ese idiota comenzaba a impacientarla con sus estúpidas divagaciones.

-Paciencia, la primera regla. Los impacientes a menudo pasan por tontos.

-Y los idiotas a menudo pasan por cadáveres –lo amenazó.

Marthos suspiró y le tendió un pergamino.

-Tengo a los asesinos –le susurró de manera que sólo ella pudo oír –está anotado en ese pergamino, no es seguro decirlo en voz alta. Cómo darás con ellos no es mi problema. Suficientemente difícil me fue conseguir la información.

Saeth desenrolló el pergamino con as manos temblorosas por la emoción, anotada allí estaría la identidad de quien había asesinado a Jaru. Ella sólo conocía su cara, pero ahora sabría quien era, podría vengarse…

Repentinamente una fuerte punzada en la cabeza la hizo gemir de dolor. Toda la taberna volteó a verla, excelente, justo lo que necesitaba, llamar la atención. Sin embargo se comenzó a sentir mareada.

Esforzó la vista al máximo, pero la taberna no hacía más que volverse más y más borrosa. Apoyando las manos en la mesa se puso de pie.

-Niña –la llamó Marthos.

Saeth sacudió la cabeza y miró a su alrededor tratando de enfocar la vista.

-¡Niña!

La voz de Marthos apenas era un eco en su aturdida mente.

Tambaleante salió de la taberna sin hacerle caso, suficiente esfuerzo tenía que hacer para no soltar el pergamino en su mano como para comprender lo que le decían, ya ni siquiera recordaba de qué se trataba el pergamino ni por que era tan importante.

Acababa de salir del callejón, era de noche, pero ella no lo sabía. Repentinamente chocó con algo, o alguien.

-¡Sa… Ely!

¿Qué demonios era una Saely? Vio frente a ella dos cálidas luces marrones que la hacían de alguna manera sentir a salvo ¿O eran ojos? No tuvo oportunidad de saberlo por que los suyos se volvieron blancos y se desmayó en unos fuertes brazos.