Rápidas imágenes pasaban por su mente, a tanta velocidad que no era capaz de encontrarle sentido a ninguna. Bruscamente todo se serenó y se encontró parada en el claro de un bosque, el estruendo del acero contra acero y los gritos la aturdían, un guerrero pasó corriendo por su lado y lo siguió con la vista.
Entonces lo vio, allí estaba, con sus escamas violetas brillando como piedras preciosas. Su hermoso Jaru, tan leal, tan bondadoso y justo. Clavó sus tristes ojos lilas en ella por un eterno instante.
Saeth…
Una versión más pequeña de ella estaba montada en su espalda mirando a su alrededor son miedo reflejado en la mirada, bajó su arma aterrada y se abrazó al dragón.
Lo siguiente sucedió en cámara lenta, supo lo que iba a pasar, no quería verlo. El guerrero que había pasado corriendo a su lado levantó la espada.
-¡NO! –gritó con todas sus fuerzas corriendo hacia Jaru. Desenvainó la daga que llevaba en su cinto y se lanzó sobre el guerrero.
Entonces un grito la despertó.
-¡Saeth!
Miró a su alrededor, estaba en una lujosa habitación, aferraba con fuerza su daga contra quien había creído que era el asesino de Jaru. Pero cuando vio a quien tenía bajo a ella descubrió que no se trataba de ningún asesino. Horrorizada se puso de pie y arrojó la daga al suelo.
Eragon también se puso de pie y la miró con cautela.
-Yo… lo lamento… tuve una pesadilla, creí…
Eragon la abrazó con fuerza, ella temblaba descontroladamente. En ese instante la puerta de la derecha se abrió con brusquedad y entraron Brom y otro hombre de cabello canoso y ralo vestido con prendas caras pero muy ajadas.
-Escuchamos gritos ¿Está todo en orden? –dijo el hombre.
-¿Dónde estoy? –preguntó Saeth aún temblando.
-En mi casa, mi nombre es Jeod. El joven Eragon te encontró en la entrada a Teirm y te trajo desmayada.
-¿Qué fue lo que te ocurrió? –preguntó Brom aún algo sorprendido.
Saeth trató de recordar, había estado en El Barco, se había encontrado con Marthos y este le había dado un pergamino, el pergamino con el nombre del asesino de Jaru. Luego no recordaba más.
-¿Dónde está mi pergamino? –exclamó Saeth.
-¿Qué pergamino? –preguntó Eragon confundido.
-¡Yo llevaba un pergamino conmigo! ¿Dónde está?
-No llevabas ningún pergamino contigo –le aseguró Brom.
-Saeth ¿Qué te sucedió? –Eragon la tomó de los brazos y la miró fijamente, con aquellos cálidos ojos marrones.
Entonces recordó, se había sentido aturdida en la taberna y había salido casi inconsciente, luego Eragon la había encontrado justo antes de perder el sentido.
-No lo sé, me sentí mareada de repente.
-¿Dónde estuviste? ¿Comiste algo, bebiste algo?
-No, estuve dando vueltas por la ciudad –mintió –No toqué nada.
-¿Hablaste con alguien, sucedió algo extraño?
Saeth negó con la cabeza, era ilógico que Marthos fuera el causante, ya le había pagado, y ella había salido de la taberna con el pergamino, recordaba haberlo aferrado firmemente.
-Muy bien, te dejaremos descansar, pero desde ahora en adelante no volverás a salir sola. No quiero imaginar lo que habría sucedido si Eragon no te hubiera encontrado, esta no es una ciudad peligrosa, pero tú corres peligro en cualquier parte –dijo Brom, luego salió de la habitación con Jeod.
-¿Estás bien? –le preguntó Eragon.
-Si, sólo fue una pesadilla.
-Si necesitas hablar puedes contar conmigo y con Saphira ¿Lo sabes?
-Si –sonrió –gracias.
-Te dejaré dormir, luces agotada –dicho esto se marchó de la habitación.
Saeth no tenía la menor intención de dormir. Temía volver a ver aquellos tristes ojos de espliego, la hacían sentir culpable, culpable por no haber hecho nada.
Se acercó a la puerta y la entreabrió, pero se detuvo a medio camino al escucha voces.
-¿Qué crees que le haya ocurrido? –decía la voz de Jeod.
-No lo se… tal vez la muerte de Jaru le está comenzando a afectar, perder a su dragón es algo terrible para un jinete –dijo Brom.
-Es cierto que parecía algo perturbada…
-¡Ella no está loca! –exclamó Eragon furioso.
-Guarda silencio –le advirtió Brom –Nadie ha dicho tal cosa. Por el momento no tiene sentido pensar en ello teniendo en cuenta que no vamos a llegar a ninguna solución. Concentrémonos en el problema que nos concierne ahora. Mañana hablaré con Brand y veré si nos deja examinar los libros para tratar de descubrir el escondite de los ra'zac. Tendremos que colaborar todos en ello.
-Yo no creo que pueda ayudar en eso –dijo Eragon repentinamente –no se leer.
-¿Quieres decir que Garrow no te enseñó? –dijo Brom incrédulo.
Saeth cerró la puerta, durante el resto de la conversación Brom le prometió a Eragon enseñarle a leer. Pero Saeth no le prestó demasiada atención, una duda estaba fija en su mente ¿Se estaba volviendo loca? ¿O era que le sucedía algo más?
También estaba preocupada por el pergamino que había perdido. No tenía oportunidad de volver a ubicar a Marthos, y tampoco contaba con el capital para pedirle nuevamente la información, estaba claro que el espía se la volvería a cobrar, no estaba dispuesta a desprenderse de ninguno de los pocos objetos que poseía. Y aún que tuviera posibilidad de dar con Marthos, y el capital necesario, Brom no la dejaría volver a recorrer la ciudad sola. No veía ninguna posibilidad y eso la desesperaba.
Aquella noche, sin que nadie lo supiera, Brom arrojó al fuego un pergamino con una sola palabra escrita en él. Le dolía tener que hacer aquello, pero era lo mejor para todos.
A la mañana siguiente, al despertar, el mayordomo le informó que "Neal" y Jeod se habían marchado al castillo muy temprano, y que "Evan" se había ido a recorrer la ciudad hacía poco. Tampoco perdió ocasión de recordarle que tenía estrictamente prohibido salir de la casa sin compañía.
Suspirando con frustración se recostó en su cama y acarició su collar.
Aquel collar le había sido muy útil desde que había abandonado a su padre. Pero una parte de ella lo detestaba, le causaba mucho dolor al verlo y recordar a quién se lo había regalado, su amigo, aquel a quien había admirado, y aquel que la había abandonado. Jamás olvidaría ese día…
flash back
Saeth entró en la habitación con un pequeño dragón violeta en su hombro. Su rostro mostraba una expresión consternada.
Su padre estaba leyendo una carta y al verla entrar la miró sobre el papel.
-¿Dónde está? –exigió saber la niña aferrando el collar con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos.
-Se ha marchado como el cobarde que es –respondió Galbatorix con tranquilidad doblando el papel –nos ha traicionado.
-No… él no me dejaría –sollozó.
-Lo lamento mucho mi niña, pero así es. Te ha abandonado sin dejar ni una nota, se ha marchado con nuestros enemigos.
-Pero…
-Ahora lo que debes hacer es concentrarte en tus estudios.
-Quiero que Tornac me entrene –pidió con voz ahogada.
Galbatorix se puso de pie.
-Tornac ha muerto.
-¿Qué? –dijo incrédula, los ojos sele llenaron de lágrimas. No era posible que su querido Tornac hubiera muerto, justo cuando finalmente podría escogerlo como su maestro –No es posible…
-Es tal como oyes. Pero no dejes que las pérdidas personales te distraigan, eres la hija del rey de Algaësia, y como tal debes ser fuerte. Hazme sentir orgulloso, si te esfuerzas en tus estudios no pasará mucho hasta que tengas tu primera misión.
-¿Mi primera misión? –preguntó secándose las lágrimas, aquella noticia la habría emocionado en otra ocasión, pero en aquel momento acababa de sufrir dos grandes pérdidas y sentía que nada podía hacerla sentir feliz nuevamente.
-Si, en cuanto puedas montar a Jaru podrás tener tu primera batalla por el bien de Algaësia.
Saeth asintió y salió de allí rápidamente, conteniendo las lágrimas, por que no quería decepcionar a su padre, deseaba ser tan fuerte como él, poder pensar en el bien del reino antes que en el propio, pero la pérdida de sus dos queridos amigos.
Al cerrar la puerta salió corriendo, llorando desesperadamente, hacia el lugar donde siempre iba a llorar, la tumba de Esmerelle, su madre. Jaru la consoló durante toda aquella noche en la que las lágrimas no dejaron de rodar por sus mejillas, y de no haber sido por él no habría podido superar el dolor ¿Qué habría hecho de no tener a Jaru? Se habría sentido desolada y destruida, sin esperanza.
fin flash back
Una solitaria lágrima rodó por la mejilla de Saeth. Todos los que había llamado amigos la habían abandonado o habían muerto, una parte de ella sentía que no le permitían tener amigos. Era por ello que en un comienzo había sido grosera con Eragon y Brom, y también era por ello que temía por el bien de ambos. Pero se había jurado protegerlos, a los tres, Eragon, Saphira y Brom, y disfrutaría cada momento junto a ellos.
Con una sonrisa se prometió que lo primero que haría en cuando los viera sería darles un inmenso abrazo. Nunca había abrazado a Brom. Sonrió al imaginarse su cara de sorpresa y se puso de pie tratando de pensar qué haría hasta que ellos regresaran, sin duda les daría también un reproche por haberla dejado sola y aburrida con la "simpática" esposa de Jeod.
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N/A: Los pensamientos de Saeth hacia Galbatorix en el flash back eran los que ella sentía en ese momento, ahora lo detesta, no s confundan. De niña s creía que él era un héroe.
Espero que hayan disfrutado el cap. Yo me voy a dormir por que son las 2:10 a.m. y me agarró el sueño pero no quería irme a dormir sin subir el capítulo. Saludosss!
