Vardenos
Fueron ellos.
Vardenos.
La voz de aquel sombrío Jaru atormentaba a Saeth hasta que despertó repentinamente abriendo los ojos de par en par. Estaba acostada de costado y la espalda no le dolía como había esperado. Se llevó una mano a la espalda y le dolió como si tuviera moretones en ella, pero dejando de lado las cicatrices habituales, no encontró otra marca.
-Eragon te las ha curado como pudo –Murtagh se sentó junto a ella –pero sólo superficialmente, ahora está curando a la elfa, si sigue a este ritmo se matará.
Saeth no respondió, no sabía que decir, no se le ocurría ningún comentario ácido que hacerle.
-¿Quién te hizo esas cicatrices en la espalda? –le preguntó él seriamente.
-¿Quién crees? –le dijo en un tono nulo.
Murtagh le puso una mano en la frente en silencio.
-Tienes fiebre… -le puso un paño mojado en la frente –Dime qué es esta enfermedad que tienes, Saeth. No se trata de la tortura del Sombra, algo te sucede…
La voz de Jaru comenzó a sonar nuevamente en la mente de Saeth.
Vardenos
Fueron ellos.
Ellos.
Asesinos.
Despiadados.
-¿Qué?
-No dije nada –Murtagh la miró preocupado.
-¿Qué sucede? –preguntó Eragon acercándose a ellos.
-Creo que comienza a delirar por la fiebre.
Vardenos, Saeth.
Vanganza.
Vardenos.
-Vardenos –repitió ella con voz débil.
-¿Qué ha dicho?
-Creo que dijo vardenos –respondió Eragon.
-¿Quiere que le llevemos con los vardenos?
-Vardenos –repitió.
La espalda de Saeth se arqueó dolorosamente debido a las contusiones y soltó un grito de dolor, sentía que la fuerza se le desvanecía.
-¿Qué le sucede? –preguntó Murtagh alarmado.
-Son estos ataques… no sé a que se deben, pero cada vez son más fuertes.
-¿No puedes hacer nada para ayudarla? –preguntó Murtagh conmocionado por el dolor de su amiga de la infancia, le tomó una mano con fuerza.
-No si no se de que se trata, tal vez algo que alivie el dolor, pero no se hasta que punto la ayudaría y hasta que punto me debilitaría.
-¡NO! –Saeth abrió los ojos respirando agitadamente y tardó un momento en clamarse, finalmente se quedó dormida.
-Creo que por el momento está a salvo, pero no debemos retrasarnos.
-No podemos continuar así, tú estás muy agotado, y Saeth y la elfa no pueden cabalgar por su cuenta.
-Dormiré mientras cabalgamos, a Saeth llévala tú, es más pequeña que la elfa así que no nos retrasará tanto. A la elfa puede llevarla Saphira.
