Murtagh acarició la frágil espada marcada de cicatrices de la chica que dormía abrazada a él. Se veía tan inocente y hermosa, parecía completamente diferente a la triste y dolida chica que había visto hacía tan sólo un día. Había paz en su rostro y una media sonrisa se dibujaba en la comisura de sus deseables y perfectos labios. Él también sonrió.
Soltando un fuerte suspiro la rodeó con sus musculosos brazos. Saeth abrió los ojos y parpadeó adormilada. Al verlo, una amplia sonrisa iluminó su rostro.
-Temí que hubiera sido sólo un sueño –le dijo acercándose para besarlo. Luego apoyó el mentón en su pecho y lo miró fijamente -¿En qué piensas?
Murtagh quitó la vista del techo y la miró fijamente para luego sonreír también.
-En que creo que no me desagradará pasar mucho tiempo en esta celda –rió.
-Será mejor que nos vistamos.
-¿Por qué? –preguntó perezosamente.
-Por que si alguien entra no será una situación muy cómoda –se sentó desperezándose.
-Dame diez minutos más, mujer –rezongó y se tapó con la sábana.
-No creo que quieras que Ajihad venga a verte y te encuentre así –le dijo colocándose la camisa.
-Oh, pero si a mi me encanta la exposición pública –dijo con sarcasmo, mientras se resignaba a levantarse.
Una vez vestidos Murtagh la tomó por la cintura.
-¿Y bien? No viene nadie ¿Me has hecho dejar mi cómodo lugar junto a una cálida chica para esto? –simuló enojo.
-Con que junto a una cálida chica.
-Si, con un tibio cuerpo que no me canso de besar –le susurró al oído y comenzó a besarle el cuello.
-Murtagh… ¡Me haces cosquillas! –comenzó a reír.
El sonido le resultó extrañamente desconocido para sus oídos ¿Hacía tanto que no reía de aquella forma?
La puerta se abrió y ella se separó de Murtagh con un empujón. El chico la miró algo resentido y en ese momento Ajihad entró.
Saeth se retiró a la otra punta de la habitación y se sentó en las sombras, el que no hubiera asesinado a Ajihad no significaba que le perdonara lo que había hecho.
-Sígueme Saeth, necesito hablar contigo a solas –le dijo el hombre con seriedad.
Ella se puso de pie muy tensa ¿Iba a castigarla por intentar asesinarlo? No podía culparlo, pero en cuanto intentara ponerle un dedo encima no iba a quedarse de brazos cruzados. Cruzó una rápida mirada con Murtagh antes de seguir al líder de los vardenos.
Ajihad la llevó hacia una habitación simple con un escritorio en ella, parecía ser la oficina del jefe de la prisión de los vardenos.
El hombre se sentó frente al escritorio y le hizo señas para que ella hiciera lo mismo. Saeth hizo lo que le pedía y permanecieron largos minutos sin hacer más que mirarse, hasta que finalmente Ajihad se decidió a hablar:
-No voy a culparte por lo que intentaste hacer –le dijo.
Saeth se sorprendió, pero su rostro no mostró emoción alguna.
-Lo que sucedió… es algo con lo que he tenido que vivir estos últimos años. En el momento no lo supe, pero cuando te vi llorar, y gritaste aquellas cosas, me di cuenta de mi error. No te estoy pidiendo una disculpa que se que no me darás, sólo te pido una tregua.
-No intentaré matarte, si es eso a lo que te refieres –dijo fríamente. No lo hacía por él, pero era honesta.
-Supongo que no puedo pedir más.
-No.
-Me gustaría que supieras que de haber sabido la historia completa no lo habría hecho, pero las historias no suelen conocerse durante las batallas, sino después de estas. Confío en la palabra de Brom, y si hay algo que pueda hacer para que estés más cómoda.
-Sin embargo no vas a dejarme salir.
-No depende sólo de mí. Por mucho que confíe en ti, los habitantes de Farthen Dür no lo hacen, y tampoco el rey Hrothgar.
Guardaron silencio, Saeth deseaba irse, no soportaba la compasiva mirada de Ajihad. La puerta se abrió y por ella entró Arya. No mostraba ningún rastro de debilidad, todo lo contrario.
Ajihad se puso de pie.
-Arya deseaba hablar contigo antes de que seas regresada a tu celda –le dijo Ajihad a la joven –yo debo irme. Te repito que estoy arrepentido –dicho esto salió de la oficina.
La elfa la observó largamente con una curiosa expresión en el rostro, luego se sentó, pero no al otro lado del escritorio, sino a su lado.
-¿Cómo te sientes?
-Bien… supongo –respondió algo extrañada por el comportamiento de la elfa, no la conocía, y sin embargo le hablaba como si la conociera de toda la vida.
-Se que esto debe ser duro para ti. Pero entiende que Ajihad está muy arrepentido, él apreciaba mucho a tu madre, la respetaba, y de cierta forma ha trasladado ese aprecio hacia ti.
-¿Conocía a mi madre? –preguntó sorprendida.
-Si… ¿Nadie te ha dicho lo parecida que eres a ella? –Le sonrió cálidamente –Tienes su mismo espíritu, la misma fuerza, eres exactamente igual a ella.
Saeth no supo que responder, en verdad nunca había visto a su madre, según Galbatorix le había dicho, ella había muerto al dar a luz.
-Al menos no heredé mucho de mi padre- bromeó incómoda.
-No, eres puramente hija de tu madre. Dudo que hayas heredado algo de Galbatorix –le tomó maternalmente la mano –Me he enterado de estos "ataques" que tienes.
No sé lo que son –respondió sin terminar de comprender la actitud de Arya, aún que de cierta forma le comenzaba a agradar la elfa, como si fuera una vieja amiga que no veía hacía años –Pero… -dudó ¿Debía contarle sus sospechas? Sentía que podía confiar en ella –creo que es alguien y no algo lo que causa esta supuesta enfermedad.
-Me temo que no te comprendo.
Saeth buscó palabras para explicarlo.
-Creo que alguien me está provocando esta enfermedad, metiéndose en mi mente ¿Es eso posible?
-Jamás había oído algo así, pero no significa que no sea posible –pensó por una segundo con el entrecejo levemente fruncido -¿Qué es lo que sientes cuando sufres esos ataques?
-Primero… un dolor inhumano, cada vez es más fuerte. Comienza en mi mente, pero luego me quema la gedwey ignasia.
-¿La Gedwey Ignasia?
-Si, es un dolor incomparable. Entonces, cuando ya se vuelve insoportable, siento que me arrebatan toda la fuerza y caigo inconsciente.
Arya asintió seriamente, pero con tristeza en su rostro.
-Ojalá pudiera hacer algo para aliviar tu dolor, pero es algo sin precedentes. Pero bueno –le sonrió –no nos preocupemos por algo que de momento no podemos solucionar –amplió su sonrisa –me he enterado del apasionado beso que te has dado con el hijo de Morzan, todos en Farthen Dür hablan de ello –le guiñó un ojo de forma confidente y juguetona.
Saeth se sintió enrojecer y Arya soltó una carcajada.
-A mi parecer es un buen chico, no creo que tenga la culpa de quién es su padre, tal como tú. Al parecer tienen mucho en común –agregó –Sin embargo, he de advertirte que seas cuidadosa a la hora de entregar tu corazón… a veces… lo hacemos sin medir las consecuencias y resultamos heridos –su mirada se volvió sombría, pero espantó el pensamiento sacudiendo la cabeza –no quiero que tú también pases por ello.
-¿También?
-Si, demasiados han sufrido por amor, no es algo agradable y tú has debido soportar demasiadas penas para tu corta vida, todos tratamos de evitarte más.
Saeth asintió, pero no se sintió satisfecha con la respuesta de la elfa, sabía que ese también no había sido un término general.
-Creo que te vendría bien un baño para relajarte, se que a Ajihad no le importará que te des uno, después de todo tomaremos sus palabras al pie d la letra –sonrió.
-Si, creo que me vendría bien.
-Muy bien, sígueme.
Se puso de pie y Saeth la siguió por los pasillos. Las miradas de los habitantes de Farthen Dür comenzaban a incomodarla.
-Te cederé mi habitación para que te bañes, así tendrás más privacidad.
-Gracias Arya –luego de un momento preguntó: -¿Por qué eres tan buena conmigo?
-¿A qué te refieres?
-¿Conocías a mi madre? –inquirió repentinamente.
Arya guardó silencio por un momento.
-Si… la conocía –dijo con una leve tristeza –la conocía muy bien, tal vez demasiado –agregó con una sonrisa –Pasa, yo volveré en un momento, y te recomiendo que no salgas, no se lo tomarán muy bien. Yo debo hablar con Ajihad.
Saeth entró en la habitación, era simple, tal como Saeth se dio cuenta que a Arya le gustaba. A diferencia de lo que se esperaría de una elfa, a Arya no parecían gustarle las cosas ostentosas. Su ropa era simple y oscura, tal como la de Saeth, no se había dado cuenta, pero eran muy parecidas, ella tampoco había disfrutado de los lujos, ni siquiera cuando vivía en el castillo, prefería la aventura.
Se desvistió y entró en una puerta a la derecha, tiritando de frío se sumergió en el agua tibia de la laguna subterránea. Sonrió al recordar la noche anterior, y repentinamente le entraron ganas de besar a Murtagh.
"En lo que me he convertido" rió "No puedo estar más de una hora sin Murtagh que ya lo extraño" Que bien se sentía.
Cuando finalmente salió, se secó con una toalla que Arya había dejado sobre la cama y se puso un vestido negro similar al que utilizaba la elfa. Luego se miró en el espejo y sonrió, el vestido le sentaba muy bien.
Alguien golpeó la puerta, Saeth dudó, tal vez venían a ver a Arya.
-Soy yo –le tranquilizó la voz de la elfa.
-Adelante, Arya.
Ella entró y le sonrió al verla.
-Tengo buenas noticias –dijo acercándose y tomándole las manos –Hablé con Ajihad y el rey Hrothgar, y han accedido a dejarte en libertad.
-¿Qué? –Exclamó sorprendida -¿Cómo?
-Eso no tiene importancia, lo que importa es que eres libre de ir por Farthen Dür a tu antojo, tu habitación será la contigua a la mía.
-No sé que decir… Gracias Arya, por todo.
-No tienes que agradecerlo, después de todo… -guardó silencio –ven, de seguro quieres recorrer la ciudad.
-Primero… preferiría visitar a Murtagh, para decirle…
Arya sonrió y asintió.
-¿Sabes cómo ir?
-Si, gracias.
-Muy bien, nos veremos luego.
Saeth se dirigió a toda velocidad hacia las celdas.
-Quiero ver a Murtagh –le dijo al guardia que asintió.
-En otro momento no te lo permitiría, pero Ajihad ya ha hablado con él y puede recibir visitas, pero tendrás que esperar, en este momento está hablando con Nasuada.
-¿Nasuada?
-La hija de Ajihad.
La hija de Ajihad, repitió Saeth en su mente, excelente, aquella familia comenzaba a caerle pésimo. Sintió curiosidad sobre lo que hablaban, pensó que sería incorrecto escuchar, pero ¿Desde cuando ella hacía lo correcto?
-Thverr stenr un atra eka hórna –murmuró Saeth sin que el guardia la oyera.
Al cabo de un segundo la voz de una mujer sonó claramente en su mente.
-Me alegro que estés bien Murtagh, cuando me enteré de que mi padre te había encerrado me preocupé mucho.
-¿Y por qué te preocupaste por mi?
Nasuada guardó silencio.
-Como sea ¿Qué voy a hacer mientras estoy aquí, mirarme el ombligo? –preguntó Murtagh.
-Si quieres puedo hacer que te busquen libros de la biblioteca.
-Me parece bien.
-Bueno, será mejor que me valla, mi padre no sabe que estoy aquí.
-¿Sigues escapándote? –Murtagh rió –creí que ya habías dejado atrás esa etapa.
-Bueno, en primer lugar, si no me hubiera escapado aquella vez no te habría conocido ¿Verdad? –Nasuada guardó silencio por un segundo -Adiós Murtagh, te veré luego. Y Murtagh…
-¿Si?
-Es bueno verte de nuevo, te extrañé.
Saeth abrió los ojos furiosa ¿Quién demonios se creía aquella niña mimada?
La puerta se abrió, y ella se preparó para enfrentar a la hija de Ajihad. Nasuada tenía la misma piel color ébano de su padre, llevaba un vestido de terciopelo que resaltaba su figura, se veía elegante e imponente, pero ella no se intimidó. Si iban a tener en cuenta los cargos, ella era princesa del reino más grande de Algaësia, aún que su padre fuera un tirano, y Nasuada, tan sólo era la hija de un rebelde asesino, que sólo gobernaba a un puñado de hombres ocultos bajo tierra.
-Tu debes ser Saeth –dijo Nasuada seriamente al verla –la hija de Galbatorix –agregó con frialdad.
Ella no le respondió, sino que la fulminó con la mirada. No le había gustado para nada la sonrisa de Nasuada al salir de la celda, por que esa había sido la misma sonrisa que ella le dedicaba a Murtagh.
Saeth la hizo a un lado y entró en la celda, ya se enfrentaría con ella más tarde, ahora le demostraría a quien amaba Murtagh.
-¡Hola princesa! –la saludó Murtagh sonriente -pensé que me habías abandonado, Nasuada me dijo que te dejaron en libertad.
Saeth torció la boca al escuchar ese nombre, pero lo abrazó.
-Si, fue Arya, no sé que le habrá dicho a Ajihad, pero me liberaron.
-Que extraño –dijo el pensativo –Que se tome tantas molestias.
-Si, tampoco lo comprendo, pero ha sido muy amable conmigo… -lo miró suspicaz -¿De sonde conoces a la hija de Ajihad?
-Somos viejos conocidos, ella me ayudó hace tiempo, es una buena mujer. Fuerte y decidida.
Saeth se puso seria mientras Murtagh la estrechaba contra si. Aquella Nasuada formaba parte de la vida de Murtagh desde hacía tiempo, y él parecía tener muy buen concepto de ella. No le agradó en un comienzo, y menos en aquel momento.
