Aquella noche Saeth se sentó en su cama sosteniendo el collar con ambas manos, sabía bien lo que tenía que hacer, pero tenía miedo. No sabía cuanto habían cambiado en ella ¿Qué pasaba si en verdad tenía la cara deformada o algo así?
Soltó un profundo suspiro y se colocó el collar. Cerró los ojos recurrió al poder del collar, no tardó en encontrar un hechizo sobre ella, ofreció algo de resistencia, sin duda había sido hecho por alguien poderoso, de seguro Galbatorix, pero logró eliminarlo, luego encontró otro y también lo eliminó. Para su sorpresa encontró uno más, este era diferente, intentó eliminarlo pero era demasiado complejo. Apretó los puños decidida a hacerle frente a aquel desconocido hechizo, pero había un extraño muro de energía que se lo impedía, el eco de un conocido dolor la recorrió al intentar atravesarlo.
Temblorosa abrió los ojos, se sentía diferente, más ligera, más fuerte. Se puso de pie y con paso temeroso se acercó al espejo de pie ¿Qué encontraría en él?
Alguien golpeó la puerta pero no hizo caso.
Levantó la vista lentamente… al verse en el espejo no pudo contener un grito y se llevó las manos a la boca.
-¿Saeth? –la voz preocupada de Arya sonó del otro lado de la puerta.
Saeth no respondió, estaba demasiado sorprendida por su reflejo. Sus rasgos se habían vuelto más finos, su cabello negro, sus ojos lilas eran algo rasgados, pero no tanto como los de Arya, y sus orejas… ¡Sus orejas eran largas y terminaban en punta!
Se alejó del espejó retrocediendo.
-¡Saeth! ¿Estás bien?
Miró hacia la puerta y caminó hacia ella a zancadas. Arya sabía algo de ello. Abrió la puerta de un tirón y se encontró con la elfa que la miró boquiabierta.
-Más te vale que me expliques esto –dijo con seriedad.
Arya bajó la cabeza y le puso una mano en el hombro.
-Lo haré… pero no ahora. No es el momento.
-¿Qué? –Saeth iba a protestar pero la elfa la calló levantando una mano.
-Ajihad nos ha convocado… hay problemas.
La joven asintió, sabía que esos "problemas" no eran nada triviales. Sin embargo se prometió que no le permitiría a Arya librarse de darle una merecida explicación.
Se colocó una capa y la capucha y tomó a Du'Namora, su espada, la vieja espada de Vrael, para luego seguir a Arya por los pasillos de Farthen Dür hacia la oficina de Ajihad.
Durante el camino Saeth pensó en lo ocurrido ¿Significaba eso que su madre era elfa? ¿Era por ello que Arya la trataba tan bien? Si su madre era elfa ¿Cómo demonios había terminado en Uru'baen con Galbatorix?
-Tengo la sospecha de que los urgalos se dirigen hacia aquí –le informó Arya para romper el silencio.
Saeth no respondió, repentinamente sintió la conocida sensación de que le robaban la energía, aún que al menos esta vez sin el dolor.
-¿Qué ocurre? –Arya se acercó a ella preocupada -¿Saeth, me escuchas?
La chica se tambaleó y tuvo que apoyarse en Arya para no caer.
-Es… la enfermedad –pudo decir.
-Será mejor que descanses, yo iré con Ajihad.
-No… puedo ir –apretó las mandíbulas e intentó concentrarse en mantener el equilibrio, pero apenas era consciente del entorno.
-De ninguna manera…
-Voy a ir –recalcó con voz imperiosa, no pensaba de ninguna manera quedarse en cama si los urgalos atacaban Farthen Dür, no por amor a los vardenos, pero se había jurado proteger a Eragon y Saphira con su vida, y ella no olvidaba sus juramentos, puesto que rara vez los hacía, y ahora mucho menos podría quedarse tranquila si sabía que Murtagh corría peligro. No, de ninguna manera, debía luchar, ella no era de los que se quedaban cruzados de brazos y esperaban que los demás hicieran su trabajo.
Arya dudó un instante, clavando en la chica una mirada de preocupación. Luego le sonrió.
-Eres una guerrera, lo llevas en tu sangre –dijo con una cálida mirada y los ojos levemente empañados –y no me podría sentir más orgullosa de ti. Vamos –le colocó un brazo en la cintura y la ayudó a caminar.
Al entrar en el estudio encontraron a Ajihad tras el escritorio, de pie y con el semblante sombrío, a su lado estaba otro hombre.
-Ya llegaron –dijo Ajihad con su voz grave –este es Jórmundur, mi subalterno en el mando.
Se saludaron formalmente y Arya hizo que Saeth se sentase. Entonces Ajihad fijó su vista en el mapa sobre su escritorio.
-He mandado a Orik a buscar a Eragon, han de estar por llegar en cualquier…
En ese momento las puertas se volvieron a abrir y por ellas entraron el joven jinete y el enano. La vista de Eragon recorrió a los presentes y se detuvo en Saeth de quien sólo se veía el rostro ensombrecido por la capucha, no quería que al ver su nuevo aspecto, o viejo aspecto, la asaltaran con preguntas que no podía responder, pues ni ella misma conocía las respuestas.
Ajihad presentó a Jórmundur nuevamente y entonces comenzó a relatarles lo sucedido:
-Os he despertado a los seis porque todos corremos un grave peligro. Hace una media hora ha llegado corriendo un enano por un túnel abandonado que pasa por debajo de Tronjheim. Estaba ensangrentado y hablaba de forma incoherente, pero ha conservado la conciencia suficiente para explicar a los enanos qué era lo que le perseguía: un ejército de úrgalos. Tal vez estén a un día de marcha.
La impresión llenó de silencio el estudio. Luego Jórmundur estalló en maldiciones y empezó a hacer preguntas al mismo tiempo que Orik, Saeth juntó las manos con aire pensativo, no comprendía como podían los úrgalos estar dirigiéndose hacia Farthen Dür si no conocían su ubicación. Ajihad alzó las manos.
-¡Callad! Hay algo más: los úrgalos no se acercan avanzando por los caminos normales, sino bajo tierra. Están en los túneles... Nos van a atacar desde abajo.
Eragon alzó la voz entre el barullo que se produjo a continuación:
-¿Por qué no se han enterado antes los enanos? ¿Cómo han descubierto los túneles los úrgalos?
-¡Suerte tenemos de habernos enterado ahora! -exclamó Orik. Todos dejaron de hablar para escucharlo -Hay cientos de túneles que atraviesan las montañas Beor, deshabitados desde que se excavaron. Sólo los recorren unos pocos excéntricos que no quieren mantener contacto con nadie. Bien podría haber ocurrido que no recibiéramos ningún aviso.
Ajihad señaló el mapa pero Saeth no tenía fuerzas para ponerse de pie para poder verlo, sin embargo, su falta de fuerzas no se debía a su enfermedad o lo que fuera, era un desgano producido por la inminente verdad, su padre dirigía sus ejércitos hacia Farthen Dür, y si ella estaba allí, o bien la capturaban o bien la asesinaban, y no estaba muy segura de lo que prefería.
