Meimi, debes venir de inmediato- le urgió la novicia a su amiga- Ha venido una persona…ha confesado algo sobre la pintura y el atentado terrorista de hace días.-

-De que se trata?- replicó la chica

-Solo ven, te contaré allá-

En el confesionario, las dos amigas hablaban en voz baja:

-Ayer vino el señor Koizumi. Me conto algo bastante extraño. No se lo dijo a la policía por temor a que lo consideraran sospechoso de los crímenes asociados a su pintura robada.-

¿Cuéntame, que paso?- jadeó la pelirroja

-El señor Koizumi no le contó toda la historia a la policía. Esa pintura, él sabía de que se trataba. El esperaba que esto sucediera. No estuvo involucrado pero sabe quién hizo esto y por qué lo hizo.-

Meimi parpadeó. Se moría de curiosidad

-La dama escarlata representa a la mujer del pintor. Su nombre era Sven Schönborg. Fue un pintor que trabajó para la corte imperial romano-germánica. Al parecer, estuvo relacionado con una sociedad secreta que empezó a demandar favores económicos y políticos a la corona germánica, justo cuando los luteranos y los católicos luchaban entre sí. Esta sociedad comenzó a crecer en poder y empezaron a involucrarse en prácticas ocultistas…cuando el imperio se disolvió, se perdió el rastro de dicha logia…Su mujer era una de las líderes de esta congregación, y llegó a tener tanto poder que era capaz de tomar grandes decisiones políticas, económicas y sociales a espaldas del emperador…-

-El señor Koizumi siempre estuvo interesado en la historia, y localizó a Zelma, la última descendiente de Sven para adquirir la pintura. Tal parece que Zelma no deseaba saber nada más de la pintura, por lo que la vendió de inmediato. Zelma dijo que era muy arriesgado revelar que la pintura estaba en su posesión, por lo que borró todo rastro de su presencia en los directorios telefónicos, bancarios y electrónicos.

-Arriesgado? – balbuceo Meimi

Si…tal parece que la sociedad secreta no se ha extinguido. Zelma había ocultado por años la pintura, hasta que el señor Koizumi se la compró. Y posiblemente son ellos los responsables de los crímenes recientes…-

-Hay algo del pañuelo y del número?- aventuró la pelirroja

-Si. 801 es el número con el cual identificó la sombra de escarlata el pintor. Era una mezcla muy especial, que solo utilizó en esa pintura, para colorear el vestido de la dama y el pañuelo también…- En la pintura, la mujer sostiene un pañuelo escarlata, que representa, según el señor Koizumi, la ofrenda de sangre que la mujer de escarlata reclamaba.-

-Ofrenda..? – tembló la chica.

-La sociedad secreta solía realizar masacres aleatorias para demostrar su poder o para hacer que el gobierno imperial cediera a sus intereses. Solían asolar las villas del imperio, quemaban las casas, empalaban a las personas, degollaban sus cabezas o fusilaban a familias enteras…. Quizás se enteraron de que la pintura llegó hasta esta ciudad y vinieron por ella….Estoy sumamente preocupada…- terminó la monja susurrando.

-Pero espero que la policía logre dar con ellos!- gruño Meimi- No es posible que hayan matado a gente inocente solo porque la pintura se les fue de las manos- Y de cualquier modo, Siniestra podría recuperar la pintura y devolverla al señor Koizumi!-

-Meimi…creo que es la primera vez que debo rechazar tu intervención – contestó gravemente Seira, mientras su amiga la miraba con una expresión de sorpresa y shock abosluto.- Es demasiado peligroso para nosotras esta vez. No podemos intervenir. No se trata del señor Koizumi, aunque la policía lo está vigilando día y noche, porque aún no saben de qué va. Todos estamos en peligro. Esos tipos son capaces de asesinar de la forma más horrible a quien se oponga a ellos o se atraviese en su camino.-

-Seira, no tengo miedo. Puedo hacerlo! Saint Tail ha logrado resolver los casos más complicados y no ha salido lastimada!- insisitió la pelirroja.

-Meimi, no te diré nada más- espetó tajantemente la novicia- Lo siento mucho. No quiero perderte…eres mi mejor amiga. –Los ojos de Seira se llenaron de lágrimas- Esto nos supera a nosotras y quizás también a Daiki...- El vino ayer y también le dije que no debería de intervenir en esto. – Meimi se sonrojó de golpe al saber que su enamorado también había hablado con su amiga.

Daiki?- borboteó la chica- El también?-

-Tiene una teoría. Dice que oyó una estación de radio extraña a medianoche, y que descifró un mensaje que emitieron allí. Es posible que tenga que ver con todo esto- suspiró la novicia.-Pero es todo lo que puedo confiarte. Deja que la policía se encargue de ello Meimi. Daiki, tu y yo solo somos unos chicos de escuela secundaria luchando contra una poderosa sociedad secreta que es capaz de todo. Pueden hacernos daño a nosotros y a nuestras familias. Déjalo ya. – sollozó Seira.

Meimi no pudo insistir más. Abrazó a su amiga, y tras despedirse de ella, salió rumbo a su casa.

Era verdad. Ellos no eran más que unos chicos adolescentes, y esta amenaza parecía mucho mayor de lo que aparentaba. Pero Meimi, siempre obstinada, no dejo que ese pensamiento la dominara. Siniestra siempre había defendido a aquellos lastimados por la injusticia. Y esta vez no iba a ser la excepción. Iría a ver a Koizumi y trataría de averiguar más sobre esto…La noche cerró, mientras Meimi salía por la ventana, ya ataviada como la ladrona Saint Tail…