Meimi llegó a la escuela. Miraba las esquinas como un ratón asustado, esperando pasar desapercibida, aunque fracasaba en el intento. No se le veía tan animada y sociable como de costumbre. El shock de las noticias de aquella mañana, en las que la policía había anunciado la presunta colusión de Saint Tail con la organización 801, la tenía con el alma pendida de un hilo y el corazón agitado. Ahora más que nunca agradecía el regaño de su madre, no solo por haber sobrevivido a ser herida de bala, sino que de no haber ido a husmear a la casa del millonario, jamás se habría metido en este lío.

Entró en el aula sin decir una palabra. Seira ya estaba ahí. Ella se dirigió a la pelirroja para tratar de reconfortarla, pero ella la rechazó, yendo a su pupitre. Se quedó en su lugar, con la mirada perdida en la tabla del banco.

Daiki estaba arribando al salón discutiendo discretamente con Rina. Al mirar a Meimi, se quedó extrañado. Era poco habitual verla en ese humor tan deplorable.

Ja! –se burló la rubia- Tu padre quedó como un estúpido…Lo ves Daiki? Al final teníamos razón! No me extraña que acaben ascendiéndote a ti antes que a él!-

-Rina, no seas tan dura con mi padre- le dijo seriamente el joven.- Esto ha sido un avance inesperado. Este caso ha sido tan bizarro que cualquier detective experimentado tendría problemas para resolverlo. Y es preocupante…la ladrona hasta ahora había robado, pero ahora ejecuta gente como toda una profesional. Tenemos que atraparla.- terminó apretando los puños con determinación.

Meimi había escuchado la conversación, y se apretaba tanto los puños que quizás, empezaría a sangrar en cualquier momento.

-Ay, que decepción con la ladrona Siniestra- decía una compañera de Meimi- Es ahora una asesina sin honor.-

-No digas tonterías, Ryoko- le dijo la chica de pelo negro a la chica de pelo castaño- Eso la hace aun más genial! Ha luchado contra un sistema injusto y lo ha vencido, es como una cuatrera de las películas del oeste!-

-No digas eso, Kyoko- Yo la admiraba por su ingenio, porque era fuerte y tenaz, no porque matara a gente inocente…-

-Cállense…- susurró Meimi. Estaba temblando de pies a cabeza. Daiki había notado lo alterada que se estaba poniendo. El resto de compañeros también empezaron a prestar atención a la joven.

-Perdón Meimi, estas bien, que te sucede? – Le pregunto Kyoko a la chica.-

-Dije…CÁLLENSE!- bramó la pelirroja completamente fuera de sí-

Las chicas se quedaron horrorizadas al ver a Meimi quien ya estaba levantada. Las palmas de sus manos sangraban ligeramente. Se le veía cada vez más púrpura a la vez que respiraba con gran dificultad.

- A ti que te pasa hoy?- dijo Daiki, molesto.- Eres tan rara, a veces no te comprendo.

Meimi le lanzó una mirada asesina. Seira se acercó delicadamente a Meimi, pero esta la apartó.

-Así que piensas que la ladrona es culpable?- rugió Meimi- No me sorprende. Eres un cabeza hueca que cree lo que sea y que quiere ver a la ladrona hasta en el retrete.-

-Haneoka, que te pasa?- estalló Asuka.- Me estas reclamando por algo que…podría ser evidencia circunstancial…- Aunque en lo personal, si ella ahora fuera asesina, no sería del todo extraño…-

-CALLATÉ YA!- gritó Meimi en una voz tan aguda que le perforó los tímpanos a sus compañeros. …-Ella no mataría a nadie…- continuó con la voz quebrada.- Y eres un idiota si lo crees!- chilló, mientras salía corriendo del aula ante la mirada atónita de los alumnos.

Daiki intentó ir tras ella, pero Seira lo detuvo.

-Déjamelo a mí, Daiki. Yo sabré hacerla entrar en razón.-

Un rato después, Meimi lloraba desconsoladamente con la cabeza en el regazo de su amiga. Se había sentando en una banca de los jardines de la escuela, lejos del edificio.

-Yo…no…soy una asesina…- sollozaba la chica, con la cara roja, llena de lágrimas mientras se sonaba la nariz con un pañuelo…- Seira, quiero que ya acabe todo esto…- Nunca pensé que ser Saint Tail fuera…tan…difícil…- gimoteó.

- Esta vez, creo que será mejor que Saint Tail no actúe…por ahora…- susurró la novicia-

Debemos confiar en la policía. Es todo lo que nos queda.-

Meimi bajó la cabeza, resignada. Se le veía abatida y humillada. Seira la abrazó fuertemente.

-Qué más quisiera, que pudiésemos actuar, Mei. Yo te creo. Yo se que eres inocente. Con eso debería bastar.- los ojos de la monja brillaron mientras miraba a la chica.

-Pero…el tonto de Daiki…aaaay! – chilló la pelirroja dando una patada en el pisó y doblegándose de nuevo en llanto.-

La monja solo pudo guardar silencio mientras reconfortaba a su amiga.

Al día siguiente, el nervioso oficial novato llegó casi tropezando a la oficina del sargento Aoyama. No traía buenas noticias.

-Señor Aoyama…nos llega un reporte desde la casa de la señorita Schönborg. La han secuestrado y han abierto fuego contra nuestra unidad encargada de protegerla. Nadie salió herido pero la señora Zelma fue secuestrada por unos sujetos muy extraños, solo dejaron un pañuelo rojo en la escena del crimen.- jadeó

-Vamos allá!- gruñó el sargento- Asuka, prepárate, llama a Mishima y Aoki

A la orden señor!- espetó el detective.

Daiki- mencionó la profesora al entrar de nuevo al salón, justo una hora después de que su padre marchase hacía la casa de la mujer secuestrada- te busca un oficial, es urgente.

Iré en seguida- El chico llego con el policía obeso, que lo esperaba al final del pasillo. –Que ocurre, Oba?- le preguntó el chico al oficial.

Daiki, te tengo malas noticias, tu padre ha sido secuestrado. Los terroristas lo han hecho. No sabemos nada de él desde hace casi una hora. También Aoyama, Mishima y Aoki fueron raptados. Pero hay algo aún más grave. Han amenazado con detonar tres bombas en distintos puntos de la ciudad…no sabemos aún donde han plantado…- el hombre fue interrumpido por el fuerte sonido de una explosión en la distancia.- El chico y el policía se quedaron de piedra, sin saber que hacer al escuchar. Daiki miro hacía el salón, los chicos y la profesora, miraban a la ventana, donde aparecía ya en el cielo una gruesa columna de humo gris.-

-Mierda!- gruño Daiki. Esa debe ser la primera bomba!- Debo irme de inmediato. Señorita Takeuchi, el deber me llama. No puedo quedarme al resto de la clase. Volvió por su mochila y de inmediato siguió al oficial. Un segundo después, el sonido de un altavoz rompió el barullo de los adolescentes.

-Ciudad Seika, la alcaldía fue lo bastante estúpida e ignoraron nuestra advertencia. La dama ha consumido sus almas y su sangre. Colegio Santa Paula, espero que ustedes estén alerta, ya que son los siguientes. 801.- emitió la voz con un pronunciado acento alemán.

A unos metros de Meimi, Rina rompió a llorar histéricamente:

-Tío! Mi tío! No…no…esos cerdos… no pueden haberle hecho daño! Quiero ir allá de inmediato, quiero saber si esta bien!-chilló. Sus amigas la rodearon y la abrazaron para calmarla. Rina empezó a forcejear para que la dejasen ir, pero no logró liberarse. Seira y Meimi miraron con tristeza al grupo de chicas. Pero no había tiempo para lamentarse ya que de inmediato apareció un oficial, quién indicó a los chicos que debía de evacuar el edificio inmediatamente. El escuadrón antibombas venía en camino. Meimi y Seira se miraron absortas en shock y sin poder decir una palabra. Marcharon hacia la escalera junto con el resto de sus compañeros.