- -La tarde de hoy, nos han confirmado que el misterioso grupo terrorista 801 ha secuestrado a la ciudadana de origen alemán Zelma Schönborg, de treinta y cinco años de edad. Asimismo, se reporta que los detectives Keichi Asuka, Hiroshi Mishima y Takeshi Aoki, además del sargento Shinzo Aoyama al dirigirse al hogar de la señora Schönborg han desaparecido también. Hasta la fecha, se desconoce el paradero de los oficiales y la mujer, que se esfumaron hoy al mediodía. A pesar de que pudieron evitarse dos de las tres detonaciones de autos bomba del día de hoy, la policía de la ciudad ha establecido el toque de queda, ningún ciudadano podrá salir pasadas las ocho de la noche hasta nuevo aviso.- la familia Haneoka miraba las noticias de aquella noche, con el corazón en un puño.
- Que horrible es esto- murmuraba Genichiro, el padre de Meimi…- Cariño, debemos tener mucho cuidado. Quizás deberíamos irnos a casa de mis padres por unos días hasta que esto se solucione…-
- No lo sé, querido- suspiró la mujer- Meimi no puede faltar a la escuela, sus exámenes intermedios están a la vuelta de la esquina y ya sabes cómo son las profesoras…-
- Está bien querida. Nos quedamos. Pero por si las dudas, compraré un arma. – Voy a protegerlas con mi vida- finalizó el señor Haneoka.
Pero más allá de los exámenes de su hija, a Eimi le preocupaba el detective Asuka. Tenía algo en mente pero no sabía cómo efectuarlo…-
La chica miró a sus padres, aprensiva. Pensaba en Daiki y en el martirio que estaba viviendo debido a la incertidumbre de la desaparición de su padre. Se dirigió al teléfono, marcó varias veces a la casa de su enamorado, pero nadie respondió. Quería hablar por lo menos un poco con él para consolarlo y apoyarlo. Finalmente, llevando a Ruby en las manos, se dirigió a su habitación.
Se sentía completamente maniatada e impotente para actuar. Por los pelos había escapado de un impacto de bala y la bomba plantada en su escuela el día de hoy. Lo único que pudo hacer, después de ponerse el pijama y colocar a Ruby en su jaula, fue rezar y pedirle al Señor por las personas que habían muerto el día de hoy en la alcaldía, por Daiki y su padre , por la señor Schönborg y los detectives secuestrados…
Un ruido despertó a la chica de su sueño. Se levantó dirigiéndose a la cocina para beber un poco de agua. Al pasar por la habitación de sus padres notó que la ventana estaba abierta. Cosa rara ya que el clima estaba algo fresco. Se asomó un poco. Su padre roncaba pausadamente…pero su madre no estaba en la cama. La pelirroja caminó de puntillas por el cuarto. Efectivamente, la señora Haneoka había desaparecido. Meimi tuvo un presentimiento. Sin pensarlo más, se enfundó en el traje de Saint Tail y también marchó por la ventana.
Eimi estaba al pendiente de aquel hombre raro que había visto entrar y salir de un edificio gris y con aspecto poco llamativo. Estaba enfundada en su viejo traje ajustado color negro. Al fin, vio la señal que necesitaba. Un tipo apareció en la puerta y se aspó brevemente. Llevaba una larga túnica carmesí. Sin titubear, utilzando las tuberías y los herrajes de la escalera exterior del edificio, comenzó a trepar hasta el segundo piso. Allí, vio con horror como dos sujetos con la misma toga roja que el hombre de la puerta, conducían a la señora Schönborg, quien estaba amarrada y amordazada fuera de la habitación. Se introdujo cuidadosamente por la ventana. Asuka Sr,. Y sus compañeros debían estar cerca. Siguió a los hombres hasta el sótano, donde se detuvieron frente a una puerta de madera. Entraron. Eimi sólo alcanzo a colarse por los pelos en el marco, sin que nadie la notara. Y lo que vio a continuación envió escalofríos por su columna vertebral. Era un enorme salón, quizás había sido antes una bodega, iluminado por la poca luz de múltiples cirios rojos. Las paredes estaban recubiertas de vidrios tenidos de color bermejo también. A los lados del salón, había varias cajas y baúles industriales. En el techo había páneles acústicos para aislar el ruido interno de la estancia. Y justo frente a la puerta, a varios metros de distancia había un altar en el que, además de una serie de cráneos humanos, estaba la famosa pintura robada. Justo cuando Eimi prestó atención a la pintura, un hombre muy alto, de pelo rubio entro a la habitación. Llevaba una túnica distinta a la de sus compañeros, de color dorado con adornos e inscripciones escarlatas.
Abe, llamalos. Necesitamos empezar. La dama lo exige – habló ceremoniosamente el sujeto de la toga dorada , así compañero, un sujeto larguirucho y enclenque.
-De acuerdo Maestro.- se retiró. Unos instantes después, multitud de hombres con túnica carmesí se introdujeron en el recinto. Eimi se escondió tras las pesadas cajas industriales de madera para evitar ser detectada. El terror paralizó su cuerpo un segudo más tarde.
Asuka , sus compañeros policías y la señor Schönborg eran introducidos al salón. Iban amarrados y amordazados. La señora Schönborg fue desatada, y la obligaron a desnudarse. Temblando de miedo y de frío, solo pudo encogerse y cubrir sus partes íntimas frente al sujeto de túnica dorada,, que la miraba con frialdad.
-Si gusta maestro, comenzaremos- dijo uno de los sujetos, poniéndose una capucha que solo tenía agujeros en el lugar de los ojos.-
-Espera. Ve a ver qué sucede. Oí un ruido en la esquina de allá. Los hombres se dieron la vuelta. Eimi se escurrió sin embargo tropezó con una caja más pequeña, provocando un enorme estruendo.-
-Ah, un ratón se metió!- gruño uno de los sujetos. Eimi estaba aterrada, sin poder moverse.- Me parece que la dama tendrá más sangre hoy!-
Tráela aca!- los hombres obedecieron, sometiendo a Eimi y llevándola junto a Asuka y los policiías… Al ser amarrada, amordazada y arrojada por el piso como un saco de papas, los ojos de la mujer y del detective Asuka se cruzaron por unos segundos…
La pista resultaba ser cierta. Daiki, junto con otros diez oficiales, estaban en la puerta del edificio. Un oficial experto en cerraduras abría con cuidado la puerte del edificio. Los guardianes de la ley ignoraban que, justo en el techo del recinto, Saint Tal descendía con gran sigilo. Los había seguido desde que los vió en las patrullas, varios kilómetros atrás.
Los policías entraron en la construcción y Meimi hizo lo propio a través de la puerta de la azotea. Algo en Meimi la hacía sentir cada vez más mal. Su presentimiento era cada vez más invasivo y desagradable…
