-Hermanos míos, el día de hoy ha sido un día magnánimo para nuestra organización. Estoy seguro de que la dama estará complacida. Recibiremos su favor si todo sale bien. Aunque la Dama aún me ha pedido que necesita dos sacrificios masivos más. Esta vez no utilizaremos dinamita ni arsénico. La dama iluminará las almas de aquellos pobres infelices con el poder del uranio- algunos de los encapuchados recularon, nerviosos-

Un cargamento de Pakistán viene en camino. El suficiente para acabar con dos terceras partes de los indeseables de esta ciudad.- terminó el hombre. Tenía un ojo que bizqueaba, y temblaba incontrolablemente.

-Como ustedes saben, la misión de nuestra organización es eliminar a los indeseables y liberar al mundo de la opresión de un sistema que cada vez más los condena a una vida inhumana. Las élites corruptas, el sistema financiero, religioso y político han sometido a los hombres y entre ellos, muchos han sido los traidores ignorantes de su situación, actuando en contra de la humanidad y al servicio de aquellas ratas glotonas. Ellos son sus peones, y su cerebro ha sido lavado. No podemos salvarlos si no es mediante el sacrificio de la sangre. Sus almas han sido corrompidas más allá de la redención física. Son sujetos pusilánimes, carentes de vitalidad, fortaleza y liderazgo.

Los hombres han olvidado el fragor de la batalla, la sangre, el fuego, el poder ganado a través de la astucia y la lucha física, el derrotar a un enemigo con tu propio esfuerzo, el sacrificio, por ello es que debemos establecer en un nuevo orden social, en el que los ideales de la casa Schönborg no sean olvidados, en el que, cada generación de niños que nazca sea una generación de guerreros justo, valientes, astutos e intrépidos que derroten a aquellos que se opongan. Síganme, y la dama nos mostrara la gloriosa salvación a un nuevo mundo, un mundo de color escarlata donde la sangre de nuestros enemigos teñirá el agua de los ríos y mares! – los sujetos encapuchados vitorearon al hombre ruidosamente. Zelma estaba catatónica. No daba crédito a lo que había escuchado. Eimi y los policías se sacudían, tratando de librarse de sus ataduras. El hecho de que estuvieran planeando infectar con material radiactivo la ciudad era un prospecto más que aterrador. Debían de evitarlo a toda costa.

Trae mi sable!- gritó el hombre de dorado. Un segundo después, le tendían una vieja espada alemana, de aspecto renacentista.

Es hora de comenzar….- musitó el sujeto. Los seguidores empezaron a entonar un cántico extraño, reminiscente de los cantos gregorianos, pero mucho más tenebroso. La sangre de Eimi y los detectives se convertía en hielo al escuchar a los hombres canturrear.

El hombre rubio puso la espada en el cuello de Zelma, listo para cortarla. La mujer estalló en llanto silencioso…

-Dieter, hermano, por favor…no hagas esto…tu eres bueno….-

El hombre no decía nada. Seguía canturreando junto con los otros sin mirar a la rubia. Y entre sollozos, Zelma cantó:

A, B, C, die Katze lief im Schnee,
Und wie sie wieder 'raus kam,
Da hatt' sie weisse* Stieflein an:
O jemine, O jemine, O jemine, O je!

Los ojos de Dieter se abrieron lentamente. La mujer gimoteó:

A, B, C, die Katze lief zur Höh ,
Sie lecket ihr kalt Pfötchen rein
Und putzt sich auch das Stiefelein
Und ging nicht mehr im Schnee.

La mano con la que el líder de la secta sostenía la espada comenzó a temblar, rasguñando el cuello de su hermana. La bajó lentamente. Los seguidores de Dieter habían comenzado a brindar y beber vino tinto en copas doradas mientras seguía entonando espeluznantemente. Ninguno había notado lo que acababa de pasar.

-Zel…zelma?...- tembló el hombre…-que haces aquí?...-

-Si, Die. Mi hermanito… susurró la mujer…Esa era tu canción favorita cuando éramos niños…lo recuerdas?...-

-Hermanita…yo…- el hombre tiró la espada y se llevó las manos a la cabeza. Los cófrades por fin se dieron cuenta de que algo había pasado.

- Que sucede maestro, no se encuentra bien?-

-Siga de una vez con la ceremonia! Estamos deseosos de que esa perra sangre!-

Dieter…- Estoy aquí…No me olvides…- gimió la mujer. Dieter gruñía y mascullaba incoherencias, aún con las manos en la cabeza.

-POLICÍA DE SEIKA!- las puertas se abrieron con un tremendo estruendo. Los oficiales entraron, con Daiki a la cabeza. Los sectarios, sorprendidos, desenfundaron sus armas y se lanzaron contra ellos. Sin embargo, la policía no estaba lista para esto. Los sujetos llevaban armas semiautomáticas, más poderosas que las pistolas de mano de cualquiera de los policías. Y el tiroteo a favor de los encapuchados habría empezado de no ser por la lluvia de confeti y serpentinas que cayó encima de ellos:

-Es hora del show!- Saint Tail brincaba con gran agilidad entre las cajas industriales, confundiendo a los encapuchados, hasta que la policía se lanzo sobre ellos para desarmarlos. La chica lanzó unas cuantas bombas de humo y fuegos artificiales, para confundir tanto a los oficiales como a los fanáticos.

Daiki tosía en medio del humo y la pólvora de los cohetes, pero no noto que un sujeto a su lado le apunto con su arma. Un segundo después una fuerte patada en el estómago lo hizo girarse hacia su atacante.

-Date preso, mocoso!- Abe gruñó mientras encañonaba al chico, Y llevándolo en medio del alboroto, lo ató junto a su padre y a sus compañeros.

Dieter estaba catatónico. Zelma se había escondido detrás de una de las cajas. Saint Tail seguía saltando de aquí para allá, confundiendo a los dos bandos que peleaban. Y justo un terrible descuido, hizo que cambiara el curso de la situación para Meimi. Cegada por uno de los fuegos artificiales lanzado demasiada cerca, no notó que detrás de ella un sujeto corpulento la acechaba. Al caer tropezando sobre el sujeto, este la tomó fuertemente entre sus brazos.-

-Vaya, que niña tan bella!- Me va a encantar tenerte en la cama!- gruñó lujuriosamente al tiempo que arrancaba parte del traje de Meimi, quien solo pudo soltar un alarido de terror. Afortunadamente, tenía algo de gas pimienta, y pudo rociarlo trabajosamente al sujeto, que se hincó farfullando. Con parte del traje roto, Meimi quiso esconderse, pero fue rodeada por tres sujetos, quienes empezaron a golpearla. Mientras tanto, Zelma se había escurrido entre el barullo y trataba de liberar a los prisioneros. Fue notada por Dieter. Este la miró fijamente. La mujer solo pudo paralizarse, presa de pánico. Dieter caminó lentamente hacia ella.

-Llévate a los prisioneros…- le susurró.- Regrésalos a su habitación

Dieter…

Hazlo ya!- bramó. La mujer levantó lo mejor que pudo a Eimi, Daiki, su padre y los policías, y los condujo a través del pasillo.

Mientras tanto Meimi escapaba de sus captores. Aun había demasiado humo, ya que durante la pelea con los tres sujetos, Meimi había lanzado gas pimienta y bombas de humo, provocando confusión y ceguera entre policías y sectarios por igual. Trepó por la pared y decidió salir brevemente por el ventanal del sótano, solo para tomar aire. Al encontrarse fuera, tomó una bocanada de oxígeno bien merecida. Los autos de la policía estaban estacionados en el lugar. Se movió dificultosamente al callejón, donde se ocultó tras de un basurero. Al recargarse contra la pared el dolor atravesó todo su cuerpo. Estaba demasiado golpeada, al contemplar sus brazos solo pudo ver cardenales, raspaduras y moretones. Sus medias también tenían rasgaduras y cortadas. El cansancio la había vencido. Gimoteando y quejándose, intentó ponerse en pie pero el dolor era demasiado. La frustración la invadió y solo pudo llorar de rabia mientras se arrastraba lentamente hacia la puerta que daba al callejón.

Dentro Dieter había desaparecido. La pelea continuaba. Algunos de los sectarios estaban siendo ya sometidos y esposados. Dieter apareció con un estruendo. Llevaba una ganzúa en las manos. Se encaminó hacia una de las esquina de la habitación. Al volver, los policías observaron con horror que llevaba un tanque de arsénico. Lo golpeo varias veces, hasta que el gas mortal empezó a salir por el metal destrozado. Una estampida siguió con los policías y los sectarios precipitándose a la puerta.

Justo en ese momento, Asuka padre e hijo, el sargento Aoyama y los detectives Aoki y Mishima, salían del edificio llevando a la señora Schonborg cubierta con una frazada. El ligero olor del gas llegó a la nariz de Asuka Sr.!

-Han soltado arsénico!- rugió! Aun hay muchos oficiales dentro. Debemos llamar al equipo de químicos peligrosos y mas refuerzos!

Dieter…Dietter…no!- Zelma chilló, rompiendo a llorar desconsoladamente. Daiki y el sargento Aoyama la abrazaron.

Calma señora…Llamaremos a una ambulancia. Debemos revisar que se encuentre bien de salud.- El sonido de las sirenas volvía a inundar el frío aire nocturno de ciudad Seika.