-La historia no me pertenece, en una adaptación de la pelicula "El Conjuro" de 2013, yo solo escribo para pasar el tiempo, agradeciendo infinitamente a aquellos quienes las leen :3


Hinata se despertó tras una larga noche de sueño reparador pese a haberse dormido muy tarde luego de que ella y Naruto hubieran "estrenado" la casa. Sonrió como una niña al recordar esto mientras apartaba las sabanas y el cobertor, colocándose un bata por sobre el pijama.

Desenredando su cabello con sus propias manos, la Uzumaki abrió la puerta de su habitación y cruzo el pasillo hacia la escalera, olvidando el hecho de que la puerta de la habitación contigua estaba abierta y que dos de sus hijos, ahora despiertos, la habían escuchado levantarse.

-Mamá

La Uzumaki se detuvo al escuchar la somnolienta voz de su hijo Minato. Abriendo totalmente la, hasta entonces, puerta entreabierta, Hinata entro con una radiante sonrisa, encontrando a sus hijos Minato y Kushina cubiertos hasta el cuello con las sabanas y el cobertor, aun entre dormidos y despiertos.

-Hola, ¿cómo durmieron?—preguntó Hinata, genuinamente interesada.

Minato asintió únicamente, dando a entender que ambos habían dormido bien.

-Tengo frio—comentó el peliazul para su madre a modo de indirecta ayuda.

Cerrando todavía más la bata contra su cuerpo, Hinata sintió, sobando sus brazos en un intento por brindarse algo de calor corporal. Era extraño que la casa fuera tan fría, pero Hinata supuso que debía tratarse de algún problema en la caldera.

-Hace un poco de frio—comentó Hinata a favor del tema y ludiendo que intentaría solucionarlo.

Hinata giro su rostro al escuchar la puerta del baño abrirse, creyendo que se trataba de Naruto, más no se trataba de otro que de su hijo Boruto que emergió lentamente con expresión molesta.

-¿No pudieron comprar una casa con inodoro que funcione?—criticó Boruto abriendo la puerta del baño desde donde emergió con el cepillo de dientes en la mano.

Suspirando y pidiendo la paciencia que siempre debía de tener para con sus cinco hijos, Hinata desenredo su cabello mientras se dirigía hacia la escalera, sin voltear a ver a su hijo pero dando la señal de que tenía la atención de él.

-Dile a tu padre—respondió Hinata, sujetándose de la barandilla para descender por los escalones.

El rubio, tragando su mal humor, asintió únicamente. Pero sus quejas, producto de la noche anterior no podían ser acalladas y eso le decía su conciencia.

-Y anoche había un olor horrible en mi habitación, como si algo se hubiera muerto—menciono finalmente el primogénito Uzumaki, recordando el nauseabundo olor a algo podrido en su habitación.

De solo recordarlo ya sentía náuseas y escalofríos recorriéndole el cuerpo por completo.

-¿Todavía huele?—preguntó Hinata, casi al final de las escaleras, con voz fuerte para que Boruto la escuchara.

-No- respondió Boruto únicamente.

-Está resuelto—respondió la Matriarca Uzumaki.

Frunciendo el ceño y mordiéndose la lengua para sí mismo, el Uzumaki cerró la puerta del baño y volvió a ingresar, lavándose los dientes frente al espejo, aun en pijama.

Tendré que soportarlo, pensó molesto el rubio.


La Uzumaki, frotándose los brazos, avanzó por el pasillo del nivel inferior de la casa.

Sus ojos se centraron en el reloj que estaba al final del pasillo con tal sorpresa que hasta su cuerpo se detuvo. Observo confundida las manecillas del reloj que parecían haberse detenido a las 3:07 de la mañana. ¿Qué podía haber pasado para que un reloj, perfectamente funcional, se detuviera a una hora indeterminada posterior a la madrugada?

El eco de golpes bajo el suelo la sorprendió todavía más y saco de su ensueño.

Lentamente y casi con miedo avanzó por el pasillo hacia la única habitación, además de la cocina, que se encontraba ligeramente abierta. Trago saliva sonoramente mientras se acercaba y escuchaba más claramente los pasos provenir desde su interior. Entrando todavía con lentitud, Hinata descendió cuidadosamente por las oscurecidas escaleras, teniendo el debido cuidado de no tropezar.

-Naruto—lo nombró Hinata con la voz temblorosa.

Un destello de luz se percibió y Hinata, descendiendo aun, respiro más tranquila al ver a Naruto instalando debidamente el sistema eléctrico. El rubio concentrado en su labor, apenas y se había percatado de su llegada.

-Buenos días, amor—la saludo Naruto, despegando brevemente su vista de su trabajo para observar, sonriente a su esposa.

Los ojos de Hinata recorrieron el sótano con sorpresa total ante el desorden que ahí había, todo estaba lleno de polvo, en su opinión, basura y escombros, muebles viejos y objetos sin ninguna clase de valor a su entender. Más Naruto no parecía estar tan desalentado como ella.

-Limpiar esto no será nada sencillo—comentó Hinata intento no reírse del entusiasmo de su adorado esposo. -Dios mío. ¿Y qué vamos a hacer con todo esto?—preguntó esperando una razonable respuesta de parte de su esposo.

Habiendo terminado su instalación, el rubio bajo de la escalera sobre la que había estado trepado, y la observo con una sonrisa mientras señalaba todo lo había y por haber a su vista.

-Bueno, deberíamos ver que encontramos, ¿no?—la alentó Naruto, notando que ella estaba a nada de carcajear producto de su optimismo. -Aquí podría haber unas antigüedades muy valiosas—comentó el Uzumaki, enderezando una vieja y destartalada silla que estaba tirada en el suelo.

-O tal vez basura que el propietario anterior no quería—respondió Hinata, tomando un viejo balón que estaba apiñado en una de las cajas y lanzándoselo a Naruto.

El Uzumaki atrapo el balón y jugo con el entre sus manos, observándola de manera burlona, sin dejar de sonreír en ningún momento.

-Pues ya es nuestra—comentó el rubio.

Hinata, riendo, le dio la espalda y se encamino hacia la escalera.

-Diviértete, preparare café—se despidió para poder preparar el desayuno, aparto la parte baja de su bata para no tropezar con los escalones.

-Ahora subo, veré si puedo encender la caldera- respondió el Uzumaki.

La ojiperla, al escucharlo, se detuvo por un breve instante.

-Sería bueno, hace mucho frio—respondió Hinata antes de subir por las escaleras, hacia la cocina.


Hinata, ya teniendo lista una taza de café caliente para Naruto sobre la mesa, lleno la tetera de agua, observando el soleado día que iniciaba por la ventana de la cocina que daba con el jardín entero.

Era una vista muy bonita.

Cerró la llave y, al hacerlo, se percató para su sorpresa de que también el reloj, sobre la mesa de la cocina, también estaba detenido a las 3:07 de la mañana. ¿Demasiada coincidencia?, ¿Se estaba imaginando o sugestionando cosas? No sabía porque pero no creía que todo eso fuera producto de su imaginación.

-Shiro, ven Shiro.

Hinata se giró, saliendo de su ensueño, encontrando a su hija menor, Himawari, todavía en pijama y despeinad, buscando el fiel can que tenían por mascota y amigo. La peliazul, vivo retro de su madre, excepto por el color de sus ojos, la saludo con una enorme sonrisa.

-Mami, ¿dónde está Shiro?—preguntó la tierna infante.

Recordando que Naruto se había visto forzado a colocarle la cadena a Shiro la noche anterior, Hinata supuso que el canino debía de estar triste y con hambre tras la larga mudanza en que prácticamente no había probado bocado alguno. Quizá se alegraría de ver a Himawari con quien siempre jugaba y giraba por el suelo. En el mejor sentido, claro.

-Esta afuera y debe tener hambre—supuso Hinata, inclinándose y besando la frente de su hija menor, -¿por qué no vas a buscarlo?

-Sí—respondió la pequeña, sonriente, dispuesta a dirigirse hacia la puerta, pero al girar se encontró frente a su padre que la elevo mediante un abrazo. -Hola papa—lo saludo la pequeña tras recupera el aire y en cuanto su progenitor la puso sobre el suelo, -me cuidas esto.

Naruto recibió el muñeco de oso panda, blanco y rosa, de manos de su hija.

-Claro—respondió Naruto pero, apenas y habiendo dado su respuesta, la pequeña salió corriendo, disparada hacia la puerta la cual abrió rápidamente y sin problemas, -no corras Himawari—pidió el Uzumaki para que su hija no tropezara ni se hiciera daño.

Sonriendo al ver que su uy querida hija, que tenía por completo su personalidad, no lo obedecía, el rubio dejo el muñeco sobre la mesa y se giró hacia su esposa que parecía preocupada.

-Naruto—lo observo Hinata, notoriamente preocupada.

-¿Qué pasa?—le preguntó el Uzumaki, poniendo su total atención en lo que ella quisiera decirle.

Hinata apunto con sus ojos el reloj que se encontraba por sobre la mesa y que se había detenido a las 3:07. El rubio frunció el ceño ante esto, confuso.

-Este reloj se detuvo a las 3:07 y el del pasillo también—confesó Hinata que ya había visto dos casos y no sabía cómo reaccionaría ante un tercero.

El rubio, acercándose a la mesa, lo quito de la pared sin problema alguno y lo examino exhaustivamente, más todo funcionaba perfectamente. No entendía por que el reloj se había detenido en una hora en concreto.

-Qué raro—menciono el Uzumaki, acercando el reloj a su oído, escuchando claramente que seguía funcionando sin problema alguno, -tal vez se golpeó en la mudanza—supuso.

La Uzumaki se le acerco ante esto, levantando ligeramente su pijama y rebelando un moretón que, ella por lo menos, asociaba a la actividad que había realizado la noche anterior.

-Hablando de golpes, ¿Qué me hiciste anoche?—le preguntó directamente al rubio.

Naruto la observo incrédulo, tomando la taza de café sobre la mesa y bebiendo un poco, casi atragantándose al ver el moretón que ella tenía en el costado de una de sus piernas.

-Yo no hice eso, ¿o sí?—preguntó Naruto, haciendo memoria y, de hecho, no recordando haberle dejado ninguna marca en particular.

O me está fallando la memoria, especulo el rubio para sí mismo…o estoy siendo sonámbulo. En ambos casos el Uzumaki no veía posible tal circunstancia. Había sido sonámbulo en su adolescencia, una o dos veces, pero ya habían pasado muchos años sin un incidente. ¿Por qué lo seria ahora?

-No lo sé—respondió Hinata encogiéndose de hombros.

La plática de ambos, más relajada ya que Naruto bebía tranquilamente de su café, se vio interrumpida por el exabrupto grito de terror de parte de su hija menor que, según sabían, se encontraban en el jardín. Dejando la taza de café a medias sobre la mesa, Naruto siguió rápidamente a Hinata que, corriendo delante de él, abrió la puerta y corrió a toda prisa hacia el jardín.

-¡Himawari!, ¿Qué ocurre?—le preguntó Hinata su hija menor que se cubría el rostro con la manos, llorando. Hinata se inclinó para abrazarla y, al levantar la vista hacia aquello que había asustado a su hija. -Oh, Dios mío…Shiro—sollozo Hinata.

Naruto, teniendo más resistencia emocional que su esposa, se inclinó hacia el buen amigo y familiar había sido Shiro y que ahora se encontraba estrangulado por su propia cadena…como si hubiera intentado zafarse de alguna forma tremendamente desesperada hasta romperse el cuello. Ocultando el rostro de su hija en sus brazos, abrazándola protectoramente, Hinata observo a Naruto con lágrimas en los ojos. Un día, apenas y llevaban un día en la casa. ¿Qué más debían de esperar?

¿Qué estaba pasando?


PD: gracias a "Yuno-Uchiha" por seguir y comentar la historia, enserio lo aprecio y este capitulo esta dedicado a él y a su atención para leerla :3 gracias, intentare hacer el próximo capitulo lo antes posible.