-La historia no es mi propiedad sino que es una adaptación de la película "El Conjuro" de 2013, basada en hechos reales. Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto pero su utilización si corre por mi cuenta :3


El sol había salido hacia y varios momentos pero el cielo seguía pareciendo ligeramente mezclado entre el blanco y celeste habitual mientras la paz e incertidumbre reinaba en la casa de la familia Uzumaki.

-¿Otra vez de sonámbula?—pregunto Hinata, cerrando el grifo de la ducha. -Hacía tiempo que no pasaba.

La Uzumaki se envolvió con una toalla antes de salir de la ducha mientras Naruto le daba la espalda, cepillándose los dientes y terminando de peinarse. La Uzumaki peino su cabello mojado con sus manos mientras Naruto se giraba a verla.

-Termino en la habitación de Boruto—informó Naruto.

Hinata negó con la cabeza cuando Naruto dejo libre el tocador para que ella pudiera peinarse. El Uzumaki la observo, apoyado en la pared y recordando lo que, extrañamente, había tenido lugar la noche anterior.

-Eso no es nada bueno—respondió Hinata, peinándose el cabello delante del espejo, -¿Qué hacemos?

-No lo sé—admitió Naruto que era tan ignorante como ella en esa materia. El Uzumaki observo preocupado a su esposa al ver que tenía otro moretón en la espalda, y esta vez él estaba seguro de no habérselo hecho mediante su "actividad nocturna" porque sencillamente no habían hecho nada. -Cariño, tienes otro moretón.

Hinata jadeo al escucharlo, girándose para darle la espalda al espejo y ver el moretón por sí misma, tocándose preocupada dicha zona. ¿Qué motivo había para que aparecieran esos moretones? Hinata no conseguía entender la razón detrás de todo eso, jamás le había pasado. No le encontraba sentido sencillamente.

-Cariño, por favor, ve al médico para que te revise—pidió Naruto, abrazándola mientras ella levantaba la vista hacia él.

La Uzumaki asintió únicamente. Sabía que Naruto debía de irse al trabajo y, en unos minutos más, sus hijos a la escuela, excepto Himawari que era muy pequeña aun como para ir.

-Sí—respondió Hinata, asintiendo antes de abrazar a su esposo que le correspondió de la misma manera, besándole el hombro cariñosamente. -Ve con cuidado, te amo—pidió Hinata siendo tierna y romántica como siempre.

El Uzumaki se separó de ella, acariciándole el rostro y contemplando su permanente belleza, incomparable con ninguna otra.

-Y yo a ti—respondió Naruto con una sonrisa.


Hinata ya había despedido a sus hijos y a su esposo para luego, ya vestida y arreglada en caso de que pasara algo, limpiar la casa. Ya cansada de tanto ajetreo, la Uzumaki subió al segundo piso para buscar a su hija menor que debía de encontrarse sola en su habitación, jugando con sus juguetes.

-Sí, claro, extraño mucho a Shiro…era mi mejor amigo—habló Himawari haciendo que su madre, fuera de la habitación, frunciera el ceño. ¿Con quién podía estar hablando su hija si no había nadie en la casa?. -¿Tú vas a ser mi amiga?—preguntó Himawari, tremendamente feliz. -Si, vamos a jugar—respondió la pequeña Uzumaki.

Teniendo el cuidado de no emitir demasiado ruido al entrar, Hinata abrió la puerta d ela habitación de su hija menor, encontrando a esta sentada delante de la mesa que usaba para jugar el té, frente a un juguete que observaba sonriente hasta percibir que su madre entraba, levantando la vista hacia ella.

-¿Hija, con quién hablas?—preguntó Hinata viendo que ahora su hija menor guardaba total silencio.

-Con Mirai—respondió la pequeña peliazul con la misa sonrisa.

Hinata frunció ligeramente el ceño ante la respuesta de su hija, más se tranquilizó al recordar que, en el pasado, sus hijos ya tenían amigos imaginarios a la edad de Himawari. Seguramente Mirai era una amiga imaginaria que su hija menor había creado para palear los momentos solitarios que pasaba al ser la menor de la familia y tan displicente en edad con el resto de sus hermanos y hermanas.

-¿Mirai?—preguntó Hinata para saber que estaba haciendo su hija

-Es mi nueva amiga—respondió Himawari mientras su madre tomaba asiento en la pequeña silla de junto.

-¿Enserio?—preguntó feliz y aliviada de que su hija pudiera hacer algo para no aburrirse.

Ya llevaban cai una semana en la casa y, salvo por el aire frio que tendía a reinar en el ambiente, Hinata temía que su hija menor pudiera sentirse sola producto de la enorme diferencia de edades que había entre ella con sus otros hermanos. Shiro había sido muy querido por la menor de las niñas y Hinata temía que Himawari se viera afectada pro la repentina muerte del fiel y tierno can.

-Si—respondió la pequeña con una enorme sonrisa en el rostro, -¿quieres verla?—pregunto, observando a su madre.

La Uzumaki parpadeo sorprendida ante su pregunta, ¿podía ser una amiga imaginaria si es que ella podía verla? Aquello la preocupo más Hinata se esforzó por mantener su sonrisa y no demostrarlo.

-Si y, ¿cómo?—peguntó Hinata, interesada por la respuesta de su hija.

La pequeña peliazul se levantó de la silla y coloco su nuevo juguete, que había encontrado al llegar a la casa, delante su madre que no entendió su respuesta.

-Con esto—señalo Himawari, una especie de juguete que se parecía muchos a las cajas de sorpresas, con una manecilla que le daba cuerda al juguete, solo que parecía más bien una caja de música con un espejo pintado con líneas blancas en forma de hélice que aminoraban hacia el interior, -cuando la música se detiene la ves parada en el espejo, detrás de ti—explicó la pequeña para su madre que parecía emocionada ante la explicación de su hija. -Pero tienes que darle cuerda, mami.

Hinata asintió ante la explicación de Himawari que permaneció de pie a su lado. La Uzumaki giro la manecilla y la música del pequeño juguete comenzó a sonar mientras el espejo giraba al igual que las líneas en él, haciendo que Hinata concentrara su mirada, con el paso de los segundos la Uzumaki noto que no parecía nada, aludiendo a que seguramente si se trataba de una amiga imaginaria. Pero de repente de una imagen oscura y tétrica apareció en el reflejo del espejo para desaparecer igual de rápido, provocando que Hinata mantuviera su mirada clavada en el cristal de este, aun después de que la música se hubiera detenido.

¿Qué había sido eso? Acaso, ¿Lo había imaginado?

Para su sorpresa, Himawari la asusto, colocando de golpe sus manos por sobre sus hombros y haciendo que Hinata apenas y sostuviera el aire dentro de sus pulmones.

-Hija—respondió Hinata entre las risas de la pequeña peliazul, llevándose una mano al pecho para recuperar la calma. Respiro acompasadamente y se giró a ver a su hija que sonreía, -bueno creo…que Mirai no quiere verme—respondió Hinata.

La pequeña Uzumaki asintió únicamente

-¿Juguemos al escondite?—pidió Himawari con mirada tierna y suplicante.

A Hinata le hubiera encantando pero se consideraba demasiado vieja como para hacerlo, su hija merecía jugar debidamente con el resto de sus hermanos y hermanas luego de que estos llegaran de la escuela, ella no era la mejor de las compañías posibles para jugar porque, y sin exagerar, estaba algo…añeja.

-Hija…yo…- intentó excusarse Hinata.

-Por favor, Boruto y los demás no quieren jugar conmigo—pidió Himawari nuevamente, esta vez casi de rodillas ante su madre.

Una vez no es nada, se dijo Hinata, pensando en aceptar la propuesta de su hija. Si no lo hago bien no tiene por qué repetirse, se convenció a si misma de ello mientras su hija la observaba con ojos de perrito.

-Está bien, jugare—acabo respondiendo Hinata.

La pequeña Uzumaki dio brincos de felicidad ante la respuesta de su madre mientras buscaba algo con lo que vendarle los ojos. Hinata, por una vez, eligió dejar el rol de ama de casa a un lado para jugar y divertirse. Aun sentada sobre la silla, Hinata se relajó y cerró los ojos en cuanto su hija coloco una venda sobre sus ojos, impidiéndole ver, pero aun sin decirle cuando iniciaba el juego.

-Recuerda puedes pedirme tres aplausos—explicó Himawari, tomando la mano de su madre para ayudarla a ponerse de pie y comenzar a girar muy lentamente, contando junto con ella. -Uno, dos, tres.

Escuchando los pasos de su hija alejarse, así como el cese de su cuenta, Hinata siguió contando por su cuenta mientras giraba por instinto, sin reparar o pensar si quiera en si lucia tonta o infantil, solo disfrutando del juego y del breve momento de libertad junto a su hija menor.

-Cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueves, diez—siguió contando Hinata hasta llegar al número que marcaba el verdadero inicio del juego. -Primer aplauso—indicó Hinata, levantando la voz ligeramente para su hija pudiera escucharla. Siguiendo el eco de unas rápidas palmadas, Hinata abandono la habitación de que, ella, consideraba la pareja menor; Himawari e Isae. La Uzumaki continúo caminando hasta, por equivocación, chochar su abdomen contra la baranda de la escalera, tocándose el estómago antes de darle la espalda a la escalera. -Segundo aplauso—pidió al ver que se había perdido.

Inmediatamente se repitió el eco de aplausos y la Uzumaki intento seguirlos tal cual los había escuchado, muy cerca de ella, ingresando a otra de las habitaciones. Apenas y un segundo tras haber ingresado, Hinata reconoció donde estaba, la habitación de Boruto puesto que escucho las puertas del armario abrirse. Su hija no podía ser tan obvia, ¿o sí?

-Himawari, se dónde te escondes—canturreo Hinata que ya creía tener en sus manos el triunfo del juego. -Aplaude, otra vez—indicó emocionada. Inmediatamente, y sin problema alguno, las palmadas se repitieron a unos pasos de ella, con toda claridad, dándole a entender que hija estaba dentro del armario. -Ya te voy a encontrar—advirtió Hinata, tocando con sus dedos la tela de la ropa dentro del ropero y profundizando su búsqueda con sus manos, sintiendo un cosquilleo en la piel, -siento tu respiración—reconoció.

Pero apenas y los dedos de la Uzumaki tocaron el fondo del ropero, un escalofrió le recorrió la espalda haciéndola retroceder y quitarse la venda de los ojos en el acto. Ya viendo lo que se encontraba delante de ella, Hinata aparto la ropa con sus manos y rebusco en busca de algo que hubiera provocado esa sensación mientras buscaba.

Su hija no se encontraba ahí.

-Te quitaste la venda—celebro y critico Himawari mientras entraba en la habitación al dejar de escuchar a su madre buscándola. Hinata se volteó sorprendida al escuchar a su hija entrar y sacarla de sus pensamientos, -gane—reconoció la pequeña mientras se le acercaba lentamente a su sorprendida madre, -ni siquiera estaba cerca, estaba en la habitación de Kushina y Minato—explicó Himawari al notar el desconcierto de su madre.

Escuchando la explicación de su hija, que no hizo sino asustarla más, Hinata volvió a revisar el armario, incrédula de que aquello que hubiera sentido fuera producto de su imaginación, era imposible que lo fuera. Pero, mientas sus manos rebuscaban entre la ropa, la Uzumaki no volvió a sentir esa especie de "respiración"

¿Lo había imaginado?


PD: gracias a los que siguen y leen l historia, enserio significa mucho para mi. Y respondiendo a la inquietud de mi querida Yuno-Uchiha, no, no abandonare la historia porque escribo por mi voluntad y entretenimiento, adoro que le guste a otros, pero no la abandonare hasta terminarla y/o hacer una continuación prometido :3 hasta la proxima