Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, aunque eso ya lo sabéis. Son todos propiedad de la señora Rowling, aunque eso también ya lo sabéis.
Tijeras a medianoche
Draco caminaba por los pasillos en penumbras del cuarto piso. Escrutaba la oscuridad con los ojos entrecerrados mientras daba pasos rápidos. Si alguien lo pillaba lo castigarían, ya que a pesar de ser Prefecto no tenía permitido vagar por los pasillos en mitad de la noche; pero le había llegado un rumor de que la Comadreja junto con otra estúpida Gryffindor estarían por allí a esa hora, así que había decidido arriesgar su pellejo para atrapar el de ellos.
"Cuando los pille, se les van a quitar las ganas de hacer guarradas en el colegio, y seguramente los expulsen por falta grave"
Draco sonrió de lado ante la perspectiva de que echaran a ese odioso chico del colegio. Lo disfrutaría.
De pronto escuchó un ruido a sus espaldas. Se dio la vuelta pero no vio a nadie.
"Seguramente sea el viento que se cuela por las rendijas de las ventanas. Si hubiera sido algún profesor, ya me hubiera dicho algo..."
Le restó importancia al ruido, giró en una esquina y subió las escaleras. Asomó la cabeza antes de penetrar en el pasillo para comprobar que ningún profesor estuviese en él.
No había avanzado más de tres metros cuando otro ruido a sus espaldas volvió a llamarle la atención. Se dio la vuelta rápidamente, pero nuevamente el pasillo estaba desierto.
"Debe de ser Myrtle, su baño está en este piso"— Pensó Draco, intentando buscar una buena explicación a los sonidos.
Otra vez emprendió la marcha, mirando cada pocos segundos por encima de su hombro y caminando cada vez más rápido; esta vez fue un ruido silbante el que le hizo girarse.
—¿Quién anda ahí?— Preguntó con la voz más segura que fue capaz de poner.
Nadie contestó, pero no estaba dispuesto a dejarlo pasar esta vez. Volvió sobre sus pasos, mirando detrás de las armaduras con la intención de encontrar la causa del extraño ruido.
El sonido de unos pies corriendo acompañado de un grito de guerra le hizo sacar la cabeza de atrás de la armadura que estaba inspeccionando.
Una figura no muy alta con una maraña de pelo rubio venía corriendo enceguecida hacia él. Al pasar por delante de una de las ventanas, los rayos de luna la iluminaron: era Lunática Lovegood, con un horrendo pijama color rosa chillón con manchas marrones; pero eso no fue lo que más le llamó la atención a Draco, sino que fue el hecho de que la chica corría con ambas manos a la altura de la cabeza, al parecer blandiendo algo color plateado, brillante y puntiagudo. Unas tijeras.
Se había quedado tan sorprendido por la escena que fue incapaz de reaccionar hasta el último segundo. Con un ágil movimiento se apartó de la trayectoria de la chica y con fuerza le cogió los brazos.
—¿¡Pero qué pretendes, loca!?— Gritó Draco, aunque la chica ni se inmutó- ¿Además de lunática eres sorda?
—Snargaluffs. Tienes Snargaluffs alrededor de tu cabeza— Dijo Luna con los ojos tremendamente abiertos.
—¿Y por eso querías matarme?— Preguntó el rubio incrédulo.
—Quería ahuyentarlos.
—Y cortarme la cabeza de pasada, ¿no?— Draco le soltó las manos— Vete de aquí antes de que avise a los profesores que no estás en la cama. ¡Y no vuelvas a seguirme!
Luna se giró, y con aire distraído, comenzó a dar pequeños saltitos hacia un extremo del pasillo. Draco vio cómo la chica se alejaba y continuó su camino.
"Merlín, que susto me ha dado"
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos nuevamente por un grito.
—Waaaaaaaaaaaaaaaaaaa...— Luna volvía corriendo hacia él empuñando las tijeras.
