Como alas rotas…

El dolor, la caída…

Tamaki había sentido el peso de su corazón caer como roca al suelo y la tristeza había plagado sus sentidos.

-Mirio…?

Siempre había sabido… Alas rotas no eran nada comparado a la oscuridad total. Al olvido… Al fin… Ser héroe era como llevar una enorme bomba teñida en ideales, de tiempo.

A veces la gente olvidaba que ser héroe no era un juego.

Y el paso de los años pasaba a través de sus ojos.

Recuerdos plagados de la persona que había roto su soledad y atravesado sus paredes de ansiedad auto impuestas, derritiendo su corazón envuelto en hielo.

Era injusto.

Mirio vivía, pero era injusto.

Mirio, sin quirk, Tamaki sabía había luchado, sonreído y sobrevivido… Y aun así su corazón gritaba que era injusto, injusto, injusto…

Era imposible no sollozar…

De todas las personas… Era difícil aceptarlo en la persona que había entregado todo para llegar hasta donde estaba, que había fallado y vuelto a levantarse con una eterna sonrisa, que decía con orgullo que él había vuelto fuerte su quirk tras años de sangre y sudor, que había dicho con orgullo que tras diecisiete años había logrado al fin el reconocimiento…

Injusto…

Tamaki no se imaginaba derramando tal cantidad de lágrimas ni aunque fuese su propia perdida…

Tamaki no se imaginaba llorando por sí mismo y aunque la tristeza que sentía en su interior parecía algo completamente personal, el llanto a lágrima viva no lo podía evitar.

Sus heridas no valían nada cuando abrazaba a Mirio, cuando el dolor de otra clase era inmensurable, cuando los brazos de Mirio detenían el flujo del tiempo y volvían el dolor eterno.

"Soy capaz de dar lo mejor de mi todo el tiempo porque tu estas alrededor, Tamaki"

"Si ellos no pueden comprender el esfuerzo que hizo Mirio para llegar a ser tan fuerte…"

"¡He utilizado todas estas experiencias del internado y las transformé en fuerza! ¡Así llegué a la cima!"

Injusto.

A sus ojos, Mirio había sido un héroe desde el primer segundo de su encuentro sin necesidad de un quirk, aun así, dolía…

En su corazón, Tamaki sabía, como nadie más, que Mirio no necesitaba de nada más que su fuerza de voluntad.

Mirio había sido un verdadero héroe desde el momento en que había puesto su mente en ello.

Mirio podía atravesar un océano con alas rotas… sin alas… Y seguiría sonriendo.

Mirio podía perderlo todo y aun así cegaba su brillo.

Y Tamaki lloraba como si sus propias alas se hubieran deshecho… Como si le hubieran arrancado el propio corazón, el corazón que había anclado al de Mirio.

El dolor de Mirio era su propio pesar.

Mirio podía seguir volando, pero sus lágrimas no se detenían.

En el cielo brillante que era Mirio, Tamaki era lluvia.

Lluvia que se aferraba a un sol con manos lastimadas.

Con alas rotas, Mirio era su brillante sol en cuyos brazos tenia escrito que todo lo que había conseguido hasta el momento significaban todo…

Brazos tatuados de cicatrices…

Por Mirio, que jamás olvidaba a quienes siempre creyeron en él, que creía en los sueños capaces de cumplir, cuya fuerza atravesaba burlas y últimos puestos…

Por Mirio que creía en la necesidad de hacer otros corazones sonreír ante la adversidad… Tamaki no lograba detener las lágrimas…

Y el recuerdo quedaría grabado como fuego. Como en un segundo, su corazón había sentido como si fueran sus propias alas las destrozadas, cayendo a un profundo mar…

En el cual seguía ahogándose…