Notas: AU Kino no tabi


El viento y el cabello de todos los tripulantes del buggy y Mirio luchaba por no apretar el caballo y que entre risas el viento hizo un desastre de todos.

El paisaje fue lo suficientemente agradable como para no apreciarlo conduciendo a una velocidad moderada. La brisa y el sol que acariciaba sus rostros les devolvía la tranquilidad de que no tenía semanas para volver a tener.

Eri aún no podía sonreír por si misma.

Eri aún sentía las cadenas que la oprimían en ese país donde era un hecho creador que era una existencia maldita.

Eri era solo una niña pequeña que se había resignado a un destino en el que era correcto que ella saliera lastimada.

Mirio había jurado rescatarla, aún si ponía su vida en juego.

Eri aún no alcanzó sonreír, pero sus ojos y mostraban un brillo diferente. El paisaje reflejado en sus grandes y expectantes ojos inocentes le devolvía su toque infantil.

Mirio no permitiría que Eri llevara en sus hombros la culpa por los errores imperdonables de otras personas. Si Mirio había perdido el primer y último regalo dado por su maestro, el único recuerdo tangible que poseía, no era culpa de ella.

Lemillion había sido una estupenda motocicleta. Su sacrificio al ser alcanzada por un proyecto y en llamas fue haber dado la distracción suficiente para huir a la frontera en un vehículo robado.

Eri no había sido el primer rescate de Mirio...

Lemillion había nacido para el rescate de alguien especial. Era justo que su último momento fuera rescatando a alguien más...

Eri ... Quien intenta con todas sus fuerzas aprender a sonreír por sí misma, sentada sobre el regazo de un Tamaki copiloto. Un tamaki que le había obsequiado con una manzana que siempre guardaba para Mirio y que ella sostenía en sus pequeñas manos como si fuera el tesoro más preciado. Un Tamaki que hasta hace poco dijo solo preocupación por la seguridad de Mirio... Un Tamaki que tenía dudas y caía bajo la presión de la vida de alguien más cayendo en su responsabilidad, hasta que Miró posó la mano sobre su hombro.

Un tamaki que como siempre, había respondido a su confianza de años con el coraje de enfrentarse a un país opresor junto a él.

Eri no era su primer rescate... Tamaki lo había sido.

En un país donde eras ridiculizado si tu trabajo no daba frutos, donde se reía cuando tus sueños eran muy altos, donde Mirio era llamado de un nombre de nombres para mantener la cabeza en alto a pesar de caer una y otra vez... Y sonreír...

En un país donde no se usaban los corazones y las personalidades, Tamaki había sido antes incluso que su maestro. Era la primera persona en decir que era alguien que brillaba como el sol.

En un país donde las habilidades de Tamaki eran aplastadas por su débil corazón, Mirio no podía aceptar ser llamado un sol.

Tamaki que era la dulce luna que guardaba en su interior el enorme poder de eclipsarlo, la llamaba genial.

Tamaki, que siempre se espera pacientemente de todos sus burlados esfuerzos y fracasos por demostrar algo, un peso de todo el país no tiene la paciencia de tratar con su feroz nerviosismo y mente en blanco.

Tamaki, del cual surgieron todas sus sonrisas como si estuvieran en órbita, que podían eclipsar cualquier tipo de luz, que le animaban día tras día, dándole a Mirio la fuerza de aguantar y dar lo mejor de sí ...

En ese país donde ambos hemos nacido, Tamaki se convertía en una sombra ...

Mirio no poder permitirlo, no cuando Tamaki era la luna que opacaba todo lo demás.

Mirio había bebido de las enseñanzas de Nighteye como un hombre sediento en el desierto. Tomar a pecho sus enseñanzas había sido su mayor logro cuando nadie más que Tamaki y su maestro creían en él ...

"Mirio, tu vas a ser fuerte ... Viaja, gana experiencia, tiene tus viajes a tu base de datos ... Sigue sonriendo, estoy orgulloso de ti"

Lemillion había sido ensamblada bajo las manos de un Nighteye que veía un futuro en él, con el único propósito de huir; y Mirio, con la libertad de algo por delante y de los brazos de Tamaki, rodeando con fuerza, exagerada su cintura, acelerando a toda velocidad, rompiendo las fronteras, hacia un camino que esperaba, los lleva a los lugares que les falta seguir sintiendo lo que a sus diecisiete años puede decir era su primer logro materializado.

Junto consigo mismo, Tamaki era su primer rescate ...

El Tamaki que consideraba la proximidad de otra persona algo terriblemente espantoso, que debía pensar en las personas como en su apariencia de patatas para poder hablar en frente de ellas ...

Ese mismo Tamaki ahora protegía entre sus brazos a una Eri que había sufrido un destino similar al suyo.

Mirio se sentó bien. Con las palabras de Nighteye resonando aun, Mirio podía sonreír.

- ¡Con este nuevo juguete parecemos que nos vamos de luna de miel!

- ... Mirio ...

- ¡Tienes razón, Tamaki! ¡Desde un principio nosotros hemos estado en luna de miel!

- ... Mirio ¿Qué estas diciendo ...?

- ¡Espero el siguiente país posea un gran festival donde vendan manzanas acarameladas! ¡Manzanas cubiertas de dulce Eri-chan!

-Dulce ...

Y Mirio reía frente a la vista de un Tamaki que intentaba ocultar su rostro sonrojado a toda costa y una Eri con ojos brillantes y saliva escapando de la comunidad de sus labios mientras pensaba en comida.

Las palabras de Nighteye permanecían en su corazón.

"Sigue sonriendo"

Todo estaba bien.

- ¡Al siguiente país!