El ladrón y la princesa

Siglo XIX AU

Fue un alivio escapar del bochorno del baile que tanto la agobiaba, además de que la biblioteca ofrecía un panorama mucho más tentador que bailar con pretendientes y saludar dignatarios aburridos. Así que cuando el duque de Hapes se distrajo, Leia aprovechó para escabullirse con paso rápido (pero disimulado) hacia aquel literario refugio; al llegar, cerró la enorme puerta detrás de ella y agradeció que la luna alumbrara lo suficiente cómo para no tener que encender las luces, lo cual podría llegar a levantar sospechas si alguien pasaba por el pasillo.

Sus ojos vagaron por las estanterías en busca de un título que captara particularmente su atención, aunque solo leer los lomos la entretenía lo suficiente cómo para demorar su elección. Entre dos libracos gruesos encontró uno pequeño, que era una compilación de cuentos que solía leer cuando era pequeña, y decidió revivir aquellos momentos en donde su vida era mucho más simple y entretenida. Justo cuando sus dedos rozaron la encuadernación, varios gritos de sorpresa se oyeron desde el salón, seguidos de un suspiro general de alivio y algunos murmullos, mezclados con la reiniciada música; curiosa por ver que había pasado, Leia corrió hacia la puerta para volver, pero una voz que provenía de la oscuridad la detuvo.

-Alto ahí, señorita-siseó un hombre, casi divertido. Se volteó y se encontró con un rostro parcialmente cubierto por un antifaz, ojos avellana pícaros, una sonrisa de lado y el cañón de una pistola apuntándole en la cara-no te muevas.

Hizo caso y él se acercó hasta arrinconarla contra la pared, el arma fría apoyándose contra su cuello y causándole escalofríos.

-¿Qué es esto?-preguntó Leia, tratando de calmarse.

-Un pequeño atraco, nada de que preocuparse si te comportas-explicó, sonriente. Ella lo miró desafiante y luego a la pistola.

-No me gustan que me amenacen-espetó, antes de empujarle la mano armada hacia abajo y darle un gancho en la mandíbula. Sin pensar intentó abrir la puerta, pero su atacante se recuperó rápido y la apretó contra la pared con todo su cuerpo, dejándola sin posibilidad de movimiento; un brazo enorme la rodeó y una mano enguantada le tapó la boca.

Al menos guardó el arma pensó la joven.

El sujeto la arrastró hasta un rincón donde, con cuidado de no soltarla, empezó a atarla con una soga que sacó de adentro de su saco.

-¿Sabes qué podríamos haberlo hecho más fácil?-murmuró, obligándola a sentarse en uno de los sillones una vez que había amarrado sus brazos. Se agachó frente a ella y se encargó de sus tobillos-pero tuviste que desobedecer.

-¿Por qué haces esto?-preguntó, enojada-mi padre es un gobernante justo y todos en el condado viven bien, ¿por qué nos asaltan?

-No es contra tu padre o tu familia, cariño-el sobrenombre la sorprendió, ¡nunca nadie la había llamado así!-Palpatine está aquí esta noche y no hay mejor manera de demostrar la debilidad de su poder que saqueando una casa entera bajo sus narices.

-¡Ensucias nuestro apellido!

Él la miró, amenazante.

-No grites, mocosa, o voy a amordazarte.

Se quedaron en silencio un momento, sin saber que decir o hacer; Leia decidió intentar luchar contra sus ataduras de manera disimulada, pensando que su captor estaba distraído mirando los libros de la estantería, pero se volteó al oírlo carraspear y lo encontró mirándola fijamente, con una expresión maliciosa.

-Soy muy bueno con los nudos, no lo intentes.

La chica se rindió y se recostó contra el respaldo, sintiéndose incómoda por cómo él la observaba.

-¿Podrías dejar de mirarme así?

Leia, a sus recientes 18 años, no había tenido relaciones con hombre más allá de saludos y bailes, pero no era tan ingenua cómo para no notar que prácticamente la desnudaba con los ojos.

-¿Como qué? ¿Como si fueras la jovencita más hermosa que he visto?-susurró él, y ella esperaba que la oscuridad ocultara su rubor-tengo que admitir que no pude quitarte los ojos de encima en el salón.

-¿Estabas allí?

-Para tantear el ambiente-explicó y luego le guiñó un ojo-aunque me mantuviste distraído.

Leia rodó los ojos.

-Si querían hacer algo contra Palpatine podrían haber hablado con mi padre, está en contra de su gobierno. Su invitación aquí es una mera formalidad.

-Lo que un conde pueda hacer sin llamar la atención no sirve, tiene que ser un golpe fuerte.

-Es demasiado arriesgado.

-En este momento, hay hombres armados vaciando habitaciones mientras tus invitados danzan y brindan, ignorando la pobreza y las desdichas del pueblo que vive bajo este régimen. El condado de Alderaan es estable, pero las regiones aledañas no; lamentamos tener que hacer nuestro golpe aquí, pero era la opción más viable. Los riesgos ya no importan

Estaba en lo cierto: un robo maestro frente al soberano, en el condado más próspero, le mostraría a Palpatine que la rebelión contra él no estaba jugando.

-¿Por qué me retienes entonces? Podrías haberme dejado ir y volver al salón.

-Hubieras oído a mis bandidos y dado la voz de alerta. Lo siento, princesa, pero espero que pueda entender.

-Lady en todo caso. No soy una princesa.

-Cómo sea. Deberías estar agradecida de que te ahorré tener que volver abajo a bailar con ese muchachito que revoloteaba a tu alrededor. Déjame adivinar, ¿tu prometido?

-Es una de las opciones.

-Sería una lástima-murmuró él, acercándose. Sea agachó hasta quedar a su altura y la miró con deseo-por el golpe que me diste no creo que seas una chica que quiera casarse por obligación.

-Siempre supe que sería así-murmuró con algo de tristeza Leia.

-Una pena ver triste a tan hermosa joven…

-Me gustaría saber tu nombre al menos si pasaras las próximas horas cortejándome.

-Puedes llamarme… Falcon.

-¿Falcon? Eso no es un nombre.

-No puedo decirte el verdadero, cómo supondrás. Pero intentaré a un así que me digas el tuyo.

-Leia-respondió ella, sabiendo que de un modo u otro lo averiguaría.

-Igual de bonito que tú.

-Eres un charlatán.

-Es que me estás volviendo loco-dijo aquel misterioso personaje, acercándose más, extendiendo su enguantada mano para tocarle el cuello. La piel blanca de la chica se erizó ante el contacto con el cuero y una excitante descarga eléctrica la recorrió de pies a cabeza-te gustó eso, ¿no?

-No es apropiado que hagas eso, eres un sinvergüenza…-no sonó cómo una reprimenda.

-No negaste mi suposición-río-estoy reteniendo a la hija de un conde mientras mis amigos asaltan tu palacio, así que creo que lo soy.

-¿Cuándo me dejarás salir de aquí?

-Cuando mis amigos terminen, y podrás volver a tu precioso baile.

-Entonces que se tarden, no quiero volver. Creo que iré derecho a mi habitación a descansar.

-Tal vez pueda ir contigo y ayudarte a dormir. Debes estar conmocionada por todo esto, cariño-le dijo al oído.

-¿No solo robas el palacio, sino que también quieres robar mi virtud?-Leia tenía que admitir que la idea no la escandalizaba cómo debería hacerlo.

-Oh, eso es más interesante-su boca estaba tan cerca de su piel que el aliento le hacía cosquillas-me llevaré un premio mayor, el premio del pirata.

-Dudo que un hombre cómo tú, defensor de una causa justa, pudiera forzar a una mujer.

-Nadie dijo que te forzaría-rió el hombre, y Leia correspondió el gesto. De afuera se oyó un sonido extraño que la obligó a girar la cabeza para ver de que se trataba y solo vio una sombra moviéndose-esa es mi señal, tengo que dejarla princesa.

-¿Vas a liberarme ahora? Prometiste que lo harías.

-¿Vas a delatarnos?

-Tu causa es noble, y creo que nuestros invitados pueden tolerar la "pérdida" de algunas chucherías de valor si es por hacer frente a la tiranía, y si no logran verlo solo sabremos que no son aliados para esta pelea.

Él sonrió y deshizo todos los nudos y, antes de ir hacia la ventana para huir, se tomó unos segundos para besarle la mano con toda la delicadeza del mundo.

-Para haber nacido en una cuna de oro, tu corazón es puro y tus ideales justos y fuertes.

La joven se sonrojó y se puso de pie para verlo por última vez antes de que se escapara.

-Tal vez pienses que no puedo hacer mucho desde aquí, pero no quiero estar fuera de esta lucha. Cualquier cosa que tú o tus compañeros puedan necesitar, Falcon, ven a verme. Mi habitación tiene ventanas sobre el lado Este del palacio; dudo que te cueste trepara hasta allí-sonrió ella.

-No importa la altura si eres tú quien está en la cima, Leia.

Y desapareció en la noche, dejándola solo con la dulce sensación de haber oído su nombre de aquellos misteriosos labios.


Por supuesto que esto va a tener continuación, y no muy inocente. Supongo que Han aprovechará que ya sabe cómo entrar a la habitación de Leia ;)