¿Me extrañaron, nighters? De mí para ustedes.
I'm aliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiive.
\~Soul Sacrifice~/
_.-~"El caos es verdaderamente el orden natural de las cosas. ¿Por qué te empeñas en hacer buenas obras?"~-._
"Luka… Soy Médium, y voy a ayudarte desde ahora."
– Jóvenes, hoy veremos los diferentes tipos de enlaces químicos.
¿Médium? ¿Esas personas que no son charlatanes? Pensé que El Creador había prohibido que los humanos pudieran tener contacto de cualquier tipo con las almas y demás.
– Hay tres tipos principales de enlaces: los covalentes….
Y ahora resulta que la madre de Miku era una médium. Y no sólo eso, creo que también tiene el don de la profecía, por qué ¿a qué se refiere que su hija no es la única en peligro? Seguro que Ritsu y los encapuchados tienen algo que ver con esto. Pero, ¿qué estoy pasando por alto?
– Luego tenemos los enlaces iónicos, que son los….
Tenía todos mis pensamientos desordenados, no podía formar un sentido coherente ni entender nada de lo que mi mente trataba de descifrar. Muchas cosas han pasado rápidamente y presiento que peores cosas pasarán después. Todavía no podía terminar de entender la situación principal, pero ya se estaba empezando a volver más complicada, viéndose más personas involucradas.
Tendré que empezar a hacer una investigación detallada de cada suceso que ha pasado desde la aparición del desterrado, y tengo una vaga idea de dónde poder iniciar…
– Señorita Megurine, sigo esperando su respuesta.
– Meiko…
– No creo que su profesora de historia tenga nada que ver con los enlaces metálicos- expresó el profesor, su molestia me hizo reaccionar por completo-. O ponga atención a mi clase o mejor no venga, gracias –mis compañeros se reían ante mi reacción.
Tendré que dejar todos mis pensamientos para después y poner atención a las clases, a menos que quiera otra amonestación por parte de algún profesor. En verdad no es que no quiera escuchar a los maestros, siempre se puede aprender algo nuevo, es simplemente que tengo otras prioridades. Suspiré.
Sólo espero poder resolver todo esto antes de tener que realizar los exámenes finales. Odio esas cosas.
La mañana pasó amenamente después de la llamada de atención por parte del profesor de química, Miku parecía estar tranquila y haber olvidado el encuentro con el poltergeist ayer en el parque. No ha hecho ningún comentario al respecto, tal vez porque piensa que fue una pesadilla o porque no quiere preocupar a los gemelos, o en verdad no recuerda lo sucedido. Seguro el brebaje que le preparó su madre, el cual no me quiso explicar detalladamente qué contenía ni cuáles eran sus efectos, tiene algo que ver con ello.
Tendré que estar más atenta a los alrededores por si alguna otra bestia del inframundo vuelve a hacer acto de presencia en el plano terrenal. No sé si ellos también estén detrás de Miku o si solamente fue mera coincidencia encontrarnos con el demonio. Al menos ahora tengo por seguro que no estoy desarmada, ya que, de alguna manera, al tocar mi collar puedo invocar mi espada del guardián; tengo que revisar si también puedo invocar mi escudo… Me vendría muy útil poder bloquear y no tanto esquivar los golpes.
–Luka!
–Eh, ¿Qué? – pregunté un poco desubicada.
– Que si me puedes acompañar a mi casa. –Miku estaba enfrente de mí, esperando que le respondiera -Luka, has estado muy distraída hoy -arqueó las cejas– ¿Acaso ocurre algo?
Probablemente un grupo de siete personas, cuyos nombres no conozco, te está cazando para fines que tampoco conozco. –No nada, solo soy algo distraída, es todo. – Le sonreí para mostrarle que no había nada de lo que preocuparse. Recordando su pregunta, respondí. –Por supuesto que te acompaño.
Salimos del instituto y caminamos hacia la parada de autobús, la cual se encontraba a unos metros de la entrada principal de la escuela. Apenas dimos unos pasos en silencio cuando Miku preguntó por mi día.
–Todo tranquilo– respondí–, la verdad no batallo con las clases… Pero he estado muy aburrida como para prestarle atención a los profesores, ja ja ja– En realidad se debía a mi distracción, pero obviamente no quería alertar a mi protegida sobre eso.
–Oh, bueno, a veces los maestros saben como arruinar una materia, ¿no?
–Concuerdo contigo completamente– le sonreí.
–O-oye, ya que no batallas con las clases…– volteé a verla y observé que su mirada apuntaba hacia otro lado. Parecía que estaba nerviosa por lo que iba a decir a continuación, así que yo solo esperé hasta que estuviera lista para continuar. –¿Podrías ayudarme a estudiar? Realmente, no se me da eso, ja ja.
Entonces me mostró su sonrisa de lado, la que siempre hacía cuando se sentía cohibida ante una situación. Había aprendido a leer su lenguaje corporal muy bien tras haber estado cuidándola todos estos años. Conocía perfectamente bien lo que significaban sus reacciones, mas no entendía la causa de estas.
Así que sonreí ampliamente, esperando poder transmitirle algo de tranquilidad, y luego le di mi respuesta.
–Por supuesto, puedes contar conmigo para lo que sea.
Luego subimos al autobús.
Paramos a comprar helados. Era un día caluroso y quería despejar nuestras mentes después de haber pasado varias horas en la escuela. No es sano empezar a estudiar justo después de haber adquirido el conocimiento. El cerebro es un órgano que también necesita relajarse. El parque donde se encontraba el carrito de helados era enorme y contaba con mucha vegetación. Había pocas personas, algunas paseando perros, otras trotando o haciendo otra clase de ejercicio, lo normal.
Compré una malteada de fresa mientras Miku optó por su favorito: helado de menta con chispas de chocolate, aunque estoy segura de que ella preferiría que fuera helado de puerro, pero no creo que eso exista…
–Entonces, Luka, ¿Qué has pensado de la escuela hasta ahorita?
–Hm- pensé en la respuesta por un segundo. ¿Qué podía decirle? ¿Que realmente no estaba interesada en la escuela? ¿Que sólo estaba allí por ella? –, bueno, creo que es aceptable.
Ubiqué una banca vacía enfrente de un árbol frondoso que nos protegería de los rayos incesantes del sol.
–Ah– se rió un poco–, así que no está a la altura de tus expectativas- me dedicó una mirada juguetona, dando a entender que estaba empezando a bromear.
Esta es. Esta es la Miku que yo tanto había extrañado, la persona que era antes de conocer a ese patán de cabello azul. Sabía que iba a ser un proceso lento recuperarla, pero todo iba a valer la pena una vez que volviera a sonreír y juguetear como solía hacer. Por lo que seguí con el juego.
–Pues, la verdad– me recargué en la banca y me llevé una mano al mentón, haciendo como si en verdad estuviera analizando las cosas–, creo que las clases podrían ser más demandantes, ya sabes. Exámenes todas las semanas, proyectos cada mes, inclusive agregar algunas competencias de conocimiento de vez en cuando…
–Tú… Eres un monstruo.
La escuché hablar con una voz horrorizada por mis palabras. La volteé a ver con cara de falsa indignación y luego ambas empezamos a reír.
Terminamos nuestros postres y fuimos a la casa de Miku para empezar a estudiar. La materia de Inglés era con la que más tenía problema, por lo que iniciamos con cosas básicas de ortografía y gramática. Después nos enfocamos en sintaxis y ejercicios un poco más complejos.
Pasaron las horas y el sol empezaba a desaparecer del cielo. Guardé los materiales en mi mochila y me dispuse a salir de la casa después de haberme despedido de Miku, pero apareció su madre y me detuvo antes de que pudiera tan siquiera acercarme a la salida. No sé cómo pude olvidarme de ella y del tema sobre sus "habilidades".
–¿Ya te vas, Luka? ¿No gustas quedarte a cenar?
–Am– algo sorprendida, continúe hablando–, lo siento, pero… –vamos, excusa perfecta, ¡sal de mi boca! – Me temo que tengo otros asuntos que atender en casa.
–Oh, bueno, para la próxima enton…– no terminó de hablar cuando su vista se perdió hacia un punto muerto.
–¿Madre? – Miku agarró a su madre por un brazo, evitando que se tambaleara o que cayera al piso.
Ayudé a llevarla hasta un sillón de la sala, para que no se lastimara o algo por el estilo. Agarré su muñeca e intenté ubicar su pulso; todo parecía en orden, excepto por la mirada perdida y porque ahora había empezado a murmurar cosas sin coherencia alguna.
–¿Qué es lo que está pasando?– pregunté confundida.
–Oh, esto ya ha pasado antes. Es muy raro, de echo. – Respondió Miku. –¿Crees poder cuidar de ella mientras voy por un vaso con agua a la cocina? No ha de durar mucho. Sólo no dejes que se caiga.
–De acuerdo, eso puedo hacerlo.
En cuanto Miku entró a la cocina, su madre recuperó la compostura. Parpadeó algunas veces y entonces me miró. Nunca había visto tanta preocupación y miedo en sus ojos. Me hizo desear no estar ahí en ese momento, pero algo importante tenía que decirme.
–Luka, tengo una idea de lo que está pasando, y no te va a gustar.
–¡¿Por qué DIANTRES están los Siete Imperdonables merodeando por las calles?!
La rubia con un moño blanco encima de la cabeza estaba tratando de controlarse lo mejor que podía delante de los dos seres más poderosos que existían en el universo, pero su ira era demasiada para quedarse dentro de su pequeño y joven cuerpo. Estaba tan enojada con ambas partes. ¿Cómo no podría estarlo? Los seres que habían dejado sueltos eran un problema muy grande, pero para ellos eran parte de "un plan más grande".
Por supuesto. Un plan del cual ni ella ni su hermano gemelo estaban enterados.
–Bueno, Mediadora del Dia, no es como que los hayamos dejado sueltos. –habló uno de los seres, conocido como El Creador. –Ellos han ganado suficiente poder para poder rondar libremente por el mundo. Nosotros no hemos tenido nada que ver.
El otro ser tosió ante lo ultimo mencionado por su compañero, acción que hizo que los gemelos y El Creador se le quedaran viendo.
–Em, no, yo tampoco tuve nada que ver, es sólo que está muy frío aquí en medio.
Los cuatro personajes se encontraban nada más y nada menos que en la Sala del Juicio Final. Un lugar donde el tiempo y el espacio son insignificantes, debido a que existía en medio de todos los mundos fabricados por El Creador y su contraparte, El Destructor. Tenían varias identidades dependiendo del mundo en el que se encontraran, siendo que las culturas les ponían nombres distintos para que tuvieran sentido en cada una de sus mitologías. Ninguna tenía menos razón que otra, pero no podían estar más lejos de la verdad.
La sala era enorme. Tenía paredes de mármol, pero parecía no tener techo, debido a que sobre ellos estaban proyectados todos los mundos en existencia en forma de galaxias, planetas; debajo de ellos, el piso transparente dejaba ver imágenes del cielo actual del planeta Tierra, más específicamente, de Osaka, lugar donde se estaban desarrollando los últimos eventos que los llevó a realizar esa reunión, para saber cómo proseguir ante los peligros que no tenían idea de cuándo iban a terminar.
–Bueno, los Imperdonables aún no han devorado todo, así que sólo tenemos que capturarlos. –Suspiró la rubia, llevándose ambas manos a la cara para masajear su cráneo, creyendo que así podría mitigar el dolor que amenazaba con hacer explotar las venas de su frente.
–Rin, ese no es nuestro trabajo, no podemos meternos con ellos– contestó su gemelo, que estaba parado a un lado de ella con los brazos cruzados, sin ningún signo de algún tipo de emoción en su rostro–. Sólo podemos juzgarlos, y eso hasta que alguien los derrote.
La rubia dejó escapar un gruñido en señal de frustración. ¿En qué momento accedió a este trabajo? Volteó a ver a ambos seres, que se encontraban sentados en sus respectivos tronos, siendo el del Creador de tonos brillantes, como el oro y la plata, mientras que el del Destructor parecía estar hecho de lava seca con obsidiana, y habló con una irritación muy notable, importándole poco con quienes estaba discutiendo.
–¡Bien! Pero al menos díganos qué es lo que buscan estos desgraciados.
–Bueno –contestó El Destructor rascándose la cabeza–, supongo que han de tener hambre. Digo, no había muchas personas que cometieran los actos imperdonables. –Arqueó las cejas ante su respuesta, como si estuviera sorprendido de que algo así pudiera pasar. – Tal vez sólo quieren destruirlo todo para entretenerse un rato. No los culparía.
El Creador le dedicó una mirada de desaprobación.
–Excelente. Ya no tenemos nada que hacer aquí, entonces.
Respondió Rin, a quien se le notaba algo cansada y aun enfurecida, pero ya no podía sacar más información por el momento. Al menos ahora sabia a lo que se enfrentaban. ¿Pero cómo detenerlos? Le hizo una señal a su hermano gemelo de seguirla para irse de ese lugar de una vez, estaba empezando a marearse por las imágenes proyectadas en el suelo y los hologramas en movimiento del techo tampoco ayudaban a calmarla.
–Espero que Lily y Kiyoteru hayan terminado con sus mandados.– Suspiró la rubia, antes de desaparecer sin dejar rastro, siendo seguida por su gemelo, que siempre parecía despreocupado por la vida.
Por eso ella era la Mediadora del Día, y su hermano, el Mediador de la Noche.
Perfecto. Los Siete Imperdonables. Los Grandes Siete. Los Malditos Siete. Sabía que por algo el siete era el verdadero número de la mala suerte. La madre de Miku logró contarme lo que pudo sobre los encapuchados antes de que su hija regresara con el vaso de agua. Realmente conocía poco sobre los domadores de los Siete, pero había leído lo suficiente sobre las bestias que tenían bajo su poder.
Eran muy malas noticias. Pésimas, para ser exactos. Horribles.
Traté de conciliar el sueño, pero descansar no estaba dentro de mis prioridades por el momento. Debía estar alerta, tenía que descifrar los movimientos antes de que lo consumieran todo, pero no tenía toda la información necesaria. Es decir, hace siglos que no se presentan en carne y hueso, en este plano terrenal. Ni siquiera en los Escritos Sagrados había pistas de cómo detenerlos o causas de su aparición, al menos, no directamente, y no tenía energía para investigar más.
Me acosté sobre la cama y cerré mis ojos. Tal vez en mis sueños podría encontrar alguna pista que podría servirme para enfrentarme a lo que sea que se interpusiera en mi camino de salvar a Miku.
Pero no podía negar que tenía miedo de ellos. De los Siete Imperdonables.
Otro día de escuela, y Miku no podía estar más animada. Por fin era viernes y eso significaba que tendría tiempo para hacer la tarea y después descansar o salir a pasear con Luka. Y sus demás amigos, por supuesto. Aunque si salía solamente con Luka… No le molestaría en absoluto.
Tal vez no llevaban tanto tiempo de conocerse, pero empezaba a ver a la pelirrosada como una buena amiga. Inexplicablemente, siempre que estaba al lado de la oji-azul se sentía muy relajada, tranquila, como si la conociera de hace tiempo, pero eso era imposible. Era como si pudiera confiarle incluso la vida, pero ¿no era eso extraño? Apenas llevaba algunas semanas de conocerla.
Entonces, ¿cómo es posible que una sonrisa de ella la hiciera sentir tan… bien? Ser feliz con escuchar su risa, sentir cómo se iluminaba su vista cada vez que Luka aparecía en su rango de visión.
¿Por qué la peli-rosada la hacía sentir todas esas cosas? ¿Cómo?
–Acaso así se siente… – susurró para sí sola, mientras se alistaba con el uniforme para empezar el día escolar. –¿Tener una mejor amiga?
Salió de su casa apresurada, después de haber terminado su desayuno. Mientras más rápido llegara a la escuela, más tiempo tendría para ver a Luka.
Y a sus demás amigos, por supuesto.
Llegó al salón y se dirigió a su asiento asignado. Todavía no llegaban muchos alumnos, pero lo que captó su atención fue una de sus compañeras de clase, Miki. Se le veía muy distinta a como la recordaba, de echo, no sólo la observaba triste y cansada, si no que… Había aumentado de peso. Bastante.
Miki pasó de ser una alumna con cuerpo de niña a una adolescente que apenas y cabía en su pupitre. Siempre había tenido una sonrisa puesta en su rostro, pero ahora se veía un poco deprimida. ¿Qué había ocasionado ese cambio? No conocía tanto a la peli-roja, pero no pensaba que estuviera pasando por problemas tan graves como para cambiar drásticamente su personalidad.
Empezó la clase de matemáticas y ya todos los alumnos estaban en sus lugares. Ni cuenta se dio de la llegada de Luka, pero al pasar la mirada hacia donde se encontraba, la peli-rosa volteó y le sonrió a manera de saludo, a lo que la peli-aqua sonrió de regreso.
Durante las clases, Miku se percató que Miki no hacía el esfuerzo de poner atención a las explicaciones de los maestros, si no que estaba más preocupada por que estos no se dieran cuenta de cuando sacaba un bocadillo de su mochila para llevárselo a la boca. No es que estuviera mal comer durante clases, ella incluso comía algún caramelo de vez en cuando, para mantenerse despierta… Pero Miki exageraba, comiendo no sólo dulces constantemente, si no que sacaba platillos incluso algo elaborados, llegando a comer ramen durante la clase de química, calentando la sopa haciendo uso de un mechero.
Miku creía firmemente que su compañera había sobrepasado el límite, si es que alguna vez lo hubo.
Comentó sus preocupaciones a sus amigos en la hora de receso, Rin, Len y Luka, pero ellos lo veían como un caso severo de estrés.
–Tranquila, Miku, seguro que se le pase una vez que termine la semana de evaluaciones. – Comentó el rubio.
–Si, probablemente siente nervios de pasar las materias con buenas calificaciones. – Respondió la gemela.
Y no le tomaron mas importancia al asunto, parecía como si cada uno de sus amigos tuvieran sus propias preocupaciones de las que encargarse. ¿Qué estaba pasando por sus mentes?
Luego llegó la clase de Deportes.
La profesora había decidido que era necesario empezar por hacer acondicionamiento físico, poniendo a sus alumnos a hacer sentadillas, saltos y varias vueltas corriendo alrededor del gimnasio. Ninguno había tenido mayor problema que una ligera falta de respiración o músculos cansados.
Pero Miki se desmayó.
Miku corrió para ayudarla a levantarse o a recobrar la consciencia, seguida por Luka, que fue a ayudarle a ella.
–¡Atrás! ¡Denle espacio para respirar! – Gritó la profesora de Deportes, haciendo a un lado a los alumnos que habían comenzado a hacer un circulo alrededor de la estudiante que seguía inconsciente.
–Miku, hay que llevarla a la enfermería.
La nombrada asintió la cabeza ante la idea de su amiga. Así que sin más tiempo que perder, entre ambas cargaron a la compañera y salieron del gimnasio lo más aprisa que pudieron. Pero no llegaron muy lejos. Oh, no.
Porque en medio del camino, apareció un circulo negro en el suelo, en medio del patio fuera del gimnasio, el cual era usado para eventos deportivos grandes, como festivales de atletismo u otros.
–¿Qué… que' es eso? – preguntó la peli-aqua, el temor se hacia visible en sus manos temblorosas.
–Demonios…
Fue todo lo que alcanzó a susurrar Luka, antes de que una bestia empezara a emanar del suelo, justo donde estaba el círculo brillando con luz de un tono oscuro. Y fue entonces cuando el terror empezó a tomar forma real.
El monstruo era de color completamente rojo, como el color de la sangre. Pero eso no era lo más aterrador. Ni lo era el tamaño, llegando a medir casi 10 metros de altura, ni lo eran sus garras, tan largas que incluso llegaban a tocar el suelo. Tampoco eran los dos cuernos que sobresalían de su cráneo, uno de cada lado de su cabeza.
Era la enorme boca que no se encontraba en su cara, si no que abarcaba todo su torso, desde el cuello hasta donde se supone se encontrarían las tripas en un ser humano, ubicada de manera vertical. Tenia grandes dientes tan puntiagudos que podías sentir cómo se encajaban en tu piel con tan solo mirarlos. Y entonces sacó su lengua; como una rana, atrapó a Miki con ella, y ninguna de las jóvenes que la estaban sosteniendo hasta hace algunos momentos pudo hacer nada mientras la bestia se la llevaba hasta la boca y la empezaba a masticar, como si se tratara de un simple pedazo de carne crudo, o una gomita.
Miku estaba horrorizada, no podía creer lo que veían sus ojos en ese instante. ¿Cómo era posible que una criatura con tales características existiera? ¿Cuáles eran las probabilidades de encontrarse con dicha bestia en su propia escuela?
Su shock terminó cuando sintió que unos brazos la envolvían protectoramente en un abrazo; volteó la cabeza y vio a Luka, con tanta determinación en el rostro creyó que todo iba a salir bien. Al lado de Luka, todo iba a estar bien.
Hasta que apareció una persona encapuchada al lado de la bestia.
–Uff, creí que llegaba tarde– habló la recién llegada –, menos mal que el juego recién comienza.
Justo cuando el monstruo estaba por engullir a su próxima víctima, una guadaña aparece volando directamente hacia la cabeza de ésta, enterrándose en su cuello. Antes de que los intrusos pudieran reaccionar a lo sucedido, Meiko emerge de un portal al lado de las jóvenes. Salta hacia su arma favorita y se agarra del mango dando una vuelta como si fuera una gimnasta haciendo una maniobra en las barras de equilibrio. Inmediatamente, terminando de aladear, procede a cortarle el cuello a la bestia, haciéndose polvo un momento después y siendo consumida por unas llamas que aparecen en el suelo.
–Vaya, hablando de llegar épicamente tarde– Meiko agarra su guadaña y la reposa sobre sus hombros –, creo que yo gané. – Sonrió socarronamente.
–Esto no ha terminado. – La encapuchada gruñó y desapareció.
Las presentes hubieran preferido que las llamas también se la hubieran tragado a ella, pero algo era algo.
–¿Qué fue eso?
Miku apenas susurró, tratando de componerse de los eventos de la mañana. Todo parecía un sueño, o más bien, una pesadilla. En la mañana vio a su compañera pasar por un mal momento, había pensado en ayudarla, luego la vio desmayarse y justo cuando iban a conseguir ayuda… Desaparece. No, se la tragan.
"Eso" se la tragó…
–Eso, mi querida alumna. Fue Gastrimangia. – Contestó la castaña, como si con eso fuera a entender de lo que se trataba.
–Es un demonio de los Siete Imperdonables– suspiró Luka –. Miku, tengo que decirte algo.
Han pasado 84 años *léase con voz de anciana*. Bueno, tal vez fueron tres... o menos, como cuatro. *Meme de México *
Bien, ha pasado mucho tiempo, y aún no los he olvidado :'c jajajaja ok, ya, en verdad, lo siento. La prepa no fue lo suficientemente difícil así que se me ocurrió entrar a estudiar dos carreras diferentes al mismo tiempo c: En fin, ahora menos tiempo para escribir, etc. Peeeeeeeeero, realmente eso solo es una parte de la excusa, la otra parte es...
Que realmente llevo escribiendo esto durante mucho tiempo, el problema residía en que, cuando empecé a escribir esta historia, era meramente una idea, que seguía llenándose de ideas hasta que fueron demasiadas y no supe como conectarlas. Pero no me rendí, descubrí como usar T*mblr y adquirí conocimiento básico sobre como escribir historias largas de manera adecuada, luego empecé a estructurar todas esas ideas que tenía en mente y a darles forma, ya no eran simples ideas, ahora eran conceptos, que después pasaron a relatar una historia, hice dibujos, historietas cortas, y POOM BABY! Ya sabía cómo continuar la historia y como terminarla, así que sip, seguiré escribiendo, aunque ya no me sigan leyendo c':
Porque todos sabemos que ha habido un crecimiento exponencial de fandoms, yo misma dejé de leer historias Negitoro (porque ya las había leído todas hasta el momento) y empecé a leer MadoHomu, luego NanoFate, y ahorita ando con Bumbleby, tal vez en un futuro escriba historias para ese fandom, no sé. Realmente ando más enfocada en terminar mis carreras (las cuales ya llevo a la mitad, hurray!) y en hacer comics profesionalmente.
Pero de algo pueden estar seguros, de que termino esta historia, la termino. Reiken nunca deja nada a medias, jaja. Tal vez tarde mucho... pero nunca lo dejo a medias. A menos de que sea una causa muy fuerte.
En fin, gracias por leer. Dudas, comentarios, aclaraciones? Sigo o ya ahí muere? uwu
Los adoro. Ciao~
Igual estaré posteando imágenes en el face (pueden verlo en mi perfil), porque una imagen vale más que mil palabras, y la verdad no sé qué tan bien describa a las bestias, así que ahí podrán verlas bien xd
Cambio y fuera.
