11.

No podía dejar de llorar.

Lo habían raptado, lo habían alejado de su arrecife y aún peor, de su familia. Mil veces su padre le había advertido que no debía nadar cerca de la superficie y mucho menos cuando un barco navegaba con esas enormes redes, pero había sido necio y lo había hecho de todas formas.

Y ahora yacía en el camerino del capitán, solo, desolado y con una soga que lo sostenía a la pata de un mueble. Ni siquiera le habían dejado alguna fuente de agua, ni una cubeta ni paños. Nada.

Lo único que lo humedecía en ese momento eran sus lágrimas que desde sus ojos caían a su cola de pez que ya empezaba a resquebrajarse por la sequedad.

Tenía mucho miedo. Sabía de las historias crueles de las sirenas y tritones que habían desafiado a los humanos y en como eran vendidos o incluso disecados por puro interés o morbo en tierra firme. Esperaba correr con suerte, pero considerando que habían sido el único de su reino que habían raptado, lo dudaba demasiado.

Iba a seguir lamentándose cuando un estruendo lo desestabilizó y lo tiró al suelo por completo, haciéndolo golpearse el brazo. Gimió apenas e intentó recuperar el equilibrio, pero el barco empezó a moverse de forma brusca. Luego comenzó a oír gritos y sonidos de metales chocando entre sí. A todo eso le siguieron los disparos.

Y por último, la puerta rompiéndose de una patada.

—¡La encontré! ¡Encontré a la sirena!—Un pirata vestido de puro amarillo apareció en el marco, haciendo señas hacia algo o alguien que había dejado más atrás.

—¡Entonces tómala YA! ¡No podré mantenerlos por mucho más tiempo!—exclamó una voz a la lejanía, notándose forzada. Como si estuviese reteniendo un gran peso.

Choromatsu solo pudo volver a encogerse en sí mismo como todo ese tiempo lo había hecho. Si le quedase energía podría luchar, pero así seco como se estaba quedando, no valía la pena. Vio con terror como ese pirata se acercaba y cerró los ojos esperando un golpe en el rostro o incluso que su espada atravesara su corazón, sin embargo nada de eso llegó. Más bien, el pirata pareció tener una pizca de piedad y lo tomó en brazos con delicadeza y calma y lo sostuvo con firmeza para después salir corriendo de allí.

Su aleta verde sintió todo el golpe (y alivio) de las ráfagas de viento y no pudo evitar sonreír apenas cuando vio como ese humano que lo mantenía sujeto se dirigía directo a la barandilla, como si fuese a saltar por ella.

—¡Rápido, Ichimatsu-niisan! ¡Ya la tengo, ven a la balsa! ¡Hay que regresar al barco!—vociferó esa voz grave antes de por fin lanzarse al agua o al menos eso creía Choromatsu, porque aterrizaron en una cosa de madera que soportó extremadamente bien su peso.

Choromatsu estaba atónito. Había pasado de estar seco a estar ahora levemente mojado por todo el chapoteo que habían ocasionado. Disimuladamente, cuando ese pirata se agachó para mantener el equilibrio, movió su cola de manera que la punta pudiese tocar el agua y refrescarla un poco. El humano notó eso y le sonrió, causándole un escalofrío a Choromatsu. No sabía interpretar las sonrisas humanas, ¿era bueno? ¿era malo? Sí, lo había sacado de donde estaba pero, ¿qué o quién le aseguraba que no iría a un sitio peor?

Todos esos pensamientos causaban estragos en su cabeza y cuando pensó que esta vez había llegado su verdadero final, el pirata se acercó al agua y ahuecando sus manos para simular una pequeña piscina, le robó un poco al mar y se la tiró directo a las escamas. Choromatsu se estremeció levemente de placer.

—Mi hermano y yo nos encargamos de rescatar a las sirenas secuestradas por barcos piratas como éste. No te preocupes, sabemos bien que perteneces al Arrecife de Coral. Tu cola y color de piel lo indican. Hemos leído mucho sobre sirenas, ¡estarás bien!—Entonces le sonrió y el corazón del tritón se confundió.

Hasta ese momento, había pensado que solo existía un único Sol.

Y ahora aparecía otro, en el rostro de ese humano, de ese pirata, en sus labios. Se hubiese quedado embobado de no ser porque el supuesto hermano saltó también a la balsa, desestabilizándolos de su momento.

—Rápido Jyushimatsu, ¡hay que irnos de aquí!

Apenas recibió la orden, el pirata sumergió sus brazos a cada lado de la balsa y empezó a moverlos frenéticamente. Choromatsu se quedó mudo -como lo había estado desde su secuestro- al ver tanta energía por parte de un simple humano.

Las gotas de agua salada caían en su rostro, torso y escamas y entonces decidió dejar de pensar tanto y cerrar los ojos.

Por alguna razón, no podía desconfiar de alguien que tuviese el Sol en su sonrisa.


La verdad es que esto iba a ser más largo (?) de hecho iba a ser otra idea, pero me pareció poco original -hubiera sido muy parecida a Verdades- y pues, no quiero perder más calidad de lo que ya lo hago (?) No sé, siento que estoy perdiendo calidad y mis trabajos empiezan a volverse mediocres :c pero bueno, trato de no pensar en eso y seguir.

Prácticamente, la idea de esto es: Choro es un tritón pero le llamo sirena porque sí, porque es una damisela en apuros (?) y lo secuestraron en el Arrecife donde vivía con su hermano Kara (quien como siempre huyó o se quedó mirando(?) Pensé en que lo hubiese secuestrado la versión pirata de Oso, y luego como ven los hermanos Jyushi e Ichi lo rescatan y lo llevarán a su hogar de nuevo~ Luego me imaginé que Choro se enamoraba de ese pirata y pues ahí empezaba todo un drama como el de La Sirenita (?) Pero no lo voy a seguir así que imagínenlo (?)

Amé mucho esa escena Wakaba, maldición x'D Y la canción de Chibita más el llamado de Totty hacia Oso por su miedo 3 Fueron mis partes favoritas qwq Espero que se animen a hacer más Wakaba. Jyushi y Choro quedan muy hermosos juntos ;w;

Espero les haya gustado y gracias por leerme~ Recuerden que pueden seguirnos a mi waifu y a mí en Monik & Bel en FB 3

Bel