16.

Chibita no podía evitar mirar con pena a la chica frente a él. Totoko había llegado a su puesto casi a mitad de la noche, con los hombros y la cabeza caídos. Rendida. Lo primero que pensó fue que nadie había asistido a su concierto -como normalmente sucedía- y se estaba preparando para darle las típicas palabras de aliento -como siempre hacía- cuando Totoko se sentó delante y se tiró en la mesa.

—Dame lo de siempre pero más fuerte—pidió, logrando sorprenderlo. Desde que se había enterado que Nya-chan ya no tomaba tanto para cuidar su salud, ella comenzó a imitarla pues no sería menos… ¿Qué habría sucedido para que Totoko mandara todo eso al carajo y ahora quisiera emborracharse?

Iba a preguntarle si estaba segura, pero tal como si ella hubiese adivinado su intención, le dedicó una mirada asesina que dejaba en claro que no replicara y le obedeciera.

"Bueno, al menos ella paga" Pensó Chibita, intentando no sentirse tan culpable. Le sirvió un poco de sake y quedó boquiabierto cuando Totoko se lo arrebató antes de siquiera apoyarlo en la mesa.

—Hey, ten más cu…

—¡¿Qué está mal conmigo, Chibita?!

—¿Eh?

Totoko se le tiró encima, tomándolo del cuello de su camisa para acercarlo a su rostro. Chibita pudo ver entonces que ya estaba sonrojada, aunque no sabía si decir que por el alcohol o por el llanto.

Porque sí: las lágrimas de Totoko no dejaban de deslizarse por sus mejillas.

—O-Oye, Totoko…—murmuró inseguro al verla así. La verdad era que era más hábil tratando riñas de borrachos que a las damas llorando.

—¡Ellos me abandonaron! ¡Ellos se fueron tras esa vecina nueva que tienen! ¡Ya no existo! ¡No me quieren! ¡Se olvidaron de mí!—chilló, soltándolo de golpe para refugiarse en sus propias manos y llorar a los gritos en ellas. Chibita a duras penas lograba reaccionar ante la situación, pero intentó cooperar.

No le gustaba ver a sus amigos en ese estado.

—No sé bien que sucedió, pero supongo que hablas de los sextillizos, ¿no? No te preocupes, ellos están locos por ti. Puedo dar fe de eso—dijo, con voz serena para poder arrullarla.

—S-Snif, snif… ¿c-cómo puedes…decir eso…?—preguntó, sorbiéndose la nariz e intentando controlar los otros sollozos.

—Porque cada vez que se emborrachan como si no hubiera un mañana, ¿a quién crees que llaman? No dejan de decir "Totoko-chan", "Totoko-chan", "Totoko-chaaan"

Totoko se ruborizó al escucharlo.

—Así que no te preocupes, ¿bien? ¡Ellos están locamente enamorados de ti, maldición! Siempre lo estuvieron y siempre lo estarán.

Totoko sonrió con levedad, acomodando sus brazos sobre la mesa mientras lo miraba.

—Chibita… ¿puedo pedirte un favor?—murmuró.

—¿Hm? Claro, dime. Pero lo mejor sería que no tomases más sake porque…

—¿Podrías volver a decir mi nombre?

Chibita alzó las cejas, sin entender.

—¿Tu nombre?

—Sí, como lo estabas haciendo recién.

—¿Eso te ayudaría a calmarte…?—preguntó, notando que al menos ya no lloraba.

—Sí…

—Aaahh… está bien. No pierdo nada haciéndolo—dijo, sintiendo un poco de pena por lo que iba a hacer al punto de sonrojarse. Respiró profundo y comenzó: —Totoko-chan, Totoko-chan, Totoko-chan…

Ella se acurrucó en sus propios brazos y sonrió.

Su nombre en la voz de Chibita sonaba hermoso.


La verdad es que mi idea original era otra, pero el ligero y tierno ChibiTodo logró conquistarme(?)

Gracias por leer!

Bel