Su error fue amar a un imposible.

Su error fue perderse en sus cálidos brazos y en su aroma embriagador cuando este nunca le amo.

Su error fue permitir al hombre dominar su vida, su cuerpo y su mismo ser. Entregándose a él fue como un suicidio.

La princesa valientemente lucho en la guerra contra el reino enemigo, se enfrentó a todos defendiendo su hogar hasta que por desgracia se enamoró de un general sin nombre, se trataba de un hombre vestido de negro sirviente del emperador, era casi de su mismo tamaño con los ojos tan hermosos que la hacían delirar hasta estremecer, usaba una máscara negra que ocultaba parte de su rostro. ¡Era todo un misterio!

Las espadas chocaban en cada encuentro, en un odio marcado con atracción, sentía en su sangre la adrenalina cada vez que peleaban y fue una noche de luna llena en la cual sucumbieron a la pasión, sus besos prohibidos eran aún más excitantes, sus cuerpos se fundían en el frenesí de la lujuria, el fuego en su organismo quemaba sus ansias y la sensación de la guerra dominaba cada momento.

Pero no era suyo el sabor de su boca, las ganas de tenerlo aumentaban cada segundo. Olvidaba de como respirar cuando lo veía arrancándole su ropa, dominar su corazón deseoso de degustar sus toques.

Tantas noches teniendo sexo rudo con el tipo en cada extraño lugar, era solo satisfacer sus deseos carnales pero cometió un desliz... Empezó a sentir algo por el callado sujeto, cuando acariciaba su piel al estar debajo de este en el clímax quiso conocer su nombre para gritarlo pero este nunca se lo dijo, nunca hablo únicamente la hizo gemir y se marchaba como si nada hubiese pasado tampoco se quitaba su máscara, ni siquiera sabía quién era en realidad.

Se marchaba en las madrugadas, deseaba tanto que se quedaran igual a una pareja normal no obstante esa era una tonta fantasía de su mente. Un día se matarían entre ellos porque ese era su destino al ser sus familias enemigas, su deber era asesinarse en un baile de sangre.

Sabía que el atractivo semental la usaba simplemente para humillarle o para quitarse las frustraciones de la guerra con un cuerpo cualquiera porque a veces dolía dependiendo de si el estoico estaba enojado pero mantenerse a su lado le resultaba placentero.

Lo amaba.

Lo amaba tanto que traiciono a su familia por él pero este solamente la deseaba nunca hubo amor en sus toques, en su manera de poseerla siempre fue con odio.

Era deprimente.

No era justo querer tanto a una persona que no siente lo mismo, que no espera cada día verle y no se alegra de que estés allí, ni le interesa si mueres.

Era una amante sin importancia solamente dominaba en su cama pero no en su corazón.

Duele amar a un imposible.

Duele amar su dulce enemigo sin rostro, sin nombre.

Duele amar a un desconocido.

...

Botin de guerra

Kuroko Tetsuya era la hija de un rey, dotada con una belleza exótica y sabiduría envidiable sin embargo era rechazada por sus debilidades, fuertemente criticada al no tener tanto talento natural como otras princesas, se sentía inútil porque no era capaz de alcanzar las expectativas del pueblo.

No pertenecía a ese mundo cruel de aparecías falsas así que decidió convertirse en una guerrera y pelear al lado de los hombres en la guerra contra el mordaz enemigo que amenazaba sus vidas, puesto tenía falta de presencia fue fácil luchar y destruir a cualquiera que se atravesara en su camino excepto al general que tanto amaba.

Su situación empeoro cuando el contrario gano la guerra básicamente estaba en manos enemigas, seguramente terminaría siendo una esclava de cama como usualmente lo llamaban porque su padre perdió la guerra contra la estirpe de los Akashi, fue dada como botín de guerra al primogénito, un joven emperador el cual no conocía y tampoco quería conocer.

De hecho iba ser el regalo de cumpleaños del supuesto macho al menos eso escucho. Obviamente los enemigos caídos eran tratados como objetos, se vendían al mejor postor y la joven peli celeste temía terminar complaciendo a un asqueroso tipo que no amaba, de solo pensarlo se sentía sucia, asqueada.

Presentía iba terminar siendo masacrada a golpes y humillada, debía estar preparada para cualquier cosa, era necesario pensar en una forma efectiva de escapar porque no se quedaría siendo el juguete de alguien viniéndose de la misma realeza rebajada.

No iba mentir, tenía miedo aunque si ese chico tratara de someterla, si fuera el caso tomaría un arma cualquiera y le apuñalaría directo al corazón. ¡No tenía miedo de matar o morir en el intento!

Ese terrible día camino como una esclava vendida a la monarquía, igual a una propiedad de la familia Akashi. Su padre fue asesinado en manos de esa gente, todo fue saqueado así que no tenía nada ¡Lo había perdido todo hasta la misma razón!

Se presentó ante el poderoso Masaomi, un hombre conocido por su crueldad. Este vio a la chica notando que era hermosa, su cuerpo esbelto e inteligente, sus ojos destilaban de inocencia pero con cierto carácter tal como le gustaba a su primogénito.

Se acercó pasando su mano por las curvas de la mujer descaradamente notando esta se quitaba de su agarre - Mi hijo ha estado triste desde que murió su amante... Serás de su propiedad, cumplirás sus mandatos desde ahora.

La fantasma con decisión añadió- ¿Porque debo hacerlo? Soy una princesa, no debería ser rebajada y humillada de esta forma.

-Tienes suerte de ser una sensual criatura de lo contrario hubieras terminado en otro lugar o te habríamos matado. Créeme que es mejor estar en la cama de mi hijo que en manos de otros hombres- Añadió de forma seria el rey insinuando muchas cosas escalofriantes.

¿Qué era una miserable concubina?

-Todos los poderosos son iguales, voy acabar contigo y toda tu familia ¡Me vengare!- Empezó a gritar con locura

El magnate se burló- Cuida tu lengua porque eres un enemigo caído sin dignidad, el prestigio se fue e incluso caes más bajo que las mujerzuelas... Más bien intenta hacer feliz a mi hijo y cuida no se aburra de ti porque entonces sufrirás las consecuencias.

Kuroko pensó en manipular a ese chico ¿Por qué no hacerlo? Demostraría su poder.

El rey grito a los guardias - Dile a las modistas que la preparen y cuando terminen pueden dejarla en el cuarto del príncipe Seijuro.

Los guardias acataron las órdenes, la llevaron a una habitación en la cual unas mujeres le bañaron con aromatizantes, le colocaron una ropa sensual que resaltaba su figura y sus atributos femeninos. La princesa sabía que los caídos estaban hechos para complacer, someterse a los caprichos de un príncipe obviamente esa sería su vida en los pies de ese sujeto para que hiciera con su cuerpo lo que deseara o terminaría siendo torturada. Era de su propiedad, sumisa al mandato del hombre cruel.

Su cabello celeste caía por sus hombros sin darse cuenta las lágrimas empezaban a correr por sus mejillas era más la frustración y la ira porque no amaba al tipo, seria usada hasta ultrajada prefería suicidarse a ser corrompida, su dignidad se perdiera además de su orgullo.

Amaba a alguien más, a su general pero este no le importaba su vida. De seguro estaria celebrando con otras mujeres el éxito de su misión mientras ella seria violada por un príncipe caprichoso.

Desearía que el llegara a su rescate pero nunca pasaría.

Las modistas viendo a la pobre muchacha añadieron- No llores princesa, el maquillaje se va a correr

Tetsuya se quejó -Me van a dejar con el enemigo, seré esclava de un hombre que me va a dominar por culpa de esa estúpida guerra

-No te preocupes, el emperador es una persona muy amable cuando quiere... No sería capaz de hacerte daño. - dijo con suavidad.

-Nadie tiene piedad de un enemigo caído sin embargo no voy a ser dominada por nadie- expreso con coraje.

Cuando terminaron de arreglarla, los guardias se la llenaron bruscamente y la tiraron en el cuarto del emperador, el cual era enorme cuidadosamente arreglado. -Nuestro señor Seijuro ha estado devastado porque su amor desapareció, tanto tiempo de abstinencia. Con una chica como esta tan hermosa e inocente podrá divertirse...No hay nada más placentero que ver a tu rival de rodillas y poseerla hasta que muera de dolor.

-Complace bien al emperador Akashi Seijuro- dijo riendo el otro tratando de tocarla, era obvio que esos tipos eran unos pervertidos.

La niña de los ojos azules tomo un arma para luchar contra estos sujetos bruscos los cuales se burlaban pero termino siendo amarrada en la cama, sus ropas se rompieron en todo ese drama quizás debería simplemente seducir al príncipe pero su orgullo no la dejaba.

Los guardias se fueron, la propiedad del emperador no se debe tocar. La sensual mujer se mantuvo allí atada por horas semi desnuda sin nada que hacer más que tratar de escapar del horrible futuro que le aguardaba. Se preguntaba ¿Dónde estaba el emperaador? ¿Qué le haría?
Tenia miedo...

¿Si terminaba abusando de ella? No eso jamás lo permitiría incluso si hubiera sido arreglada por esa razón de otra manera no estaría atada a esa cama, cerraría los ojos y dejaría que alguien la montara e imaginaria que era su general.

Escucho el crujido de la puerta, al alzar la mirada pudo distinguir a un chico soberbio, toda la sala se llenó de su aroma estremecedor, se sintió mareada por aquel olor corporal hasta su cuerpo reaccionaba con él, era extraño esa presencia fuerte despertaba sus instintos salvajes como si conociera esa emoción segadora.

Tenía unos ojos hermosos, una mirada imponente, en cada movimiento mostraba intimidación.

Se sentía atraída por un hombre que no era su general, era extraño. No iba a traicionar a su amor imposible nunca dejaría que alguien más le tocara porque sus besos solo eran del desconocido de la máscara negra.

El amor del emperador

Akashi Seijuro era el emperador, una de las personas más poderosas e incluyentes en todo Japón.

A pesar de tanta fama, vivía amargado por la insistencia de su padre porque se casara sin embargo nunca pudo encontrar nadie especial que hiciera latir su frio corazón, se mantuvo en la soledad esperando esa persona que le hiciera estremecer y de alguna forma le enfrentara puesto que todos se sentían intimidados por su fuerte presencia o le tenían tanto respeto que temblaban al escuchar su voz.

La vida de un magnate resultaba cansada. El pobre muchacho siempre vivió de apariencias, con aquella presión de sus progenitores para que fuera un hombre perfecto y cuando se murió su madre se trasformó en una persona fría, sin sentimientos cada parte de sí mismo se partió en pedazos, pensó no saldría abante pero era necesario tener fuerzas dado que su pueblo le necesitaba. Había conflictos en el imperio, un reino se revelo a su régimen y por ende tomo la decisión de unirse en batalla siendo el general al mando.

Allí un día de primavera fue donde la encontró, donde se enamoró por primera vez en su vida.

Entre batallas empezó a sentirse atraído por una belleza peli celeste quien parecía danzar en cada batalla, sus ojos azules como el cielo llenos de una inocencia combinada con fiereza, su cuerpo llevaba una armadura que lo hacía parecer igual a un chico con un delicioso aroma a vainilla y sus labios ¡Oh sus labios! Eran como el fruto del pecado, su aliento caliente le provocaba en su cuerpo un ardor que se expandía quemando sus ansias entonces un día no aguanto más las ganas de tomarla en sus brazos, no le importaba que sus deseos fuesen prohibidos simplemente cuando cayeron al suelo por una pelea, su cuerpo excitado reacciono en un beso mortal, tocando ese cuerpo caliente entre sus dedos aunque era un estratega se perdió entre las curvas de su enemiga, le rompió la ropa con desesperación... En el campo de batalla la hizo suya una y otra vez hasta el amanecer.

Al otro día tomo su ropa esparcida en el suelo con culpa por sus acciones, la dejo desnuda en su lecho llena de moretones, rasguños y mordiscos. ¿Estaba traicionando a su nación acostándose con la princesa enemiga?

La pasión era más grande que la razón.

Su cuerpo la necesitaba, su cuerpo anhelaba tocar su piel, su cuerpo necio quería devorarla completamente entre el éxtasis y la efusión.

No podía estar lejos de esa princesa de cabellos celestes, ella es lo único que pensaba todo el día. Si bien al volverla a ver lo primero que hizo fue pegarla en la pared tan fuerte que hubo un sonido y volvió a tener relaciones sexuales con ella de forma ruda sin preguntar, sin importarle el dolor que pudiese causar. Porque lo hizo para castigarla, escucho sus jadeos en el clímax y quizás una confesión de amor pero no quería amarla, no quería darle su corazón.

Así fue como la princesa enemiga se volvio su amante, la domino completamente porque Kuroko le amaba y de alguna manera se rebajaba por él, dejaba que le tocara con rudeza, que tomara su cuerpo para su placer y diversión.

Así fue como todas las noches la tuvo en sus brazos, la tuvo debajo de su cuerpo excitado, libero sus frustraciones en el vaivén de sus caderas y se fue cada mañana con la culpa de la traición a su imperio.

Su relación era tan ruda porque no era cariñoso siempre fue una cosa meramente sexual, solo alzaba su vestido y la montaba donde fuese sin previo aviso... La trataba como si fuese simplemente una cosa al menos eso le hacía creer, luego se iba sin decir nada pero a pesar de mostrar indiferencia empezó a enamorarse de sus ojos azules, empezó a enamorarse de su voz cálida y del aroma a vainilla.

Se enamoró... De un imposible, de su amante pero ella jamás lo amaría puesto que eran enemigos mortales.

Nunca se quitó la máscara, nunca dijo una palabra suponía que sus besos eran suficientes para demostrar su sentir.

Como un mal karma por sus malas acciones escucho que la princesa fue capturada, probablemente había muerto... Eso le rompió el corazón en tantos pedazos que no fue capaz de seguir adelante con su vida aun cuando terminaron ganando la guerra. Se encerró en su cuarto sin querer salir, la amaba tanto que era difícil respirar sin pensar que ya no estaría en su vida y no fue capaz de confesarle su amor.

En su amargura en el día de su cumpleaños fue a dejarle flores a su madre, hablándole sobre su amor por aquella amante enemiga.

No debía amarla sin embargo lo hacía, el recuerdo de sus besos estaba enloqueciéndole aun podía sentí sus brazos arrollando su cuello en un abrazo. Le gustaría morir para estar con ella para siempre... Entonces cuando llego a su habitación noto que había una persona encadenada a su cama, su cabello era un desastre además de sus vestidos se mantenían rotos, debía reconocer que la muchacha era muy sensual porque miro sus piernas, sus pechos y cintura definida.

La chica se mantenía temblando del frio, con una mirada llena de un miedo revuelto con enojo, trato de moverse pero las cadenas se lo impidieron. El emperador se paralizo completamente reconociendo a su amada amante allí en su cama. Quiso probar su voluntad y amor porque Kuroko no sabía que el emperador era el mismo general, siempre se mantenía con una máscara.

La alzo ligeramente para sentarla en sus piernas, quedando está arrollando en las cadenas del hombre.

Toco su mejilla suavemente – Kuroko Tetsuya, eres mi regalo de cumpleaños... Padre me dijo que me dejaría un presente nunca imagine que fuera una persona.

La princesa no dijo nada simplemente se quedó quieta. Akashi descaradamente la apretó en su contra y la beso como miles de veces lo había hecho disgustando la manzana prohibida, la diferencia estaba que ahora no tenía por qué ocultarse en una máscara.

La extrañaba tanto, anhelaba su compañía quizás ella no sabía de su sentir pero se lo demostraría con hechos.

Kuroko no se imputo, cerrando los ojos dejo que Seijuro la pusiera en su cama y con sus manos abriera sus piernas mientras le tocaba, su boca recorría el cuello así mismo no se dominaba había olvidado que la princesa no sabía que era el general por eso fue una sorpresa sentir sus lágrimas calientes gotear. Obviamente nunca estaría con alguien que no estuviese dispuesto a entregarse a él, se detuvo- ¿Qué pasa?

-Prefiero que me mates... Antes de que- empezó a sollozar a si mismo sus lágrimas no paraban de caer

Seijuro le recordó lo evidente -Eres mi amante, la amante del emperador.

Kuroko le atraía ese emperador pero solamente porque su olor era parecido al de su amado general-Yo amo a alguien más y prefiero morir que vivir sin él, no quiero estar con alguien el cual no sienta amor.

Esas palabras eran como música para los oídos de Akashi-Aunque ese hombre no le intereses...

-Quizás no me quiera es verdad pero yo nunca dejare de amarlo.- replico decidida, enfrentando directamente a ese hombre poderoso.

El magnate le hizo una propuesta -Si te pido que seas mi emperatriz... Si me conquistas te daría tu libertad, dejaría en paz a tu pueblo y tendías todas mis riquezas ¿Te quedarías conmigo?

-Eso sería injusto para ambos, dicen que amabas a alguien entonces entenderás mi dolor.- Dijo siendo cálida.

-Oh mi dulce Tetsuya, su supieras cuando te ama este emperador.- Se acercó, tocando los labios de su cielo.

-No te entiendo ¿Cómo puedes amarme? Si no me conoces...- Dijo confundida.

Akashi sonrió al ver que esa hermosa princesa le amaba de la misma forma que él así que fue hacia su armario tomando su máscara para colocársela en su rostro. Al verlo Kuroko se quedó estática incluso un poco pálida- Eres... Tu ¿Cómo?

Luego de volver en si Tetsuya corrió y le abrazo hundiendo su cabeza en el pecho del chico- Pensé que no te volvería a ver

-Y yo que habías muerto...Me dolió tanto tenerte lejos, mi amada amante pero aquí estas a mi lado como debe ser- susurro amorosamente

Kuroko busco sus labios para besarle apasionadamente – Te amo.

-Yo también te amo- confeso por primera vez en una tierna sonrisa, sabiendo que al fin su vida estaba completa al lado de la persona que le hizo latir su corazón.

Así llega el fin de esta historia de dos personas que una vez se amaron... Y quizás su amor prevalecerá por siempre.