La oscuridad consumía el alma de una criatura inocente que iba carcomiéndose por la rabia, perdía la cordura asimismo dicha penumbra domina cada parte de su cuerpo, llenaba su cabeza de un instinto asesino. Las voces persistentemente retumban en su cabeza "Mátalos, mátalos a todos" Ambicionaba luchar contra el mandato, contra esa sed asesina y agonía al verse dominado por la maldad.
Recordaba la primera vez que tomo un arma fue cuando le disparo a su padre al cual aborrecía y a la vez a quien más quería impresionar como todo hijo buscando la atención de su progenitor, ese hombre cruel le robo la infancia, lo presiono para ser perfecto además de hacerlo sentir miserable por la muerte de su madre por esa razón su resentimiento se convirtió en odio como un fuego quemando en la gasolina y el papel.
Lo detestaba tanto que disfruto verle retorciéndose como el bastardo que era.
Las voces le dijeron que sería feliz si lo asesinaba y así fue como de dos disparos una madrugada acabo con su infeliz existencia...Quedo huérfano y fue adoptado por los padres de Kuroko Tetsuya, su compañero de equipo en la generación de los milagros, cabe destacar tenía una pequeña obsesión hasta fascinación con este fantasma sin presencia desde la primera vez que clavo sus ojos sobre él quizás porque el torpe niño tenía un alma pura, era tan amable, superaba sus expectativas o simplemente era diferente a todas las personas que conocía tal si fuera un misterio.
Las voces pretendían tener al chico a sus pies, dicho emperador deseaba poseer a Kuroko como un trofeo personal pero por primera vez en su vida no quiso hacerle caso a la personalidad dominante; ese niño era especial, le despertaba la alegría, aquella sonrisa iluminaba su triste vida llena de soledad. ¡Nunca le haría daño a tan exótica criatura! ¡Nunca lo mancharía de dolor!
Ahora era su hermanastro, se vio seducido por la calma del peli azul como si estuviese hundido en un profundo mar, nadie le hacía sentir así... Nadie era capaz de tocar su corazón como ese chico sin siquiera notarlo, lo estremecía.
Las voces retumbaban en su cabeza cuando el pequeño se iba con sus amigos, era su contraparte malvada la que se adueñaba de su cuerpo este sentía celos enfermizos.
"Es mío"
"Es mío"
"Nadie puede tocar lo que es mío" - vociferaba el emperador-
Adquiría esa ira dentro de sí que crecía cada vez más, esparciéndose por sus venas como veneno mortal, ese sentimiento de posesión que le obligaba a odiar todo aquel que se aproximara a su Kuroko. No podía soportar que otros robaran la atención del doncel frágil e inocente de ojos azules como el mismo cielo por eso decidió tomar el asunto en sus manos. Un día el chico fue a consejo estudiantil, lo vio con aquel hombre, uno de sus amigos en Seirin parecían cercanos y la furia se apodero de él... Como un demonio fue poseído por la maldad, agarrando un cuchillo entre sus manos en el aislamiento de la escuela, en el baño precisamente termino apuñalando a ese desconocido que le robaba la atención de su pequeño... Tantas veces le acuchillo que disfruto el placer de ver su sangre caer al piso y con esa misma sangre escribió en la pared "Tetsuya es mío"
La mente retorcida de Seijuro termino llevándole al borde del abismo y la demencia, empezó a perder la razón matando a cualquiera que tocara a Kuroko o se acercara porque esos labios rojos, la piel pálida solo debía ser besada por sus labios.
¡Nadie tenía el derecho de admirar sublime obra de arte!
¡Nadie tenía derecho a ensuciar con sus asquerosas manos la piel de porcelana del peli celeste!
Seguía como un asesino en serie dejando cuerpos mutilados y mensajes en las paredes
¿Eso era amor? ¿Obsesión? Poco lo importara mientras como un hipócrita limpiaba con sus dedos las lágrimas de Kuroko que caían en cada funeral, podía exterminar a alguien solo para consolarlo en un abrazo cálido nuevamente. Sabía que tenía doble cara, doble personalidad pero ambas se sentían atraídas por la misma persona y la retendrían aunque hicieran cosas infernales para lograr su deplorable objetivo.
"Las voces querían someter a kuroko"
"Las voces deseaban su cuerpo"
Pero Akashi no lo lastimaría ¿Eso era amor? Ir en contra de sus más bajos instintos, lo deseaba... Deseaba llenarlo de sangre y poseerlo hasta que ambos murieran de éxtasis sin embargo aunque su mismo cuerpo actuara en una inminente inercia por mucho retorcido que era su cariño no quería que Kuroko lo odiase... No deseaba ser mirado con temor por las atrocidades causadas en el nombre del amor.
Tetsuya su hermanastro, su compañero de equipo... Su más dulce tentación.
Una vez destruyo a Ogiwara hasta intento con las tijeras acabar con Taiga ¡Por qué esa era su manera de amar! De una manera violenta, tan sádica como psicótica pero ¿Qué importaba el desdichado mundo? Si en sus brazos suavemente acunaba al chico que tanto amaba...Tetsuya era su único mundo, lo demás carecía de importancia.
"Las voces en especial la de su contraparte gritaban en su cabeza cada noche, querían dañar a su ángel"
Había asesinado a sangre fría tal si fuera un psicópata demente por Kuroko, porque era suyo y de nadie más.
Nadie sospechaba de su persona sin embargo un día el astuto emperador cometió un error, intento matar a una persona especial para ese niño; el chico pelirrojo a quien el jugador fantasma veía como si fuese la luz de su vida... Kagami estaba allí en el jardín esperando al jugador fantasma para entrenar, parecía una presa demasiado fácil casi dispuesto a ser su nueva víctima, quería que fuese doloroso por eso escogió la pistola con la que asesino a su padre, pretendía matarlo con lentitud hasta ver la agonía en su rostro como una confesión de amor para su Kuroko no obstante cuando apunto su arma directo a su corazón y jalo el gatillo alguien se interpuso para sorpresa fue su pequeño cielo el que resulto herido
Vio sus ojos azules llenos de lágrimas mirarle con tristeza, su expresión de ángel caído tal si fuese traicionado y eso le partió su corazón en tantos pedazos que no hizo otra cosa que agarrarlo en sus brazos y apretarlo en su contra, hundiéndose en su cabello azulado.
-Tetsuya - Grito a los aires tan fuerte que estaba seguro todos escucharon sus lamentos.
Ese día Akashi Seijuro lloro entre las rosas rojas y la sangre carmesí de su amado.
...
El tiempo paso...
Seijuro se encontraba internado en un psiquiátrico, perdido entre la rabia, la soledad hasta una terrible desesperación y esa melancolía se apoderaba de su alma herida por el cruel destino.
Extrañaba al inocente peli celeste, hace tanto no olía aquel aroma a vainilla o no tocaba la cálida piel de porcelana tan sublime manchada de sangre... Hermosa obra de arte, el carmesí revuelto con blanco en un contraste tan triste como glorioso, con las rosas rojas adornando el cuerpo esbelto.
Había matado a cada persona que toco o miro de una forma libidinosa a su Tetsuya, nadie tenía derecho a mirarlo... Ni siquiera él sentía tener derecho.
La salud empeoro, las voces lo atormentaban y quería solamente morir porque su pequeño cielo ya no estaba. ¿De que servía la vida sin su sol eterno?
Nada importaba
Nada más que ese chico el cual logro que su corazón volviera a latir.
Ese día continuaba esa rutina miserables debía ser obligado a tomar sus medicamentos; terminaba siendo golpeado o maltratado hasta que le ponían inyecciones para no escuchar sus gritos, quejas y las mismas rabietas.
Estaba cansado de ese lúgubre lugar, se sentía tan solo en el blanco sitio donde las personas lo observan como si fuese un monstruo y quizás lo era
El amor nos convierte en monstruos
Kuroko le mostro su cariño sin interés, sin nada más que comprensión pero ya no estaba a su lado, su sonrisa no ilumina sus desconsoladas mañanas.
Quería morir, no esperaba otra cosa más que abrazar la muerte quizás de su infierno podía olvidar el dolor. Entonces tal si fuera el sol en una tempestad apareció la persona que esperaba, miro a lo lejos un joven de cabellos celestes, con unos hermosos ojos azules igual al cielo azul, su voz era tan conocida, lo estremecía y sabía quién era porque lo veía cada día en sus sueños más mordidos
Y lo amaba
Y lo amaba tanto que dolía.
Después de años sin dirigirle la palabra a nadie, de tratar a los doctores como basura y haciéndoles daño llego su adoración, el tesoro más preciado en su existencia. Ese nombre salió de sus labios con consternación "Tetsuya"
El psiquiatra le sonrió cálidamente acercándose sin temor, acariciando su mejilla le susurro- Vine por ti, estudie psiquiatría únicamente para verte y sanar tu corazón herido. Me costó perdonarte por todo el mal que has causado, asesinaste a mis amigos y eso fue muy duro de sobrellevar pero se bien que no es tu culpa...
Kuroko entendía que Seijuro tenía una enfermedad, por eso estudio la mente criminal para ayudar a su hermano adoptivo a tener una vida normal y le perdono siendo tan difícil hacerlo ya que por su esquizofrenia, posesividad había eliminado a sus amigos más preciados y también le mando al hospital con una herida grave.
El otro hombre le abrazo de manera tan ruda, hundiéndose en el hombro del fantasma aferrándose como si su vida dependiera de eso y respiro su aroma tratando de guardar en su memoria ese momento quizás en su locura aun el misterioso sin presencia era una alucinación de su mente perturbada. Lo apretó hasta que sus uñas se aferraron a su ropa con fuerza, se habia vuelto un adulto sensual- Mi Tetsuya, mi Tetsuya
- Estaré contigo siempre- dijo acariciando sus cabellos con tanta ternura, nadie era tan amable con el emperador- Te acepto tal y como eres ¡Vamos a superar esto juntos!
Akashi busco sus cuello para morderlo tan afanoso que el otro chico gimió de dolor, eso era una manera de marcarlo como su propiedad, con sus labios llenos de sangre beso a su psiquiatra casi de manera hambrienta, saboreando la vainilla y el sabor oxidado. Puso su frente en su contra mientras se lamia los labios, era dominante- Viniste por mí, Tetsuya.
Kuroko dejo que hiciera lo que este deseaba, no quería detonar su furia tan poco- Vas a estar bien, voy a cuidarte y luego cuando te recuperes podemos salir afuera al jardín
De la nada se alteró empezando a gritar, ya que le había disparado en un jardín- ¡No me gusta el jardín! Me recuerda que eres como una rosa efímera que un día morirá y no quiero que te vayas de mi lado nunca más. ¡No me dejes! ¡No quiero estar solo!
- No lo hare, nunca te dejare- murmuro en su oído para calmar las ansias.
Gruño mientras le abrazaba con furor- Eres mío para siempre
El psiquiatra asistió, se quedó en silencio advirtiendo la dependencia...Akashi era obsesivo además poseía un comportamiento posesivo y tenía una doble personalidad, una de ellas le ordenaba que matara y después de años de estudio sacaría abante a su hermano adoptivo y ex capitán.
Akashi se mostraba alegre, nada importaba más que su pequeña obsesión al punto que esperaba todo el día, la noche para ver al adorable psiquiatra quien era amable y atento con él... Nadie nunca le mostro cariño, las personas simplemente le respetaban era verdad tenía amigos por supuesto pero ninguno de ellos le llevo la contraria jamás salvo Kuroko, quien juro redimirle y lo logro. El niño especial tan torpe pero esforzado ¡Nunca vio a ninguna persona luchar tanto por algo! Por eso le admiraba...
Después de mucho tiempo el psiquiatra pudo llevar al paciente a su casa para que vivieran juntos. Aun con medicinas y vigilancia supervisada Akashi fue mejorando cada vez más, las voces fueron desapareciendo en su totalidad, el mismo Seijuro se enfrentó a sus propios demonios internos, los supero con la fuerza de voluntad y el amor...
Ese día el ser fantasmal se fue hacia la ventana mirando la lluvia caer asimismo el emperador busco su partitura en específico la que hace ya tiempo hizo, se trataba de una canción llamada "la sonata de invierno" la cual le había dedicado al ángel de los ojos azules quien salvo su vida del dolor, sintió remordimientos por hacerle caso a las voces ¡Nunca debió hacerlo llorar!
Toco el violín a su amado cielo como todos los días el jugador fantasma le sonrió al escuchar su melodía... Ese simple gesto hacía que su corazón latiera con frenesí, era suficiente para querer vivir un día más solamente para verle feliz porque Tetsuya era su mundo, lo amaba... Lo amaba tanto que dolía.
Gracias por leer.
