Epílogo 2: la muerte de Obellaria Kenobi
La mujer pelirroja hizo su mejor esfuerzo para no mirar atrás al dejar a su antigua alumna para morir, junto al fuego del planeta y el aire cargado de ceniza.
Ayudaba el hecho que Anika no pudiera gritar debido a la herida de sus pulmones. Si Obellaria la oía gritar no podria haberse ido, se conocía bien.
Sus mejillas estaban empapadas en lágrimas y no parecía que pudiera dejar de llorar pronto.
Encontró a Padmell en el suelo donde Anika le había dejado, y para su sorpresa aún respiraba. El hombre parecía ir y venir, saliendo del estado de conciencia, susurrando el nombre de su esposa con voz débil.
Era más de lo Obellaria podía soportar. Tanto dolor, tanta pérdida.
Más de una vez ese día deseó no ser una Jedi, deseó no ser sensible a la Fuerza siquiera. Deseó que Qui Gon nunca hubiera accedido a entrenarla y la hubiera dejado para cultivar campos. Quiso desear no haber tomado a Anika bajo su ala para entrenarla, pero no podía.
A pesar de todo no lograba arrepentirse de haber sido parte de la vida de Skywalker. Podía imaginarse no siendo Jedi, podía imaginarse no siendo maestra ni estandoen el Templo.
Mierda, podía imaginarse sin Qui Gon que había sido un padre para ella. Pero no podía imaginarse sin Anika.
Llevar a Padmell en brazos hasta la nave fue bastante sencilllo a pesar de que Padmell era notablemente más grande que ella, y sus músculos estaban agarrotados y sus acciones eran más mecánicas que concientes. Una vez ingresó el destino en la computadora de vuelo hacia Polis Massa, donde se encontraba el centro médico más cercano, Se dirigió a acompañar a Padmell.
"Obellaria... ¿Dónde está Anika? ¿Ella se encuentra bien?.." fue lo primero que preguntó el hombre al reconocer a la Jedi.
El silencio de la pelirroja fue de ultratumba.
"Debes descansar ahora. Pronto llegaremos al centro médico." respondió con un tono que intentó ser tranquilizador al cabo de un rato, era el mismo tono conciliador que utilizaba en las negociaciones durante la Guerra.
"¿Nuestros... Nuestros bebés estarán bien?" sus ojos marrones estaban nuevamente llenos de lágrimas. Tenía la certeza de que iba a morir a causa de las heridas, por eso se permitió a sí mismo pensar en sus hijos. Desconocía su paradero, pues lo habían ocultado de él tanto como de Anika, sabiendo que tan pronto supiera donde los mellizos estaban la Jedi desertaría la Orden, importándole poco si la Guerra había terminado o no. Padmell se había dicho a sí mismo una y otra vez que cuando todo terminara él mismo iría a buscar a Luka y a Leon, aún así tuviera que revisar cada sistema planetario registrado. No debió haber esperado tanto y lo sabía.
"Sí. Yo me asegurare personalmente de eso... Llamaré a tu hermana para que nos encuentre en el camino." anunció la Jedi.
"Debes salvarla, Obellaria. Debes intentar llegar a ella. Aún...aún hay bondad en su interior. Yo lo sé..." le rogó Amidala, sujetando con fuerza las túnicas de la pelirroja. "Aún hay bondad..." fueron las últimas palabras de Padmell Amidala antes de perder la conciencia. Y Obellaria deseaba creerlo, con todas sus fuerzas, pero no podía ignorar lo que había visto en las cintas de grabación del Templo y en Mustafar.
"Ya he modificado el mensaje para que todos los Jedi sobrevivientes no vayan a los sistemas centrales y menos al Templo." todo era demasiado irreal a los ojos de Obellaria. ¿Realmente habían sucedido los últimos dos días? ¿Realmente se encontraba en una pequeña sala de reuniones con Bail Organa y el Maestro Yoda? Todo parecía más bien salido de una pesadilla.
Su aprendiz en el Lado Oscuro, sus compañeros Jedi muertos o exiliados donde la Fuerza sabe, la República muerta para dar lugar a un Imperio, manejado por una Sith. No. No era una pesadilla. Su imaginación no alcanzaba semejantes niveles.
"Maestra Kenobi, ¿Qué ha sucedido con el Senador Amidala?" Bail Organa preguntó aquello que rondaba su cabeza desde que Kenobi había llegado a la reunión. Sus dedos descansaban sobre la mesa, la mano que ocultaba su capa estaba hecha un puño. Por fuera estaba sereno pero por dentro sus emociones eran un torbellino.
"Me temo que el Senador no ha sobrevivido al enfrentamiento con la aprendiz oscura..." Obellaria aún no podía llamarla por su nombre. ¿Organa lo sabría? ¿Sabría que Skywalker había asesinado a Padmell?
Organa no respondió, sus ojos oscuros paseándose por el rostro de la Jedi de manera frenética buscando algún indicio de que sus palabras no eran ciertas. Al notar la seriedad de Kenobi su cuerpo pareció encogerse bajo la realización, dejando escapar un sonoro suspiro. Su aliado político, un gran estratega y defensor de las ibertades individuales de todos los seres de la galaxia, su amigo se había ido.
"Organizaré su funeral...es lo menos que puedo hacer."
"Su familia está encargándose de ello en Naboo. Contacté a su hermana Sola Naberrie." hubo una pausa en la conversación. "¿Qué haremos con los niños?" ninguno de los tres quería abordar el tema, los hijos de una Jedi que estuvo dispuesta a desafiar al Código y al Consejo, quien estaba dispuesta a darlo todo por su familia. No era algo fácil de abordar.
"¿Son los hijos de Skywalker?" Organa cuestionó. Se había enterado del escándalo gracias a Padmell, pues el Consejo Jedi fue bastante hermético al respecto, no permitiendo que se filtren detalles de la situación más allá de los amigos de confianza de la Jedi. Obellaria simplemente asintió. "Quizás no me corresponda, pero estoy dispuesto a adoptar al niño..."comentó con una sonrisa. "Con mi esposa siempre hemos deseado un hijo."
"Separados deben estar." concordó Yoda, serio.
"¿Y qué hay de la niña?" Preocupada interrumpió la Jedi, manteniendo su rostro lo más neutral que pudo.
"Con su familia la niña irá..."
"El hermanastro de Anika..."Yoda asintió.
Luego de eso la reunión se dio por terminada. Se despidieron, Organa con un niño de cabello castaño en sus brazos, Obellaria manteniendo cerca a la bebé de ojos azules, esos ojos que le recordaban tanto a los de Anika cuando era pequeña.
"¿Es cierto que sino hubieramos apartado a Anika de ellos todo esto se podría haber evitado?" preguntó a Yoda, una vez que Organa se retiró. No podía evitar pensar en eso, después de la batalla con su antigua Padawan las palabras de la rubia resonaban en su cabeza una y otra vez.
"...hmmm. Imposible de saber eso es. En lo que pudo haber sido concentrarnos no debemos." tan enigmático como siempre. La pelirroja suspiró.
Su llegada fue al son de la puesta de los soles gemelos de Tatooine. Y desde luego no esperaba un Comité de bienvenida. Sin embargo le pareció un planeta bastante solitario. Su mente la llevó a la primera vez que pisó el planeta, cuando su maestro decidió rescatar a la niña esclava con el conteo más alto de midiclorians que había conocido con la intención de hacerla su padawan.
Obellaria se sintió desplazada, por supuesto. Pero llegó a amar a la niña. También había sido la primera vez que conoció al Rey Amidala de Naboo. Era impresionante cómo el destino retorcía las cosas y los había unido de esa forma desde el momento que sus caminos se cruzaron.
Al caminar por la granja de humedad de los Lars y la humildad de esta temió por el futuro de Luka. La bebé estaría bien allí, segura, la Emperatriz jamás podría encontrarla en ese planeta olvidado dado el caso que la niña fuera sensible a la Fuerza.
Pero aquello estaba mal. Luka y su hermano Leon deberían haber nacido entre la realeza de Naboo, con una madre que había dejado la Orden Jedi para criarlos y tener una familia después de la Guerra Civil, buscando calmar sus propios demonios.
Y Obellaria la habría apoyado, por supuesto que sí. No podía culparla por buscar algo de paz luego de todo lo que habían pasado.
El joven Owen se acercó a ella cuando la divisó a distancia, estaba haciendo el recorrido por los filtros junto a su esposa Berú. No sabía bien el motivo de su visita y aquello le alteraba un poco. Le había visto tan sólo una vez después de todo.
Al instante supo que había algo mal. No solían llegar muchas Noticias de los sistemas centrales, a menos que fuera el surgimiento de un Imperio y la ya conocida persecución a los Jedi, a quienes Palpatine había hecho públicamente responsables de la Guerra.
"Anika ha muerto, ¿Cierto?" Preguntó Owen con seriedad, esperando que su hermanastra hubiera muerto en el frente de batalla. Estaba notablemente afligido al respecto.
La mujer que había conocido, a pesar de ser impulsiva y algo irrespetuosa con él y con su padre, no tenía ni una pizca de maldad. Y había estado en el frente de la Guerra, ayudando a liberar a los sistemas caídos en manos separatistas.
Owen se enteró de esto gracias a cada comunicado que Anika solía enviarle, manteniendo un escueto contacto. Era como si luego de la muerte del patriarca de la familia Lars, la Jedi hubiera tomado como responsabilidad personal el cuidar de él y de Berú, a pesar de la distancia.
Solía preguntar en dichos comunicados si los Tursken o losHutt estaban dando problemas, ofreciéndose a intervenir de ser ese el caso, o enviar a alguien de confianza si ella no podía.
A Owen le llevó unos momentos identificar que el bulto envuelto en una túnica que parecía de procedencia Jedi, era en efecto un bebé, con los ojos azules bien abiertos observando todo lo que podían. No tendría más de tres escasos meses.
"Lo lamento. Sé que no era muy unida a ti. Pero considero que lo correcto es que Luka se quede con ustedes." a pesar de sus palabras, la Jedi se encontró reacia a entregar a la bebé. ¿Qué tan hipócrita era preocuparse tanto luego de que había asesinado a la madre de la pequeña?
"¿Es cierto que los Jedi intentaron tomar el poder? Después de haber luchado tanto, se haberse convertido en héroes para los sistemas liberados..."era obvio que sus palabras iban dedicadas a la joven Jedi que conoció y se preocupaba por su familia. Esa imagen imposible de conciliar con la de una persona que haría lo que fuera por el poder.
"No. Pero todos en la galaxia creerán eso. Los Jedi serán perseguidos. Incluso quizás aquellos seres sensibles a la Fuerza..." Obellaria respondió, mirando el rostro de Owen y Berú, y luego viendo a Luka, acariciando su pequeña nariz.
"Entonces... La bebé es..."
"Luka. Sí. Es la hija de Anika." Berú parecía en shock, pero Owen no. Anika le había enviado una holofotografía de ella con un par de mellizos sus brazos, sentada en una camilla de hospital hacía apenas unos meses, sin otra palabra en el mensaje que -'Conoce a tus sobrinos'-. Aunque no volvió a mencionarlos en sus próximas transmisiones, ni explicó de qué se había tratado esa imagen. Owen decidió no presionar el asunto. Algo dentro suyo le dijo que debió haberlo hecho.
El hombre tomó a la bebé en brazos cuando Obellaria se la entregó. Los ojos similares a los de Anika eran evidentes, también el color de cabello era casi idéntico.
"Sé que la cuidarán como si fuera suya. Yo me quedaré en el planeta. Pero sería mejor para todos que nadie más lo supiera." a la luz del atardecer sus ojos se notaban irritados de llorar. "Vendré a verlos pronto..."
Sin más, Bell Kenobi se retiró de la granja, dejando al matrimonio Lars escasos de palabras, pero encantados por recibir a una nueva miembro de su pequeña familia.
La pelirroja subió a su speeder, nuevas lágrimas bajando por sus mejillas. La imagen de Anika completamente feliz luego de dar a luz, radiante en la Fuerza como pocas veces su maestra le había visto, apareció en su mente, reemplazada rápidamente por la expresión rota y llena de desconsuelo cuando despertó al día siguiente, el maestro Yoda explicándole a Anika que esto era lo mejor para todos, Windu a su lado.
Obellaria aún recordaba la forma que los objetos en la habitación temblaron, los puños de la joven Jedi cerrados fuertemente sobre sus piernas. 'Déjenme sola...' había pedido después, permitiendo que solo Obellaria se quedara, que sólo ella la viera envuelta en lágrimas. Confiaba completamente que su maestra no había tenido que ver eso. Aquello sólo rompió más el corazón de la pelirroja, porque si bien no había sido su idea y ni siquiera había estado de acuerdo en apartar a los mellizos de Skywalker, tampoco había hecho nada para protestar, ni para impedir que el Consejo actuara en consecuencia.
Luego de eso la imagen de Anika esforzándose por respirar en el suelo de Mustafar acosó a Kenobi un largo rato esa noche antes de invadir sus pesadillas.
Obellaria Kenobi había muerto en Mustafar junto con su padawan.
